miércoles, 4 de noviembre de 2026

Responsabilidad y decencia política

 


Honor y gloria para Óscar Puente, por su gesto de asumir la responsabilidad política de los accidentes de trenes que ha habido este año en España, y dimitir como corresponde a un político con un alto sentido del deber hacia sus conciudadanos. Dimitir no es ser culpable, como ya señalé en mi anterior artículo del 1 de noviembre https://laescrituraesferica.blogspot.com/2026/11/resposabilidad-vs-culpa.html al contrario, enaltece a quién lo hace, al asumir la responsabilidad política que le toca, como es en este caso.

En España no estamos acostumbrados a que esto suceda, y aunque no es un caso aislado, ha habido dimisiones anteriores de dirigentes políticos por diferentes razones, la dimisión de Óscar Puente añade una dosis de decencia a la política española, en un momento donde el insulto, el bulo y la destrucción del adversario es la moneda de cambio entre aquellos que quieren gobernar cueste lo que cueste, incluso la decencia. Por eso, el gesto de Óscar Puente, aparte de dignificarlo a él como político y como persona, lanza un mensaje de ennoblecimiento de la política, a la que no estamos acostumbrados en este país. Una dimisión que tiene otro ingrediente que no deberíamos pasar por alto: la petición de perdón a las víctimas y a la ciudadanía, por no haber estado a la altura de su responsabilidad.

La palabra “dimisión” o el sintagma “responsabilidad política” no está en el diccionario de muchos dirigentes, sobre todo cuando atañen al espectro político de la derecha más conservadora y/o extrema. Si no, que digan por qué todavía estamos esperando dimisiones en el gobierno madrileño por las miles de muertes acaecidas en las residencias de mayores durante el COVID; nadie dimitió ni pidió perdón por el accidente del metro de Valencia; por qué tardó Carlos Mazón un año en dimitir por su gestión, mejor dicho, no gestión de la DANA de 2024; dónde están las dimisiones por el accidente de Angrois, que por cierto, sucedió cuando Núñez Feijoo era presidente de Galicia: “Es evidente que hay un fallo humano” dijo entonces, tratando de exculpar de responsabilidades políticas a dirigentes de su partido; Federico Trillo tardó catorce años en dimitir, siendo ya embajador en Londres, por el Yak-42, pero nunca asumió su responsabilidad. Hay más casos en los que se ha escondido la cabeza bajo el ala en la derecha, pero como muestra vale un botón.

En el fondo, la dimisión de Óscar Puente, cómo se ha producido y el mensaje que lanza, ha debido sentar bastante mal en las filas de la derecha, porque la coloca frente al espejo de su hipocresía y les fastidia el relato de cara a las elecciones, que ya celebraban como ganadas por goleada, al introducir un nuevo elemento de discusión: la decencia política, algo que ellos, en los últimos tiempos, parece que han olvidado.  

domingo, 1 de noviembre de 2026

Resposabilidad vs. culpa

 


Si en una cosa somos campeones los españoles, es en buscar culpables por encima de todo. Nos resulta más interesante señalar con el dedo, que buscar y encontrar soluciones a los problemas. Es posible que ese comportamiento nos venga por nuestra tradición católica de confesión y expiación de los pecados. Nos gusta el linchamiento, porque es una manera de ofrecer un sacrificio que aplaque la ira que podemos sentir por una situación muy grave o adversa y, después, si te he visto no me acuerdo. Pasamos del escarnio público al olvido, en lo que dura un telediario o una penitencia, que dependiendo de a quien se le aplique puede ser más o menos dura.

No es esta una reflexión hecha como un brindis al sol por los últimos acontecimientos que estamos viviendo, sino porque la doble vara de medir que tenemos nos delata. Perdonamos en nombre de una misericordia de clase las responsabilidades políticas cuando son de los nuestros, y exigimos que todo el fuego del averno caiga cuando el responsable es de los otros. Y al final, entre penas de telediario, tertulias de “expertos”, búsqueda de culpables, señalamiento con el dedo y perdón de los pecados, los problemas que han causado un evento grave, como los accidentes de tren u otro tipo de accidentes en casos anteriores, nos olvidamos de lo importante: Que no vuelva a pasar.

