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miércoles, 25 de marzo de 2026

Una historia de Marilyn Monroe en el MACVAC

 


Lo puedes leer también en formato libro: Una historia de Marilyn Monroe en el MACVAC

              La relación entre el arte y el cine tiene una larga historia de amor. Son muchos los ejemplos en los que el cine se ha inspirado en obras pictóricas: La recreación de “El café de noche” de Vicent Van Gogh y la taberna que aparece en la película “El loco del pelo rojo”, de Vicente Minnelli; “Retrato de la periodista Silvya von Harden” de Otto Dix y una escena de la película “Cabaret”, de Bob Fosse; “Duelo de garrotazos” de Goya y “Jamón, jamón”, de Bigas Luna; o “Morning sun” de Edward Hopper y “Shirley: visiones de una realidad”, de Gustav Deutsch, entre otras  muchas. Por no mencionar la relación existente entre un subgénero pictórico tan íntimamente ligado al cine que es imposible disociarlos, como es el de la cartelería de películas, hoy en triste decadencia, pero que inundó de arte las calles de nuestras ciudades, en una época en la que las grandes salas de cine eran una parte esencial del paisaje urbano. Por mencionar sólo algunos, me quedaría con los españoles: Macario Gómez Quibus (Mac), en el recuerdo de aquel cartel inseparable de la película Doctor Zhivago, en España; Francisco Fernández Zarza (Jano), autor del impresionante cartel de “Surcos”; Iván Zulueta, cartelista además de realizador cinematográfico, autor del cartel de “Matador”, película de Pedro Almodovar; y por citar uno más: Óscar Marnié, del que podemos recordar el mítico cartel de “Todo sobre mi madre”, también, de Almodovar. Decía la directora, guionista y escritora Arantxa Aguirre, en un coloquio organizado por Radio3 en abril de 2022: «lo que tiene en común el cine y la pintura es el cuadro, el encuadre y la selección de la realidad», por ello, como escribía al principio, esa relación entre ambas disciplinas artísticas es indisoluble y fructíferamente artística.

            Sin embargo, no es tan corriente que el cine inspire una pintura o se convierta en musa de un artista. Algunos ejemplos hay, como el díptico de Andy Warhol sobre Marilyn Monroe, pero no es una práctica habitual en el arte. Sí hay mujeres y hombres que han inspirado, a lo largo de la historia, a grandes artistas, pero si nos ceñimos al cine, muy pocos casos.

            Uno de ellos es la obra, sin título, que pintó Ángel González Doreste en 1974, en la que la figura de Marilyn Monroe, atrapa al espectador con una fuerza tal, que es imposible apartar la vista de ella, en una pintura que rememora la película Vidas rebeldes de John Huston, con una composición pictórica, que surge de la capacidad de Ángel González Doreste para recrear situaciones o imágenes con la minuciosidad de un artista que no pretende reflejar de una forma fidedigna la realidad, sino interpretarla de una manera objetiva. El mismo define su pintura: «En mi caso, el lenguaje de mi pintura se atiene a una realidad parcial y concreta cual es la cotidianeidad de los objetos. Pero no está en mi ánimo asir tal realidad de por sí, y a través de la mejor técnica, como un juego de virtuosismo. Mi pintura de factura depurada no pretende “representación” de lo cotidiano como reflejo fidedigno de la realidad tangible, si no que se reduce tan solo a hacer de ellos una “presentación” objetiva».

            Aunque nacido en Canarias, Ángel González Doreste fue gallego por afinidad familiar y cántabro por residencia; durante gran parte de su vida residió en Santoña, tras pasar por la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, gracias a una beca de la diputación de Lugo, y vivir la experiencia artística en París a principios de los años sesenta del siglo pasado. Todo ese periplo le llevó a participar, brevemente, en la renovación artística que supuso el informalismo en España, y ser artista de una exposición colectiva en Galicia en 1960, que según cuenta el diario El Progreso en un artículo del 2 de diciembre de 2020, generó un gran rechazo por parte del público, calificando a los artistas de la exposición como “pintorcetes”, lamentándose de que no existiera una comisión de censura que impidiera “toda esa porquería”. Lo que no impidió que el escritor Xose Luis Franco Grande lo saludara como un “artista revolucionario y vanguardista”. No obstante, González Doreste, nunca había dejado de ser un pintor realista, si atendemos a la obra que ya venía realizando desde hacía tiempo, abundante en retratos, paisajes, bodegones, autorretratos, etc.

