viernes, 24 de septiembre de 2021

Quizá no echemos de menos a Angela Merkel

 


Angela Merkel deja el poder, y el establishment europeo y sobre todo el español, se embarca en un lavado de imagen de la cancillera alemana, porque en definitiva, esta ha representado como nadie las políticas economicistas neoliberales que imperan en la Unión Europea. Erigida en la líder de la derecha continental, ha sabido moverse muy bien entre dos aguas contradictorias, que se resumían en apretar el cinturón a todos los comunitarios que no fueran alemanes, con el aplauso de partidos como el Partido Popular de Rajoy, a los que venía muy bien seguir el dictado de lo que indicaba Merkel, para aplicar los recortes necesarios en su deriva hacia la eliminación del estado de bienestar en España. Sin embargo, por otro lado, en su país esa austeridad que nos exigía a los demás no se trasladaba a los alemanes a los que aseguraba un nivel de vida envidiable en muchos países europeos, a pesar de las grandes desigualdades regionales que no ha sido capaz de limar y la creación de los minijobs, esos contratos exentos de cotización a la Seguridad Social, puestos en marcha para aliviar la precariedad salarial de importantes sectores de la población, como jóvenes, pensionistas, mujeres e inmigrantes, que al final han conducido a una fragmentación del mercado laboral, al convertirse en un modo habitual de contratación a tiempo parcial, eliminando contratos fijos bien regulados por ley.

Pero todo eso ahora no importa. Merkel tiene que pasar a la historia como la gran estadista que controló Europa en momentos difíciles, aunque este control fuese a costa de sus trabajadores. Si bien es cierto, que en su haber hay que poner la determinación política de aislar a la extrema derecha del poder, algo que salvo en países como España, se viene produciendo en muchos países de la UE. Eso y la política de inmigración, que en los últimos años dio un giro, enfrentándola a una sociedad fuertemente xenófoba y a miembros de su propio espectro político. Aunque en este aspecto habría que valorar cuáles son las necesidades de mano de obra barata inmigrante que necesita Alemania. Esas serían dos de las luces en su favor, una potente y la otra mortecina. En cuanto al europeísmo, tengo mis dudas, ya que este siempre se ha movido anteponiendo los intereses de Alemania sobre el resto.

Por todo ello y más que en este artículo no cabe, la ausencia de líderes europeos de talla continental, convencidos de los valores de la Unión,  han hecho de Merkel el tuerto en el país de los ciegos, útil para la derecha, que está construyendo en ella un relato neoliberal imposible de sustituir en el seno de la UE. Sin embargo, uno que ya tiene los años suficientes como para haber visto pasar a varios cancilleres en Alemania, tiene que decir que no ha sido ni la mejor ni la más europeísta ni la más defensora de la igualdad y el bienestar ciudadano. Cualquiera de estos cuatro que voy a citar fueron mejores que ella para su país y para el proyecto europeo: Willy Brandt, Helmut Schmidt, Helmut Kohl y Gerard Schröder. Pero entonces, había una Europa que todavía creía en los valores de la democracia social y el estado de bienestar.

En conclusión: Angela Merkel ha cumplido el papel que el neoliberalismo internacional había asignado para ella, frenando en muchas ocasiones la integración europea, desvirtuando el estado de bienestar en su país, reduciéndolo en todos los lugares donde ha podido y orillando el grave problema medioambiental que padece el planeta, en defensa de los intereses económicos del gran capital alemán. Es la canciller de la austeridad económica, que tanto daño ha hecho, sobre todo a los españoles, y es así cómo debería pasar a la historia, para que no se vuelvan a repetir los mismos errores. Aunque eso es harto complicado si el establishment neoliberal europeo y sus medios de comunicación se han puesto manos a la obra para lavar su imagen y presentarla como la gran estadista de los últimos años en Europa.  

jueves, 16 de septiembre de 2021

El MACVAC se hace grande con la Colección Fracaral

 


La grandeza de un museo puede venir por muchos caminos, pero qué duda cabe que la importancia de su colección de obras de arte colabora a situarlo en una especie de Olimpo que todo el mundo desea visitar. Porque no nos engañemos, los museos tienen una principal razón de ser, que no es otra que la de albergar arte y mostrarlo al público. Albergar tiene que ver con cuidar, mimar, limpiar, restaurar y proteger la obra de un artista del paso del tiempo y del olvido, porque lo que no se ve acaba desapareciendo de la memoria colectiva. Mostrar es en señar de la forma más adecuada posible, que puede ser cronológica, temática, didáctica, etc., el arte que atesora al público, cumpliendo la función de mantener vivos a los/as artistas y sus obras, además de cómo era el mundo en el que ellos vivieron y lo que es más importante, cómo lo vieron y fueron capaces de transmitirnos lo que sentían. Porque el arte no es otra cosa que atraparnos en ese torbellino de pasión, emociones y sentimientos, que el artista ha experimentado ante la vida que le rodea.

