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viernes, 24 de octubre de 2025

La DGS en la memoria de la crueldad del franquismo

 

Dos veces estuve en la puerta de la Dirección General de Seguridad DGS, hoy sede de la Comunidad de Madrid, esperando que soltaran a amigos tras ser detenidos por la policía franquista, sin más motivo que tener pinta de rojos. Dos veces agobiado por la angustia de tener amigos en los calabozos de la Puerta del Sol, y nos saber absolutamente nada de su situación ni de su estado físico; una de las torturas psicológicas a familiares y amigos de los detenidos durante el franquismo era la ausencia deliberada de información de quienes tenían encerrados en el sótano de ese aciago edificio, que producía temor cuando pasabas delante de él. No saber qué les podía estar sucediendo provocaba que el miedo se fuera apoderando de uno. Y cuando el miedo se instala en tus pensamientos y estado de ánimo, te convierte en un ser vulnerable, que es uno de los objetivos de cualquier dictadura. Tener miedo y ser vulnerables, nos hace dóciles y manipulables, y si es en una sociedad en donde la mentira es la seña de identidad del poder, nada les va a impedir campar a sus anchas. 

Miedo era lo que transmitía a los ciudadanos de Madrid el edificio de la Dirección General de Seguridad, convertido en símbolo de la represión franquista, no gratuitamente, sino porque en su interior la violencia contra los detenidos, el despojo de la dignidad, las palizas, la humillación y la tortura, eran lo único que te esperaba si tenías la mala suerte de ser detenido acusado de rojo subversivo. Todo el mundo sabía lo que se cocía en aquel edificio, en donde la peor calaña de la especie humana habitaba sin control de sus actos. Todo el mundo lo sabía, porque incluso la gente bien pensante del régimen, a pesar de mirar para otro lado, no sabemos si por vergüenza o por miedo, tenía conocimiento de alguien que en algún momento había tenido la mala suerte de caer en las garras de aquellos torturadores del régimen de Franco, que anidaban, como alimañas crueles en aquel triste edificio.

Recordar no es sólo un acto de memoria, de mantener viva una de las épocas más aciagas de la historia contemporánea de España. Es también reconocer y homenajear a quienes sufrieron en sus carnes y sus psique las torturas que se les infligieron en la DGS. Por eso es un síntoma de salud democrática que la actual sede del gobierno de la Comunidad de Madrid, sea declarada como edificio de la memoria histórica, y dejarse de embarrar, como la hace la señora Díaz Ayuso, defensora de una libertad de opereta, con una polémica que no debería producirse en un país democrático. Salvo que en su huida hacia adelante, hacia el fascismo con el que parece sentirse cómoda, la señora Díaz Ayuso trate de negar el pasado, lo que le hace cómplice de las torturas que allí se practicaron, o esté tan abducida por su antisanchismo, que no es otra cosa que tratar de ocultar lo que realmente representa ella y su gobierno madrileño, que no le importe hacer el ridículo, esta vez, tristemente, sobre el dolor de las víctimas que fueron torturadas en el edificio que ella preside.      

martes, 21 de octubre de 2025

Muy españoles y mucho españoles


¿Realmente creemos que el camarero que nos sirve todas la mañanas el café, la vecina con la que nos cruzamos en el ascensor, el niño que comporte clase con nuestros hijos, la cuidadora de nuestros padre o abuela, el conductor del autobús, la médico que nos atende en al centro de salud, la limpiadora que nos pule y abrillanta la casa, el mensajero que nos trae un paquete, la compañera de trabajo con la que compartimos espacio a diario…, en definitiva todas aquellas personas con las que convivimos, con más o menos intensidad, que por la única razón de no haber nacido en España, son delincuentes peligrosos, a los que hay que expulsar porque atentan contra la unidad y espíritu nacional católico romano enquistado en la mente de algunos?

¿Realmente creemos eso? Porque si los españoles, con más de nueve millones de migrantes en el suelo patrio, pensamos que los migrantes son un peligro, debemos estar sufriendo un calvario, atenazados en por miedo que nos produce estar rodeados de peligrosos delincuentes. Claro que de esta cifra habría que restar todos los que son blancos, cristianos, millonarios o, simplemente, con un buen sueldo o pensión. Lo que nos conduce a una verdad mucho más humillante que la que nos quieren hacer ver: más que xenófobos somos aporófobos, y lo que no toleramos es la pobreza, incluso aquellos que siendo españoles, son tan desfavorecidos como los migrantes pobres.

