jueves, 30 de abril de 2026

La seguridad en la escuela

 


                Está el patio educativo de Cataluña revuelto, por el plan piloto de la Generalitat de enviar un mosso d’escuadra a los centros de enseñanza. Muchos son los que están en contra, desde ese buenismo que tiene una parte de la izquierda, que ignora las soluciones a corto plazo, hipotecándolas , siempre, en el tiempo. Y no es que no se tengan que buscar esas soluciones a largo, con grupos de estudio, comisiones de trabajo y debates sobre la bondad del ser humano. Eso hay que hacerlo, para que la escuela sea un lugar donde la única prioridad tenga que estar en la educación y la mejor manera de impartirla en una sociedad democrática. Pero los árboles del bosque no nos tienen que impedir ver que los lobos acechan en sus lindes.

                Existe un problema grave en el sistema educativo, que poco tiene que ver con la enseñanza. Un problema que produce urticaria, o lo parece, a muchos que dicen defender una educación democrática en la escuela, ignorando que la seguridad es un pilar básico para que la sociedad, en democracia, no se sienta indefensa ante los peligros que la acechan, tanto en el ámbito colectivo como en el individual. Por ello hay que buscar soluciones, para que los educadores y educadoras no se tengan que convertir en policías que garanticen la seguridad en las escuelas. Su labor es otra, y solo dedicándose a ella con seguridad, podrán ejercerla con éxito.

                El sistema educativo se ha mostrado, hasta ahora, incapaz de afrontar el problema del acoso, ya sea entre el alumnado o hacia el profesorado. Alumnos que  practican un hostigamiento salvaje hacia otros compañeros; profesores que sufren violencia física y verbal por parte de alumnos y, en cada vez más casos, de padres de alumnos; centros en los que se vive en un estado permanente de temor e incertidumbre, por lo que pueda pasar; menudeo de droga en las puertas de los centros educativos, que pone en riesgo la salud física y mental de nuestros hijos y/o nietos. Problemas que se van acumulando en las escuelas, porque no se puede, en muchos casos, ni se quieren solucionar, no vaya a ser que… Después, cuando la bomba estalla, y un alumno o alumna se suicida, un profesor/a es agredido o se destapan casos de abuso y/o acoso sexual, viene, como no, en una sociedad tan dada al boato litúrgico, el rasgarse las vestiduras, los minutos de silencio y agachar la cabeza, para que la ola de culpabilidad no nos señale.

                La violencia en la escuela tiene muchos frentes desde los que se puede afrontar. Indudablemente, mejorar los recursos de los centros es uno de ellos. Pero en una sociedad donde la violencia se ha estandarizado y convive con nosotros desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, no creo que la mejor manera de encararla sea convertir al personal docente en agentes del orden. Ni es su misión ni están preparados para ello. Porque el único legitimado para hacer frente a la violencia de la sociedad es el Estado, sino queremos convertir esta en un Mad Max o en la ley del más fuerte. Es el Estado el que debe afrontar el problema que se vive en los colegios, porque ya no vivimos en una sociedad de respeto y empatía, sino, más bien, gracias a la ola de individualismo que corre por nuestras venas, todo lo contrario. Y en un Estado democrático, no podemos seguir estigmatizando a la policía, esa que criticamos cuando está y echamos de menos cuando no está.

                Si hay centros educativos que necesitan un refuerzo de seguridad, porque la situación así le requiere, quién mejor que la policía para ejercer esa función. No se trata, como algún tertuliano viene diciendo, de abrir comisarías en los colegios (de la misma manera que se piden sanitarios y nadie piensa que cada escuela vaya a tener un centro de salud) ni de abrir cárceles para los malos. No se trata de eso. Simplemente algo mucho más sencillo, como poner orden en el desorden violento que impera en algunos centros, que ya con la sola presencia de un policía, bastaría como elemento de disuasión. No puede ser que pidamos policía preventiva en los barrios y la rechacemos en los colegios. Salvo que se quiera privatizar la seguridad con vigilantes jurados, algo que muchos de los que hoy se echan las manos a la cabeza no criticarían.