No voy a negar que en un accidente tan grave como el de Toledo no haya un culpable humano o varios (digo humano porque algunos tratan de obviar lo que todos estamos observando), entre otros factores que sí son competencia de los poderes públicos, como son la seguridad, la tecnología y las condiciones laborales de los trabajadores. Afortunadamente, todavía, los humanos tenemos la capacidad de vigilar los fallos del sistema; fiarlo todo a este nos desnaturaliza y hace que acabemos perdiendo el control.

Hay muchos factores en juego, que podemos señalar como culpables de lo sucedido, y las investigaciones que ya están en marcha, y las que se abran nuevas, dilucidarán quiénes son responsables, con penitencia, y qué hay que hacer para que no vuelva a suceder. Entonces podremos separar el trigo de la paja, la culpa de la responsabilidad.

Desde luego en esa culpa no está el ministro de Transportes; el no estaba en la sala de operaciones controlando trenes y paneles. Siento decir esto por aquellos que apuntan a él y más arriba, los mismos que se escondieron como cobardes cuando fueron ellos los responsables de otras catástrofes pasadas. Sin embargo, sí hay una responsabilidad política que tiene que asumir. Porque no ser culpable del accidente, no le exime de responsabilidad sobre cuál es la situación ferroviaria en España. Máxime cuando hace pocos meses hubo otra desgracia parecida y/o cuando el servicio ferroviario es bastante deficiente en los últimos años, por falta de inversiones y voluntad política.

Es necesario que aprendamos a distinguir entre culpabilidad y responsabilidad. El ministro no es culpable, pero sí es responsable político, y por ello, después de todo lo sucedido en torno al tren en España en los últimos años, debería dimitir. No puede ser juez y parte en la investigación, por muy honesto que se pueda creer que es.

 Pero hay otra cosa: la sociedad necesita, en estos momentos, ver que la política es un servicio público y no un lugar de privilegio, solo al alcance de unos pocos, en donde, pase lo que pase, nadie asume responsabilidades. 

jueves, 29 de octubre de 2026

España. Un crecimiento no planificado

 


Una nueva tragedia sacude España, como si hubiera un mal de ojo que nos somete, cada cierto tiempo, al estrés de la muerte imprevista y la destrucción. Ahora ha tocado, otra vez, al tren y los viajeros que han sufrido el terrible accidente de Toledo. Vaya por delante mis condolencias a los familiares de los finados y el deseo de una pronta recuperación, física y mental, para los heridos.

Sacando de mis adentros al ingeniero de caminos y experto ferroviario que todos llevamos dentro, me gustaría hacer alguna reflexión que fuera más allá de la búsqueda inquisitorial de culpables, que haberlos, haylos, y tendrán que responder por ello. Porque no se trata de señalar con el dedo o hacer acto de contrición y, después, si te he visto no me acuerdo.

España tiene un problema desde hace bastantes años, que va mucho más allá de la seguridad ferroviaria y el deficiente servicio que padecemos quienes cogemos habitualmente el tren. Hemos crecido demasiado como sociedad y nadie se ha puesto a planificar ese crecimiento en servicios públicos, vivienda, transporte, población, economía y/o nuevas tecnologías que ya han superado nuestra capacidad de adaptación y entendimiento.

La población española y sus necesidades han aumentado, casi exponencialmente, desde principios de siglo en unos diez millones de habitantes, que reclaman sanidad, educación, servicios, movilidad, vivienda, trabajo, cultura y todo lo que una sociedad necesita para funcionar con bienestar y seguridad. Pero, desgraciadamente, los gobernantes actuales, todos, incluidos los que puedan venir enfundados en banderas, son muy cortos de miras, incapaces de planificar nada que vaya más allá de los cuatro años para los que han sido elegidos, y no les proporcione réditos electorales. España está sobrepasada por su crecimiento y nadie ha puesto medidas para evitarlo. ¿Qué pasa entonces? Que los problemas se agolpan, y los accidentes, las tragedias, los conflictos y desigualdades aumentan.

