Mostrando entradas con la etiqueta Monarquía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monarquía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de diciembre de 2020

España ya no es juancarlista

 


Durante años hemos estado escuchando el mismo mantra: "los españoles no son monárquicos, son juancarlistas", una forma muy sutil de despachar cualquier veleidad republicana que pudiera asomar la cabeza. Y era cierto. Durante varias décadas, la figura de Juan Carlos I, no ha tenido fisuras en el aprecio de una gran parte de la sociedad española. Quizá, porque se construyó un relato de heroico hacedor de la democracia y salvador glorioso de esta después. Claro, que para ello se ocultó, durante décadas, cualquier información relativa a la  Casa Real, en un pacto de silencio que debería avergonzar a todos aquellos que claman, cuando les interesa, en favor de la libertad de prensa.

Todo funcionó bien hasta que se cruzaron los elefantes en el camino de la corona y la figura del rey empezó a desdibujarse en el imaginario de la sociedad, mostrándose como un ser mortal, que como todos los mortales tiene un lado luminoso y otro oscuro. Pero el rey no es un mortal cualquiera como usted o como yo, porque no es una persona común, sino que representa a la más alta institución del Estado, nos guste o no. Y si su vida disipada de millonario decimonónico, sus líos de faldas, su matrimonio roto y todo lo que fuimos sabiendo poco a poco empezaron a desvirtuar su figura ante los españoles, hasta el punto de tener que decir lo que a buen seguro no le hizo ninguna gracia: “Perdón me he equivocado, no volverá a ocurrir”, su figura todavía disfrutaba de cierto prestigio, aunque una marejadilla empezaba a agitar la conciencia de muchos juancarlistas, enseñándoles el camino del republicanismo. Lo que obligó a los poderes fácticos del Estado a hacerle dimitir para salvar la monarquía, abdicando en su hijo, actual rey.

Pero los intentos de reflotar un barco con demasiadas vías de agua, se vienen abajo cuando se empieza a conocer la verdad de un personaje, que tendrá que compartir en la historia su papel de rey con el de corrupto. Porque el descubrimiento de sus actividades al margen de la Ley (la corrupción, por muy real que sea, no se puede calificar de otra manera), como gran comisionista internacional, que ha utilizado su papel regio para amasar una gran fortuna (en eso se parece a su abuelo Alfonso XIII), lo que pone en solfa a la monarquía, que ya es incapaz de cerrar las vías de agua, incluso enviándolo al extranjero (que manía tiene esta familia de irse al extranjero a ver si escampa, cada vez que tiene algún problema con la justicia). Y no digamos, después de esa regularización exprés de una parte de sus deudas fiscales, penadas con delito de cárcel, que ha dejado en evidencia al gobierno, a la oposición , a la Agencia Tributaria y a la propia monarquía.

No hay por donde coger el tema. Y si la derecha se ha empeñado, como está haciendo denodadamente,  en secuestrar para sí a la monarquía, como si fuera de ella, al igual que la bandera, el escudo, el himno y España entera, mal augurio tiene el futuro de la Casa Real en España, más todavía, cuando el rey actual guarda un silencio sepulcral y sospechoso de complicidad con la actuación de su padre. 

Pero dicho esto, tampoco tengo claro que la sociedad española sea absolutamente republicana. Sobre todo, cuando la República está siendo acaparada por una parte de la izquierda, como una seña de identidad excluyente de todos los demás. Es decir, para ser republicano tienes que ser de izquierdas, sino eres monárquico. Demasiado determinismo infantil. Porque debemos tener en cuenta una cosa, o varias. Hasta que no haya un partido de derechas republicano, no habrá República en España, a no ser que algunos piensen en una república revolucionaria, que tantos días de gloria dio a la II República española, hasta el punto de sacrificarla en aras de la revolución.