Hemos pasado de hacer la ola a los migrantes con dinero, a aquellos a los que se les regalaba la residencia por comprarse un vivienda de lujo, sin necesidad de exámenes de españolismo, a querer echar a los que viene a trabajar, bien sin contemplaciones, al estilo Trump, como defiende la extrema derecha y Díaz Ayuso, o buscando el subterfugio del carnet de españolidad, según defiende el Partido Popular de Núñez Feijoo. Como diría M. Rajoy, los migrantes deben “muy españoles y mucho españoles”.

Produce cierta tristeza ver como la derecha de Feijoo entra en el juego discriminatorio y xenófobo de la extrema derecha de Vox y sus periferias. Como aquel que no es presidente del gobierno porque no quería, por serlo, debe ser que ahora quiere, ha perdido el norte de la decencia política, suscribiendo los postulados fascistas de Abascal y compañía.

Pero lo más triste es que la extrema derecha ha conseguido meter en la agenda política un asunto que nunca ha sido un problema en España, más allá de los microrracismos históricos hacia colectivos diferentes. Que una parte de la población esté tragándose las mentiras y bulos que lanzan a diario Vox, y el Partido Popular, creyendo que perjudican a Sánchez, los amplifique, sin ser conscientes del daño que están haciendo a la España que tanto dicen querer, y a ellos mismos dándose un tiro en el pie, como Froilán.

España es un país de acogida y así debe serlo, por nuestro carácter abierto, por nuestra historia ahíta de inmigraciones y porque nos lo debemos a nosotros mismos, por justicia planetaria y reconocimiento a todos y todas aquellos que tuvieron que abandonar su casa, su familia, su pueblo y su mundo de afectividades, en busca de una oportunidad mejor de vida. Varios millones desde el siglo XIX hasta la actualidad.

Es por ello, sea usted de izquierdas o de derechas, debemos mirar a quienes conviven con nosotros como personas que tiene nuestros mismos problemas, pero lejos de su familia y no como nos quieren hacer ver, delincuentes que han venido a robarnos.    

             

    

martes, 30 de septiembre de 2025

Civilización o barbarie

 


La gran pregunta que deberíamos hacernos en estos tiempos de turbulencias, es si estamos de parte de la civilización o la barbarie. Porque de eso se trata cada vez que nos posicionamos a favor de unos y en contra de otros. La civilización, entendida como el triunfo de la razón, el sentido común y la humanidad; como motor al servicio de la justicia y el bienestar social; como la capacidad de crear cultura impulsora de la creación y la libertad; en definitiva, la civilización al servicio de la paz, la solidaridad y el progreso. En frente, la barbarie, como instrumento de poder de determinada clase dirigente que sólo entiende el mundo cuando está al servicio de sus intereses; como acto de violencia contra quienes no comparten sus propósitos de dominación; como fuerza de sumisión hacia la gran mayoría de la humanidad, que consideran más siervos a su servicio, que ciudadanos y ciudadanas con derechos; como destrucción de la convivencia, si esta es contraria a su estatus de poder económico, político y social; en definitiva, la barbarie como un estigma que la humanidad sufre cíclicamente a lo largo de la historia. Y lo más triste es que no hay término medio; no hay grises. O eres un bárbaro, en el peor sentido de la palabra o estás al lado de quienes se oponen a la barbarie en nombre de la civilización.

Desgraciadamente la barbarie se ha manifestado, siempre, como una enfermedad afín a la humanidad. Mark Twain decía que la historia no se repite, pero rima, y las épocas en que se han producido guerras salvajes, genocidios, soluciones finales, violencia desmedida e injustificable o programas de aniquilación, han estado presente, demasiadas veces, a lo largo de la historia, instaladas en el odio y la destrucción de los valores que en la actualidad calificamos como derechos humanos, y en el pasado, aunque no tenían una definición como tales, sí estaban en las ideas de muchos, que se fueron desarrollando hasta la actualidad del proceso revolucionario que se inició a finales del siglo XVIII con la Revolución Francesa, pero que ya venia apuntándose desde la Ilustración y antes, a saber: Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Locke, Hume, Francisco de Vitoria, Juan Luis Vives, Jovellanos, Feijoo, Erasmo de Rotterdam o Tomás Moro. Cabrían muchos más, pero no es necesario alargar tanto la lista.

Una barbarie que a lo largo de los siglos ha esgrimido la xenofobia, la desigualdad y la aporofobia, es decir, el rechazo visceral a la pobreza y la violencia sobre ella, como argumentos para esconder otros intereses económicos, territoriales y de acumulación de poder, que son los que esgrimen aquellos y aquellas que en defensa de sus intereses de clase, son capaces de hacer o justificar cualquier barbaridad. Incluso, como se puede observar en los últimos tiempos, destruir un territorio y masacrar a su población hasta el exterminio, para seguir manteniéndose en el poder y evitar conflictos judiciales o electorales.

