lunes, 19 de octubre de 2026

Sí que van las elecciones de modelo de sociedad

 


Sí que van las elecciones de modelo de sociedad. La derecha, con el Partido Popular al frente, trata de hacernos ver que esto va de regeneración y defensa de España (nunca los oigo hablar de defensa de los españoles) y del peligroso clan Sánchez, deshumanizando un poco más al presidente del gobierno y su familia, no ya para tapar sus corrupciones, sino para colarnos, por la puerta de atrás, toda una batería de reformas que dilapiden, definitivamente, el estado de bienestar. Son mentirosos patológicos cuando de defender sus intereses se trata, cada vez más ligados a la oligarquía económica y más alejados de la mayoría de la sociedad, con problemas que no quieren solucionar porque sería acabar con ese orden plutocrático que ellos defienden. Y claro, por las costuras de ese traje confeccionado de recortes de prensa amiga, bulos y falsedades, se les ven las enaguas negras.

 Durante el gobierno de Rajoy, en nombre de la sostenibilidad ¿les suena?, se aprobaron leyes que supusieron un gravísimo retroceso del estado de bienestar que afectaron a la educación, la sanidad, las pensiones, la dependencia, el mercado laboral, la Seguridad Social y el derecho de manifestación, para que no se pudiera protestar sin miedo a ir a la cárcel. Todo ello mientras se regaba con miles de millones a la banca y otras empresas para solucionar los graves problemas de endeudamiento, morosidad y posibles quiebras: 70.000 millones de la época. Ese fue el plan de reformas que iban a regenerar España.

Ahora, con las elecciones a la vista, y a pesar de que están plegando velas por si acaso, ya han amenazado con recortes y sacrificios, que vamos a pagar todos y todas, porque lo de la bajada de impuestos a costa de prestaciones sociales solo beneficia a los ricos. Tratan de disimularlo con la boca pequeña, pero todos sabemos que nada de lo que digan, cuando se trata de ocultar el recorte de derechos y prestaciones, lo van a cumplir si gobiernan.

Por eso, y por otras razones como la igualdad, el cambio climático, la inmigración, la cultura, la justicia, la  organización territorial del Estado y otras tantas, estas elecciones sí que van de modelo de sociedad: el que promueve una derecha echada al monte del ultraliberalismo económico y muy conservador en lo social, o el que promueve la socialdemocracia y la izquierda no mesiánica macho alfa, de defensa del estado de bienestar y la ampliación de derechos civiles, seguridad sin menoscabo de la libertad y protección del medio ambiente. Van de no dejarnos engañar con cantos de sirena neofascistas ni brindis al sol del capitalismo salvaje, porque la sostenibilidad sin recortes de las pensiones, la sanidad, la educación y muchos otros derechos no pasan por quienes anuncian recortes y sacrificios, para que los ricos puedan seguir viviendo a cuerpo de rey a costa de la mayoría de la ciudadanía. 

jueves, 15 de octubre de 2026

El PP a vueltas con las pensiones

¿Se han preguntado ustedes por qué cada vez que la derecha llega al poder o creen que están a punto de hacerlo, empiezan a cuestionar el sistema público de pensiones? Es algo recurrente, que solo tiene una explicación, y no es la sostenibilidad del sistema, sino, más bien, la presión de los mercados financieros por captar miles de millones de euros en sistemas de capitalización, a los que la derecha neoliberal no puede ni quiere resistirse, por esa vocación de servicio público que tiene, siempre favorecedora del capitalismo privado y concentrado en pocas manos. Un pastel, el de los fondos de pensiones privados o mixtos, muy jugosos para quienes quieren acumular riqueza y poder a costa del bienestar de los jubilados. Porque no nos engañemos: ningún plan de pensiones privado garantiza la revalorización de la pensión y, además, esta va a depender, siempre, de la capacidad económica de cada trabajador. Hablando en román paladín: los salarios más altos podrán ahorrar para suscribir planes de pensiones elevados y el resto de trabajadores y trabajadoras tendrán que estar trabajando hasta que su cuerpo y su mente aguanten.

