jueves, 5 de marzo de 2026

Dignidad frente a servilismo

 


¿Por qué es importante la dignidad en momentos tan convulsos y peligrosos como el actual en el mundo? La dignidad tiene mala prensa entre quienes nacen serviles y se ven reflejados en un espejo que les hace tontos útiles, esperando que las migajas que deja caer quien los humilla les roce. Algo parecido a lo que está pasando en Europa con la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y Palestina, en donde la sumisión de muchos de sus países está rayando el ridículo y la inmoralidad. Indigna es también la postura de la derecha española, servil a los intereses de otros países, en este caso tan rastrera con el personaje más dañino que ha surgido en occidente desde Adolf Hitler, que produce vergüenza escuchar a sus líderes, y miedo pensar que esos patriotas limpiabotas de Donald Trump puedan gobernar España algún día.

Volviendo a la Unión Europea, nos quieren hacer ver que su posición ante esta guerra ilegal y ante el presidente de los Estados Unidos, es de prudencia y respeto, no exenta de algo de miedo a enfrentarse a su propia incapacidad para afrontar los acontecimientos y el futuro de Europa como un Estado independiente. Pero lo que transluce es afinidad. No son pocos los líderes políticos de la UE que están de acuerdo con las políticas de Donald Trump, incluso cuando estas van de la mano de la destrucción de un orden internacional basado en valores, normas y respeto, o directamente apoyando con disimulo una guerra que sólo va a traer destrucción, muerte, miseria y empobrecimiento, como todas las guerras, salvo a quienes las provocan y alientan.

No es baladí que la derecha y la extrema derecha estén copando las instituciones europeas, para que entendamos por qué Europa, en vez de estar defendiendo sus intereses, el derecho internacional y el modelo de convivencia y desarrollo basado en el bienestar, se dedique a deshojar la margarita de sus contradicciones, a ver si pasa el tiempo y las aguas vuelven, por sí solas, a su cauce. Gran parte de los dirigentes de la UE son entusiastas seguidores de Donald Trump y la ideología que representa.

Por ello, la posición del gobierno español, con su presidente Pedro Sánchez a la cabeza, es un soplo de dignidad, una luz en la oscuridad de un mundo gobernado por los plutócratas, encantados de tener al más mortífero al frente de un país poderoso, que en su decadencia se ha vuelto peligroso. Pedro Sánchez, es ahora, el faro donde se pueden mirar todos aquellos europeos y resto del mundo, que creemos que la dignidad de las naciones y sus habitantes, debe estar por encima de los nuevos sátrapas que tratan de imponernos su voluntad, para que ellos puedan seguir ganando dinero sin control, aunque esté manchado de sangre.

España, desgraciadamente con la oposición de Partido Popular y Vox, se ha colocado el en lado correcto de la historia, si entendemos que este es el de la democracia, los derechos, la igualdad, la sostenibilidad y el derecho internacional basado en el respeto, la diplomacia y la paz. Claro, que para algunos y algunas dentro y fuera de España, eso es debilidad, porque su lado correcto de la historia, está en la violencia, la sumisión, la dominación, las nuevas formas de esclavitud y el poder del dinero sin regulación que lo frene. No es de extrañar, entonces, que apoyen la guerra de Trump, o miren para otro lado, no sabemos muy bien si es para disimular o para no encontrarse con su indignidad de frente.     

miércoles, 4 de marzo de 2026

Nasti de Plasti

 


En este mundo de realidades virtuales, donde hemos vendido nuestra alma a ese invento llamado Internet, que pareció, cuando salió, la liberación de la humanidad y que ha acabado esclavizándonos como nunca los poderes establecidos pudieron imaginar, uno, a veces, se encuentra con sorpresas que le hacen regresar a una época de su vida, en donde todo era más humano y la relaciones se vivían sin intermediarios en los que refugiarnos. No es que fuera fácil vivir, eso es una categoría que tiene que ver con nuestra capacidad para relacionarnos con lo que nos rodea, es que, todavía entonces, había resquicios de libertad por los que escaparse, de vez en cuando, y todo lo que nos rodeaba teníamos la certeza de que era real.