                Seamos sensatos y no nos dejemos llevar por el buenismo de una sociedad flower power, porque el mundo real no es así. Siempre, desde que los humanos existimos ha habido violencia y problemas relacionados con ella, y la única manera de enfrentarnos a ella es la disuasión policial, las leyes y la educación. Todo ello garantizado por un Estado democrático. A no ser, como es en este caso de la escuela, que prefiramos aquel modelo en el que el orden en las aulas y el recreo se conseguía a base de tortazos, capones y horas de estar de rodillas con los brazos en cruz.  

                 

                   

jueves, 23 de abril de 2026

Día del Libro. La nebulosa del escritor/a

 


                Hoy es el Día del Libro, y como escritor me pregunto si merece la pena seguir escribiendo. Si merece la pena pertenecer a una profesión en la que el libro sólo tiene valor como mercancía en un mundo donde todo se monetiza, otorgándole a los escritores valor, no por la calidad de sus obras, sino, principalmente, por la cantidad de libros que sean capaces de vender, para engordar las cuentas de resultado de grandes editoriales, cadenas de librerías, medios de comunicación y redes sociales, lanzados, decididamente, a promocionar sólo aquellos libros que pasan primero por la caja de la publicidad, sin importar la calidad de estos.

                Me pregunto, si los escritores nos hemos convertido en agentes de venta, si queremos que nuestra obra tenga un mínimo de lectores, muy mediatizados por una industria monopolizada por grandes grupos empresariales, que tienen editoriales, cadenas de televisión y radio, prensa escrita, críticos literarios y redes sociales, al servicio de quienes ellos deciden que pueden ser un filón de ventas. Un negocio que, en muchos casos, pregunta o indaga cuántos seguidores tienes en la redes sociales,  antes de aceptar la obra que les has enviado, independientemente de si es buena o mala. Todo al servicio del bussines y no de la literatura. Con esto no quiero decir que no haya escritores o escritoras en estos grandes grupos, que se han ganado a pulso su éxito, por la indudable calidad literaria de sus obras.

                El oficio de escritor es una nebulosa cada vez más gaseosa. Hay un núcleo sólido en el que, de momento (ya veremos con la irrupción de la IA), estás tú solo frente a ti mismo. Es esa intimidad que te ofrece estar dándole vueltas durante un tiempo a una novela, un ensayo, un poema o una obra de teatro; sentirse, como un llanero solitario, frente a la pantalla del ordenador o el papel en blanco, buscando la manera de contar lo que te bulle en la cabeza. Un trabajo hermoso, que nos hace libres, porque en ese acto podemos escribir lo que queremos, como queramos. Sin embargo, finalizado ese trance íntimo de creación, el gas se empieza a expandir en un proceso que escapa a nuestro control y nos deja al albur de otros intereses, absolutamente ajenos a nuestra obra. Ha sido así siempre. El escritor, la escritora, han tenido que buscar quien les acepte su obra, para ser publicada. Pero una vez aceptada, era la editorial, confiando en la calidad de ella, la que se encargaba de todo. Ahora, en estos tiempos de rentabilidad y vellocino de oro, a la gran mayoría de los escritores/as se les deja al albur de sus capacidades de venta, si quieren que su obra se lea, incluso a muchos de los que publican con grandes editoriales.

                No obstante, merece la pena pertenecer a este oficio. Porque el libro, desde que existe la escritura, ha sido fuente de conocimiento, ayuda, distracción, sabiduría, necedad, pasión, sentimientos encontrados, emociones y registro del devenir de la historia de la humanidad. Merece la pena escribir y procurar pulir tu obra, porque el lector, la lectora, no se merece enfrentarse a una obra que no esté bien escrita, al margen de que les guste más o menos lo que están leyendo. No hay nada más gratificante que cuando alguien lee tu libro, al cerrarlo tenga la certeza de que no ha perdido el tiempo: bien porque se ha divertido, porque ha aprendido cosas, porque se ha emocionado, o por vaya usted a saber qué. Por eso merece la pena ser un ser sólido frente al ordenador, que se va a convertir en gaseoso cuando la obra está terminada.