Ahora dice Núñez Feijoo, seguramente apurado por el jardín en el que se ha metido su Partido y los avisos de Vox, que las pensiones son intocables. ¿Pero es de fiar un partido político que hoy dice una cosa y mañana otra? ¿Son de fiar dirigentes políticos que sostienen que el sistema público de pensiones va a colapsar y hay que cambiarlo? ¿Cambiarlo para qué?

Núñez Feijoo y los dirigentes actuales del Partido Popular han venido ejerciendo su oposición al gobierno en un relato construido con mentiras, falsedades, medias verdades, bulos, fake news, insultos y desprecio a la ciudadanía cuando esta protesta contra sus intereses de clase. No es posible, que cuando dice Feijoo que va a respetar el poder adquisitivo de las pensiones, en contra del criterio de su portavoz en el Congreso de los Diputados Ester Muñoz, pretenda que le creamos. No es posible. El que siembra vientos, recoge tempestades, y ahora es muy difícil creer que no está mintiendo. Además, su partido tiene una larga tradición de decir unas cosas en campaña y, luego, hacer otras. Recordemos la campaña de 2011 en la que prometían el oro y el moro si ganaban las elecciones y los famosos viernes de reformas de Soraya Saéz de Santamaría, en los que anunciaba unos tras otro, acuerdos del consejo de ministros, que eran todo lo contrario a lo que habían prometido en campaña electoral. Sólo un apunte referente al objeto de este escrito: en la campaña de 2011 prometieron, con énfasis, que no se tocarían las pensiones y mantendrían el poder adquisitivo de los pensionistas, pero llegados al poder, en 2012 subieron las pensiones un 1%, cuando la inflación fue del 2.9%, para, posteriormente, después del 2013, desligar la subida de las pensiones al IPC, limitando las revalorizaciones al 0,25%. Como para fiarse ahora del líder más mentiroso que ha tenido el Partido Popular.

Concluyendo: solo hay una manera de garantizar que las pensiones estén ligadas al IPC: que ni Feijoo ni su partido tengan la tentación y el poder de hacerlo. 

martes, 13 de octubre de 2026

MAGNA. Un siglo de arte contemporáneo en Vila-real


El arte en Europa durante los últimos cien años está muy ligado a los desafíos de una sociedad en cambio constante, que ha evolucionado desde la ruptura que supuso la Revolución Industrial en hábitos, forma de mirar la realidad y estructura de la sociedad, a la transformación vertiginosa de todos los referentes sociales en el siglo XXI, por causas de la digitalización y el desarrollo, sin freno, de Internet y las redes sociales, que todo lo están cambiando hacía un futuro cargado de incertidumbre, por desconocido.

Toda esa evolución plagada de conflictos, avances y retrocesos ha ido de la mano del arte, que en una relación simbiótica se ha fundido con los diferentes movimientos, a veces abruptos, a veces lentos, que se han venido produciendo en la sociedad europea y, a la vez, está se ha nutrido de la mirada del arte, desde la ruptura de lo convencional a la aceptación de la realidad sin más pretensión que hacer de notario de lo que sucedía alrededor.

Desde principios del siglo XX, el arte, en lo que se denominó “las vanguardias”, cuestionó lo anterior, no solo en la forma, sino, también, en el fondo, en la manera de romper los esquemas convencionales de expresión y acabar con los convencionalismos de una sociedad demasiado marcada por la moral y la estética de los siglos anteriores. Algo que ha perseverado durante el último siglo y sigue sucediendo en la actualidad, aunque con menos fuerza transformadora, marcando el ritmo de la creación artística.