Hace falta tomar conciencia del momento crítico en el que nos encontramos, con las élites que manejan el poder, en muchos casos otorgado estúpidamente por la ciudadanía, con toda su artillería lanzando fuego contra la civilización. Con el resurgir de la extrema derecha, que no es más que el brazo ejecutor de la barbarie, colonizando espacios, territorios y mentes, con el único fin de destruir la convivencia, el progreso y la democracia, para instalar a la humanidad en un tiempo de oscuridad y miedo.     

 

domingo, 14 de septiembre de 2025

LAS ESPÍAS Sinopsis de la novela

 


Sinopsis 

En 1940 España es un hervidero de espías mientras Europa se desangra ante el empuje de la Alemania nazi, que tiene prácticamente ocupado casi todo el continente. Gran Bretaña ha escapado al dominio del ejército hitleriano, sosteniendo una guerra sin cuartel que se dirime tanto en el campo de batalla como en la tupida red de espionaje que se extiende por todas las capitales europeas.

En este contexto, el régimen fascista de Franco entra en juego, debido a su situación estratégica y afinidad con el nazismo, al que debe, en gran parte, su victoria en la Guerra Civil frente a la legalidad republicana.

Los titubeos de Franco en política exterior, queriendo aparentar una neutralidad que ni siente políticamente ni puede permitirse, hacen que tanto Alemania como Gran Bretaña tengan un interés especial por España, desplegando una red de espías que convierte a Madrid en uno de los centros de espionaje más importantes de Europa en ese año de 1940.

Gran Bretaña no quiere que Franco cambie su postura de neutralidad frente al conflicto que incendia Europa; Alemania no se fía de Franco y además quiere asegurarse el abastecimiento de materias primas imprescindibles para que su máquina de guerra pueda funcionar.

Este es el ambiente en el que transcurre la trama de “Las espías”. Tres mujeres y un hombre tendrán un importante papel en los acontecimientos que sucederán cuando Franco determine que España deje de ser un país neutral para convertirse en un país no beligerante; decisión que hace que Winston Churchill ponga en marcha la Operación Soborno.

José Manuel González de la Cuesta publica con Editorial Posidonia, del Grupo Editorial Sargantana, Las espías, una sugerente propuesta en la que nos adentra el autor con las siguientes palabras: «En la España de 1940, tres mujeres luchan por mantener su identidad. Su misión como espías del gobierno británico o del servicio secreto alemán les provoca miedos, dudas e inseguridades. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial en Europa, inician un periplo en París, unos días antes de la ocupación alemana de Francia, que les hace discurrir por Lyon, Castellón, Valencia y Madrid, centro planetario del espionaje en esa época».

Este viaje, tal y como detalla el autor: «las lleva hasta la estación de Hendaya, donde el 23 de octubre de 1940 se produce la entrevista entre Hitler y Franco, para acabar su odisea en Lisboa y Londres. Tres mujeres y un hombre, que se les une en este cometido, vivirán intensamente sus misiones, en donde el amor, la intriga y la pasión conducirán al lector o a la lectora hacia un final inesperado».

Uno de los aspectos más interesantes, y que lo diferencia de otros libros con los que podría compartir universo, es que, tal y como desgrana el autor: «no es una novela de espías al uso, sino de cómo un grupo de mujeres viven y sienten ser espías en España, en pleno conflicto de la II Guerra Mundial.

Se trata, sin duda, de una emocionante novela, situada en un momento histórico en el que el gobierno británico pone en marcha la “Operación Soborno”, para impedir que el gobierno de Franco entre el la guerra, en favor de Alemania.

En este contexto se podría tratar de una novela histórica, pero, como detalla el autor: «atiende, sobre todo, a los personajes, como eje central de toda la trama, situándolos en un nivel alejado del estereotipo del espía, es decir, con una perspectiva más humana. Las esperas, la incertidumbre, el amor, el desengaño, el descubrimiento de una España rota por la Guerra Civil, triste y temerosa por el régimen político implantado por los vencedores y la constatación de que España es uno de los centros mundiales del espionaje, dan a la novela un carácter de excepcional expectación, conforme va transcurriendo la trama».

En definitiva, una recomendable propuesta apta para todos los públicos que deleitará a quienes deseen introducirse en una historia diferente con una adictiva trama, unos personajes bien construidos y un relato repleto de emoción e intriga.