            Volviendo a la obra de 1974, que pertenece a los fondos del MACVAC, siempre ha existido la sospecha de que esa mujer en actitud sensual, que tapa su cuerpo con una sábana, es un  retrato alegórico de Marilyn Monroe. Esa fue la sensación que nunca me he podido quitar de encima, desde que en mi primera visita al entonces denominado  Museo de Arte Popular Contemporáneo de Vilafamés, en 1981, vi, por primera vez, la obra de González Doreste, quedando prendada en mi subconsciente, como una de las que siempre llevo en mi recuerdo. Nunca he tenido dudas de que el personaje femenino de la obra era la incomparable Marilyn Monroe. Incluso esa sensación certera, la compartía el periodista y escritor valenciano Jaime Millás, cuando en su artículo Mis cuadros preferidos. Itinerario Iconográfico de una generación, publicado en la revista Diferents en su número 1, del año 2016, escribe, refiriéndose a la obra de Doreste en el MACVAC: «El fracaso masculino frente a la pasión desmedida de una candidata a Marilyn Monroe».

            Llegados a este punto, cabe resolver el enigma del cuadro, que vuelve a estar expuesto al público después de algunos años descansando en peines. Hoy no existe la menor duda de que la figura femenina es Marilyn Monroe y la masculina, cabizbaja, es Clark Gable, en una recreación que Ángel González Doreste hace de la película Vidas rebeldes, dirigida por Jonh Huston y estrenada en EEUU el 31 de enero de 1961, gracias a las indagaciones de Sofía Barrón Abad, doctora en Historia del Arte, Personal Docente Investigador de la VIU y Directora Artística del MACVAC y Joan Feliu Franch, igualmente doctor en Historia del Arte, PDI de la VIU y Director Gerente del MACVAC.

            En 1960, Marilyn Monroe rueda junto con Clarke Gable su penúltima película -la última, que no llegó a terminar de rodar, por su triste desaparición en 1962, fue Something's Got to Give (Alguien tiene que ceder, en España), junto a Dean Martin, dirigida por George Cukor-. En Vidas rebeldes, Marilyn (Roslyn) es una viuda, exbailarina, que se refugia en Reno (Nevada) huyendo de su pasado, y vive una intensa relación con tres hombres que la desean: Clark Gable (Gay), Montgomery Clift (Perce) y Eli Wallach (Guido), tan perdidos, como ella, en un mundo que se les escapa. Esta mini sinopsis la cuento porque tiene mucho que ver con el cuadro de González Doreste inspirado en la actriz.

            En esta pintura nos encontramos a Marilyn Monroe en un actitud sexualmente empoderada, triunfante, envuelta en una sábana, sobre un Clark Gable que, en actitud casi humillante, con la cabeza gacha, parece sucumbir a la poderosa atracción que Marilyn ejerce sobre él. Una escena, que como tal, no se ve en la película, sino que está montada por dos momentos diferentes: uno, la posición de Clark Gable, cuando este besa a Marilyn metida en la cama, y otro, la de ella, que corresponde a la imagen que apareció en el cartel de la película en España, ilustrado por Macario Gómez Quibus (Mac).

            Con estos mimbres, Ángel González Doreste pinta una obra poderosa, que si bien no tiene intención de semejarse en nada a la película de John Huston, sí nos muestra, a través de dos personajes míticos del cine, la fuerza del deseo que ejercen las mujeres sobre los hombres, cuando estos ni quieren ni pueden dejar de sucumbir a ellas. Pero además, esconde un misterio que se reveló en 2018, un año antes de morir Doreste, y del que, seguramente, estaba enterado: la caída de la sábana de Marilyn en esa escena, que la pintura deja en suspensión, como si fuera a producirse de un momento a otro.  

            En 2018, lo que era un secreto a voces en Hollywood, salió a la luz. John Huston, posiblemente, dejándose llevar por la moralidad de la época o, quizá, la suya propia, eliminó una secuencia de 45 segundos en la que Marilyn se levanta de la cama mostrando su cuerpo desnudo de espaldas, con la excusa de que era irrelevante para la película. Es una escena inocente, en la que un Clark Gable fascinado por la belleza de Marilyn y dejándose llevar por un deseo contenido la vuelve a besar. Nada más, que se sepa: ni sábanas cayendo ni desnudo integral ni nada que se le parezca, pero que gracias a Ángel González Doreste y su obra S/T, que se puede ver en el MACVAC de Vilafamés, nuestra imaginación puede volar hasta donde la moralidad de cada uno nos permita.  

jueves, 26 de febrero de 2026

"Regalar movimientos al viento". Exposición del MACVAC en Villa Elisa (Benicasim)

 


      La existencia de cada uno de nosotros está determinada por la interacción de fuerzas antagónicas que definen la relación que tenemos entre el mundo interior y el exterior: día y noche, guerra y paz, amor y odio, frío y calor, alegría y tristeza…, que en la cultura occidental de ascendencia grecorromana, fue definida y razonada por Heráclito de Éfeso, hace casi veintiséis siglos, como “lucha de contrarios”.   