Mi agradable sorpresa, se ha debido a un correo-e que recibo de la artista Alejandra de la Torre, con quien tengo el placer de compartir ser miembro de la Junta Artística del Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés MACVAC, informando de su propuesta de acompañamiento a la semana de ARCO en la Galería Sara Caso de Madrid, con una muestra que lleva por título, que me ha devuelto a mi juventud, allá por los años ochenta del siglo pasado: NASTI DE PLASTI.

Nasti de Plasti era un pub, cercano a la plaza de Roma de Madrid, regentado por unos amigos, en el que pasé no pocas horas de delirio ochentero y sueños de futuro. Recordado en el tiempo, albergaba toda la cultura pop de aquella época irrepetible, que algunos tuvimos la suerte de vivir.  

 Ese es el sentido de la propuesta de Alejandra de la Torre, que con el nombre NASTI DE PLASTI, sin ser consciente, quizá por edad y lugar de residencia, de la existencia del otro, ha acertado, plenamente, redescubriendo objetos cotidianos de aquellos años. Objetos que hoy han caído en desuso por los avances tecnológicos, o porque, irremediablemente, cada uno de ellos va ligado a una época y sus necesidades. Así, en un ejercicio, que no es difícil calificar de memoria histórica de la cotidianidad, podemos ver, con un estética kitsch muy de la época: carretes de Kodak, relojes Casio, gomas de borrar Milán, pequeños rompecabezas deslizantes, Walkman, etc., que estaban tan presentes en nuestras vidas y hoy parecen tan lejanos.

Alejandra de la Torre, reivindica, de alguna manera, el pasado ochentero y libre de las ataduras mentales que hoy atenazan nuestra sociedad, y su NASTI DE PLASTI de hoy nos trae los ecos del otro Nasti, que entre risas, copas, cigarrillos y ganas de vivir, nos regalaba cada noche un trocito de felicidad.     

 

  

lunes, 2 de marzo de 2026

Elegir entre Hobbes y Rousseau

               

                El mundo, tal como lo hemos conocido hasta ahora se desmorona. Es la única sensación que podemos tener a tenor del ascenso del nuevo fascismo del siglo XXI, a cotas de poder a las que nunca debería llegar en una democracia. Los acontecimientos de los últimos meses, nos están precipitando hacia un futuro incierto y distópico, de consecuencias, que, todavía, no sabemos o no queremos calibrar.

                Dos filósofos surgidos en los albores de la descomposición política y social del Antiguo Régimen: Thomas Hobbes (1588-1679) y Jean Jacques Rousseau (1712-1778), sentaron las bases, de muy diferente manera, de lo que luego serían las ideologías dominantes, a partir de la Revolución Francesa, con el ascenso de la burguesía al poder y el nacimiento, posterior, del movimiento obrero y la lucha de clases.

                Thomas Hobbes, se anticipa en un siglo (hay que tener en cuenta que la primera revolución burguesa en Inglaterra se produce a mediados del siglo XVII, cuando el rey y el Parlamento se enfrascan en una guerra civil que limitó el poder del rey frente a la burguesía y sentó las bases del futuro capitalismo) al considerar al hombre como un ser peligroso para su propia especie, porque vive en competencia constante con sus semejantes. Ese pensamiento lo reflejó en su libro Leviatán (1651), en donde sentenció que “el hombre es un lobo para el hombre”, siendo lo único que podría evitar el enfrentamiento constante, es decir, la ley de la selva, el establecimiento de una fuerza superior o Estado, que denomina Leviatán, al cual, el hombre, que es un ser libre e individual, cede sus libertades en aras de una mayor seguridad y orden social.

