Afortunadamente, la Feria del Libro de
este año ha apostado por la literatura, la cultura, el respeto a los autores y
autoras, a los lectores y lectoras y, también, por la revitalización del
negocio de librerías y editoriales. Estamos, por tanto, de enhorabuena quienes
de una manera o de otra formamos parte de ese mundo literario en Castellón,
que, por extensión, engrandece la cultura en la ciudad. Y sería deshonesto si
no reconociera que en el centro de todo este cambio se encuentra el
Ayuntamiento de Castellón, que es el impulsor de la nueva Feria, apostando, y
me consta que con un gran esfuerzo, desde la Concejalía de Cultura por hacer
realidad un evento cultural, que si se sostiene en el tiempo y se dota del
presupuesto adecuado, va a dar muchos años de gloria literaria a la ciudad y
sobre todo a los lectores y lectoras que habitan/habitamos en ella.
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domingo, 27 de abril de 2025
La nueva Feria del Libro de Castellón
Por primera vez en muchos años Castellón
tiene una Feria del Libro digna y respetuosa con escritores/as, lectores/as,
librerías y mundo del libro en general. Espero que atrás quede el tiempo en el
que la Feria del Libro era un baratillo, donde lo más importante era la caja de
las librerías participantes, en esa suerte de mercado persa que
organizaban, y los escritores/as éramos figurantes en una función absurda.
jueves, 27 de junio de 2019
Diario Esférico 27.06.2019
Dice Ignacio Aguado, que no quiere
ningún tipo de acuerdo con partidos que quieran hacer retroceder la Comunidad de
Madrid. Está bien, si fuera cierto, porque no ha aclarado si va a aceptar los votos
de Vox para ser vicepresidente de la Comunidad, al igual que sus correligionarios
de partido los ha aceptado en Andalucía y el Ayuntamiento de Madrid. Sigue
Ciudadanos tratando de cuadrar el círculo de no parecer lo que se es. Me parece
más honesta la postura de Díaz Ayuso, porque tiene claro que sus aliados
naturales están en la extrema derecha y no lo oculta.
¿A qué están jugando Pedro
Sánchez y Pablo Iglesias? ¿Todavía no son conscientes de que el PSOE sin PODEMOS
es una marioneta en manos de la derecha, que sólo tiene como objetivo desalojarles del
poder, y PODEMOS sin el PSOE es un actor político sin relevancia? Deberían
bajarse del guindo de sus paranoias de poder y llegar ya a una acuerdo de
gobernabilidad, porque la derecha, hagan lo que hagan, no les van a dar ni un segundo
para el tomar aliento.
Me pregunto, por qué para la Sra.
Bonig, líder del PP en la Comunidad Valenciana, y el Sr. Cantó, de Ciudadanos, el
Pacto del Botanic es un reparto de sillones y los acuerdos de sus partidos con
Vox, repartiéndose también sillones y plagados de letra pequeña, son un ejercicio
de responsabilidad democrática.
Los gestos en política son imprescindibles,
porque dicen mucho de quien los hace. Pero la estética está hoy en horas bajas.
Dos temas me han llamado la atención Castellón. Uno que se haya firmado el
acuerdo de gobernabilidad del Ayuntamiento de la capital en un ermita; el mensaje
es demoledor para aquellos que creemos que la izquierda debe abogar por un
estado laico, donde la política y la religión estén separadas. El otro es la
elección del Presidente de la Diputación. No dudo que la persona elegida esté preparada
para ello, pero en un momento de reivindicación de la igualdad entre hombre y
mujeres, la izquierda tenía la oportunidad de nombrar una mujer como presidenta,
que por cierto sería la primera de la institución, lanzando de esta manera un
mensaje inequívoco de defensa de la igualdad entre géneros. Y candidatas tan
cualificadas como el elegido había.
Por último, reconocer la labor
hecha en la Diputación de Castellón por dos personas que han hecho del consenso
y la promoción de la cultura objetivos primordiales al frente de la Diputación
saliente. Me refiero a Javier Moliner y Vicent Sales, presidente y vicepresidente salientes. No me cabe duda que la
nueva Diputación va a ir por este camino y a ellos les deseo mucha suerte en
sus nuevos proyectos.
viernes, 24 de mayo de 2019
Castellón, ayuntamiento del cambio
Hace cuatro años votábamos con la
esperanza de acabar con tantos años de corrupción en los ayuntamientos y otras
instituciones. Pero también lo hacíamos
con la ilusión de poder cambiar las políticas municipales liberal/conservadoras,
poco atentas a las necesidades de los ciudadanos, que tanto daño habían hecho
en nuestras ciudades. Sus elevados endeudamientos y el abandono de los barrios
más populares abrieron una brecha enorme entre unas zonas de las ciudades y
otras, intolerable para una democracia.