Nada llega por casualidad, y para un museo mucho menos, porque aunque la suerte puede rondar sus puertas, nunca llama si antes no ha habido un trabajo serio, silencioso y meticuloso en el que la gestión acertada es fundamental, pero también la pasión que le ponen todas las personas que trabajan para que su museo sea digno de ser visto y amado.

Esto es lo que viene haciendo el MACVAC, Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés, desde hace décadas: trabajar sin prisa, pero sin pausa, para consolidar aquella magnífica obra, que es el legado de su fundador Vicente Aguilera y todos los/as artistas que participaron en sus inicios. Consolidar, y ensanchar su catálogo museográfico hasta convertirlo en una pieza fundamental en el puzle museístico español, y esencial si hablamos de arte contemporáneo.

Ese trabajo ha dado un fruto que va a engrandecer de tal manera la obra que alberga, que ya no puede haber vuelta atrás en su ascenso a ese Olimpo al que muchos museos desean llegar. Me estoy refiriendo, concretamente, a la llegada al MACVAC de la Colección Fracaral, del coleccionista cacereño Javier García Martín y sus hijos. Una colección atesorada pasito a pasito durante treinta años, que ahora va a estar a la vista de todos los visitantes del MACVAC, en diálogo con las obras que ya pertenecen al mundo expositivo del museo.

Esculturas de Pablo Serrano, Oteiza y Vostell. Fotografías de Dora Maar, Greta Stern, Germaine Krull. Pinturas de Miquel Barceló, Tàpies, Warhol, Basquiat, Picasso, Pérez Villalta, Loló Soldevilla, Menchu Gual, Motherwell, Hockney, Morandi, Baselitz, Udaltsova y un elenco de artistas que completarán las 24 obras iniciales que ya han llegado al MACVAC y van a internacionalizar más, si cabe, su colección, que si ya transcendía al ámbito rural en el que se encuentra el museo, ahora va a proyectarlo más allá de los límites de cualquier frontera artística. Y todo, gracias a la generosidad de un coleccionista, deseoso de que su obra quede preservada para el futuro y cuelgue de las paredes siempre agradecidas de un gran museo. Pero también, gracias a la laboriosidad, no exenta de pasión, de todo el equipo que trabaja en el MACVAC.

Lo último que se me ocurre decir, es que la Comunidad Valenciana, Castellón y Vilafamés, están de enhorabuena.          

viernes, 27 de agosto de 2021

La ONU ridiculiza al Tribunal Supremo

 


La resolución de la ONU contra la sentencia que apartaba al juez Garzón de la carrera judicial, es un mazazo en toda la regla contra España y coloca al Tribunal Supremo a la altura del T.O.P.; para los que no lo sepan: Tribunal de Orden Público en el franquismo, que se utilizaba para condenar a todos aquellos y aquellas que no le gustaban al Régimen. Eso es lo que pasa cuando el Partido Popular se ha dedicado a copar con jueces afines todas las altas instituciones de la Judicatura con diversas intenciones, que resumiendo pueden ser: frenar los juicios y condenas por corrupción en los que está inmerso; impedir que los delitos cometidos por el franquismo sean juzgados; y, como Franco, tener a la justicia al servicio de sus intereses políticos.

Hace tres años Estrasburgo anuló la condena a Otegui del Supremo por vulneración del derecho a un juicio justo. Los tribunales de distintos países europeos han dejado en evidencia al Tribunal Supremo de España en el caso de Puigdemont. La ONU ya ha fallado en alguna ocasión contra la negativa de España de enjuiciar al franquismo. Ahora la propia ONU da un varapalo sin precedentes a la Judicatura española en el caso del juez Garzón. Ya veremos cómo quedan los recursos presentados en Europa contra la sentencia del “proces”, porque pinta que el Tribunal Supremo no va a salir muy bien parado. ¿Es que nadie va a poner freno a este disparate de la Judicatura en España?