Cien años de arte, que podríamos denominar “contemporáneo”, aunque quizá haría más justicia llamarlo “moderno”, ya que la contemporaneidad tiene un sentido de actualidad que acota el término a un tiempo breve, que no pretende ser tan extenso. Pero es un siglo, o casi, de arte que ha cambiado nuestra manera de mirar el mundo y que, ahora, se puede disfrutar en la sede de la Fundación Caixa Rural de Vila-real, gracias a que el MACVAC, Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés, se ha desnudado durante unos meses, hasta el 11de enero, de una parte importante  de su colección de obras, que son una muestra de los derroteros por donde ha ido el arte desde las vanguardias hasta la actualidad, para hacer que Vila-real, artísticamente hablando,  brille entre Picasso, Warhol, Miró, Barceló, Dalí, Menchu Gall, María Dolores Casanova, Matisse, Saura, Motherwall, Zabaleta, Saura, Millares, Úrculo, Tapiès,  Claudia de Vilafamés o Cristina Alabau, entre otros y otras, hasta cuarenta y dos obras, que desde la “Escuela de París” hasta las corrientes artísticas actuales, pasan por el surrealismo, el cubismo, el expresionismo abstracto, el informalismo, el pop art, la contracultura, las nuevas figuraciones, etc.

En los tiempos que corren, detenerse para ver cómo ha evolucionado nuestra sociedad en el último siglo mediante la mirada del arte, puede ser tan gratificante como desalentador, por aquello de que la historia no se repite, pero rima, que decía Mark Twain.  La cita, para dejarnos llevar por las emociones artísticas de este último siglo, está en Vila-real. No se la pierdan.

domingo, 11 de octubre de 2026

Día de la Hispanidad

 


Nunca he entendido por qué el Día de la Hispanidad se tiene que celebrar con un desfile militar. Creo que sería más acertado hacer una exaltación cívica de encuentro entre todas las regiones del mundo que son, se sienten o participan de lo hispano, con la lengua castellana como estrella fulgurante de unión entre pueblos y culturas. Pienso así, porque un desfile militar, cualquier desfile donde se muestre la capacidad guerrera de un país, tiene algo de amenaza, de aviso a navegantes. En este caso de la Hispanidad, con mayúsculas, no deja de destilar cierto tufo a colonialismo, a nostalgia de un pasado que no se ha superado todavía. Si no es así, alguien debería explicar por qué desde la metrópoli colonial, que en su momento fue España, se hace una exhibición militar para conmemorar la fecha del desembarco en América de Cristóbal Colón, en vez de un día de celebración de la hispanidad con actos cívicos o un gran desfile que conmemore el encuentro entre las diferentes culturas que conforman el mundo hispano.

Y no es que tenga nada en contra de las Fuerzas Armadas. Al contrario, pienso que en un mundo donde la fuerza se impone muchas veces a la razón y al sentido común, tener un buen ejército con funciones de defensa de la sociedad, siempre que esté bajo el mando político y al servicio de la democracia, es una garantía de seguridad, que ninguna nación o alianza de naciones puede dejar de permitirse. Pero días tiene el año para celebrar un Día de las Fuerzas Armadas en todo su esplendor, sin que tenga que coincidir con lo que debería ser una celebración cívica y festiva, alejada de militarismos que pueden parecer añoranza colonial.

 Además, en un país donde la derecha y la extrema derecha no dejan de monopolizar los símbolos de la nación, para lanzarlos como armas de destrucción contra los que no piensan como ellos, como si fueran alienígenas, celebrar con un desfile militar el Día de la Hispanidad es utilizar a las Fuerzas Armadas para deslegitimar a una parte de la sociedad y desvirtuar lo que debería ser una fiesta de amistad y cooperación entre todo el mundo hispánico. Además, deberíamos dejar de  creer que el Día de la Hispanidad es la fiesta de España, porque excluye a todos los pueblos hispanos de la celebración, al situarlos en un segundo plano, bajo esas inmensas banderas de España que tanto gustan a quienes solo identifican la nación con una bandera.   

miércoles, 7 de octubre de 2026

Maricarmen

Es un día triste y el ánimo me pide hablar de Maricarmen, pero no creo que sea ético ni estético hacer bandera de una persona que acaba de morir, para reafirmarme en mis convicciones. Sobre todo, porque a Maricarmen no la conocía y, por tanto, no puedo ni debo hacer un panegírico de su persona, aunque me produzca una enorme tristeza saber que ha muerto por culpa de la inhumana tensión a la que ha sido sometida durante años por aquellos y aquellas que hacen de la maldad hacia sus semejantes su seña de identidad, sin importarles las consecuencias que pueda tener. Descanse en paz Maricarmen.

