¿Se han preguntado ustedes por qué
cada vez que la derecha llega al poder o creen que están a punto de hacerlo,
empiezan a cuestionar el sistema público de pensiones? Es algo recurrente, que solo
tiene una explicación, y no es la sostenibilidad del sistema, sino, más bien,
la presión de los mercados financieros por captar miles de millones de euros en
sistemas de capitalización, a los que la derecha neoliberal no puede ni quiere resistirse,
por esa vocación de servicio público que tiene, siempre favorecedora del
capitalismo privado y concentrado en pocas manos. Un pastel, el de los fondos
de pensiones privados o mixtos, muy jugosos para quienes quieren acumular
riqueza y poder a costa del bienestar de los jubilados. Porque no nos engañemos:
ningún plan de pensiones privado garantiza la revalorización de la pensión y,
además, esta va a depender, siempre, de la capacidad económica de cada trabajador.
Hablando en román paladín: los salarios más altos podrán ahorrar para suscribir
planes de pensiones elevados y el resto de trabajadores y trabajadoras tendrán
que estar trabajando hasta que su cuerpo y su mente aguanten.
Ahora dice Núñez Feijoo,
seguramente apurado por el jardín en el que se ha metido su Partido y los
avisos de Vox, que las pensiones son intocables. ¿Pero es de fiar un partido político
que hoy dice una cosa y mañana otra? ¿Son de fiar dirigentes políticos que sostienen
que el sistema público de pensiones va a colapsar y hay que cambiarlo? ¿Cambiarlo
para qué?
Núñez Feijoo y los dirigentes
actuales del Partido Popular han venido ejerciendo su oposición al gobierno en
un relato construido con mentiras, falsedades, medias verdades, bulos, fake
news, insultos y desprecio a la ciudadanía cuando esta protesta contra sus
intereses de clase. No es posible, que cuando dice Feijoo que va a respetar el
poder adquisitivo de las pensiones, en contra del criterio de su portavoz en el
Congreso de los Diputados Ester Muñoz, pretenda que le creamos. No es posible. El
que siembra vientos, recoge tempestades, y ahora es muy difícil creer que no
está mintiendo. Además, su partido tiene una larga tradición de decir unas
cosas en campaña y, luego, hacer otras. Recordemos la campaña de 2011 en la que
prometían el oro y el moro si ganaban las elecciones y los famosos viernes de
reformas de Soraya Saéz de Santamaría, en los que anunciaba unos tras otro, acuerdos
del consejo de ministros, que eran todo lo contrario a lo que habían prometido
en campaña electoral. Sólo un apunte referente al objeto de este escrito: en la
campaña de 2011 prometieron, con énfasis, que no se tocarían las pensiones y
mantendrían el poder adquisitivo de los pensionistas, pero llegados al poder, en
2012 subieron las pensiones un 1%, cuando la inflación fue del 2.9%, para, posteriormente,
después del 2013, desligar la subida de las pensiones al IPC, limitando las revalorizaciones
al 0,25%. Como para fiarse ahora del líder más mentiroso que ha tenido el
Partido Popular.
Concluyendo: solo hay una manera
de garantizar que las pensiones estén ligadas al IPC: que ni Feijoo ni su
partido tengan la tentación y el poder de hacerlo.



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