Afortunadamente,
el cambio se produjo y no fueron pocos los ayuntamientos que mudaron el color
político después de décadas de ser gobernados por la derecha. Se constituyeron,
entonces, los denominados “Ayuntamientos del Cambio” por toda la geografía
española, como un soplo de aire fresco que limpiara el olor a podrido y cerrado
que emanaba de los edificios consistoriales. También en Castellón, como en
numerosas localidades de la provincia y la Comunidad Valenciana se produjo ese
cambio, que ahora tenemos que evaluar con nuestro voto.
Desde
la perspectiva de la ciudad de Castellón, que es la que puedo tener, me atrevo
a decir que el cambio ha sido satisfactorio. Tanto, que incluso los dos partidos
de la derecha parece que hayan tirado la toalla en la contienda electoral,
nombrando candidatos que en ningún caso están a la altura de los retos de
futuro sostenible, urbanísticos, sociales, culturales y de bienestar que tiene
la ciudad.
Los
cambios en la ciudades se van vislumbrando poco a poco en un goteo constante de
actuaciones municipales, que al final acaban cambiando el paisaje urbano y
humano, así como las relaciones entre el poder municipal y los vecinos. Más
importante es todavía el comportamiento
de la sociedad, del mundo asociativo en un escenario donde la independencia y su actividad no dependan
del pesebrismo y los intereses del poder que gobierna la ciudad. Decir que se
ha acabado con aquello sería decir mucho, pero en la ciudad de Castellón se
respira otro ambiente lejano de aquellas genuflexiones que una parte de la
sociedad civil hacía a los gobernantes, sin pudor.
En
estos años, el gobierno del ayuntamiento ha tenido que bregar y reducir la
abultada deuda económica que heredaron de sus antecesores, consiguiendo que la
riqueza municipal mucha o poca, llegue a todos los rincones de la ciudad,
beneficiando a un gran número de vecinos que antes estaban excluidos. En
definitiva, se ha cambiado a mejor, gracias a una gestión eficiente y dirigida
a sus habitantes. No cabe aquí enumerar actuaciones y logros, eso que cada uno
los valore, pero sí conviene decir que hoy estamos mejor que antes, sin grandes
proyectos delirantes y voraces de las arcas municipales. En Castellón, como en
otras ciudades del país, los ayuntamientos del cambio han funcionado, haciendo
olvidar los años de vino y rosas de una derecha depredadora y poco empática con
los problemas de los ciudadanos.
Evidentemente,
no todo ha sido maravilloso ni vivimos en “jardilandia”, ni si quiera creo que
el gobierno municipal de Castellón piense esto. Hay muchos flecos que coser y
muchas políticas por desarrollar en medio ambiente, sostenibilidad, cultura,
innovación, desarrollo urbano integrador, igualdad, seguridad, urbanismo… En
una sociedad viva, los problemas nunca se solucionan del todo y el conflicto de
intereses está siempre patente. Lo
interesante, es que el camino trazado durante estos cuatro años es por donde se
debe transitar.
Bajando a lo
concreto, hay dos propuestas hechas en campaña, que me parecen acertadas,
dentro de ese horizonte de construir una ciudad más humana y sostenible.
Esperamos que no se queden en eso, en propuestas.
Por
un lado está la conversión del antiguo asilo en una gran biblioteca y centro
cultural. Castellón necesita un lugar que dinamice la cultura, el arte, la literatura, para estar a la
altura de convertirse en una gran urbe (esto no depende sólo del número de
habitantes). No olvidemos que la cultura humaniza la vida y las relaciones
sociales. Todo dependerá del uso que se le dé, y el cosmopolitismo que tenga.
La otra propuesta es la ejecución del parque de Fernando el Católico. Un parque
necesario para el distrito este y para toda la ciudad, anunciado a lo largo de
estos últimos veinte años en varias ocasiones. Aumentar los espacios verdes
hace más sostenibles a las ciudades y mejora la calidad del aire y de vida de
sus ciudadanos.