 Personajes 

Bastien Cremon: Militar británico que trabaja para el Servicio Secreto de Inteligencia.

Madeleine Linzmayer: Amiga de Bastien en la sala de baila de París. Trabaja para el Servicio Secreto alemán.

Tatiana Svenova: Joven británica reclutada por el Servicio Secreto de Inteligencia.

Camille Legrand: Capitán del yate que los lleva a España en una travesía por el Mediterráneo.

Lidón Messeguer: contacto de la pareja en España, convertida en espía y acompañante de Tatiana.

Tono Escrig: Carretero que trabaja para los ingleses en diferentes misiones, amigo de Lidón.

Germán Ariza: Agente británico infiltrado en la Falange de Valencia.

Arcadio Messeguer: Tío de Lidón.

Margot: Compañera de habitación de Tatiana en la residencia de estudiantes de Nueva York.

Fabián Alonso de León: Amigo español de Madelaine en París. De buena familia.

Bethany: Amiga de Tatiana en la adolescencia.

Matías: Camarero de Casa Balanzá, enlace con la embajada británica.

Marion: Amiga de Tatiana en la universidad neoyorkina.

Adelina: Tabernera de un local próximo al domicilio de Madeleine en Madrid.

Serafín Pomares: Amigo de Lidón en Madrid, que la introduce en círculos de gente importante.

Carmelo Castellano: Anticuario y amigo de Serafín.

Madame Friné: Regenta un prostíbulo en la calle Postas de Madrid.

Marquitos Campoamor: Miembro del comando de operaciones al que pertenece Bastien en Madrid.

Harold Jones: Agente británico en Madrid, al servicio de Alan Hillgarth y miembro del comando de operaciones al que pertenece Bastien.

Carol Brown: Agente inglesa, que es el contacto de Lidón en España.

Mariola: Nombre en clave de Lidón.

Chloe: Nombre en clave de Tatiana.

Julián Carrizo: Consejero de un importante banquero del franquismo.

Ángel Lascoiti: General cercano a Franco, que utiliza Madeleine para obtener información.

Se menciona también a:

Ernest Hemingway: Que se hospedó en el Hotel Inglés de Valencia en dos ocasiones.

Hans Dietrich: Director del Deutsche Bank en Madrid

Walter Mosig: Jefe de la Gestapo en España.

Samuel Hoare: Embajador británico en España.

Alan Hillgarth: Agregado naval del Reino Unido de 1939 a 1943. Jefe de la inteligencia británica en España.

Francisco Franco: Dictador en España de 1939 a 1975.

Lorca, Ortega y Gasset, Dalí, Gómez de la Serna, María Zambrano, Maruja Mallo, Hermanos Machado, Giménez Caballero, José Antonio Primo de Rivera, Azorín , Pío Baroja, Vicente Aleixandre, Josefina de la Torre, Luis Cernuda: Amigos de Sebastián Pomares.

Chicote: Famoso barman madrileño, dueño de la coctelería que lleva su nombre.

Juan Luis Beigbeder: Ministro de Asuntos Exteriores de Franco entre 1939 y 1940.

Heinrich Himmler: Reichfürer de las SS. Visitó España entre el 20 y el 24 de octubre de 1940.

Dylan Thomas: Poeta, cuentista y dramaturgo británico de la primera mitad del siglo XX.

Hitler: Führer del III Reich

Von Ribbentrop: Ministro de Asunto Exteriores de Hitler participante en el encuentro de Hendaya.

Serrano Suñer: Ministro de Asuntos Exteriores de Franco y cuñado de este, participante en el encuentro de Hendaya.

jueves, 29 de mayo de 2025

Núñez Feijoo complice de Carlos Mazón

 


Hace unas semanas planteaba una pregunta que no ha obtenido respuesta todavía: ¿Cuál fue el papel de Alberto Núñez Feijoo la tarde del 29 de noviembre, cuando la provincia de Valencia, literalmente, se ahogaba? Que Carlos Mazón, estuvo ausente vaya usted a saber dónde, con quién y en qué estado, ya lo sabemos y la falta de una explicación honesta, nos hace pensar en las teorías más peregrinas. Pero es que el personaje es tan grotesco, que cualquier cosa es posible que estuviera haciendo.