                Jean Jacques Rousseau, muy crítico con Hobbes, parte de una premisa bien diferente a la del pensador inglés. Para él, el hombre es bueno por naturaleza, y aunque nace libre, vive encadenado a otros hombres, lo que provoca injusticia. La sociedad que propone, como un germen de la democracia, es la de iguales que se deben gobernar por un contrato social, que regule la convivencia pacífica y justa, dando la voz al pueblo por encima de un monarca o un Estado al que se le ceden derechos y libertades. Este principio, que desarrolla en su libro El contrato social, publicado en 1762, apenas dieciocho años antes de la Revolución Francesa, ha sido el que ha inspirado la democracia hasta nuestros días.

                Estamos, pues, ante dos pensamientos filosóficos, que si bien señalan la puerta de salida del Antiguo Régimen absolutista, tienen un desarrollo a lo largo de los siglos XIX, XX y lo que llevamos del XXI, opuesto. Así, mientras la filosofía de Hobbes ha sido fundamento para los regímenes autoritarios, ya sean fascistas o comunistas, la filosofía de Rousseau ha dado pie a la construcción de un orden liberal/social, en el que se ha sustentado la democracia que regula la vida política de Europa, sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial, hasta el ascenso del nuevo fascismo a lo largo de este siglo.

                Sin embargo, ahora, volvemos a enfrentarnos a esa dicotomía, entre regímenes totalitarios, de inspiración fascista y regímenes democráticos. Se repite la historia de hace noventa años, con una sociedad amnésica o deliberadamente ignorante del pasado, que está provocando que en países de implantación democrática, vuelva la involución y el peligro de un Estado totalitario. Que en EE.UU, Italia, Argentina, Hungría, Rusia, Chile, entre otros países, que podríamos considerar del orbe occidental democrático, estén gobernando dirigentes y partidos de fuerte inspiración fascista, con el palpable retroceso de derechos, libertades y bienestar; o que partidos claramente fascistas estén coqueteando con la derecha democrática, para un reparto del poder, es algo que debería preocuparnos, no como un postureo político, sino como un peligro cierto, que sólo puede acabar en la destrucción de nuestro modo de vida, fundamentado en la libertad, la igualdad, la justicia y el bienestar. Sólo tenemos que ojear lo que está pasando a nuestro alrededor, para que nos tomemos en serio la amenaza. No estamos en la casilla de mejorar lo que tenemos, sino de reaccionar para evitar perderlo todo.

                Lo que está sucediendo en los últimos días, no es una serie de Netflix, es la constatación de que el fascismo sólo entiende un lenguaje: el de la fuerza, para doblegar a sus adversarios e imponer su voluntad, que siempre va a ir ligada a los intereses del capitalismo más salvaje, que es el que ahora gobierna el mundo.

                Debemos, pues, elegir entre Hobbes o Rousseau, aunque parezca una paradoja del tiempo, después de los siglos que nos separan de ellos. Porque de esta elección va a depender nuestro futuro, el de nuestros hijos y el del planeta. La distopía fascista ya no es un libro de ciencia ficción ni una película ni una serie, que vemos sentados cómodamente en la butaca del cine o en el sillón de nuestra casa. Está tan cerca, que podemos percibir el olor a quemado que va dejando allá por donde pasa.       

jueves, 26 de febrero de 2026

"Regalar movimientos al viento". Exposición del MACVAC en Villa Elisa (Benicasim)

 


      La existencia de cada uno de nosotros está determinada por la interacción de fuerzas antagónicas que definen la relación que tenemos entre el mundo interior y el exterior: día y noche, guerra y paz, amor y odio, frío y calor, alegría y tristeza…, que en la cultura occidental de ascendencia grecorromana, fue definida y razonada por Heráclito de Éfeso, hace casi veintiséis siglos, como “lucha de contrarios”.   

      Pero esta contienda antagónica entre los opuestos no tiene por qué ser una guerra cruel ni estar abandonada al caos. Más bien la propuesta de Heráclito va en sentido inverso. La sustancia de lo que somos es el resultado de la lucha que se libra en nuestro interior, entre las fuerzas que pugnan en el fondo de nuestra alma. Sólo conseguiremos avanzar en paz y armonía, cuando alcancemos un estado de equilibrio entre esas fuerzas opuestas, que son las que, al final, nos definen como seres únicos.