      Pero esta contienda antagónica entre los opuestos no tiene por qué ser una guerra cruel ni estar abandonada al caos. Más bien la propuesta de Heráclito va en sentido inverso. La sustancia de lo que somos es el resultado de la lucha que se libra en nuestro interior, entre las fuerzas que pugnan en el fondo de nuestra alma. Sólo conseguiremos avanzar en paz y armonía, cuando alcancemos un estado de equilibrio entre esas fuerzas opuestas, que son las que, al final, nos definen como seres únicos.

      Esta idea de búsqueda del equilibrio espiritual, determinada por el mundo interno y externo en el que habitamos, es lo que nos propone la exposición Regalar movimientos al viento, que el Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés, MACVAC, ofrece al público en la sala de exposiciones Villa Elisa de Benicasim, pero desde la perspectiva del viaje que todos y todas realizamos a lo largo de nuestra vida, unas veces mirando hacia adentro y otras mirando hacia afuera.

    Comisariada por Patricia Mir, Regalar Movimientos al viento, nos hace una propuesta de primer orden con obras de importantes artistas (ver relación al final), que nos plantea la dicotomía entre la exploración de nuestro yo espiritual, en el interior de nuestro alma, y la búsqueda de respuestas en el mundo exterior que nos rodea. Una dualidad en forma de viaje interno y externo, que penetra en el fondo de nuestro ser, frente a lo que nos nutre de conocimiento y experiencias, que residen fuera.

     Miradas, soledades, vacíos, paisajes, memoria, imágenes, preguntas, respuestas, rezos, reflexiones, luz, oscuridad, tiempo, silencios…, una amalgama de impresiones, con el arte, una vez más, como demiurgo que ejerce de puente entre lo que somos, lo que queremos ser y el mundo que nos rodea. Sensación de la que no nos podemos desprender cuando recorremos el espacio de la exposición y dejamos que las emociones se liberen de nuestro yo racional y materialista, para que nos invada la sensibilidad de unas obras, perfectamente seleccionadas, que, sin percibirlo, nos van a llevar por el camino de la espiritualidad y la búsqueda de la armonía que habita en nuestro interior.   

    Como bien escribe su comisaria Patricia Mir en la introducción a la exposición: «Así, la exposición de Villa Elisa se configura como un espacio de encuentro entre el arte, la emoción y la introspección. Cada obra, cada material, cada gesto creativo se convierte en un elemento que invita a la reflexión, el recogimiento y el diálogo interno».

 

Artistas y obras que participan en Regalar movimientos al viento:

-Manuela Ballester: A la ventana ante el mar Báltico

-Pilar Sala: Dualitat

-Cristina Navarro Buenaposada: Umbral

-Paqui Fuster: Postals per al record

-Alejandro Mañas: La noche trascendida

-Robert Motherwell: Elogio a la República Española 51 y 52--+

-Alfonso Pérez Plaza: Pensador oprimido

-Marina Vargas: Asterión-El cuerpo revelado

-Henri Cartier-Bresson: Funerailles de l’acteur de kabuki: Danyuro

-Salvador Dalí: El infierno. Canto 3

-Pablo Picasso: Ragazza seduta

-Salvador Montesa: Estancia despojada V

-Walter Wall: Qué bonito cuando las flores florecen

-Ana Vernia: N.º 5. Serie ‘Paisajes líquidos

-Marcelo Díaz:‘Criar la luz

-Joan Callergues: Estructura per a un somni

-Jovita Pitarch: Inquisitio

-Concha Jerez: Tiempo. Límite. Interior

-Amparo Escrivá Palacios: Tren de cercanías

 

