Estas semanas atrás, los medios
de comunicación han planteado el debate sobre la conveniencia o no de que
España pida perdón a México por los desmanes que la corona castellana y,
posteriormente, cuando el federalismo de los Austrias se convirtió en
centralismo borbónico, infringió a los nativos americanos durante la conquista
y permanencia en aquellas tierras allende los mares.
La discusión se ha debido al
reconocimiento, por parte de Felipe VI, de los “abusos y agravios cometidos
durante la Conquista”. Una petición que venía haciendo el gobierno mexicano
desde que el expresidente López Obrador la lanzó como una necesidad imperiosa,
para que España y México pudieran seguir teniendo buenas relaciones.
El debate, con posicionamientos
a un lado y otro del espectro político, que poco o nada tiene que ver con la
historia, ha durado el tiempo que los medios han tardado en suplantarlo por
otra cosa más jugosa para sus intereses en el EGM (Estudio General de Medios),
pero, sin embargo, me gustaría, ya fuera de foco mediático, hacer alguna
reflexión sobre el tema, corta, porque ahora nuestra cabeza está más en la playa
y las procesiones interminables que se van a producir estos días.
No estoy muy de acuerdo en la
utilización del término “contexto” o “contextualizar”, como si fuera el comodín
del público, para justificar posiciones que tienen que ver más con la ideología
o las necesidades políticas, que con la historia y sus momentos. Es evidente
que al hablar del pasado siempre debemos contextualizar, porque los criterios
éticos y morales de los diferentes tiempos históricos no son los mismos. Pondré
un ejemplo que sirve para la cultura: si leemos hoy El Quijote con la moral
actual, acabaremos condenándolo al fondo del armario de la literatura, digo
más, la gran mayoría de la literatura no pasaría el filtro de nuestra moralidad
de siglo XXI, por cierto, cada vez más intransigente y victoriana. Pero cuando
hablamos de historia, la cosa cambia.
Si sacamos el debate del ámbito
estresado de la política, en donde todo tiene que retorcerse para justificar lo
que se dice, siempre en la descalificación del otro, deberíamos saber discernir
entre los acontecimientos históricos, que siempre deben estar contextualizados
y la crítica que se les puede hacer, esta irremediablemente, pasada por el
tamiz del pensamiento y la moral actual. Pongamos otro ejemplo: Roma fue un
imperio que se cimentaba en la esclavitud, algo absolutamente reprobable con la
mentalidad de ahora, y criticable —aunque algunos y algunas no harían ascos a
que volviera a establecerse—. Sin embargo, mucho de lo que es la sociedad actual
se lo debemos justamente a Roma, y nadie cuestiona ese legado, que se sustentó
en algo tan nefando como la esclavitud. ¿Cinismo? No. Todos entendemos que en
aquella época, eso que hoy no nos gusta nada, era corriente, aceptado y bien
visto por la mayoría, incluso de muchos esclavos, que habrían hecho lo mismo si
hubieran tenido en sus manos un poder de conquista tan grande como el romano.
¿Tendría que pedir perdón hoy el gobierno italiano a germanos, galos, hispanos,
británicos, egipcios, sirios, macedonios, etc., etc.? No parece que vaya a ser
así, ni tampoco tendría mucho sentido.
Sin embargo, al tratar de
geopolítica internacional, si una nación o pueblo, el que sea, se siente
maltratado por la historia por culpa de quienes lo han conquistado y subyugado,
creo que están en su derecho de exigir disculpas, si esto les reconcilia con su
historia y con sus antaño conquistadores. Y estos, hacer un acto de contrición,
y pedir ese perdón, si con ello las buenas relaciones de los pueblos se
ensanchan. Creo que ese era el sentido de las palabras de Felipe VI, y creo que
México las ha entendido perfectamente, por lo que bienvenidas sean.
A lo largo de la historia se han
producido una sucesión de conquistas y conquistados. España, por contextualizar
el concepto de nación para que todos nos entendamos, ha sido conquistada varias
veces y conquistadora, en sus diferentes formas históricas: imperialismo,
colonialismo, etc., y eso es lo que la ha forjado como nación actual. Esa es la
realidad de la historia, tan cierta, como que hoy estamos viviendo un contexto
de conquista de otros tiempos, por las ansias expansionistas de algunos
estados, que todos sabemos quiénes son.
Nos hacemos cruces de cómo es
posible que esté sucediendo una cosa así en pleno siglo XXI, cuando creíamos
que ya habíamos superado ese pasado por el que estamos hoy pidiendo
explicaciones. Pero lo cierto es que los humanos somos una especie tan depredadora,
que ayer, hoy y mañana nos dedicaremos a destruirnos con la saña que lo hemos
hecho siempre, aunque ahora sí que lo que está sucediendo en muchos lugares del
mundo es reprochable y condenable, porque ya no hay contexto para ello.