En 1931 se alcanzó la Republica porque se dieron dos circunstancias: una, que la sociedad urbana española estaba hasta el gorro de la Restauración, la Dictadura de Primo de Rivera y de una monarquía que solo defendía a los poderosos, tratando al resto no como ciudadanos, sino como súbditos. Otra, que en ese contexto una parte de la derecha se identificó con la Republica, por las mismas razones expuestas anteriormente. Y quizá, en ambos casos, porque se pensaba que la ética democrática no es compatible con una institución que obtiene cargos y prebendas públicas solo por haber nacido en una cuna real.

Todo esto dista mucho de la sociedad española actual, no dándose ninguna de las dos circunstancias anteriores. Lo que no quita para creer que está en proceso de maduración hacia la República. Pero en ese proceso, algunos se están equivocando, al plantear insistentemente el debate sobre la desaparición de la monarquía, tomando como referencia las fechorías del rey emérito. A este hay que juzgarle sin privilegios, porque a pesar de lo que nos quieren hacer ver, ante la Ley es uno más. Por cierto, no estaría mal que el rey actual renunciara a la inviolabilidad legal en la que se están amparando los monárquicos para proteger al rey emérito de una larga carrera de corrupción.

En las circunstancias actuales de crisis sanitaria y económica aguda, hacer de la caída de la monarquía un asunto de primer orden, es síntoma de una bisoñez política, muy propia de alguna izquierda, que piensa que solo es bueno lo que ellos creen. Además, lo que están provocando es un cierre de filas de la derecha en defensa del rey actual y la corona. Torpeza absoluta, que nos hará retrasar un montón de años el camino hacia una república en la que quepamos todos, los que nos consideramos de izquierda y los que se proclaman de derecha.

La República no es un asunto de derechas e izquierdas, sino de maduración ética y política de la sociedad, pero sí deben estar comprometidas con ella unos y otros. Todo lo demás son brindis al sol, que para lo único que sirven es para enrarecer el debate político y enconar las posturas.

Si España ha dejado de ser juancarlista, no hagamos que se convierta en felipista, y tiro porque me toca, en la casilla de la República nunca caeremos. 

   

 


martes, 6 de octubre de 2020

El Foro de la Toja y la España del bipartidismo

 

Se ha celebrado este último fin de semana un evento en La Toja denominado “Foro para la reconstrucción”, en el que supuestamente se han debatido propuestas para una salida de la crisis provocada por la pandemia de coronavirus y el hundimiento de la economía por el parón de la actividad social y económica. La idea no parece mala, porque cualquier foro de debate siempre es interesante, incluso aunque esté organizado para dar respuestas desde el neoliberalismo a los problemas que nos aquejan,  pero a mí, a tenor de los asistentes este año,  me ha sonado más a una reunión de los defensores del sistema bipartidista y sus privilegios, cada vez más parecido al “turnismo” de la Restauración, con la figura del rey Felipe VI a la cabeza, en esa simbiosis de la monarquía borbónica con el poder político y económico.

                Lo primero que me ha llamado la atención no es quienes han ido, que como ya he dicho representan a la España del bipartidismo, que si bien en su momento tuvo su importancia para traer la democracia, ahora, desde hace algunos años, ha quedado obsoleta como una máquina oxidada, que ejerce más de freno para los nuevos retos del país en el siglo XXI, que de impulso. Un sistema, que con el tiempo se ha revelado corrupto, soberbio  e incapaz de solucionar algunos problemas estructurales heredados del franquismo, como el empleo, la pobreza, la enseñanza, la honestidad política y la utilización de los resortes del Estado en beneficio de los privilegios, que han ido atesorando sus defensores. Y cómo para muestra vale un botón, solo tenemos que ver que el rey emérito, el que nos han vendido como un modelo de jefe de estado, ha sido el mayor corrupto, con la aquiescencia de toda la élite dirigente del país.

