Nunca he entendido por qué el Día
de la Hispanidad se tiene que celebrar con un desfile militar. Creo que sería
más acertado hacer una exaltación cívica de encuentro entre todas las regiones
del mundo que son, se sienten o participan de lo hispano, con la lengua
castellana como estrella fulgurante de unión entre pueblos y culturas. Pienso
así, porque un desfile militar, cualquier desfile donde se muestre la capacidad
guerrera de un país, tiene algo de amenaza, de aviso a navegantes. En este caso
de la Hispanidad, con mayúsculas, no deja de destilar cierto tufo a
colonialismo, a nostalgia de un pasado que no se ha superado todavía. Si no es
así, alguien debería explicar por qué desde la metrópoli colonial, que en su
momento fue España, se hace una exhibición militar para conmemorar la fecha del
desembarco en América de Cristóbal Colón, en vez de un día de celebración de la
hispanidad con actos cívicos o un gran desfile que conmemore el encuentro entre
las diferentes culturas que conforman el mundo hispano.
Y no es que tenga nada en contra
de las Fuerzas Armadas. Al contrario, pienso que en un mundo donde la fuerza se
impone muchas veces a la razón y al sentido común, tener un buen ejército con
funciones de defensa de la sociedad, siempre que esté bajo el mando político y
al servicio de la democracia, es una garantía de seguridad, que ninguna nación
o alianza de naciones puede dejar de permitirse. Pero días tiene el año para
celebrar un Día de las Fuerzas Armadas en todo su esplendor, sin que tenga que
coincidir con lo que debería ser una celebración cívica y festiva, alejada de
militarismos que pueden parecer añoranza colonial.
Además, en un país donde la derecha y la
extrema derecha no dejan de monopolizar los símbolos de la nación, para lanzarlos
como armas de destrucción contra los que no piensan como ellos, como si fueran alienígenas,
celebrar con un desfile militar el Día de la Hispanidad es utilizar a las
Fuerzas Armadas para deslegitimar a una parte de la sociedad y desvirtuar lo
que debería ser una fiesta de amistad y cooperación entre todo el mundo
hispánico. Además, deberíamos dejar de creer
que el Día de la Hispanidad es la fiesta de España, porque excluye a todos los
pueblos hispanos de la celebración, al situarlos en un segundo plano, bajo esas
inmensas banderas de España que tanto gustan a quienes solo identifican la nación
con una bandera.

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