                Dicho lo anterior y a pesar de todo ello, me gustaría felicitar hoy, en el Día del Libro, a todos, todas, los que sí creen que el libro es algo más que un apunte en la contabilidad o un dato en el telediario. A todas las que se sientan a leer y se evaden de la realidad que les rodea; a todas y todos que no paran de imaginar historias, para entregárselas al mundo; a quienes día a día levantan la persiana de su librería o se dejan los ojos leyendo manuscritos que puedan ser editados. En definitiva, a esa comunidad, que en un mundo gobernado por la imagen, la velocidad y la simplicidad de los mensajes, es capaz de hacer el esfuerzo de sentarse a escribir o leer, y encima les gusta.  

lunes, 30 de marzo de 2026

Perdón y contexto histórico

 


             Estas semanas atrás, los medios de comunicación han planteado el debate sobre la conveniencia o no de que España pida perdón a México por los desmanes que la corona castellana y, posteriormente, cuando el federalismo de los Austrias se convirtió en centralismo borbónico, infringió a los nativos americanos durante la conquista y permanencia en aquellas tierras allende los mares.

                La discusión se ha debido al reconocimiento, por parte de Felipe VI, de los “abusos y agravios cometidos durante la Conquista”. Una petición que venía haciendo el gobierno mexicano desde que el expresidente López Obrador la lanzó como una necesidad imperiosa, para que España y México pudieran seguir teniendo buenas relaciones.

                El debate, con posicionamientos a un lado y otro del espectro político, que poco o nada tiene que ver con la historia, ha durado el tiempo que los medios han tardado en suplantarlo por otra cosa más jugosa para sus intereses en el EGM (Estudio General de Medios), pero, sin embargo, me gustaría, ya fuera de foco mediático, hacer alguna reflexión sobre el tema, corta, porque ahora nuestra cabeza está más en la playa y las procesiones interminables que se van a producir estos días.

                No estoy muy de acuerdo en la utilización del término “contexto” o “contextualizar”, como si fuera el comodín del público, para justificar posiciones que tienen que ver más con la ideología o las necesidades políticas, que con la historia y sus momentos. Es evidente que al hablar del pasado siempre debemos contextualizar, porque los criterios éticos y morales de los diferentes tiempos históricos no son los mismos. Pondré un ejemplo que sirve para la cultura: si leemos hoy El Quijote con la moral actual, acabaremos condenándolo al fondo del armario de la literatura, digo más, la gran mayoría de la literatura no pasaría el filtro de nuestra moralidad de siglo XXI, por cierto, cada vez más intransigente y victoriana. Pero cuando hablamos de historia, la cosa cambia.

                Si sacamos el debate del ámbito estresado de la política, en donde todo tiene que retorcerse para justificar lo que se dice, siempre en la descalificación del otro, deberíamos saber discernir entre los acontecimientos históricos, que siempre deben estar contextualizados y la crítica que se les puede hacer, esta irremediablemente, pasada por el tamiz del pensamiento y la moral actual. Pongamos otro ejemplo: Roma fue un imperio que se cimentaba en la esclavitud, algo absolutamente reprobable con la mentalidad de ahora, y criticable —aunque algunos y algunas no harían ascos a que volviera a establecerse—. Sin embargo, mucho de lo que es la sociedad actual se lo debemos justamente a Roma, y nadie cuestiona ese legado, que se sustentó en algo tan nefando como la esclavitud. ¿Cinismo? No. Todos entendemos que en aquella época, eso que hoy no nos gusta nada, era corriente, aceptado y bien visto por la mayoría, incluso de muchos esclavos, que habrían hecho lo mismo si hubieran tenido en sus manos un poder de conquista tan grande como el romano. ¿Tendría que pedir perdón hoy el gobierno italiano a germanos, galos, hispanos, británicos, egipcios, sirios, macedonios, etc., etc.? No parece que vaya a ser así, ni tampoco tendría mucho sentido.

                Sin embargo, al tratar de geopolítica internacional, si una nación o pueblo, el que sea, se siente maltratado por la historia por culpa de quienes lo han conquistado y subyugado, creo que están en su derecho de exigir disculpas, si esto les reconcilia con su historia y con sus antaño conquistadores. Y estos, hacer un acto de contrición, y pedir ese perdón, si con ello las buenas relaciones de los pueblos se ensanchan. Creo que ese era el sentido de las palabras de Felipe VI, y creo que México las ha entendido perfectamente, por lo que bienvenidas sean.

                A lo largo de la historia se han producido una sucesión de conquistas y conquistados. España, por contextualizar el concepto de nación para que todos nos entendamos, ha sido conquistada varias veces y conquistadora, en sus diferentes formas históricas: imperialismo, colonialismo, etc., y eso es lo que la ha forjado como nación actual. Esa es la realidad de la historia, tan cierta, como que hoy estamos viviendo un contexto de conquista de otros tiempos, por las ansias expansionistas de algunos estados, que todos sabemos quiénes son.