      Esta idea de búsqueda del equilibrio espiritual, determinada por el mundo interno y externo en el que habitamos, es lo que nos propone la exposición Regalar movimientos al viento, que el Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés, MACVAC, ofrece al público en la sala de exposiciones Villa Elisa de Benicasim, pero desde la perspectiva del viaje que todos y todas realizamos a lo largo de nuestra vida, unas veces mirando hacia adentro y otras mirando hacia afuera.

    Comisariada por Patricia Mir, Regalar Movimientos al viento, nos hace una propuesta de primer orden con obras de importantes artistas (ver relación al final), que nos plantea la dicotomía entre la exploración de nuestro yo espiritual, en el interior de nuestro alma, y la búsqueda de respuestas en el mundo exterior que nos rodea. Una dualidad en forma de viaje interno y externo, que penetra en el fondo de nuestro ser, frente a lo que nos nutre de conocimiento y experiencias, que residen fuera.

     Miradas, soledades, vacíos, paisajes, memoria, imágenes, preguntas, respuestas, rezos, reflexiones, luz, oscuridad, tiempo, silencios…, una amalgama de impresiones, con el arte, una vez más, como demiurgo que ejerce de puente entre lo que somos, lo que queremos ser y el mundo que nos rodea. Sensación de la que no nos podemos desprender cuando recorremos el espacio de la exposición y dejamos que las emociones se liberen de nuestro yo racional y materialista, para que nos invada la sensibilidad de unas obras, perfectamente seleccionadas, que, sin percibirlo, nos van a llevar por el camino de la espiritualidad y la búsqueda de la armonía que habita en nuestro interior.   

    Como bien escribe su comisaria Patricia Mir en la introducción a la exposición: «Así, la exposición de Villa Elisa se configura como un espacio de encuentro entre el arte, la emoción y la introspección. Cada obra, cada material, cada gesto creativo se convierte en un elemento que invita a la reflexión, el recogimiento y el diálogo interno».

 

Artistas y obras que participan en Regalar movimientos al viento:

-Manuela Ballester: A la ventana ante el mar Báltico

-Pilar Sala: Dualitat

-Cristina Navarro Buenaposada: Umbral

-Paqui Fuster: Postals per al record

-Alejandro Mañas: La noche trascendida

-Robert Motherwell: Elogio a la República Española 51 y 52--+

-Alfonso Pérez Plaza: Pensador oprimido

-Marina Vargas: Asterión-El cuerpo revelado

-Henri Cartier-Bresson: Funerailles de l’acteur de kabuki: Danyuro

-Salvador Dalí: El infierno. Canto 3

-Pablo Picasso: Ragazza seduta

-Salvador Montesa: Estancia despojada V

-Walter Wall: Qué bonito cuando las flores florecen

-Ana Vernia: N.º 5. Serie ‘Paisajes líquidos

-Marcelo Díaz:‘Criar la luz

-Joan Callergues: Estructura per a un somni

-Jovita Pitarch: Inquisitio

-Concha Jerez: Tiempo. Límite. Interior

-Amparo Escrivá Palacios: Tren de cercanías

 

domingo, 22 de febrero de 2026

El 23-F más cerca de triunfar que nunca

 


                Han pasado cuarenta y cinco años de aquel triste día en el que lo más casposo y retrógrado de la sociedad española entró en el Congreso, intimidando a tiros a los diputados/as y al resto de los españoles que queríamos dejar atrás, no sólo los aciagos años de la dictadura franquista, también lo que esta representaba en la historia de España desde, al menos, el siglo XIX.