sábado, 14 de febrero de 2026

Robert Motherwell en el MACVAC


Elegía a la República Española nº 51

      Elegía a la República Española nº 52


        Lo puedes leer también en formato libro: Robert Motherwell en el MACVAC

    En el mes de abril de 2023 llegaron al Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés, MACVAC, dos importantes obras del expresionismo abstracto norteamericano, pertenecientes a la serie Elegía a la República Española, del artista nacido en Aberdeen (Washington) en 1915, Robert Motherwell. No llegan por casualidad, sino como resultado del acuerdo que el MACVAC alcanza con la Colección Fracaral, perteneciente a la familia del coleccionista cacereño Francisco García Martín, por el que la colección pasará a ser gestionada por el MACVAC, mediante la cesión temporal de obras de artistas tan relevantes como Andy Warhol, Jean Mitchel Basquiat, Miquel Barceló, Dora Maar, Pablo Picasso, Pablo Gargallo, David Hockney, Robert Motherwell, George Baselitz o Antoni Tàpies, entre otros y otras. Concretamente el MACVAC recibe los números 51 y 52 de la serie que Motherwell inició en 1948, prolongándola hasta 1967, con más de cien obras, que son un homenaje a la República Española, brutalmente liquidada por un golpe militar, apoyado por las potencias fascistas de la época.

Robert Motherwell llegó a principios de los años cuarenta del siglo pasado a Nueva York, matriculándose en la Universidad de Columbia para estudiar Historia del Arte. Allí conoció al profesor Meyer Saphiro, un crítico que sostenía que el arte debía tener una perspectiva social, defendiendo, frente al formalismo académico, el arte abstracto como un impulso crítico en el debate social que se planteó en Norteamérica tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, frente al posicionamiento que reducía la abstracción a una cuestión meramente estética. Saphiro introdujo a Motherwell en el ambiente artístico neoyorquino, que había encontrado en el expresionismo abstracto su manera de participar en los nuevos retos a los que se enfrentaba la sociedad norteamericana en la posguerra. En ese ambiente de catarsis colectiva que proporcionaba una manera de entender el arte que renegaba de la figuración y abrazaba la abstracción como expresión de las emociones, entre quienes se encontraban algunos de los más grandes artistas del siglo XX de Estados Unidos, como Mark Rothko, Willem de Kooning, Jackson Pollock, Joan Mitchell, Helen Frankenthaler o Grace Hartigan, Robert Motherwell desarrolla su obra principal, Elegy to the Spanish Republic, tras descubrir el surrealismo —fue miembro de la dirección de la revista surrealista «VVV» entre 1942 y 1944—, que le ofrece las herramientas intelectuales para alejarse de la figuración y mostrar la realidad de una manera insólita, mediante una vuelta de tuerca técnica con la utilización del dripping (goteo), la energía gestual en las obras o los grandes espacios de color, con el fin de mostrar lo esencial mediante la abstracción, que no reconoce la realidad tal como la ven nuestros ojos, sino a través de las emociones. Como expresó Rothko, se abolió todo lo reconocible menos el color.

Motherwell, junto al artista chileno abanderado del surrealismo Roberto Matta, con el que mantuvo una relación intensa, sobre todo tras su viaje por México en el verano de 1941, adoptará el «automatismo», que como técnica propia del surrealismo, afrontaba la creación de la obra de arte prescindiendo de la razón consciente, dejando que el pincel se deslizara por el lienzo como una manifestación libre, sin control, del subconsciente, para que fluyera el pensamiento sin ataduras. Es un dejarse llevar, para que la obra sea autónoma del artista. Motherwell dijo: «Mi vocabulario funciona como la poesía…, no es una ilustración, sino una serie de explosiones, de fuegos artificiales o, por el contrario, de silencio contenido». Es por ello que en su pintura solo aparezcan elementos visuales: formas, colores, líneas, que transmiten una vivencia subjetiva, poética, evocadora de emociones, consiguiendo que la abstracción sea una experiencia lírica, visual, a la vez que compleja en ideas.

            En Elegía a la República Española plasma con maestría todo su pensamiento artístico, situando al expresionismo abstracto en una de las cimas del arte del siglo XX. Durante casi veinte años, entre 1948 y 1967, Motherwell fue creando un manifiesto contra la intolerancia violenta del autoritarismo político, mediante formas geométricas abstractas, líneas y color, que apelan al espectador buscando asociaciones en su mente, haciendo que su capacidad de emocionarse transite por un sendero, que si bien no es fácil, sí produce una sacudida en sus creencias lógicas y racionales, para dejarse llevar por la metáfora abstracta de la relación entre la vida y la muerte, en una España de luto y oscura, dolida por la violencia del fascismo. De ahí el uso de óvalos y rectángulos de color negro, que se proyectan sobre un fondo claro, que parece una concesión a la luz y la esperanza, interpelando la conciencia del espectador. Nunca nada está perdido del todo.

