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domingo, 27 de abril de 2025

La nueva Feria del Libro de Castellón


Por primera vez en muchos años Castellón tiene una Feria del Libro digna y respetuosa con escritores/as, lectores/as, librerías y mundo del libro en general. Espero que atrás quede el tiempo en el que la Feria del Libro era un baratillo, donde lo más importante era la caja de las librerías participantes, en esa suerte de mercado persa que organizaban, y los escritores/as éramos figurantes en una función absurda.

Afortunadamente, la Feria del Libro de este año ha apostado por la literatura, la cultura, el respeto a los autores y autoras, a los lectores y lectoras y, también, por la revitalización del negocio de librerías y editoriales. Estamos, por tanto, de enhorabuena quienes de una manera o de otra formamos parte de ese mundo literario en Castellón, que, por extensión, engrandece la cultura en la ciudad. Y sería deshonesto si no reconociera que en el centro de todo este cambio se encuentra el Ayuntamiento de Castellón, que es el impulsor de la nueva Feria, apostando, y me consta que con un gran esfuerzo, desde la Concejalía de Cultura por hacer realidad un evento cultural, que si se sostiene en el tiempo y se dota del presupuesto adecuado, va a dar muchos años de gloria literaria a la ciudad y sobre todo a los lectores y lectoras que habitan/habitamos en ella.

 


viernes, 1 de noviembre de 2019

Otra vez en el cementerio a reivindicar a las víctimas del franquismo


Volvemos a recordar hoy a todas las víctimas de la dictadura franquista. Este año con la satisfacción de que el gobierno ha hecho justicia histórica con la democracia, sacando al dictador Franco del Valle de los Caídos (nada de general, Franco tiene que pasar al historia como lo que fue: un dictador fascista, todo lo demás son intentos de blanquear su figura).
Este país, tan dado a reconocer, homenajear e incluso utilizar a las víctimas del terrorismo en el interés propio de la derecha posfranquista, se vuelve olvidadizo hasta el sonrojo cuando ha de reparar la dignidad de todas aquellas víctimas del mayor terrorismo de Estado que ha vivido España en toda su historia. Un país que sigue plagado de cunetas, fosas comunes, monumentos a los caídos del bando franquista, olvido de los miles de exiliados y expedientes judiciales que serían un oprobio para cualquier democracia.
Por eso seguimos yendo todos los años el 1 de noviembre a los cementerios; seguimos poniendo flores en las tapias de los cementerios, para que la muerte injusta de todos aquellos demócratas no caiga en el olvido, y algún día, igual que por fin Franco ha salido de Cuelgamuros, el Estado democrático se decida a reparar esta injusticia histórica, que es la verdadera herida que nunca se acabara de cerrar hasta que no haya justicia.
No hay alternativa posible a que sean las instituciones las que se impliquen en la búsqueda de las víctimas y entrega a sus familiares, igual que lo hace el Ayuntamiento de Castellón, desde que gobierna la izquierda, porque antes lo único que había era silencio y olvido por parte de las instituciones locales.
No es venganza, es vergüenza, lo que hoy, uno de noviembre, sentimos, al ver que el neofranquismo y su desprecio a las víctimas de la dictadura, vuelve a levantar cabeza en la sociedad española, y no es porque el gobierno haya sacado a Franco de Cuelgamuros, sino porque le derecha y su ultranacionalismo español, ha dado alas al fascismo de Vox, que durante tantos años ha estado silenciado.
    

martes, 24 de septiembre de 2019

Moralistas y política


Dos concejales del ayuntamiento de Castellón han renunciado a la subida de sueldo que aprobó la corporación hace un par de meses. Aunque pueda parecer un gesto de honestidad, tendrían que aclarar si con ellos mismos o con una ciudadanía que no les reclama ese gesto, porque lo que rezuma es un acto de moralismo cuasi religioso; un mensaje que recuerda a los cuáqueros anglosajones, defensores de que la divinidad está en cada uno de nosotros, sin intermediarios. Un cierto fanatismo religioso sin Dios.
Tanto moralista empieza a ser ya aburrido, con sus discursos ungidos de verdad, la única verdad frente a los descarriados que no ven el mundo como ellos. Nada que no hayamos escuchado cientos de veces desde los púlpitos de las iglesias, sinagogas o mezquitas. Desgraciadamente, en este siglo XXI estamos rodeados de moralistas, que nos quieren conducir por el buen camino, que es siempre el que ellos transitan. Y lo que menos necesita la sociedad actual, es ese tipo de personajes, que son un lastre para la libertad individual y, lo que es peor, para la libertad colectiva. Son un freno a las políticas progresistas, que intentan una organización social más tolerante, justa e igualitaria.
 Pero hay otro elemento mucho más peligroso que el moralismo, detrás de la renuncia de unos concejales a una subida de sueldo. Lo que se esconde es el discurso de degradación de la política tan de moda en determinados grupos sociales, imbuidos por ese anarquismo de salón tan al uso en España, que no conduce a ninguna parte, salvo a que los poderosos sigan campando a sus anchas por la geografía patria.
Cuando se cuestiona el sueldo de los políticos o se renuncia a él por motivos morales, el mensaje que se está lanzando a la sociedad es que la política es un asunto menor, que no tiene por qué ser remunerado, o en todo caso de manera simbólica. Esto es terrible porque nos deja desnudos ante el poder del dinero; a que sólo los Donald Trump o Jesús Gil de turno puedan dedicarse a la política, porque ellos no necesitan un sueldo para vivir. Es el camino de la plutocracia, del gobierno de los ricos; la puerta abierta para la corrupción y el uso del Estado como un apéndice de los negocios de sus dirigentes.
Vale ya de tantas lecciones de moral. Lo que tienen que hacer los políticos y concejales del ayuntamiento de Castellón, es gestionar bien el poder que les hemos otorgado; planificar adecuadamente un proyecto de ciudad sostenible, segura, ecológica, en igualdad, culturalmente avanzada e innovadora. Todo con un único fin: el bienestar de sus ciudadanos.
Porque nos importa un pepino lo que ganen, si hacen las cosas bien. Y el que tenga problemas de conciencia que se confiese o dimita. Ya nos encargaremos la ciudadanía de evaluar si su gestión es buena o mala.   
   

