Es
un día triste y el ánimo me pide hablar de Maricarmen, pero no creo que sea
ético ni estético hacer bandera de una persona que acaba de morir, para
reafirmarme en mis convicciones. Sobre todo, porque a Maricarmen no la conocía
y, por tanto, no puedo ni debo hacer un panegírico de su persona, aunque me
produzca una enorme tristeza saber que ha muerto por culpa de la inhumana
tensión a la que ha sido sometida durante años por aquellos y aquellas que
hacen de la maldad hacia sus semejantes su seña de identidad, sin importarles
las consecuencias que pueda tener. Descanse en paz Maricarmen.
Sin embargo,
hay otra Maricarmen que no ha muerto. La Maricarmen que simboliza la injusticia
de un sistema que no tiene reparos en destruir la vida de las personas, sobre
todo de quienes no son ricos, si con ello defienden sus intereses económicos o
políticos. Hay una Maricarmen símbolo, que trasciende a la Maricarmen persona.
Porque, probablemente, muy a pesar suyo, se ha convertido en el emblema que ha
hecho despertar a una sociedad adormecida y abúlica, poniendo negro sobre
blanco un problema del que todos, digo todos menos algunas y algunos, nos hacíamos
los ignorantes.
Ese
símbolo de resistencia ante los lobos; de resiliencia ante la adversidad de una
situación no provocada por ella; de lucha por salvaguardar su vida, porque una
casa no son cuatro paredes y un techo. Una casa es la vida de cualquiera. Donde
se alojan a lo largo del tiempo los recuerdos, los sentimientos, las emociones,
los objetos cotidianos que forman parte de nuestra identidad…, y a Maricarmen y
todas las maricármenes de España y del mundo, se la han arrebatado, por la
avaricia del dinero.
Maricarmen
es el símbolo que ha puesto patas arriba la política de este país, al conseguir
focalizar nuestra atención en lo que verdaderamente importa, por encima de esa política
de bandera, charanga y pandereta a la que algunos quieren que volvamos. Y para
ser justo, hay que decir, más allá de proclamas acratoides contra todos y
contra el Estado, que es la mejor manera de que la extrema derecha haga caja,
que unos políticos han reaccionado y otros no. Que hay políticos que han
sentido la urgencia de tomar medidas y otros han preferido seguir apretando la
bota en el cuello de miles de personas. Incluso, a alguna solo le ha faltado
acordarse de la fruta cuando hablaba de Maricarmen.
Respetemos
el duelo de aquellos y aquellas que conocían a Maricarmen, por unas razones u otras,
para que puedan vivir su dolor en paz, y enarbolemos la bandera de la Maricarmen
que encarna el miedo de mucha gente a perder su casa y la lucha por defender la
dignidad frente a la maldad, ya sean jóvenes o viejos. Esa Maricarmen siempre estará
viva, porque ha entrado en nuestra alma para quedarse.
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