Las
ciudades y municipios españoles se convirtieron hace cuatro años en agentes del
cambio de proximidad. Hagamos que sigan siéndolo frenando los cantos de sirena
y la megalomanía de la derecha, que sólo esconden desigualdad y beneficio para
unos pocos.
viernes, 15 de junio de 2018
Cruces de los caídos
Publicado en Levante de Castellón el 15 de junio de 2018
Estos últimos días vengo
haciéndome una pregunta: ¿Cómo es posible que después de cuarenta años la
derecha española todavía siga defendiendo el legado de la dictadura de Franco?
Se puede entender, que los nostálgicos del dictador se aferren a su figura y a
los símbolos de la dictadura, como una manera de sobrevivir a los recuerdos de
un patriotismo ramplón que desfilaba al Paso de la Oca marcado desde el Palacio
del Pardo. Pero que Partidos que se definen democráticos estén impidiendo el
desarrollo de la Ley de Memoria Histórica y defendiendo los símbolos franquista
que aún quedan en España, dice mucho de las carencias que tiene esta
democracia, sobre todo por el ala derecha del espectro político, que ni siquiera
es capaz de responder con contundencia, democrática eso sí, a los resabios de
la dictadura que todavía quedan entre nosotros.
Viene
esto a cuenta de la polémica que ha surgido en Castellón por el derribo de
algunas cruces franquista en localidades como La Vall d’Uixó o la capital.
Polémica alimentada por la derecha provincial, que dice bien poco de la calidad,
como demócratas, de algunos de sus representantes. Porque defender, como lo
están haciendo algunos dirigentes del Partido Popular y de Ciudadanos en
Castellón, la permanencia de símbolos ofensivos para la democracia en
localidades de la provincia, es alimentar el sueño, para algunos y quizá para
ellos, de que la dictadura todavía está entre nosotros al hacernos rememorar
día a día la España de la “Montañas nevadas y bandeas al viento”, como un
pasado del que todavía se puede reivindicar algo.
Decir
que para no revolver viejas heridas, es mejor que las cruces en honor de los
caídos por Dios y por España, deben seguir en las plazas y los parques, es
torticero, porque las heridas siguen abiertas y no se cerrarán hasta que esta
derecha, cada vez más ultramontana, deje de defender el franquismo y de poner
palos en las ruedas de la memoria histórica. Es una demagogia cuando se dice
que los símbolos de la dictadura deben estar ahí para que nunca la olvidemos.
Donde tiene que estar la dictadura bien explicada, con rigor histórico, es en
los libros de texto o de historia, pero no en las calles, porque una cruz de
los caídos, por mucho que se la haya querido lavar la cara, no es un recuerdo
del pasado, sino una exaltación del franquismo y su régimen fascista. No hay
ningún país democrático que no haya eliminado de sus callejeros y de sus
plazas, cualquier vestigio que rememorara el fascismo que imperó en algún
momento de su historia. Sin embargo, en España seguimos obligados a vivir con
ello.
Pero
lo que más vergüenza ajena produce, es que algunos dirigente del PP y de CS
hayan decido utilizar la defensa de los símbolos franquista como arma
arrojadiza electoral. Eso nos da una idea de la talla política de algunos de
ellos (estoy seguro que tanto en un partido como en el otro hay dirigentes que
deben estar sonrojados por la torpeza política a la que estamos asistiendo),
que incapaces de hacer una oposición digna de tal nombre, no tienen empacho en
agarrarse a Franco, para justificar su acción política. Triste que sea así, y
que no se den cuenta, que están alimentando un monstruo dormido en España
durante décadas, con sus acciones. Si es
que ellos/as no son miembros activos de ese monstruo.
Las
cruz de La Vall d’Uixó y la de Castellón, como otras tantas, por mucho que se
les cambie el nombre o se quiera que parezcan monumentos a la reconciliación,
no dejan de ser símbolos que la dictadura puso allí para recrear su poder y
recordar a quien quisiera oponerse a ella, que la guerra contra el rojo no
había terminado. Además, es un recuerdo demasiado explícito de la empática
colaboración que tuvieron la Iglesia y la dictadura, y eso en una sociedad
democrática y aconfesional no se puede tolerar. Por eso las cruces deben
desaparecer y si se quiere hacer un
monumento que recuerde a las víctimas de todos los terrorismos, de todas
las violencias, que se haga, pero que sea un monumento democrático y no nos
recuerde un tiempo gris y demasiado dramático para millones de españoles,
excepto para la derecha empeñada en defenderlos.
domingo, 21 de enero de 2018
¡AVE! Castellón
Publicado en Levante de Castellón el 19 de enero de 2018
Debería ser un acontecimiento. La
conexión de una ciudad por AVE es un deseo soñado por no pocas localidades.