 Pedir que se tomen cartas en el asunto, no solo en el Tribunal Supremo, ojo con el Constitucional, como nueva pareja de baile del Partido Popular, es una quimera imposible. De eso ya se está encargando Pablo Casado y su partido, no renovando el Consejo General del Poder Judicial, que es quien debería pedir responsabilidades a los jueces que han dictado estas sentencias, ni tampoco renovando el Tribunal Supremo y el Constitucional. Y sobre todo acabar con la anomalía jurídica de que el presidente del Tribunal Supremo sea el mismo que el del Consejo General del Poder Judicial. Todos ellos puestos por el PP. Y luego hablan de separación de poderes.

Al final, lo del todo atado y bien atado va a ser cierto, con un Partido Popular de Pablo Casado, cada vez más alejado de la democracia y sus principios de tolerancia, equidad, justicia y solidaridad.   

viernes, 16 de julio de 2021

El desprestigio de la Magistratura

 


El daño ya es irreversible. La resolución del Tribunal Constitucional anulando el confinamiento a expensas de unos partidos a los que solo les interesa desgastar al gobierno, pone blanco sobre negro en algo que muchos venimos pensando desde hace tiempo: que las altas instituciones de la Magistratura están podridas al igual que los partidos que las controlan. Entendemos ahora, mejor que nunca, porqué el Partido Popular se niega a renovarlas, en uno de los actos más vergonzantes que una democracia puede soportar. Y sin embargo, el TC, que se acaba de pasar por el arco del triunfo todo el esfuerzo que los españoles, incluido el gobierno del Estado y los de las Comunidades Autónomas, hemos hecho desde que se declaró la pandemia, ninguneando al Congreso, al Consejo Interterritorial de Sanidad, a las leyes sanitarias y a todas y cada una de las instituciones del mundo que han actuado para frenar los contagios, lleva haciéndose el sueco ya demasiado tiempo ante la escandalosa actitud de la derecha en España, que se permite el lujo de vulnerar la Constitución, que tanto dicen defender, al negarse, por un motivo estrictamente político, a renovar los órganos de gobierno de la Judicatura. Un silencio demasiado cómplice hacia quienes les han colocado en sus cargos. Lo que solo tiene una lectura: son tan deudores ideológicos de la derecha, que no les importa sacrificar esa independencia de la justicia, tan cacareada por algunos, si esto les asegura que  sus afines ideológicos puedan volver a gobernar y mantenerlos a ellos en sus puestos.

Ya no hay vuelta atrás. El desprestigio de la Magistratura es tan grande en este país, que su redención se antoja imposible. Son demasiados los ejemplos de sentencias y resoluciones que benefician a sus amigos ideológicos, en contraste con la severidad y poca empatía que muestran hacia quienes no están en su ámbito ideológico o social.  Y lo peor, es que ya lo hacen sin pudor, como demuestra la resolución de TC  en contra del confinamiento, cerrando el círculo del despropósito iniciado por el CGPJ, El Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional y la desfachatez con que algunos tribunales regionales o de menor rango, están teniendo al tumbar medidas que solo tiene por objeto reducir la incidencia de la pandemia en la salud de las personas y de la sociedad, entre otras muchas cosas.  

A veces uno tiene la sensación de que está todo perfectamente orquestado, que hay una simbiosis entre la derecha política, mediática y la judicatura, con el único fin de derribar a un gobierno que ellos consideran ilegítimo, aunque las leyes democráticas del país avalen su legitimidad. Solo en ese contexto se puede uno imaginar que el TC tumbe el estado de alarma ante una situación de emergencia nacional, proponiendo un estado de excepción, que sí limitaría, y mucho, las libertades, hasta incluso poder suspender el Estado de las Autonomías, algo que la derecha no parece que viera con malos ojos.