            El MACVAC tiene el privilegio de poder exponer dos obras de esta serie de Motherwell, concretamente las números 51 y 52. Son obras de pequeño tamaño, lejos de los grandes formatos de otras obras de la serie, pero que atrapan con la misma intensidad. De18 x 23cm la 51 y 42 x 50cm la 52, realizadas en tinta de guache sobre cartón, fechadas en 1958-1968. La dualidad de la datación en el MACVAC tiene una explicación. La fecha que aparece en las obras es de 1968, cuando Motherwell se las regaló a su amigo y artista Roberto Matta, quizá con alguna modificación sobre las originales, que por número de serie deberían haberse pintado en 1958. En el informe elaborado por el Perito Judicial de Obras de Arte, don Luciano Delgado Terdero, el 10 de junio de 2024, queda solventada esta discrepancia en las fechas. En el anexo 3, Joan Feliu Franch, doctor y experto en Historia del Arte Contemporáneo y gerente del MACVAC, informa el 2 de febrero de 2024 lo siguiente, cito textualmente: «En conversaciones con Katy Rogers, responsable de Catalogues raisonnés of Robert Motherwell’s works de Dedalus Foundation en abril de 2023, existe una discrepancia cronológica que determinó la inacción de la Fundación Dedalus. Las obras 51 y 52 debieron pintarse en 1958 y no en 1968, como parece en la firma de las obras. No obstante, Katy Rogers confirma que no hay constancia de ninguna otra obra 51 y 52, siendo el Robert Motherwell Catalogue Raisonné posterior a la aparición de éstas y, por tanto, certifica que en las investigaciones llevadas a cabo por la Fundación Dedalus no se han localizado otras obras con esta numeración.

Existen sendas autentificaciones de Paul Haim y de la Peter Bale Gallery de Londres, de mayo de 1997. La primera edición del catálogo razonado fue publicada por Yale University Press en 2012, con lo que no es posible que se supiera que precisamente no había constancia de las obras 51 y 52 cuando se certifican».

  

            Además, en el mismo anexo se deja constancia de que Motherwell, a lo largo de los años, fue retocando algunas obras y datándolas con la fecha del año que las retocó. Así, vuelvo a citar literalmente a Joan Feliu: «Por ejemplo, la número 55 está fechada primero entre 1955-1960 y la modifica en 1961 y 1962, según la propia Fundación Dedalus. Es también común en otras obras del autor las continuas reversiones a lo largo del tiempo, por ejemplo, Guillotina se repinta en 1966, 1973, 1979 y 1981». Lo que hace plausible creer que las fechas de datación de las obras de Mortherwell que tiene el MACVAC son correctas, según lo expuesto anteriormente.

            Podemos seguir la trazabilidad temporal del viaje de las obras número 51 y 52 de la Elegía a la República Española, desde que Motherwell se las regaló a su amigo Roberto Matta, para pasar, con posterioridad, a formar parte de la colección Gaizca Herboso, pariente de Matta por línea materna. Después de la autentificación de las obras en 1997 por la Peter Bale Gallery de Londres y por el marchante Paul Haim, son adquiridas por el coleccionista Carlos Catalán en el año 2001, permaneciendo en su poder hasta el año 2016, cuando se incorporan a la colección de la familia Fracaral, que, a su vez, se la cede temporalmente, al Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés (MACVAC) en el año 2023.

            El MACVAC atesora una de las colecciones de arte contemporáneo más interesante de España, a pesar de tener su sede en un pequeño, pero precioso, pueblecito del interior de Castellón: Vilafamés. Fundado hace más de cincuenta años por el crítico de arte Vicente Aguilera Cerni, se ha convertido en un referente nacional del arte contemporáneo, con una colección de artistas de altísima calidad que permite mostrar cómo ha evolucionado el arte durante el último siglo en España, principalmente, en Europa y en el mundo. Tiene una cualidad que lo hace excepcional: no compra obra. Toda su colección es cedida por artistas o coleccionistas, ya sea temporalmente o como donación al museo. Es en este contexto donde el MACVAC y la colección de la familia Fracaral llegaron a un acuerdo en el año 2023 para la exposición de las obras que alberga dicha colección en el museo, lo que ha posibilitado que el público pueda disfrutar de una colección magnífica que no solo permite exponer las obras de Motherwell, sino de todo un elenco de artistas fundamentales en la comprensión del arte contemporáneo del siglo XX y XXI.   



domingo, 19 de diciembre de 2021

El MACVAC apuesta por la gran fotografía del siglo XX en MARTE Feria de Arte Contemporáneo de Castellón