Sobre todo cuando nos han vendido que el tren de alta velocidad es como un maná
caído del cielo, que trae los vagones repletos de riquezas, felicidad y
prosperidad. No digo yo que no sea así, pues desconozco cómo ha influido en la
vida de las personas la llegada del AVE a las ciudades donde residen. Si tengo
la sospecha, que esa disputa entre políticos locales de distinto lugares de
España, que sacan pecho para que su ciudad sea agraciada con la fortuna ferroviaria,
tiene más que ver con sus réditos políticos a futuro, que con el bienestar de
la población. Digo réditos políticos, por no hablar de pelotazos urbanísticos
que huelen a podrido, de los que algunas de sus ilustrísimas o sus familiares,
se han beneficiado.
Pero
todo eso no ha pasado en Castellón, por lo menos que se sepa, y, por fin, la
ciudad y su área metropolitana van a tener un AVE a las puertas de casa. Sin
embargo, no se ve alborozo por ello, ni se esperan grandes masas ciudadanas
para el día de la inauguración, con presidente del gobierno incluido, a chupar
cámara, por una obra en la que su gobierno, lo único que ha hecho ha sido
retrasar la llegada del tren veloz, al igual que los gobiernos anteriores.
Muy
mal deben ver las cosas los de su Partido en la Comunidad Valenciana, para que
tengamos el honor de recibir la visita, anunciada, de un presidente de gobierno
(otra cosa es que al final sus altas obligaciones le permitan venir), a una
ciudad insignificante para aquellos que piensan a lo grande en política, cuando
con un ministro habría sido suficiente; eso sí que sería insólito. Claro, como
a uno también, a veces, se le tuercen los pensamientos, me viene a la cabeza que
es mucha casualidad. Justo cuando su Partido valenciano está siendo juzgado por
financiación irregular, con una buena representación de castellonense sentados
en el banquillo, otrora prohombres de la política provincial. Vamos que su
presencia huele a acto de Partido, a lavado de cara, a ver si nos olvidamos de la
Espada de Damocles que pende encima de ellos en la Audiencia Nacional. En
cualquier caso, que el presidente sea bienvenido a Castellón y nos traiga un
poquito de maná, que no sea sólo el del rumboso AVE.
Pero,
volvamos al principio. No entusiasma la llegada del AVE a Castellón. No levanta
pasiones. Y es que la sucesión de retrasos encadenados uno tras otro, durante
once años. De anuncios que se quedaban en eso: pura propaganda de gobierno o
Partido, normalmente coincidiendo con periodos electorales, ha acabado por
aburrir al personal y desinteresarse por la obra. Ya sabes ustedes lo del
cuento de Pedro y el lobo, cuando una mentira, aunque sea piadosa, se sucede en
el tiempo, hace que en el momento de decir la verdad nadie se la crea, y, en
este caso del AVE, no es que no nos lo creamos, es que ya hemos pasado página.
Sobre
todo, cuando tanta espera, tanta obra molesta, tanto anuncio y tanto
presupuesto, es para ahorrarnos media hora de trayecto entre Castellón y
Madrid, pues el ahorro en tiempo importante ya se tuvo hace años, cuando se
puso en marcha el AVE Madrid-Valencia. Además, en la letra pequeña se consigna
que en el trayecto que ahora se inaugura, la alta velocidad va a brillar por su
ausencia, no más de 160 Km/h, y va a suponer un cuello de botella, que,
previsiblemente, va a pagar el cercanías, este sí un tren popular y necesario.
Y no vamos a hablar de la desaparición de otras líneas ferroviarias, de precio
más asequibles para el común de los
mortales, pues la alta velocidad se ha convertido en un medio de
transporte de lujo, sólo accesible para empresas y familias de elevado poder
adquisitivo.
Qué
Castellón tenga un AVE está bien, pues coloca a la ciudad entre las elegidas
del país por sus infraestructuras de comunicación. Qué va a haber
castellonenses que se van a beneficiar por tener media hora menos de viaje a
Madrid, también. Qué el AVE supone una inyección de progreso económico, es un
maná que está por caer, y ver, además, como se distribuye esa riqueza potencial
entre la ciudadanía. Lo único que se vislumbra en el horizonte, son demasiados
interrogantes sobre qué beneficios va a tener sobre el común de los mortales
que residimos en Castellón y cómo va a afectar a otras comunicaciones
ferroviarias. Eso, y la visita del presidente del gobierno, si es que, al
final, viene a Castellón, por su puesto, en AVE.
viernes, 17 de marzo de 2017
Feliz Magdalena plena
Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 17 de marzo de 2017
Escribo este artículo en vísperas
de las fiestas fundacionales de La Magdalena en Castellón, que como en todos
los sitios van a poner patas arriba la ciudad con el sabor de la fiesta, el
olor a pólvora y las ganas de pasarlo bien, por el sentir que muchas personas
tiene hacia sus fiestas, y por la
necesidad de romper con la rutina y las preocupaciones de la vida diaria. Así
que, bienvenidos sean propios y extraños a estas fiestas que van a asegurar una
semana de goce y diversión.