Se me escapa cómo, pero urge una solución. España, la de verdad, no la ahogada en el palabrerío de la patria; la de los ciudadanos y ciudadanas que conforman este país, necesita poder salir de este bucle en el que nos encontramos; escapar de este secuestro silente al que estamos siendo sometidos, para que todo parezca que va mal, cuanto peor mejor, y vengan, como los bomberos pirómanos, los salva patrias, los de “esto lo arreglo yo en dos patadas”; los que han sumido a una buena parte de los españoles en la pobreza y la desigualdad, con sus políticas de reformas que solo beneficiaban a sus amigos y aun  modelo de país oligárquico, con la magistratura a su servicio, y plutocrático, en el que solo se gobierna para los ricos.  

El Tribunal Constitucional ha dado un salto en el vacío tan grande en contra del buen criterio jurídico que se le presupone a un estamento de esa categoría, que le ha hecho entrar en el club de las instituciones de la Magistratura que  no ofrecen ninguna confianza a los españoles, convirtiéndose en prescindibles en su configuración y funcionamiento actual. Y cuando un país empieza a no creer en sus tribunales por arbitrarios y dogmáticos, deja de creer en la justicia y se sitúa al borde del caos. Aunque quizá eso sea lo que algunos desean. 

jueves, 17 de junio de 2021

Los indultos, como ejemplo de concordia democrática

 


A nadie que haya ido leyendo mis comentarios en los últimos tiempos, se le escapa que siempre he estado en contra de que se encarcelara a los líderes del procés, no porque sea yo un independentista catalán en ciernes,  sino porque me pareció un despropósito que se metiera a gente en la cárcel acusándolos de delitos de sedición, rebelión, etc., que en España parecen más propios de una dictadura que de una democracia.  

Por eso, solo puedo aplaudir que a ambos lados del Ebro se empiece a imponer la cordura política y se avance en la finalización de un conflicto que ha tenido como actores principales a todos aquellos que les venía bien alimentarlo, para estar vivos en política o para ocultar sus deficiencias como gobernantes.

Los indultos son necesarios por varias razones: por la normalización de las relaciones entre el gobierno central y el catalán; por simple y pura justicia democrática y porque un país no puede vivir de espaldas a la realidad territorial que alberga, nos guste o no nos guste esta. En democracia todo se puede pactar y acordar si hay voluntad para ello. Incluso los que ahora piden mano dura contra el nacionalismo catalán, desde el nacionalismo español, se llenaban de dignidad cuando ETA mataba sin descanso y con desatino en sus postulados nacionalistas, clamando que sin violencia todo cabe en democracia. Parece que ahora eso no vale; quizá porque no se  ajusta a sus intenciones de una España única y universal en su libertad castiza.

Ese nacionalismo español tan justiciero, de Santiago y cierra España, alter ego del nacionalismo independentista catalán de cuanto peor mejor, parece que afortunadamente se está quedando solo, perdido en la inmensidad de la plaza de Colón, como rompeolas de todas las Españas ajenas a la periferia y su otro modo de ver lo que debe ser un país incluyente de todos sus territorios. No solo el Congreso, mayoritariamente, se ha mostrado partidario de los indultos y la nueva vía de entendimiento que se abre entre el gobierno central y el catalán. También los sindicatos, los empresarios, una gran parte de la sociedad civil y muchos demócratas que ponen por delante de la bandera y el himno nacional, el bien de la nación, el respeto a la pluralidad territorial, y el bienestar de los españoles, por encima de todo.

Se quedan solos en su defensa airada del nacionalismo rancio español, testamentario del franquismo y, si vamos más lejos en la historia, heredero de los Decretos de Nueva Planta que impuso la dinastía de los Borbones en España, generando un conflicto que hoy, todavía, no se ha resuelto. Quizá porque necesitan tapar con esa cortina de humo sus corrupciones, la apropiación del aparato del Estado para proteger sus intereses, el olvido de una gran parte de los españoles a los que han abocado a la pobreza debido a sus políticas de desigualdad y protección de los ricos, o aparecer como importantes cuando la sociedad española ya los ha condenado al olvido.