                Nos hacemos cruces de cómo es posible que esté sucediendo una cosa así en pleno siglo XXI, cuando creíamos que ya habíamos superado ese pasado por el que estamos hoy pidiendo explicaciones. Pero lo cierto es que los humanos somos una especie tan depredadora, que ayer, hoy y mañana nos dedicaremos a destruirnos con la saña que lo hemos hecho siempre, aunque ahora sí que lo que está sucediendo en muchos lugares del mundo es reprochable y condenable, porque ya no hay contexto para ello.


miércoles, 25 de marzo de 2026

Una historia de Marilyn Monroe en el MACVAC

 


Lo puedes leer también en formato libro: Una historia de Marilyn Monroe en el MACVAC

              La relación entre el arte y el cine tiene una larga historia de amor. Son muchos los ejemplos en los que el cine se ha inspirado en obras pictóricas: La recreación de “El café de noche” de Vicent Van Gogh y la taberna que aparece en la película “El loco del pelo rojo”, de Vicente Minnelli; “Retrato de la periodista Silvya von Harden” de Otto Dix y una escena de la película “Cabaret”, de Bob Fosse; “Duelo de garrotazos” de Goya y “Jamón, jamón”, de Bigas Luna; o “Morning sun” de Edward Hopper y “Shirley: visiones de una realidad”, de Gustav Deutsch, entre otras  muchas. Por no mencionar la relación existente entre un subgénero pictórico tan íntimamente ligado al cine que es imposible disociarlos, como es el de la cartelería de películas, hoy en triste decadencia, pero que inundó de arte las calles de nuestras ciudades, en una época en la que las grandes salas de cine eran una parte esencial del paisaje urbano. Por mencionar sólo algunos, me quedaría con los españoles: Macario Gómez Quibus (Mac), en el recuerdo de aquel cartel inseparable de la película Doctor Zhivago, en España; Francisco Fernández Zarza (Jano), autor del impresionante cartel de “Surcos”; Iván Zulueta, cartelista además de realizador cinematográfico, autor del cartel de “Matador”, película de Pedro Almodovar; y por citar uno más: Óscar Marnié, del que podemos recordar el mítico cartel de “Todo sobre mi madre”, también, de Almodovar. Decía la directora, guionista y escritora Arantxa Aguirre, en un coloquio organizado por Radio3 en abril de 2022: «lo que tiene en común el cine y la pintura es el cuadro, el encuadre y la selección de la realidad», por ello, como escribía al principio, esa relación entre ambas disciplinas artísticas es indisoluble y fructíferamente artística.

            Sin embargo, no es tan corriente que el cine inspire una pintura o se convierta en musa de un artista. Algunos ejemplos hay, como el díptico de Andy Warhol sobre Marilyn Monroe, pero no es una práctica habitual en el arte. Sí hay mujeres y hombres que han inspirado, a lo largo de la historia, a grandes artistas, pero si nos ceñimos al cine, muy pocos casos.

            Uno de ellos es la obra, sin título, que pintó Ángel González Doreste en 1974, en la que la figura de Marilyn Monroe, atrapa al espectador con una fuerza tal, que es imposible apartar la vista de ella, en una pintura que rememora la película Vidas rebeldes de John Huston, con una composición pictórica, que surge de la capacidad de Ángel González Doreste para recrear situaciones o imágenes con la minuciosidad de un artista que no pretende reflejar de una forma fidedigna la realidad, sino interpretarla de una manera objetiva. El mismo define su pintura: «En mi caso, el lenguaje de mi pintura se atiene a una realidad parcial y concreta cual es la cotidianeidad de los objetos. Pero no está en mi ánimo asir tal realidad de por sí, y a través de la mejor técnica, como un juego de virtuosismo. Mi pintura de factura depurada no pretende “representación” de lo cotidiano como reflejo fidedigno de la realidad tangible, si no que se reduce tan solo a hacer de ellos una “presentación” objetiva».