Un país, para que pueda encarar el futuro con solvencia necesita dos cosas; dinero y voluntad e inteligencia política. El dinero se consigue con impuestos, con un sistema fiscal ecuánime y proporcional a la riqueza de cada uno, capaz de sufragar el funcionamiento del Estado con equidad, justicia, seguridad y bienestar, y todo esto no es barato. De la voluntad política ya he hablado más arriba. Y en cuanto a la inteligencia, no solo hay que pedírsela a los políticos, para que gobiernen con sabiduría y honestidad; también debemos asumir nosotros, los ciudadanos de a pie, los electores, qué parte de responsabilidad tenemos al depositar el voto, si lo hacemos dejándonos llevar por los medios o la propaganda cortoplacista. La inteligencia, en una democracia, tiene que ser un camino que se retroalimenta entre la clase política y la ciudadanía.  

Dicho todo lo anterior, hoy es un día triste, un día de duelo por las víctimas, que debería hacernos reflexionar más allá de la coyuntura provocada por el accidente, sobre qué país y qué sociedad queremos.  

domingo, 25 de octubre de 2026

¿Vuelven los "grises"?

 


Hay un asunto que lleva varios días dando vueltas por mi cabeza, y es el comportamiento de la policía en las manifestaciones que se están sucediendo a lo largo del país. Esa mano blanda con los provocadores de extrema derecha, que contrasta con la dureza con la que se aplican cuando los manifestantes son de izquierdas o, simplemente, reclaman derechos fundamentales que se están precipitando por el sumidero de ese neoliberalismo extremo, que ha contaminado a parte de la clase política y la sociedad en su conjunto.

Con los primeros porrazos dados, con bastante saña por parte de algunos policías en la Universidad Complutense de Madrid (he tenido la tentación de llamarlos “grises”, porque no he podido evitar el recuerdo de aquellos años de dictadura y postdictadura, cuando los palos llovían por todos los lados en las manifestaciones), pudimos creer que eran una anécdota, que se saldaría con las sanciones oportunas por parte del Ministerio del Interior. Sin embargo, la actuación policial en las provocaciones fascistas del 12 de octubre en la Puerta del Sol de Madrid, tan complaciente con tanto joven cantando “El cara al Sol” y profiriendo gritos fascistas, y la sucesión de golpizas dadas a los docentes de Madrid, o a los que han protestado contra el fascista Vito Quiles, por cierto, siempre escoltado por la policía, y Santiago Abascal, provocador ultraderechista nato y fascista de libro, en varias ciudades españolas, han encendido las alarmas sobre si la policía, o parte de ella (no olvidemos que hay un par de sindicatos de ultraderecha en sus filas), se ha apuntado a “el que pueda hacer que haga” lanzado como una fetua por José María Aznar.

El único que puede parar este dislate antidemocrático de la policía es el ministerio del Interior, y no lo está haciendo. Porque no vale con anunciar investigaciones que nunca terminan y cuando lo hacen es para exculpar o condenar tímidamente a los responsables. Tienen los números de identificación de los antidisturbios que golpearon con una saña brutal a pacíficos manifestantes y todavía no sabemos si ha habido alguna actuación disciplinaria contra ellos. Eso debería ser lo primero e inmediato (quizá si se hubiera hecho con los golpes de la universidad madrileña, no se habrían reproducido, días después, con tanta ligereza), luego, que abran las investigaciones que quieran para destituir a quienes han ordenado esos comportamientos; una policía democrática no puede comportarse como si estuviéramos en una dictadura.

Por tanto, si el ministro del Interior no toma medidas urgentes y visibles para la ciudadanía, debería presentar la dimisión, o alguien debería cesarle.

Dicho lo anterior, los altercados de Barcelona son inaceptables en democracia y es necesario que todo el peso de la Ley caiga sobre los responsables, sean menores o no, y quienes los han instigado desde el cuarto oscuro de la red. Porque un tufo a provocación de la extrema derecha, para que parezca que España vive un estado de violencia alentado por la izquierda, como no han tardado en decir Partido Popular y Vox, no deja de impregnar el ambiente. 

jueves, 22 de octubre de 2026

La motosierra

 