La fotografía es la gran aportación del siglo XX a las artes visuales. Su capacidad para captar el instante, mostrar la realidad de una forma certera y la inmediatez del resultado hizo/ha hecho de ella una manera de expresión artística que a lo largo del tiempo ha transitado por las vanguardias artísticas de las primeras décadas del siglo pasado, como es el caso de Man Ray y sus retratos a caballo entre el dadaísmo y el surrealismo, o Esther Ferrer, ya en el último cuarto del siglo XX, y sus fotografías que se asemejan a una performance; entre el foto periodismo que ha retratado los conflictos más lacerantes de los últimos 100 años y el costumbrismo/realismo sin el cual nuestra contemplación de la realidad actual o pasada sería otra muy distinta, como es el caso de Henri Cartier-Bresson, Robert Capa o Grete Stern

La mirada fotográfica del siglo pasado, queda recogida en esta muestra de fotografías que el MACVAC expone en MARTE Feria del Arte Contemporáneo, como homenaje a un género artístico  de indudable belleza y fuerza creativa, capaz de mostrarnos el lado más luminoso de la vida y/o la sombra más oscura que nos acecha, y que muchas veces no queremos ver. Además, lo hace con una perspectiva de género al incorporar a la mujer artista, creadora y escrutadora de la realidad con una mirada propia, de forma natural, mostrando que el arte no es patrimonio ni de hombres ni de mujeres, sino, más bien, la más alta manifestación de inteligencia que ha desarrollado la humanidad, como lo atestiguan las fotografías de Esther Ferrer, Germaine Krull, Man Ray, Grete Stern, Henri Cartier-Bresson, Eugene Smith, Robert Capa y Dora Maar, que conforman esta exposición.      
























jueves, 16 de septiembre de 2021

El MACVAC se hace grande con la Colección Fracaral

 


La grandeza de un museo puede venir por muchos caminos, pero qué duda cabe que la importancia de su colección de obras de arte colabora a situarlo en una especie de Olimpo que todo el mundo desea visitar. Porque no nos engañemos, los museos tienen una principal razón de ser, que no es otra que la de albergar arte y mostrarlo al público. Albergar tiene que ver con cuidar, mimar, limpiar, restaurar y proteger la obra de un artista del paso del tiempo y del olvido, porque lo que no se ve acaba desapareciendo de la memoria colectiva. Mostrar es en señar de la forma más adecuada posible, que puede ser cronológica, temática, didáctica, etc., el arte que atesora al público, cumpliendo la función de mantener vivos a los/as artistas y sus obras, además de cómo era el mundo en el que ellos vivieron y lo que es más importante, cómo lo vieron y fueron capaces de transmitirnos lo que sentían. Porque el arte no es otra cosa que atraparnos en ese torbellino de pasión, emociones y sentimientos, que el artista ha experimentado ante la vida que le rodea.

Nada llega por casualidad, y para un museo mucho menos, porque aunque la suerte puede rondar sus puertas, nunca llama si antes no ha habido un trabajo serio, silencioso y meticuloso en el que la gestión acertada es fundamental, pero también la pasión que le ponen todas las personas que trabajan para que su museo sea digno de ser visto y amado.

Esto es lo que viene haciendo el MACVAC, Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés, desde hace décadas: trabajar sin prisa, pero sin pausa, para consolidar aquella magnífica obra, que es el legado de su fundador Vicente Aguilera y todos los/as artistas que participaron en sus inicios. Consolidar, y ensanchar su catálogo museográfico hasta convertirlo en una pieza fundamental en el puzle museístico español, y esencial si hablamos de arte contemporáneo.

Ese trabajo ha dado un fruto que va a engrandecer de tal manera la obra que alberga, que ya no puede haber vuelta atrás en su ascenso a ese Olimpo al que muchos museos desean llegar. Me estoy refiriendo, concretamente, a la llegada al MACVAC de la Colección Fracaral, del coleccionista cacereño Javier García Martín y sus hijos. Una colección atesorada pasito a pasito durante treinta años, que ahora va a estar a la vista de todos los visitantes del MACVAC, en diálogo con las obras que ya pertenecen al mundo expositivo del museo.

Esculturas de Pablo Serrano, Oteiza y Vostell. Fotografías de Dora Maar, Greta Stern, Germaine Krull. Pinturas de Miquel Barceló, Tàpies, Warhol, Basquiat, Picasso, Pérez Villalta, Loló Soldevilla, Menchu Gual, Motherwell, Hockney, Morandi, Baselitz, Udaltsova y un elenco de artistas que completarán las 24 obras iniciales que ya han llegado al MACVAC y van a internacionalizar más, si cabe, su colección, que si ya transcendía al ámbito rural en el que se encuentra el museo, ahora va a proyectarlo más allá de los límites de cualquier frontera artística. Y todo, gracias a la generosidad de un coleccionista, deseoso de que su obra quede preservada para el futuro y cuelgue de las paredes siempre agradecidas de un gran museo. Pero también, gracias a la laboriosidad, no exenta de pasión, de todo el equipo que trabaja en el MACVAC.