            Aunque nacido en Canarias, Ángel González Doreste fue gallego por afinidad familiar y cántabro por residencia; durante gran parte de su vida residió en Santoña, tras pasar por la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, gracias a una beca de la diputación de Lugo, y vivir la experiencia artística en París a principios de los años sesenta del siglo pasado. Todo ese periplo le llevó a participar, brevemente, en la renovación artística que supuso el informalismo en España, y ser artista de una exposición colectiva en Galicia en 1960, que según cuenta el diario El Progreso en un artículo del 2 de diciembre de 2020, generó un gran rechazo por parte del público, calificando a los artistas de la exposición como “pintorcetes”, lamentándose de que no existiera una comisión de censura que impidiera “toda esa porquería”. Lo que no impidió que el escritor Xose Luis Franco Grande lo saludara como un “artista revolucionario y vanguardista”. No obstante, González Doreste, nunca había dejado de ser un pintor realista, si atendemos a la obra que ya venía realizando desde hacía tiempo, abundante en retratos, paisajes, bodegones, autorretratos, etc.

            Volviendo a la obra de 1974, que pertenece a los fondos del MACVAC, siempre ha existido la sospecha de que esa mujer en actitud sensual, que tapa su cuerpo con una sábana, es un  retrato alegórico de Marilyn Monroe. Esa fue la sensación que nunca me he podido quitar de encima, desde que en mi primera visita al entonces denominado  Museo de Arte Popular Contemporáneo de Vilafamés, en 1981, vi, por primera vez, la obra de González Doreste, quedando prendada en mi subconsciente, como una de las que siempre llevo en mi recuerdo. Nunca he tenido dudas de que el personaje femenino de la obra era la incomparable Marilyn Monroe. Incluso esa sensación certera, la compartía el periodista y escritor valenciano Jaime Millás, cuando en su artículo Mis cuadros preferidos. Itinerario Iconográfico de una generación, publicado en la revista Diferents en su número 1, del año 2016, escribe, refiriéndose a la obra de Doreste en el MACVAC: «El fracaso masculino frente a la pasión desmedida de una candidata a Marilyn Monroe».

            Llegados a este punto, cabe resolver el enigma del cuadro, que vuelve a estar expuesto al público después de algunos años descansando en peines. Hoy no existe la menor duda de que la figura femenina es Marilyn Monroe y la masculina, cabizbaja, es Clark Gable, en una recreación que Ángel González Doreste hace de la película Vidas rebeldes, dirigida por Jonh Huston y estrenada en EEUU el 31 de enero de 1961, gracias a las indagaciones de Sofía Barrón Abad, doctora en Historia del Arte, Personal Docente Investigador de la VIU y Directora Artística del MACVAC y Joan Feliu Franch, igualmente doctor en Historia del Arte, PDI de la VIU y Director Gerente del MACVAC.

            En 1960, Marilyn Monroe rueda junto con Clarke Gable su penúltima película -la última, que no llegó a terminar de rodar, por su triste desaparición en 1962, fue Something's Got to Give (Alguien tiene que ceder, en España), junto a Dean Martin, dirigida por George Cukor-. En Vidas rebeldes, Marilyn (Roslyn) es una viuda, exbailarina, que se refugia en Reno (Nevada) huyendo de su pasado, y vive una intensa relación con tres hombres que la desean: Clark Gable (Gay), Montgomery Clift (Perce) y Eli Wallach (Guido), tan perdidos, como ella, en un mundo que se les escapa. Esta mini sinopsis la cuento porque tiene mucho que ver con el cuadro de González Doreste inspirado en la actriz.

            En esta pintura nos encontramos a Marilyn Monroe en un actitud sexualmente empoderada, triunfante, envuelta en una sábana, sobre un Clark Gable que, en actitud casi humillante, con la cabeza gacha, parece sucumbir a la poderosa atracción que Marilyn ejerce sobre él. Una escena, que como tal, no se ve en la película, sino que está montada por dos momentos diferentes: uno, la posición de Clark Gable, cuando este besa a Marilyn metida en la cama, y otro, la de ella, que corresponde a la imagen que apareció en el cartel de la película en España, ilustrado por Macario Gómez Quibus (Mac).