El problema de las motosierras es que cuando se descontrolan se convierten en un peligro para quien las usa y para quienes se excitan con su sonido amenazante. Debe ser por eso que la motosierra Milei ha llegado a España y algunos de sus más entusiastas admiradores han huido despavoridos, no fuera a ser que la sangre de tanto recorte de miembros les salpicara. Feijoo y su escuadrón de “cuando gobernemos habrá que hacer sacrificios”, se han escabullido donde han podido, por cuestiones de agenda, y Abascal, el hombre de las paguitas, se pierde en Galicia, a ver si la bronca que se ha montado con su presencia sirve de cortina de humo por su ausencia cerca de la motosierra. Es curioso como en esta carrera descontrolada de la derecha por llegar al poder sea como sea, con graves insultos al presidente del gobierno y su familia, deslegitimando la legalidad del gobierno y angustiados por vivir en una dictadura, cuando llega el insultador de profesión Javier Milei, se escabullen y miran para otro lado. Solo la otra motosierra que hay en España: Isabel Diaz Ayuso se ha fundido en un abrazo con él, a ver si con un poco de suerte araña votos a Vox en las próximas elecciones. No en las del 29 de noviembre, que esas le importan relativamente, sino en las de mayo, que ahí si se juega que la motosierra le corte las piernas o se la corte a los madrileños.

La motosierra Milei viene a España a decirnos que hay que recortar, hasta su desaparición, el estado de bienestar, porque este solo alimenta a vagos y zurdos. A decirnos que el gobierno zurdo es una cueva de corruptos y hay que acabar con él. Pero toda su gestualidad circense no debe hacernos perder la realidad de su gobernanza en Argentina: pobreza, paro y recortes para todo, convirtiendo el país en un lugar donde solo puedan vivir los ricos. Viene dando clases de honradez, quien preside un gobierno que acumula casos de sobornos y corrupción y quien se está enriqueciendo, con su familia, engañando a los incautos que piensan en riquezas rápidas y fáciles, mediante la estafa con la criptomoneda $LIBRA, en la que él mismo está señalado.

 Javier Milei, el mandatario que se permite llegar a un país a insultar al presidente del gobierno con las risas y aplausos del PP y Vox, aunque no quieran hacerse fotos ahora con él; quien en la visita anterior vino a insultar a la mujer de Pedro Sánchez y el PP lo recibió con toda clase de agasajos, hasta la motosierra madrileña le impuso la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, es un peligro para la democracia, más allá de sus extravagancias, y cualquier demócrata lo sabe, aunque parece que en el PP lo de la democracia no va con ellos (de Vox ni hablamos), pero, también, para la población española si la derecha llega a gobernar y se entusiasma con la motosierra.  

lunes, 19 de octubre de 2026

Sí que van las elecciones de modelo de sociedad

 


Sí que van las elecciones de modelo de sociedad. La derecha, con el Partido Popular al frente, trata de hacernos ver que esto va de regeneración y defensa de España (nunca los oigo hablar de defensa de los españoles) y del peligroso clan Sánchez, deshumanizando un poco más al presidente del gobierno y su familia, no ya para tapar sus corrupciones, sino para colarnos, por la puerta de atrás, toda una batería de reformas que dilapiden, definitivamente, el estado de bienestar. Son mentirosos patológicos cuando de defender sus intereses se trata, cada vez más ligados a la oligarquía económica y más alejados de la mayoría de la sociedad, con problemas que no quieren solucionar porque sería acabar con ese orden plutocrático que ellos defienden. Y claro, por las costuras de ese traje confeccionado de recortes de prensa amiga, bulos y falsedades, se les ven las enaguas negras.

 Durante el gobierno de Rajoy, en nombre de la sostenibilidad ¿les suena?, se aprobaron leyes que supusieron un gravísimo retroceso del estado de bienestar que afectaron a la educación, la sanidad, las pensiones, la dependencia, el mercado laboral, la Seguridad Social y el derecho de manifestación, para que no se pudiera protestar sin miedo a ir a la cárcel. Todo ello mientras se regaba con miles de millones a la banca y otras empresas para solucionar los graves problemas de endeudamiento, morosidad y posibles quiebras: 70.000 millones de la época. Ese fue el plan de reformas que iban a regenerar España.

Ahora, con las elecciones a la vista, y a pesar de que están plegando velas por si acaso, ya han amenazado con recortes y sacrificios, que vamos a pagar todos y todas, porque lo de la bajada de impuestos a costa de prestaciones sociales solo beneficia a los ricos. Tratan de disimularlo con la boca pequeña, pero todos sabemos que nada de lo que digan, cuando se trata de ocultar el recorte de derechos y prestaciones, lo van a cumplir si gobiernan.