viernes, 8 de febrero de 2019

Honestidad y mediocridad


Publicado en Levante de Castellón el 8 de febrero de 2018
¿Puede una ciudad permitirse el lujo de prescindir de uno de sus mejores concejales por una asunto que nada tiene que ver con su acción política? ¿Vivimos en una sociedad tan desnortada que cualquier cosa vale para desacreditar al adversario político, cuando este ha sido el artífice de una buena gestión, reconocida por todos, menos por quienes tienen en el cerebro una  urna electoral?
                Podríamos plantearnos muchas preguntas sobre cuál es el nivel de desprecio que tenemos los ciudadanos hacia la actividad política, y quiénes se aprovechan de ello para esconder su mediocridad y ascender en el escalafón, que les permita convertirse en dirigentes. Porque cuando esto sucede, entonces, todos nos convertimos en culpables de que la actividad política esté ocupada por personajes que van a estar muy lejos de gobernar pensando en la necesidades de la sociedad. La mediocridad sólo puede alcanzar cotas de mezquindad, y el mediocre, siempre, va a anteponer sus intereses a los de los ciudadanos.  Ha sido así a lo largo de la historia y parece que va a seguir siendo in secula seculorum.
                Deberíamos empezar a saber distinguir lo que es un comportamiento corrupto, que implica una voluntad consciente del corruptor y el corrompido, es decir, que saben lo que están haciendo y lo hacen; algo que está presente en la gran cantidad de casos de corrupción que han aflorado estos años en España, y lo que son negligencias administrativas o actos ignorantes, es decir, sin voluntad lesiva, derivados de la confianza o la mala fe de los corruptos. Porque si no es así, podríamos caer en la falsa moralidad de que todos roban y por tanto todos son iguales. Y no hay nada más falso que eso ni menos acertado que caer en la aceptación de que si creemos que todos roban, los que lo hacen de verdad, parece que son menos ladrones.
                Estos días la ciudad de Castellón ha vivido una pequeña convulsión al presentar su dimisión el concejal de hacienda y seguridad del Ayuntamiento, por un asunto lejano en el tiempo, de su etapa como subdelegado del gobierno, del que todo los que le conocen/conocemos saben que no se trata de un hecho voluntario ni ha existido ánimo de delinquir. Todos saben que el hombre que ha dotado a la ciudad de una mayor seguridad, que ha reducido la deuda municipal heredada del equipo de gobierno anterior, que ha ejercido de jefe de personal con mesura y sentido común y que ha sido la persona que ha promovido consensos con unos y otros, es incapaz, como decía la semana pasada Emilio Regalado en un artículo acertadísimo, de llevarse un bolígrafo si no lo ha pagado él.
                Su dimisión, para no manchar la política ni su honorabilidad mientras el asunto se esclarece (en este país esto puede durar años), es una acto de dignificación de la política a la que no estamos acostumbrados, viendo como vemos a corruptos de adarga y armadura aferrarse al sillón aunque truene Santa Bárbara. Sin embargo, los mediocres a los que aludía más arriba, no han tardado en sacar la guadaña de cuestionar lo que ellos saben que no tiene doblez, aún a sabiendas de que están cometiendo un acto de estupro verbal y político. Para ellos, la moralidad se sitúa en el quicio de sus intereses, ladrando más que aportando sentido común, porque así, piensan, se les oye más.
Han perdido una oportunidad de oro de apuntarse a la dignificación de la política. De ser merecedores de nuestro respeto, haciéndonos ver que más allá de sus intereses partidistas y electorales deberían prevalecer los principios de la ética y buen sentido en la vida y la política. Y lo más triste, es que algún día podrían llegar a gobernar la ciudad, y no me refiero a su Partido, que lo haría legítimamente si gana unas elecciones, sino a quienes han de mostrado con su poca altura en este asunto, que nunca deberían gobernar.

Bajas laborales

                   Núñez Feijoo vuelve a liarla con una de sus ocurrencias, que, si bien, está en su ideario político, no quita para que int...