Sin embargo, hay otra Maricarmen que no ha muerto. La Maricarmen que simboliza la injusticia de un sistema que no tiene reparos en destruir la vida de las personas, sobre todo de quienes no son ricos, si con ello defienden sus intereses económicos o políticos. Hay una Maricarmen símbolo, que trasciende a la Maricarmen persona. Porque, probablemente, muy a pesar suyo, se ha convertido en el emblema que ha hecho despertar a una sociedad adormecida y abúlica, poniendo negro sobre blanco un problema del que todos, digo todos menos algunas y algunos, nos hacíamos los ignorantes.

Ese símbolo de resistencia ante los lobos; de resiliencia ante la adversidad de una situación no provocada por ella; de lucha por salvaguardar su vida, porque una casa no son cuatro paredes y un techo. Una casa es la vida de cualquiera. Donde se alojan a lo largo del tiempo los recuerdos, los sentimientos, las emociones, los objetos cotidianos que forman parte de nuestra identidad…, y a Maricarmen y todas las maricármenes de España y del mundo, se la han arrebatado, por la avaricia del dinero.

Maricarmen es el símbolo que ha puesto patas arriba la política de este país, al conseguir focalizar nuestra atención en lo que verdaderamente importa, por encima de esa política de bandera, charanga y pandereta a la que algunos quieren que volvamos. Y para ser justo, hay que decir, más allá de proclamas acratoides contra todos y contra el Estado, que es la mejor manera de que la extrema derecha haga caja, que unos políticos han reaccionado y otros no. Que hay políticos que han sentido la urgencia de tomar medidas y otros han preferido seguir apretando la bota en el cuello de miles de personas. Incluso, a alguna solo le ha faltado acordarse de la fruta cuando hablaba de Maricarmen.

Respetemos el duelo de aquellos y aquellas que conocían a Maricarmen, por unas razones u otras, para que puedan vivir su dolor en paz, y enarbolemos la bandera de la Maricarmen que encarna el miedo de mucha gente a perder su casa y la lucha por defender la dignidad frente a la maldad, ya sean jóvenes o viejos. Esa Maricarmen siempre estará viva, porque ha entrado en nuestra alma para quedarse.       

lunes, 5 de octubre de 2026

¡Por fin!

 


¡Por fin! reza la pancarta que han colgado en Génova los Ppopulares. Después de ocho años reclamando elecciones, deslegitimando al gobierno, persiguiendo a familiares del presidente, acusándole de traición y amenazándolo con la cárcel; pregonando que España es un caos, una dictadura (ahora Feijoo lo califica de franquismo y llama a hacer una nueva Transición liderada por él, claro. ¡Qué Dios nos coja confesados!); intentando embarrar todo fuera y dentro de España…, por fin el señor Feijoo y su cohorte tienen lo que querían. Y si no ganan las elecciones, el argumento ya lo tienen pensado: fraude electoral, ya lo han empezado a pregonar Abascal y Ayuso, ¡tanto monta monta tanto Isabel como Santiago!, porque del sanchismo se puede esperar todo. ¡Cuánto odio es capaz de acumular la derecha y la extrema derecha en ocho años sin gobierno! Son como esos niños mal criados a los que no se les dan todos los caprichos y no pueden soportarlo.