                Decía que me llama la atención no tanto las asistencias, previsibles casi todas, sobre todo en un  momento que tienen que resaltar la figura del rey, como las ausencias, es decir, que hayan participado los que tienen una idea de España que no se ha movido ni un ápice desde hace cuarenta años. Si el foro se hubiera ceñido al debate ideológico desde el liberalismo para la reconstrucción de la  España del Siglo XXI, sería uno más de los que organizan cada año las diferentes ideologías. Lo que pasa, es que ha sido un cierre de filas con la monarquía, con el bipartidismo y con una idea de España de la que no participa la mitad del país, por lo menos. Ha sido una vuelta de tuerca más, bien orquestada por la prensa de derechas, en la imposición de una España sometida al pensamiento centralista y, permítanme una licencia histórica, estructurada en torno a las leyes centralizadoras de Castilla, impuestas por el primer Borbón, Felipe V. Lo diré con más precisión: han estado los que ignoran a las periferias territoriales, porque entienden estas como un apéndice de lo que se cuece en Madrid.

Los cantos de sirena hechos a la concordia y el entendimiento, difícilmente se pueden cumplir, cuando en el debate está ausente la parte que no concibe España como ellos. Salvo que esa llamada solo vaya dirigida a que PP y PSOE se entiendan y volvamos a al bipartidismo turnista que hemos tenido desde la Transición.

                Se ha reivindicado una España que no convence a muchos españoles, ajenos al flamear de banderas y el patriotismo de golpes en el pecho, cuando no de brazo en alto. Una España, que niega cualquier intento de organización territorial federal, que no tiene nada que ver con este trampantojo de federalismo que son las autonomías, en donde cupieran todos los españoles, al margen de su lugar de nacimiento. Una España siempre a la cola de todo cuando se la compara con los demás países europeos; o que está a la cabeza de los malos datos, según se mire. Una España que ha consolidado el modelo de la desigualdad y la pobreza cada vez más estructural, sin que la monarquía y todas las élites que manejan los hilos del poder se rasguen las vestiduras. Una España incapaz de solucionar el problema del desempleo, la educación, la dependencia, los servicios sociales y ahora la sanidad (cuánta mentira nos han contado sobre la mejor sanidad del mundo). Esa es la España que se ha debatido en La Toja, para que como escribía Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en su obra “El Gatopardo”: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

                En definitiva, el mensaje que ha llegado del Foro de La Toja, es excluyente, bipartidista, centralista, defensor del estatus quo de la élites dirigentes y, sobre todo, un prietas la filas en torno al rey y la monarquía.

 

 

 

viernes, 25 de septiembre de 2020

Caballeros despechados por la ausencia del rey


El rey no va a entregar los despachos a los nuevos jueces a Barcelona. ¡Vaya!, la judicatura se siente ofendida, por lo menos la conservadora, que es como decir toda. La judicatura ofendida, el PP indignado y Ciudadanos desconcertados. Y como no, la culpa la tiene él pérfido Pedro Sánchez, que está sucumbiendo al republicanismo de su socio de gobierno, en contra de España.

Una vez más los límites de España están marcados por lo que pasa por las cabezas de la derecha, en ese trinomio de monarquía, buenos españoles, misa de domingo. Demasiado cansino ya. Pero ellos a lo suyo, si el rey puede servir para atacar al gobierno, cañonazo al tanto. Qué si es una manipulación de la casa real (perdonen que lo ponga en minúscula); qué sí el gobierno se ha bajado los pantalones ante el independentismo; qué si Pedro Sánchez quiere confinar al rey por presiones de Pablo Iglesias; qué si…

 Lo que no sabemos es lo que piensa Felipe VI, aunque algunos enterados en los entresijos de la Zarzuela dicen que está enfadado, porque no lo han dejado salir a pasear, para que parezca que hace algo. Pero esto no lo sabemos. Pero sí sabemos que la derecha, tan constitucionalista ella, no se entera o no se quiere enterar, que en una democracia,  el rey habla, viaja y se muestra en público cuando el gobierno lo considera.

También sabemos, que los ahora ofendidos (el presidente del Tribunal Constitucional, en plena rabieta por no estar codo con codo junto al monarca, tampoco va a ir a la entrega de despachos) no parecen estar preocupados con la renovación de las instituciones de la justicia, no vaya a ser que pierdan las mayorías que ahora tienen, y se les acabe hacer de su capa un sayo en la justicia española.