                Cuarenta y cinco años y nunca hemos estado tan cerca de que el espíritu golpista del 23-F estuviera a punto de gobernar España. No, afortunadamente, porque una asonada militar como aquella, se esté gestando en los cuarteles, si no, porque todas las instituciones controladas por la derecha, están colaborando en la deslegitimación de la democracia y la satanización de un gobierno que no les gusta, como han hecho siempre que no han tenido el poder político, pero esta vez sin ahorrar esfuerzos.

                “El que pueda hacer, que haga”, dijo José María Aznar en noviembre de 2023 y, desde entonces, las bravuconadas políticas de la derecha y la extrema derecha, han dado paso a un movimiento pseudogolpista, con el que se está poniendo al estado de derecho democrático a los pies de los caballos del nuevo fascismo del siglo XXI. La judicatura, o parte de ella; medios de comunicación serviles; el Senado, utilizado como arma arrojadiza del Partido Popular contra el gobierno; la CEOE, echada al monte contra cualquier avance de los trabajadores, sobre todo, después de que su presidente, fuera reelegido y asegurado un salario de casi 400.000 € al año; comunidades autónomas, ayuntamientos y diputaciones que gobiernan, más pendientes de descalificar al presidente del gobierno que de mejorar la vida de sus conciudadanos; todo un abanico de sindicatos corporativistas, controlados por la extrema derecha, que no tienen ninguna intención de negociar nada, porque están siendo lanzados como arietes contra el gobierno “sanchista”; etc., etc., etc. Todos haciendo a una, con un único fin: reducir la democracia a los intereses de una élite que no soporta no estar en el poder, para manejar a su antojo el país.

                Es cierto que siempre que ha gobernado la izquierda, la derecha ha puesto al país patas arriba, para que pareciera que sólo ellos tienen la capacidad natural de gobernar con orden, siempre que ese orden esté al servicio de sus intereses. Lo hizo Aznar contra Felipe González, Rajoy contra Zapatero y ahora el clan Feijoo-Ayuso-Abascal contra Pedro Sánchez. Es una historia que se repite y que, quizá, sirva, también, como cortina de humo, para tapar la corrupción enquistada en su seno, desde que JM Aznar alcanzó la presidencia del gobierno, hasta hoy. Pero  nunca, los dos anteriores, pasaron del insulto, la descalificación y el cuanto peor mejor. Sin embargo, ahora, todo es diferente. Con un Partido Popular tan agobiado por su derecha, que no es capaz de marcar la diferencia entre ser un partido demócrata o acostarse con el ideario de Vox, tan próximo al de los golpistas, militares y civiles, del 23-F.

                Por eso, en este cuarenta y cinco aniversario del golpe militar de Tejero, Milans del Bosch, Armada, y todos los que participaron por activa o por pasiva en él, la democracia vuelve a estar en máximo riesgo, no por la descalificación grosera del gobierno, sino por la pérdida de convivencia y tolerancia que subyace en el ideario de la extrema derecha, cada vez más asimilado por la derecha. Por no hablar del retroceso en derechos civiles, laborales, sociales, de igualdad, en violencia de género, bienestar social, seguridad, libertad y todo aquello que una democracia significa, por muy desgastada que esté, frente al nuevo fascismo tan próximo al 23-F, que con palabras huecas y discursos fáciles, está colonizando las mentes de muchos, sin que sean conscientes del agujero negro que se está abriendo en la democracia y, por extensión, en cada uno de nosotros como miembros de una sociedad democrática que se desmorona.      

   

martes, 17 de febrero de 2026

El café de la juventud perdida

 


He releído estos días la novela de Patrick Modiano El café de la juventud perdida, una novela publicada en 2008, que sucede en el París bohemio de los años sesenta del siglo pasado, en un momento en el que una nueva generación de jóvenes, nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, vive amarrada a una percepción existencialista de la vida; sólo les interesa el aquí y el ahora, como una seña de identidad que tiene un anclaje muy difuso en el pasado, generalmente, a través de sus experiencias vitales, y una enorme incertidumbre en el futuro, que para ellos es una ilusión incierta.