Lo último que se me ocurre decir, es que la Comunidad Valenciana, Castellón y Vilafamés, están de enhorabuena.          

jueves, 20 de mayo de 2021

Pasó el Día Internacional de los Museos.

 


Hemos pasado el Día Internacional de los Museos. Parecía que no les íbamos a echar de menos, pero la pandemia nos ha hecho ver qué importantes son para la vida cultural y, por qué no decirlo, para la propia vitalidad de una sociedad, que si no es capaz de reconocerse en sus museos, poco o nada le interesa el pasado y sus circunstancias, manifestadas a través del arte, como sublimación de la inteligencia humana, capaz de expresar con belleza las emociones positivas y negativas que tiene una sociedad en cada momento de su historia.

Nunca debemos perder esa perspectiva sobre los museos como grandes templos que nos muestran cómo el arte leyó el pasado. Lo que no está reñido con la promoción del arte actual, que es la manifestación presente de cómo los artistas entienden el entorno que les rodea, y cómo éste influye en ellos. Es otra lectura, carente de perspectiva histórica, pero que en demasiadas ocasiones nos señala el camino de cómo se está gestando la idiosincrasia de la sociedad de mañana. Para eso, la mayoría de los  museos desarrollan una intensa programación de exposiciones temporales, que en muchas ocasiones son para poder mostrar todo el arte que no se puede exhibir en la exposición permanente, en otras para que el público vea obras que pertenecen a otros museos y, también,  para dar cabida expositiva a las nuevas tendencias artísticas que se están gestando en la sociedad.

Hay un museo excepcional, poco conocido, porque está ubicado en una pequeña población de Castellón de nombre Vilafamés, localidad que además está considerada como uno de los pueblos más bonitos de España. Me refiero al Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés MACVAC, que en estas fechas cumple 50 años, desde que al crítico de  arte valenciano Aguilera Cerni se le ocurriera la feliz idea de montar un museo en un pueblecito rural, que con el tiempo se ha convertido en uno de los centros de arte contemporáneo más importantes de España. Si alguien quiere conocer cómo ha ido evolucionando el arte contemporáneo, principalmente español, desde los años 50, tiene pendiente una obligada visita al MACVAC, y se quedará prendado de su colección, del edificio del siglo XV de gótico valenciano que la alberga: el Palacio Batlle, y la simbiosis mágica que se crea entre la arquitectura antigua con el arte contemporáneo y el entorno de un pueblo con una belleza singular.  

Además, el MACVAC viene planteando desde hace tiempo, la ruptura de la brecha de género que existe en el arte, poniendo en valor la creación artística desde la mirada de las mujeres, como artistas al mismo nivel que los hombres.

Cuidemos nuestros museos, porque ellos contienen una parte de nuestra memoria histórica y, desde el arte, nos plantean reflexiones cargadas de belleza formal me informal, necesarias para que podamos avanzar hacia el futuro.    

jueves, 22 de marzo de 2018

La huella de los sentidos. Exposición de Victoria Cano en el MACVAC


Victoria Cano es una artista nacida en Alcalá la Real (Jaén), pero afincada en Valencia desde hace varias décadas, ciudad en la que ha desarrollado su carrera artística, aunque una buena parte de ella esté ligada a Italia. Sin embargo su obra no está sujeta a las reglas del tiempo y el espacio, transcendiendo todo aquello que la mirada física puede abarcar, hacia un mundo construido de sensaciones y belleza, en donde la naturaleza y el hombre/mujer pueden vivir en armonía.  Porque, como ella dice: «La creación artística es pasión y energía en el laberinto de nuestro recorrido por la vida». Pasión que es el motor de la creación artística y energía que está latente en la naturaleza.

Por eso sumergirse en la obra de Victoria Cano en una inmersión sensorial, en un mundo de color casi táctil. Un viaje que va de la naturaleza a las sensaciones que está provoca en nuestro interior. Una mirada introspectiva, que nos hace reflexionar sobre nuestra relación con la entorno, guiada por la belleza que desprenden sus composiciones.