Sin embargo, tras esa alegría, me parece que hay un disgusto mal disimulado, por eso, después de aburrirnos con el mantra de elecciones lo antes posible durante años, ahora dice el señor Feijoo que el presidente ha convocado elecciones porque le interesa y porque tiene mucho miedo (sic). Se las prometían muy felices con la burda utilización de la situación de Ceuta, que se podría haber solucionado, con cierta rapidez, si el Partido Popular hubiese sido una oposición leal, con ganas de arreglar problemas graves, en vez de lanzar la ciudad autónoma como ariete contra Pedro Sánchez. Y ahora por ese afán de desprestigiar en todo lo que sea al gobierno, se ven desplazados por un problema mucho más grave que el de Ceuta, al que no saben o no quieren dar respuesta, a tenor de su voto contra los decretos de la vivienda y la actitud de las comunidades autónomas y ayuntamientos donde gobiernan, de mirar para otro lado o boicotear las leyes de vivienda aprobadas en el Congreso, bien para que parezca que el gobierno no hace nada, bien porque son los representantes de los fondos buitres, mal llamados de inversión, que están colapsando el parque de viviendas para la población, con la ayuda de muchos pequeños propietarios con mentalidad de rentistas, que no tienen ningún remordimiento de conciencia en subir los alquileres para ver si pueden vivir sin trabajar, aunque esto suponga el desahucio y la miseria de mucha gente, porque no hay peor miseria que la de no tener una casa para vivir.

El asunto es que las elecciones están convocadas, escribiremos bastante de ello estas semanas, y toca decidir, como bien dice Feijoo en otra de sus meteduras de pata dialécticas, entre progreso y democracia o involución y decadencia. 

viernes, 25 de septiembre de 2026

Ser buenas o malas personas

 


Al final, para explicar el mundo y los comportamientos de algunos o muchos humanos, tenemos que volver a la dualidad maniquea de buenos y malos, en el sentido que la gran mayoría de las religiones o corrientes filosóficas de nuestra historia le han dado al término. Si definimos de una manera sencilla los conceptos, bueno sería aquel que hace el bien en todos los ámbitos de su vida, no solo porque sea buena persona, sino porque sus actos tienen que ver con el bien común, ya sea de su familia, sus amigos, sus vecinos o la sociedad en general, algo que en estos tiempos de individualismo atrófico ha caído en desuso; por el contrario malo sería aquel que se regodea en su ego y sólo busca el bien personal, por encima del resto de sus congéneres, sin empatía hacia los demás y/o comportamientos físicos o intelectuales que engendran el mal hacia sus semejantes.

Muchos de ustedes pensarán que la vida está llena de grises que son un abanico de posibilidades entre el blanco y el negro, pero cuando se trata de hacer el bien o el mal esos grises se difuminan. Uno no puede se bueno en su casa y un canalla fuera de ella; ni ser una bellísima persona en la calle y un demonio en casa; ni salir de misa dándose golpes de pecho y machacar al prójimo en la primera esquina. No se puede ser decente y honesto a la vez que sinvergüenza y corrupto. Las medias tintas solo sirven para justificar comportamientos reprobables, porque hemos asumido tanto el relativismo de todo, que acabamos aceptando que incluso los malos tienen una justificación para su maldad.

Me viene todo esto a la cabeza por el escándalo que estamos viviendo estos días en España, ya antiguo, de los desahucios, y la maldad, sin fisuras, de aquellos que los promueven, los justifican, los alientan, los dejan correr, los decretan, los utilizan para ridiculizar a quienes los sufren o se ríen de ellos. No hay término medio ni motivo que pueda empatizar, por mínimo que sea, con aquellos que echan a la gente a la calle, convierten el mercado de la vivienda en un infierno para una mayoría de la sociedad, justifican y alientan la pobreza, se rinden a la violencia, sea del tipo que sea, o caen de bruces ante el becerro de oro de la maldad y el dinero, sin miramientos hacia los demás.

La sociedad es todo lo compleja que nosotros queremos hacerla, pero al final todo se reduce a una sencilla dicotomía: estar en el lado de la bondad o en el de la maldad; en definitiva: ser bueno o ser malo.                

 

Sí que van las elecciones de modelo de sociedad

  Sí que van las elecciones de modelo de sociedad. La derecha, con el Partido Popular al frente, trata de hacernos ver que esto va de regene...