Bienvenidos los indultos, porque son un ejemplo de concordia democrática y pueden ayudar a superar ese nacionalismo en nombre de la unidad de la patria, que tanto daño está haciendo a España. En cuanto a las consecuencias para el independentismo catalán, nadie lo ha explicado mejor que la presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, Elisenda Paluzie: “Los indultos si llegan no serán un éxito. De hecho, serían una decisión política inteligente del gobierno español contra el independentismo. No sólo porque quedan fuera los exiliados y los 3.000 represaliados sino porque políticamente nos desarman e internacionalmente son nefastos”

 

 

lunes, 31 de mayo de 2021

LA SUERTE DEL PRESIDENTE. Novela de José Antonio Ruiz

 


Entre el 24 de mayo y el 1 de junio de 2018, España vivió unos días convulsos. Tras la sentencia de la Audiencia Nacional condenando al Partido Popular por corrupción, el PSOE presenta una moción de censura contra el presidente del gobierno Mariano Rajoy, proponiendo como candidato a Pedro Sánchez. Pero esta es una historia que ustedes conocen perfectamente y, por eso, José Antonio Ruiz, en su primera novela “La suerte del presidente”, no habla de ello, pero tampoco deja de hablar. Es en este juego de palabras donde reside la gracia de la novela, que sin contarnos aquella historia que llenó las portadas de los medios de comunicación durante días hasta el aburrimiento y mantuvo al país entero sin aliento, unos porque suspiraban para que triunfara y otros para que fuera un fracaso, no deja de ser el armazón que construye la novela.

José Antonio Ruiz hace un artificio literario fantástico al inventarse una historia, incluso podría haber sido cierta, que con mucha maestría engarza en los acontecimientos de la moción de  censura, teniendo al lector absolutamente despistado a lo largo de toda la novela. Mejor que no hagan cábalas sobre lo que realmente está sucediendo en busca de una solución anticipada de la trama, porque será un esfuerzo inútil. Solo puedo decirles, para despistarles un poco más, que la clave está en el título.

Hay un segundo elemento, que participa del enredo al igual que la moción de censura, y este es, ni más ni menos, que el procés independentista y su sumo sacerdote Carles Puigdemont, que al igual que el holandés errante, vaga de país en país para evitar su extradición a España, que tendrá junto a María Dolores de Cospedal, un puesto de relevancia en el elenco de personajes. Pero tampoco cae el autor en la tentación de contarnos los dimes y diretes del procés.    

Además, “La suerte del presidente”, Ruiz tiene la valentía de contarla en primera persona, algo bastante complicado, sobre todo cuando se trata de la primera novela, si no sé quiere acabar escribiendo un biopic, por utilizar un término muy de moda en el cine, o caer en la aburrida narración de la vida de personas que no tenemos gran cosa que contar desde el punto de vista literario. Desgraciadamente, esto suele pasar bastante. Sin embargo, el riesgo que asume Ruiz lo sabe gestionar con bastante soltura, porque en este caso la ficción triunfa sobre la realidad, muy alejada de la vida del autor, aunque se soporte en ella.

Dicho todo lo anterior, la estructura de la novela está muy bien construida, con un excelente manejo de la analepsis; unos personajes que cumplen a la perfección el papel y el perfil que el autor les ha querido dar, incluso los de no ficción, que están magistralmente retratados; y un estilo que es ágil y envolvente, de tal manera que la historia que cuenta acaba atrapando al lector entre los acontecimientos que se narran y sus elucubraciones.

En definitiva, estamos ante una buena novela, que merece la pena leer y disfrutarla, sacando entre sus páginas la didáctica que nos enseña que el poder está inundado de aguas sucias, por no decir fecales, sobre todo cuando se trata de no perderlo. Yo lo único que les puedo adelantar es que todo empieza en París, en la sede de La Française de Jeux, una noche que se acaba de celebrar el sorteo de euromillones, con un sustancioso bote de 250 millones de euros. Hasta ahí puedo y quiero leer.     

           

jueves, 27 de mayo de 2021

Indultos

 


Desde el año 1996 se han concedido 10.652 indultos en España, algunos de ellos sonados, como los de los golpistas Alfonso Armada o Milans del Bosch, entre otros personajes públicos, ligados de alguna manera o de otra al poder y al imperante bipartidismo durante años. Como entonces, los indultados eran de la simpatía de uno u otro bando ideológico, nadie ponía el grito en el cielo cuando se liberaba a algún condenado amigo. Digamos, que había un pacto tácito entre derecha e izquierda para indultar a personajes afines.