                Ese viaje hacia la esencia de la belleza, «de transformación infinita que no cesa de crearse y extinguirse, recrearse y volverse a extinguir, necesitando de los sentidos y de las huellas que nos dejan», según ella misma expresa, es para Victoria Cano una necesidad de cerrar los ojos y, por tanto, no ver, sino mirando al interior. Ese viaje se puede hacer, vivir, sentir, en la exposición que Victoria Cano tiene instalada en el MACVAC (Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cernir de Vilafamés), hasta el 16 de mayo de este año. Pura energía de la naturaleza, transmitida mediante el color y la pasión de la artista, que haciendo gala de su título nos dejará huella en los sentidos.




domingo, 3 de diciembre de 2017

EL MAVCAC y Chile

Publicado en Levante de Castellón el 1 de diciembre de 2017 
El arte tiene una singularidad que lo hace eterno y esta es su globalidad, que podemos definir en su atemporalidad y en su capacidad de saltarse fronteras, incluso en momentos difíciles, cuando las naciones se encierran en sí mismas, escondiéndose en un nacionalismo, que siempre acaba siendo perjudicial para sus habitantes. La atemporalidad hace que hoy podamos disfrutar de obras que se realizaron hace dos o tres mil años o mucho más, como es el arte levantino o más lejano el magdaleniense. Con la atemporalidad recibimos un mensaje de otras épocas, por esa capacidad que tiene el arte de hablarnos y trasmitirnos, desde la belleza, conceptos culturales, filosóficos, históricos, etc. de su tiempo.
                Como decía, el arte no conoce fronteras. Podríamos pensar que es apátrida, a pesar de los intentos de las élites gobernantes por sujetarlo a un estado/nación, en sus intentos de construir una identidad. Sólo hay que aplicarle el principio de atemporalidad, para que todos sus esfuerzos se vengan abajo. Por esa obsesión que tiene el poder de controlar todas nuestras acciones, incluso en algunos casos, hasta el pensamiento, el arte puede utilizarse como bandera contra la libertad, lo que conduce a tratar de eliminar aquel que no es de su agrado, porque respira libertad por sus cuatro costados. Hay muchos ejemplos que podríamos ver, pero me gustaría hablar de uno, por la relevancia que va a adquirir a partir del 1 de diciembre, hasta el día 28 de febrero de 2018, y que va a tener como espacio el Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés, en adelante MACVAC.
                En el año 1971 se inaugura en Chile el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (en adelante MSSA). El museo parte de la idea del crítico español José María Moreno Galván, que tiene como objetivo, que artistas del todo el mundo donen obras como muestra de su apoyo al gobierno de Salvador Allende, en aquellos años fuertemente atacado y, cada vez más rodeado, por el conservadurismo nacional e internacional, con EEUU a la cabeza. Fruto de esta presión se produce el golpe de estado de Augusto Pinochet en 1973 y se cierra el MSSA; menos mal que el delirio fascista de los nuevos gobernantes no llegó a destruir las obras albergadas en su seno y fueron dejadas en el cajón del olvido.
                En 1975 se crea los Museos de la Resistencia y Museos Salvador Allende, que vuelven a hacer un llamamiento internacional a los artistas para que donen obras en apoyo al depuesto por las armas gobierno chileno de Allende. Las obras que se donan no tienen una sede única donde albergarse y viajan por el mundo de exposición en exposición. Igual sucede en España, hasta que en 1979 Vicente Aguilera Cerni, crítico literario y fundador de MACVAC, acepta que un buen número de obras queden depositadas en el museo de Vilafames.
                La vuelta de la democracia a Chile hace que en  1990 se reabra el MSSA, iniciándose una recuperación de las obras del Museo de la Resistencia que están repartidas por el mundo. Y llegamos hasta hoy, que el MACVAC hace la última entrega de las obras que ha tenido en depósito durante estos años, inaugurando, para el evento, la exposición “Solidaridades”, comisariada por Xavier Allepuz, que tendrá su alter ego en el museo chileno en cuanto  reciban las obras allí, después de un formidable trabajo de colaboración entre los dos museos, que ha conseguido elaborar un catálogo único para la exposición que se realiza en el MACVA y que se realizará en el MSSA. Las obras han sido sometidas a un minucioso trabajo de limpieza y restauración por Mayte Pascual, restauradora del MACVAC, con la colaboración de Servicio de Restauración de la Diputación de Castellón.
                La exposición cabe calificarla de única, porque tras su llegada a Chile, las obras que muestra ya no se volverán a ver en España, por lo cual, a todo aquel que sea amante del arte le convendría pasarse a verla. También habría que poner en valor la importancia del MACVAC y su capacidad para ser uno de los  mejores museos de arte contemporáneo de España, que es decir mucho. Algo de lo que los castellonenses deberíamos sentirnos orgullosos.  

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