            Con estos mimbres, Ángel González Doreste pinta una obra poderosa, que si bien no tiene intención de semejarse en nada a la película de John Huston, sí nos muestra, a través de dos personajes míticos del cine, la fuerza del deseo que ejercen las mujeres sobre los hombres, cuando estos ni quieren ni pueden dejar de sucumbir a ellas. Pero además, esconde un misterio que se reveló en 2018, un año antes de morir Doreste, y del que, seguramente, estaba enterado: la caída de la sábana de Marilyn en esa escena, que la pintura deja en suspensión, como si fuera a producirse de un momento a otro.  

            En 2018, lo que era un secreto a voces en Hollywood, salió a la luz. John Huston, posiblemente, dejándose llevar por la moralidad de la época o, quizá, la suya propia, eliminó una secuencia de 45 segundos en la que Marilyn se levanta de la cama mostrando su cuerpo desnudo de espaldas, con la excusa de que era irrelevante para la película. Es una escena inocente, en la que un Clark Gable fascinado por la belleza de Marilyn y dejándose llevar por un deseo contenido la vuelve a besar. Nada más, que se sepa: ni sábanas cayendo ni desnudo integral ni nada que se le parezca, pero que gracias a Ángel González Doreste y su obra S/T, que se puede ver en el MACVAC de Vilafamés, nuestra imaginación puede volar hasta donde la moralidad de cada uno nos permita.  

lunes, 23 de marzo de 2026

La foto de la vergüenza

 

                                                                     Foto: Mónica Torres. EL PAÍS

                El debate sobre la utilización del velo integral o no en España, está, recurrentemente, encima de la mesa, como un argumento de la extrema derecha, y en algunos casos con la aquiescencia del Partido Popular, con argumentos en favor de los derechos de las mujeres -como si a los abascales y ayusos de turno, les importasen mucho las mujeres, cuando estas no están en casa haciendo la comida-, que esconden un discurso xenófobo, que este sí es seña de identidad de la extrema derecha.

                Hasta aquí llega la preocupación por las mujeres de una derecha cada vez más echada al monte del extremismo, negacionista de todo lo que suponga una mejora en la igualdad entre géneros y seguridad para las mujeres. No son pocos entre ellos y ellas, muchos jóvenes, los que están aupando un machismo, que está convirtiendo a las mujeres en sus enemigas, por activa y por pasiva. Un machismo que huele a naftalina, que tiene inundadas las redes sociales, algunos medios de comunicación, el programa político de la extrema derecha y los comportamientos que muestran en los debates del Congreso y el Senado; acordémonos de aquellas jornadas sobre ideología de género y denuncias falsas, que organizó Vox en el Senado en septiembre de 2025, con la autorización del Partido Popular, que tiene mayoría absoluta en esta cámara, donde se lanzaron todo tipo de lindezas contra las políticas de igualdad y violencia de género.

                No nos ha de extrañar, que una foto publicada hoy, 23 de marzo de 2026, en El País, sea posible en la España del Siglo XXI. Una foto que rezuma el machismo más rancio y más vergonzante para los hombres y las mujeres que creemos en la igualdad y en el progreso social. Una foto que es toda una radiografía de la mentalidad que muchos hombres siguen teniendo con respecto a las mujeres, y que no es inocua, porque representa un riesgo claro de involución y de vuelta a un pasado, que por mucho que las redes sociales lo traten de disfrazar de modernidad, no deja de desprender un ácido olor a confesionario y Sección Femenina.

                La foto, que nos muestra exultantes de alegría a un grupo de jóvenes cófrades saguntinos celebrando que han ganado una votación, además por bastante mayoría, que impide a las mujeres ser cófrades en las mismas condiciones que ellos, lo que las deja en su condición de sirvientas de la cofradía, es un gran triunfo de la extrema derecha y su cruzada contra los derechos de las mujeres. Lo que nos debe preocupar, por el grado de penetración que tienen esas ideas en determinados grupos, asociaciones, mentalidades y sectores sociales que están haciendo de su rechazo a lo que el trumpismo llama woke: justicia social, ecologismo, feminismo, igualdad, etc., etc., etc., una seña de identidad clasista, nacionalista, machista y xenófoba, que supone ya un riesgo cierto para la democracia.