Están muy molestos, por ese desaire del gobierno, no sabemos muy bien si a ellos o al rey, o a ambos, que muchas veces monarquía y judicatura parecen un totum revolutum en esta España, que sigue anclada en el siglo XIX de la restauración borbónica, por lo menos por los comportamientos de muchos y los déficits democráticos y sociales en tantas cosas.

Aunque yo pienso que la mejor manera de evitar el disgusto de caballeros ofendidos que están mostrando, es que no haya rey. Así nadie se sentirá escamado cuando este no vaya a algún evento en el que es prescindible, y a lo mejor empiezan a fijarse en los problemas que tiene la justicia en España. Claro, que para ello haría falta cambiar tanta gente.

jueves, 6 de agosto de 2020

Sí toca debatir sobre monarquía o república

La operación blanqueo de Juan Carlos I está en marcha en todos los medios. Se trata de ocultar la verdad de lo que está sucediendo con trampantojos dialécticos y enredo del debate. Pero lo único cierto es que el rey emérito se ha marchado de España porque la sombra de la corrupción planea sobre su cabeza como una Espada de Damocles. Eso, que es lo que realmente debería centrar el debate, tratan de ocultarlo para hurtar a los españoles el otro y mucho más transcendente asunto, a saber: que los españoles podamos decidir de una vez por todas sobre si queremos una monarquía o una república. Esto sí zanjaría la discusión, por mucho tiempo, y no los subterfugios habituales de ahora no es momento, los españoles no están en esa posición, etc., etc., etc.

Desviar la atención, por supuesto interesadamente, hacia la posición de Podemos en el gobierno exigiendo explicaciones por todo lo que está sucediendo entorno al rey emérito y la monarquía, es un subterfugio que solo trata de proteger a la monarquía.

Es cierto, como dicen algunos, que en España hay asuntos sociales y económicos mucho más importantes que atender. Y también educativos, sanitarios, culturales…, muchos temas que la monarquía parlamentaria no ha sido capaz de resolver, situándonos, una vez más, a la cola del progreso y el bienestar en Europa. Pero no es menos cierto que España bajo la dinastía de los Borbones jamás ha prosperado como el resto de los países de su entorno (no tiene solo la culpa el franquismo, el problema viene de mucho más atrás; algún día hablaremos de ello). Ni el rey actual, ni su padre, ni su bisabuelo, ni borbón alguno han hecho nunca jamás nada porque la sociedad española sea más justa e igualitaria. Siempre han defendido los intereses de la oligarquía frente al bienestar de los españoles, quizá porque en ello les iba, también, la defensa de sus intereses de clase.

La monarquía no es solamente un desatino moral, en España representa también un modelo oligarca, que pone al país y sus recursos al servicio de un establishment centenario que se siente por encima del resto de los españoles y ha utilizado/utiliza los recursos de la nación en su beneficio personal y de clase. Solo hay que ver como la corrupción de esa clase de privilegiados sigue estando presente en la sociedad y como las leyes que se aprueban, en la mayoría de los casos, benefician al poder establecido bajo el paraguas de la monarquía.

Ignoro si con una república viviríamos mejor. Eso dependería de si es capaz de desplazar a la oligarquía actual/vieja que domina el país. Pero sí tengo claro una cosa: el refugio protector que tienen en la  monarquía se les habría acabado, y eso ya es mucho, porque enfrentarse a la intemperie a los intereses de otros grupos y otras clases sociales, les sitúa en una situación de debilidad que ahora no tienen.

No nos dejemos engañar. El debate, sí es monarquía o república, porque en él nos va más que la huida de un rey corrupto o la debilidad de otro que solo es jefe del Estado por la gracia de su nacimiento.


Bajas laborales

                   Núñez Feijoo vuelve a liarla con una de sus ocurrencias, que, si bien, está en su ideario político, no quita para que int...