Las
fiestas de La Magdalena, a pesar de que llevo ya un cuarto de siglo viviendo en
estas tierras, nunca las he sentido como propias, como una manifestación de mi
identidad cultural primaria, esa que se absorbe en la infancia y dura ya para
siempre. Decía Rainer María Rilke, que la verdadera patria es la infancia, y
creo que es una de las frases más acertadas que se han dicho a lo largo de la
historia. No hay más que ver a quienes han nacido en Castellón y llevan en su
ADN cultural la esencia de las fiestas, como disfrutan con una emoción que les
sale desde lo más profundo de sus sentimientos, frente a los “arrimaos de fuera”
que sin dejar de pasarlo bien y divertirse como el que más, nos falta ese cordón
umbilical que nos una a la más profundo de la tierra, esa que se mama en la
infancia. Aunque también acabamos contagiados por ese espíritu lúdico y
colectivo que embarga a la ciudad durante la semana festiva. Quizá, porque en
el fondo, uno acaba amando lo que vive y donde vive; la patria también es el
lugar que te acoge y en el que eres feliz.
Todavía
recuerdo mi primera Magdalena, cuando el Mesón del Vino estaba ubicado en la
avenida del Rey don Jaime y bebíamos caldos peleones (aún no había llegado al
país ni a Castellón el culto que hoy se profesa al licor de Baco, ni se había
producido la gran revolución enológica que ha conseguido que cualquier vino se
pueda beber con un mínimo de dignidad). Aquel primer año, La Magdalena fue para
mí un impacto emocional, claro que era veinticinco años más joven y el cuerpo y
la mente estaban perfectamente engrasados para la diversión y la desmedida.
Entonces, la fiesta era un hervidero de gente en las calles a cualquier hora
del día: familias, jóvenes, adultos, niños, abuelos, gente de posibles y gente
de imposibles para llegar a fin de mes…
todo un universo de personas que sólo tenían como objetivo pasar en la
calle, con sus desfiles, gaiatas, músicos callejeros subidos a un escenario, puestos de comida y
mercadillos, el tiempo que el resto del año estaban desaparecidos de la ciudad.
Esa fue la sensación que tuve y la pregunta ¿De dónde sale tanta gente, que el
resto del año no se ve? Porque entonces, La Magdalena era una fiesta local y no
venía mucho foráneo. Una fiesta viva y muy popular que, además, para asombro de
forasteros no tiene su fundamento en un santo patrón, como en la mayoría de
pueblos y ciudades que pueblan la geografía española.
Pero
no quiero que piensen que me he quedado instalado en la nostalgia de aquellas
primeras fiestas que viví; nada más lejos. La Magdalena es una fiesta que ha
ido evolucionando con los tiempos, activa, que ha sabido incorporar los nuevos
gustos de la sociedad de hoy, quizá porque está muy unida a la gente, es parte
de ella, y según esta cambia, evoluciona. Es cierto que ha pasado unos años que
no ha podido substraerse a la corrupción, presunta o no, generalizada que ha
sacudido el país, pero ese juicio no me corresponde a mí hacerlo, doctores
tiene la Iglesia para hablar de teología. Pero dicen, con perdón por la
expresión, que la mierda que no mata engorda; y eso es lo que le está pasando a
la Magdalena, que va creciendo año a año en voluntad de pasarlo bien y de
hacerlo cada vez mejor.
Nos
veremos en la romería que más me gusta de este país, pues no vamos a recibir la
bendición de ningún santo, con todos mis respetos a los santos y quienes creen
en ellos, sino a reencontrarnos con el origen de lo que somos en la actualidad,
nacidos y venidos de fuera. El punto desde el que partió hace casi ocho siglos
la ciudad que hoy es Castellón. Que
pasen ustedes buenas fiestas, sin sentimiento de culpa por los excesos que van
a hacer.
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