                La lectura me ha llevado a una reflexión, que no es ajena a la juventud actual. En todas las épocas la juventud ha sostenido una lucha dual entre el pasado y el futuro, para hacerse hueco entre una sociedad que no comprenden, porque es el mundo que construyeron sus padres cuando eran jóvenes, y a ellos ya no les sirve, y la sociedad que tienen que construir, pero que todavía no saben cómo hacerlo. Nada nuevo, que no se haya producido generación tras generación, como el motor que ha impulsado la rueda de la historia hacia el progreso, unas veces bueno y otras veces no tan bueno o decididamente malo.

                Sin embargo, la actitud de los jóvenes protagonistas en El café de la juventud  perdida, es muy similar a la de los jóvenes de hoy: gregarismo y sentimiento de pertenencia a un pequeño grupo, que hace las veces de una burbuja, frente a un mundo que no les comprende. Las incertidumbres ante el amor, las circunstancias que les rodean, el comportamiento de los adultos o el pensamiento que, todavía, está en construcción, puede hacer pensar que nada ha cambiado, salvo en una cosa, fácilmente distinguible: si en aquellos tiempos, en el caso de la novela el café Condé, principalmente, el núcleo de relaciones eran las vivencias que experimentaban en torno a su grupo de amistades, como forma de definir su vida, hoy ese núcleo está más difuminado, por el efecto de las redes sociales, que, además, han reducido el debate sobre sus inquietudes a la mínima expresión, convirtiendo la experiencia de ser joven en un escrutinio permanente, que con información sesgada y deficiente en cuanto a discusión, está dominada por la dictadura de los algoritmos, que controlan, o tratan de hacerlo, su manera de pensar, sus inquietudes y sus miedos.

                Esa es la diferencia, que convierte a los jóvenes actuales en seres vulnerables, atados a un destino que están decidiendo otros, a los que solamente les interesan los jóvenes como mercancía a la que se puede manipular y vender de todo, desde ideas a productos o maneras de pensar. Por el contrario, la novela de Patrick Modiano, retrata una juventud parisina, o de cualquier otra ciudad, que a pesar de sus inquietudes, incertidumbres y rebeldía, sí tenían un resquicio de libertad por el que encontrarse con el futuro, creyéndose dueños de su destino.    

domingo, 15 de febrero de 2026

La desconfianza nos hace inútiles

 


                Siempre que me asomo al patio de la izquierda que habita más allá del PSOE, no puedo evitar acordarme de la película La vida de Brian de los Monty Python y de El Frente Popular de Judea versus Frente Judaico Popular, y su media docena de abnegados militantes, iluminados por una gracia divina para salvar el mundo, en este caso a Judea de los pérfidos romanos, nunca juntos, por supuesto, no vaya a ser que a unos u otros, se les confunda con un atajo de aprendices, cuando no impostores. 

                Lo que me lleva a plantear una pregunta: ¿Qué sucede en la autodenominada izquierda verdadera, para que dos mil años después sigan comportándose igual? Habría una contestación simple: todo se reduce a una cuestión de egos. Yo no digo que no, vista la manera que tienen de comportarse los líderes del rosario de formaciones locales, regionales, autonómicas, federales, independentistas, nacionales, etc., que hasta con unos resultados electorales tan pírricos como los obtenidos en las últimas elecciones de Extremadura y Aragón, se muestran satisfechos/as, por lo que, dada la maldad cándida que todos y todas albergamos en nuestro interior, sólo podemos llegar a una conclusión: que como ellos o ellas han conseguido clasificarse en el reparto de escaños, una parte importante de su revolución sigue viva.

                No son conscientes de que el camino que les está enseñando las urnas es el de la irrelevancia política. Decía Groucho Marx: «Partiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria». Y eso es, precisamente, lo que están consiguiendo. Eso sí, sin contaminarse con el resto de partidos, no vaya a ser que alguien se piense que se están desviando del sendero inmaculado de su pureza ideológica.

