Hace veintidós años, en la
mañana del 11 de marzo de 2004, cuando todavía estábamos impactados por el
mayor atentado terrorista sufrido en la historia de este país; sin hacernos una
idea de la magnitud de la tragedia, los españoles, esos que tantas veces se olvidan
en nombre de España, asistíamos al mayor acto de manipulación informativa que
un gobierno puede poner en marcha, por lo menos hasta esa fecha (todavía no
había llegado Isabel Díaz Ayuso para convertir la propaganda política en un
espectáculo indecente de manipulación para salvar su culo y el de sus amigos y
familiares).
La magnitud de aquella manipulación,
fundamentada en falsedades, bulos y «créanme que esto es así porque lo digo yo»,
fue el principio de lo que hoy, principalmente, desde la derecha se está
haciendo, no ya como una huida hacia adelante, como hizo JM Aznar, para influir
en el resultado electoral de diez días después utilizando, una vez más, a ETA y
su terrorismo, como moneda de cambio electoral, sino como estrategia política
desde la oposición (que nos puede esperar si llegan a la Moncloa), para alcanzar
el gobierno de España.
Este comportamiento político del
«todo vale» si al final gobernamos, tiene sus raíces en aquel día de ostensible
engaño a la población, que desembocó en una gran manifestación por toda España
al grito unánime de “¡¿quién ha sido?!”, y los meses y años posteriores, en los
que la rabia por haber perdido las elecciones embarcó a una parte de la derecha
política y mediática, en la defensa de teorías conspiranoicas, que trataban de
vincular al gobierno recién elegido con una trama inventada por el entorno de
JM Aznar y medios afines como El Mundo, COPE, Libertad Digital, etc,.
Incluso hoy, 11 de marzo de
2024, algunos de los instigadores de aquella teoría, siguen insistiendo, siempre
los mismos, ahora con la presentación de un libro de Mayor Oreja, con el apoyo
de JM Aznar, en el que vuelve a extender las sospechas, como siempre sin
pruebas ni documentación que avalen su teoría, sobre, no ya la autoría, sino
sosteniendo que ETA lo sabía y que había una red secreta de masones en Francia implicada
en los atentados. Ojo al dato: ETA lo sabía, el señor Mayor Oreja y su amigo
tienen que meter a la banda terrorista en este asunto, aunque sea con calzador.
Pero lo mejor es lo de echar mano a la masonería francesa; eso no tiene precio.
Cómo no van a estar abducidos por teorías de la conspiración muchos derechistas,
si sus referentes políticos son los principales propagandistas.
Aunque en el fondo, siempre he creído
que esa teoría sobre la participación de ETA en el 11-M, nunca habría tenido
audiencia si el 14 de marzo de 2004, el Partido Popular hubiese ganado las
elecciones. Ya no interesaría hablar mucho del asunto, una vez conseguido el
objetivo de permanecer al mando de la Moncloa. La policía habría hecho su
trabajo, como lo hizo; la prensa de derechas se habría dedicado a alabar los
logros del nuevo presidente M. Rajoy y las cancillerías extranjeras no habrían tenido
que informar a sus países de la insoportable levedad de la teoría conspiranoica.
Me van a perdonar que de las víctimas
del 11-S no hable, por respeto y porque no quiero politizar su dolor, para criticar
a quienes nos mintieron, nos mienten y nos mentirán.