Por eso, y por otras razones como la igualdad, el cambio climático, la inmigración, la cultura, la justicia, la  organización territorial del Estado y otras tantas, estas elecciones sí que van de modelo de sociedad: el que promueve una derecha echada al monte del ultraliberalismo económico y muy conservador en lo social, o el que promueve la socialdemocracia y la izquierda no mesiánica macho alfa, de defensa del estado de bienestar y la ampliación de derechos civiles, seguridad sin menoscabo de la libertad y protección del medio ambiente. Van de no dejarnos engañar con cantos de sirena neofascistas ni brindis al sol del capitalismo salvaje, porque la sostenibilidad sin recortes de las pensiones, la sanidad, la educación y muchos otros derechos no pasan por quienes anuncian recortes y sacrificios, para que los ricos puedan seguir viviendo a cuerpo de rey a costa de la mayoría de la ciudadanía. 

jueves, 15 de octubre de 2026

El PP a vueltas con las pensiones

¿Se han preguntado ustedes por qué cada vez que la derecha llega al poder o creen que están a punto de hacerlo, empiezan a cuestionar el sistema público de pensiones? Es algo recurrente, que solo tiene una explicación, y no es la sostenibilidad del sistema, sino, más bien, la presión de los mercados financieros por captar miles de millones de euros en sistemas de capitalización, a los que la derecha neoliberal no puede ni quiere resistirse, por esa vocación de servicio público que tiene, siempre favorecedora del capitalismo privado y concentrado en pocas manos. Un pastel, el de los fondos de pensiones privados o mixtos, muy jugosos para quienes quieren acumular riqueza y poder a costa del bienestar de los jubilados. Porque no nos engañemos: ningún plan de pensiones privado garantiza la revalorización de la pensión y, además, esta va a depender, siempre, de la capacidad económica de cada trabajador. Hablando en román paladín: los salarios más altos podrán ahorrar para suscribir planes de pensiones elevados y el resto de trabajadores y trabajadoras tendrán que estar trabajando hasta que su cuerpo y su mente aguanten.

Ahora dice Núñez Feijoo, seguramente apurado por el jardín en el que se ha metido su Partido y los avisos de Vox, que las pensiones son intocables. ¿Pero es de fiar un partido político que hoy dice una cosa y mañana otra? ¿Son de fiar dirigentes políticos que sostienen que el sistema público de pensiones va a colapsar y hay que cambiarlo? ¿Cambiarlo para qué?

Núñez Feijoo y los dirigentes actuales del Partido Popular han venido ejerciendo su oposición al gobierno en un relato construido con mentiras, falsedades, medias verdades, bulos, fake news, insultos y desprecio a la ciudadanía cuando esta protesta contra sus intereses de clase. No es posible, que cuando dice Feijoo que va a respetar el poder adquisitivo de las pensiones, en contra del criterio de su portavoz en el Congreso de los Diputados Ester Muñoz, pretenda que le creamos. No es posible. El que siembra vientos, recoge tempestades, y ahora es muy difícil creer que no está mintiendo. Además, su partido tiene una larga tradición de decir unas cosas en campaña y, luego, hacer otras. Recordemos la campaña de 2011 en la que prometían el oro y el moro si ganaban las elecciones y los famosos viernes de reformas de Soraya Saéz de Santamaría, en los que anunciaba unos tras otro, acuerdos del consejo de ministros, que eran todo lo contrario a lo que habían prometido en campaña electoral. Sólo un apunte referente al objeto de este escrito: en la campaña de 2011 prometieron, con énfasis, que no se tocarían las pensiones y mantendrían el poder adquisitivo de los pensionistas, pero llegados al poder, en 2012 subieron las pensiones un 1%, cuando la inflación fue del 2.9%, para, posteriormente, después del 2013, desligar la subida de las pensiones al IPC, limitando las revalorizaciones al 0,25%. Como para fiarse ahora del líder más mentiroso que ha tenido el Partido Popular.

Concluyendo: solo hay una manera de garantizar que las pensiones estén ligadas al IPC: que ni Feijoo ni su partido tengan la tentación y el poder de hacerlo. 

Responsabilidad y decencia política

  Honor y gloria para Óscar Puente, por su gesto de asumir la responsabilidad política de los accidentes de trenes que ha habido este año en...