                Sin embargo, como he dejado caer anteriormente, esta es una explicación válida, pero simple. Pienso, que en el fondo lo que subyace detrás de estas formaciones políticas, va más allá del personalismo de sus líderes, a fin de cuentas, como dice el refrán: «dentro de cien años, todos calvos«. Es decir, que todos somos prescindibles y todos tenemos fecha de caducidad, y en política mucho más. Habría que buscar, entonces, la explicación en el carácter mesiánico de algunos de estos partidos (volvemos a Judea hace dos mil años), y al convencimiento de que sólo ellos pueden liderar la “verdadera” transformación de la sociedad, y los demás, si quieren, deberán seguir su rastro de luz.

                Resulta gracioso que partidos que apenas llegan a con seguir media docena de diputados/as se muestren tan eufóricos. Es compresible que sortear la invisibilidad política a la que les condena no estar en las instituciones, sea motivo de alegría, pero no sé si de tanta felicidad autocomplaciente, como algunos/as muestran. Preguntas inevitables: ¿De qué se muestran tan eufóricos? ¿De que los demás han conseguido menos o, simplemente, no han conseguido nada? ¿De que salen reforzados en su irrelevancia política? ¿De que alcanzando una alta cota de miseria, van a ser la verdadera oposición? No encuentro la fórmula por la que una representación marginal en un parlamento, llegue a  conseguir alguno de los objetivos de su programa político y electoral. Y mucho menos, en parlamentos donde gobierna la derecha con holgada mayoría. Sin embargo, ellos y ellas parecen encantados de seguir transitando por la irrelevancia. Y no se dan cuenta, que donde unos y otras ven un fortalecimiento de sus ideas y actitudes sectarias, el resto vemos división de la izquierda en diferentes etiquetas y progreso de la derecha neotrumpista.

                No es de extrañar, por tanto, que cualquier intento de aunar a las izquierdas no socialdemócratas, nazca con el estigma del pecado original y encienda las alarmas en los partidos que conforman ese espacio; a ver si unos charnegos sin pedigrí y, sobre todo fuera de su control, van a estropearles el chiringuito. Pero sobre todo, la incertidumbre que esto les genera tiene que ver con la posición en la que quedarían sus líderes en una supuesta unidad electoral. Esto no es baladí, y ya hemos asistido a rupturas de coaliciones por este motivo, como ha pasado con SUMAR, siendo los partidos que conformaron la coalición al principio, quienes han puesto más palos entre las ruedas del carro de la formación, por todo lo expuesto más arriba.

                Ahora dos versos sueltos, pero mediáticamente en alza, están agitando el avispero (perdón por el tópico) de la izquierda, con el amago de poner en marcha un proyecto de unidad, según ellos, desde la diversidad, al que han tardado menos de un suspiro en salir en tromba casi todos los partidos. No vaya a ser que…

                Desconozco si las intenciones de Gabriel Rufián y Emilio Delgado, son todo lo honestas que cabría imaginar. Pero pretender superar esa división mesiánica de la izquierda, para romper la tendencia de apoyo electoral a una derecha, cada vez más difícil de deslindar de la extrema derecha, debería recibirse con un poco más de entusiasmo, por parte de a aquellos y aquellas a quien va dirigido. Pero lo que sí podemos saber es que la iniciativa va en la dirección correcta, si se trata de unificar proyectos de izquierdas, que no son tan dispares, y ponerlos al servicio de la mejora de la vida de la ciudadanía, por encima de los intereses particulares de cada uno.

                Nada más necesario, con un PSOE a la baja, por muchas razones externas e internas, que no son objeto de este artículo, para evitar, si se puede, que España se convierta, otra vez, en El Patio de Monipodio, esta vez mucho más cruel, al entrar en la garita del control, la extrema derecha.           

Dignidad frente a servilismo

  ¿Por qué es importante la dignidad en momentos tan convulsos y peligrosos como el actual en el mundo? La dignidad tiene mala prensa entre ...