En cualquier caso, el indulto es una medida de gracia, que otorga el gobierno y que más allá de las connotaciones políticas, en los casos anteriormente citados, puede tener un fin humanitario o de hacer justicia cuando la ley se muestra injusta con algunas personas. Aunque chirría un poco que la Ley aplicable para indultar sea de 1870, aprobada en plena Revolución de la Gloriosa, cuando se puso fin al reinado de Isabel II y la dinastía de los Borbones en España, aunque fue solo temporalmente. Tiempo ha habido para renovarla después de 150 años. Ya saben que en España hay cosas que nunca se tiene prisa por cambiar.

Pero cómo es preceptivo en este país en los últimos años, la derecha, que parece que tampoco ha cambiado en el último siglo y medio, se ha vuelto a lanzar al monte al igual que lo hace siempre que pierde unas elecciones y el sinfín de oportunidades que les ofrece estar en el gobierno. Y todo, absolutamente todo lo que haga el actual ejecutivo estará mal y supondrá un peligro para la unidad de España y la sumisión de los españoles. Siempre el mismo espantajo, que coloca en una situación de desafección patriótica a la parte del país que entiende que España no es la nación centralista/madrileñista que nos hacen creer, sino la suma de muchos territorios, algunos de ellos con derechos históricos (recordemos que fue el borbón Felipe V el que acabó con ellos, recentralizando España, al aplicar en toda la monarquía las leyes de la entonces Corona de Castilla).

En este contexto de negar la mayor al gobierno en todas sus acciones y de idea centralista de España, es imposible que los indultos a los condenados del procés no se conviertan en munición de alto calibre para la derecha, que ve en ellos una oportunidad para derribar al gobierno actual. Porque no nos engañemos, al Partido Popular los indultos le importan un bledo, para ellos lo importante es tener artillería para que puedan seguir con su acoso y derribo, hasta la victoria final. Nada nuevo que no venga sucediendo a lo largo de los meses de pandemia; ni siquiera en este asunto tan grave para la salud de la población han sido capaces de aflojar la cuerda que tratan de poner en el cuello del gobierno.

Así que, otra vez más, vuelven a agitar los fantasmas de la unidad de España, la bandera y la traición de todo el que no defienda la visión centralista de nacionalismo rancio que ellos tienen. La verdad es que no les funciona mal, porque como se ha demostrado en las últimas elecciones en la Comunidad de Madrid, una buena dosis de patriotismo barato hace maravillas electorales, tapando todos los problemas que la sociedad tiene y que ellos han acrecentado en sus años de gobierno. Para ello, volvemos a la mentira o al olvido. Cuando Casado y todos sus afines dicen que hace falta arrepentimiento para conceder el indulto a los condenados del procés, está faltando a la verdad. No son pocos los expertos en derecho que sostienen que en ningún lugar de la Ley de indultos se dice que el arrepentimiento sea requisito para su concesión. Incluso, me atrevería a decir que en la mayoría de los 10.652 concedidos en estos veinticinco últimos años, no ha sido condición sine qua non, para su concesión.

El propio presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, ya en 2013, en el caso del indulto al Kamikaze, que fue otorgado por el gobierno de Mariano Rajoy, advirtió en un voto particular junto a otros diez magistrados, que «las razones de un Gobierno para conceder un indulto pueden ser muy variadas y “no siempre exteriorizables”, pues pueden estar relacionadas con la el seguridad pública, política criminal, relaciones internacionales, “e incluso para resolver graves problemas políticos que pueden afectar a la convivencia nacional”». Sin embargo, ahora sostiene, en una intromisión, una más, inaceptable de la adjudicatura en la política, que no sería bien aceptado. ¿Aceptado, por quién? Una vez más tenemos que dirigir nuestra mirada a quienes entienden la política como un coto personal, y los demás solo tenemos el derecho a ser espectadores.

Por último, no somos pocos los que creemos, porque tenemos una visión descentralizada de España, que los indultos pueden favorecer el entendimiento entre diferentes poderes territoriales, aunque nunca se sabe cómo va a responder el independentismo catalán, en su huida constante hacia la nada o lo que es peor, hacia el conflicto. Pero lo que sí sabemos, es que si esta medida de gracia contribuye a serenar las aguas y a consolidar la mayoría parlamentaria del gobierno, la derecha nacionalista española habrá perdido otra oportunidad y va a romper todos los puentes de convivencia política, y lo que es más peligroso, social.

 

Resposabilidad vs. culpa

  Si en una cosa somos campeones los españoles, es en buscar culpables por encima de todo. Nos resulta más interesante señalar con el dedo, ...