                Esta foto de la vergüenza no debería haberse producido, si los demócratas no estuviéramos mirando los toros desde la barrera, como si lo que se está cociendo en el albero no fuera con nosotros y el futuro de nuestros hijos. Porque el problema no es sólo el velo o las cófrades, sino que estos exabruptos de la extrema derecha, a la que bien poco les importa los derechos de las mujeres, están siendo utilizados para construir una identidad española más próxima al fascismo que a la democracia.

lunes, 16 de marzo de 2026

Casi todos contentos en Castilla León

 


                Que en unas elecciones los tres partidos más relevantes del panorama político español ganen realmente, es algo que no se suele dar. Es cierto e incuestionable que el triunfador ha sido el Partido Popular, que ha subido en votos y escaños, cortando en seco las victorias pírricas en Extremadura y Aragón, y sobre todo porque ha conseguido aguar el desfile de la Victoria que los franquistas de Vox, alguno hay también en el PP, tienen en su imaginario político. Como aquellos que se montaba Franco, para mayor gloria de su delirio autócrata. No le quita valor a la victoria del PP, que jugara en casa.

                También ha subido Vox, pero, en este caso, sí que podríamos decir que ha sido una victoria que les ha sabido a poco. Ese ascenso vertiginoso que iban a tener, rompiendo todas las expectativas, gracias a los buenos españoles que reniegan de los que no son ni buenos ni, para ellos, españoles, no se ha producido. Es más, aun teniendo la sartén de la gobernabilidad de las Comunidades Autónomas, algo de frustración les tiene que haber quedado, porque su líder solo tiene en la cabeza el sorpasso al PP en las generales. Debería tener cuidado el Sr. Abascal, no vaya a ser que le pase como a Julio Anguita, que soñaba también con el sorpasso y salió esquilado. No solo no consiguió desbancar al PSOE, sino que en las elecciones siguientes su coalición cayó en la irrelevancia parlamentaria, arrastrando a los socialistas a una derrota, esta sin paliativos, ante el Partido Popular, que consiguió mayoría absoluta. Ya saben que la historia no se repite, pero rima.  

                El tercero en liza es el PSOE. Podríamos decir que han obtenido una victoria sin haber ganado. Están contentos porque han frenado la sangría de Extremadura y Aragón, dos comunidades que se han visto perjudicadas por los errores de la dirección en Madrid: en la primera por permitir que un personaje turbio, como Miguel Ángel Gallardo, se presentase como candidato; en la segunda por esa absurda apuesta de presentar ministros/as a las autonómicas, como si el cargo ministerial no tuviera ya un desgaste de salida perjudicial para sus intereses electorales. Pero en Castilla-León, han salvado los muebles con bastante solvencia. Suben en todo, con un candidato adecuado, lo que no deja de ser un soplo de optimismo, para las maltrechas huestes socialistas, que no están siendo capaces de poner en valor todo lo hecho por el gobierno de Pedro Sánchez; pero, también, un bofetón con la mano abierta, en la cara del PP, con los Tellado, Ayuso, Feijoo o Muñoz, que no solo no han visto cumplir el sueño onírico de un partido socialista, con Sánchez a la cabeza, lamiendo las calles embarradas de fracaso electoral, sino que crecen, a pesar del toque de arrebato, del todo vale, del sanchismo satánico, con el que acusan con su dedo inquisitorial al gobierno y sus socios. Posiblemente, sea este el resultado mejor recibido de todos, a pesar de quedar muy lejos de gobernar, y a pesar de los exabruptos lanzados por el PP, tratando de ridiculizar y minimizar lo que todos hemos visto, quizá porque sabemos sumar. Incluso se atreven desde Madrid, con la ínclita Isabel Díaz Ayuso, a acusar al “sanchismo” de pucherazo, en unas elecciones que han ganado ellos. Lo que indica que no ha sentado muy bien en Génova ni en la Puerta del Sol el resultado del PSOE.

                Más allá, lo que queda es la resignación, como en el caso de los partidos regionalistas y la desolación, con la izquierda redentora al borde de la desaparición o directamente fuera de combate. Como ya lo he hecho en otra ocasión, no voy a hablar de ellos. Cada uno tiene lo que se merece y se recoge lo que se siembra.

                Hecha toda la parrafada anterior, me gustaría hacer dos o tres reflexiones: una que las elecciones autonómicas no son unas generales, y en los medios se extrapolan con demasiada ligereza los datos; es cierto que están marcando una tendencia hacia la derechización de la sociedad española, lo que visto desde la perspectiva de la salud democrática no deja de ser un riesgo, al ser una parte de la ecuación la extrema derecha, incluida la que anida dentro del PP. Por otro lado, no acabo de encontrar el motivo de tanta alegría en el partido de Núñez Feijoo, cuando dependen, cada vez más, de Vox y sus invocaciones fascistas; a no ser, que a Núñez Feijoo y su corte genovesa, les de igual con quien se acuesta, con tal de dormir en la Moncloa; deberían no olvidarse de aquel dicho popular que decía que con quien con el diablo se acuesta, con él se levanta. Tercera y última: El PSOE, para desolación del PP no se hunde, como si el martillo neumático del antisanchismo perdiera fuerza y no consiguiera hacer un agujero importante en el suelo electoral del socialismo. Algo que parece les preocupa mucho, no vaya a ser que cambie la tendencia y como en el 23-J, dejen de presidir el gobierno de España, porque no han querido hacerlo.

                Dicho todo esto, que disfruten estos días todos los victoriosos, porque los triunfos o son contundentes o huelen, siempre, un poco a derrota.

  

miércoles, 11 de marzo de 2026

11-M. El principio de la conspiranoia

 


                Hace veintidós años, en la mañana del 11 de marzo de 2004, cuando todavía estábamos impactados por el mayor atentado terrorista sufrido en la historia de este país; sin hacernos una idea de la magnitud de la tragedia, los españoles, esos que tantas veces se olvidan en nombre de España, asistíamos al mayor acto de manipulación informativa que un gobierno puede poner en marcha, por lo menos hasta esa fecha (todavía no había llegado Isabel Díaz Ayuso para convertir la propaganda política en un espectáculo indecente de manipulación para salvar su culo y el de sus amigos y familiares).

                La magnitud de aquella manipulación, fundamentada en falsedades, bulos y «créanme que esto es así porque lo digo yo», fue el principio de lo que hoy, principalmente, desde la derecha se está haciendo, no ya como una huida hacia adelante, como hizo JM Aznar, para influir en el resultado electoral de diez días después utilizando, una vez más, a ETA y su terrorismo, como moneda de cambio electoral, sino como estrategia política desde la oposición (que nos puede esperar si llegan a la Moncloa), para alcanzar el gobierno de España.

                Este comportamiento político del «todo vale» si al final gobernamos, tiene sus raíces en aquel día de ostensible engaño a la población, que desembocó en una gran manifestación por toda España al grito unánime de “¡¿quién ha sido?!”, y los meses y años posteriores, en los que la rabia por haber perdido las elecciones embarcó a una parte de la derecha política y mediática, en la defensa de teorías conspiranoicas, que trataban de vincular al gobierno recién elegido con una trama inventada por el entorno de JM Aznar y medios afines como El Mundo, COPE, Libertad Digital, etc,.

                Incluso hoy, 11 de marzo de 2024, algunos de los instigadores de aquella teoría, siguen insistiendo, siempre los mismos, ahora con la presentación de un libro de Mayor Oreja, con el apoyo de JM Aznar, en el que vuelve a extender las sospechas, como siempre sin pruebas ni documentación que avalen su teoría, sobre, no ya la autoría, sino sosteniendo que ETA lo sabía y que había una red secreta de masones en Francia implicada en los atentados. Ojo al dato: ETA lo sabía, el señor Mayor Oreja y su amigo tienen que meter a la banda terrorista en este asunto, aunque sea con calzador. Pero lo mejor es lo de echar mano a la masonería francesa; eso no tiene precio. Cómo no van a estar abducidos por teorías de la conspiración muchos derechistas, si sus referentes políticos son los principales propagandistas.

                Aunque en el fondo, siempre he creído que esa teoría sobre la participación de ETA en el 11-M, nunca habría tenido audiencia si el 14 de marzo de 2004, el Partido Popular hubiese ganado las elecciones. Ya no interesaría hablar mucho del asunto, una vez conseguido el objetivo de permanecer al mando de la Moncloa. La policía habría hecho su trabajo, como lo hizo; la prensa de derechas se habría dedicado a alabar los logros del nuevo presidente M. Rajoy y las cancillerías extranjeras no habrían tenido que informar a sus países de la insoportable levedad de la teoría conspiranoica.   

                Me van a perdonar que de las víctimas del 11-S no hable, por respeto y porque no quiero politizar su dolor, para criticar a quienes nos mintieron, nos mienten y nos mentirán.     

La seguridad en la escuela

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