                En este revoltijo que el Partido Popular está tratando de montar, enredando por donde sea necesario para que no parezca lo que todo el mundo tenemos claro que es: que Carlos Mazón y su gobierno cometieron uno de los despropósitos más grandes que puede hacer un político, dejando morir a decenas de personas por su inacción, saltan muchas dudas, acerca de la actitud del PP nacional , con referencia al papel de Carlos Mazón y de Núñez Feijoo. Porque nadie se puede creer, que ante tamaña catástrofe, cuando se estaba produciendo, el líder del Partido Popular Núñez Feijoo, no estuviera informado; él mismo lo ha reconocido en alguna ocasión, aunque después se ha tratado de echar una densa capa de humo sobre este asunto, no vaya a ser que…

                Más allá de que Carlos Mazón deba dimitir por su negligencia y su incapacidad para gestionar nada, tan grande, que casi nadie confía en él como persona capaz de hacer nada por los valencianos, mientras rema a contracorriente para salvarse asimismo, Alberto Núñez Feijoo todavía no aclarado su papel en este desastre. Porque no podemos creer, que en un partido tan jerarquizado como es el PP, en la tarde más aciaga de los valencianos en muchas décadas, Feijoo y Mazón no estuvieran en contacto, si es que el estado del president lo permitía. Y si no fuese así, por qué no tomaron el mando desde Génova para limitar, lo más posible, los daños humanos.

                En una situación, que además está suponiendo un problema para el PP valenciano y, posiblemente, para el PP nacional y su desmedida ansia por gobernar, cabe preguntarse por qué Núñez Feijoo se ha puesto de perfil y no ha tratado de poner orden, buscando una solución para su Partido, que a todas luces, está sufriendo un importante desprestigio entre la ciudadanía valenciana. O es que la soberbia imbécil y dañina para el país, de la que hace gala desde que llegó a Madrid, está tan inflada que no le deja abrir los ojos, o es que tiene algo que ocultar, que no quiere que se sepa, y quizá el único que puede revelarla sea Carlos Mazón, por lo que tiene un pacto de silencio a cambio de mantener el cargo al president, mientras se pueda.

                Es difícil conjeturar sin caer en la paranoia conspiranoica, que nubla las entendederas. Pero en este caso, si Núñez Feijoo no provoca que Carlos Mazón salga inmediatamente de la presidencia del Consell valenciano, y da argumentos sólidos de por qué lo hace y su papel el 29 de noviembre, no dejará de ser cómplice de lo sucedido, aunque se aferre a echar las culpas a quien a él más le conviene electoralmente. Porque, incluso, hasta su rápida gira por Albacete y Valencia, culpando, con los datos habituales que él lo hace, es decir, ninguno veraz, al gobierno central y su presidente, dan para sospechar que no pudiera haber pensado que la DANA era un buen motivo para avanzar en su carrera hacia la Moncloa.   

 

viernes, 23 de mayo de 2025

Están los jueces enfadados

     Están los jueces enfadados por la reforma que pretende hacer el gobierno, para regular el acceso a la carrera judicial. No pueden soportar que los privilegios que les han permitido perpetuar y defender los intereses de clase en la judicatura, se tambaleen por un gobierno que no les representa. Es hasta ahí donde llega la reiterada independencia judicial, que sólo tiene valor, como están demostrando últimamente, cuando las infracciones de la Ley no ponen en peligro su estatus social y político, o cuando se trata de exonerar delitos cometidos por afines ideológicos o políticos, cargando la mano, sin contemplaciones, contra sus enemigos de clase, englobando aquí todo tipo de enemigos, que no están en su manera de entender el mundo o en su orbe ideológico.  

    Los jueces están enfadados, no todos afortunadamente, y la derecha de toda la vida también. La que se apoya en una judicatura afín a sus intereses de clase. No es nuevo esto. Viene siendo así desde tiempos inmemoriales, porque a lo largo de la historia, las leyes han estado al servicio de los que sienten que el poder es un don divino, otorgado sólo a ellos y cuando las leyes no les gustan, para eso están los jueces, para que acogiéndose a su privilegio de interpretación, ajustarlas a sus intereses, cuando no a saltárselas, directamente, como viene siendo habitual en demasiados casos, en los últimos años.

    Por eso están tan enfadados, unos y otros, y dispuestos a poner al país a los pies de los caballos, si con esto acaban enderezando la anomalía librepensadora que les impide ser los amos y señores del país y sus habitantes. Algo que se les complicaría, si la reforma propuesta por el gobierno abre la puerta a jueces y juezas con una visión del mundo y la justicia diferente a la suya.        

miércoles, 21 de mayo de 2025

Normas de urbanidad atemporales

 


«Cuando te hayas lavado las manos, nada toques sino la comida (…); y no pongas en tu boca un trozo tan grande que se salgan las migas por un lado y por otro, para no parecer glotón (…) ni tomes la copa antes de tener la boca vacía, no cobres fama de vividor; y no hables con la boca llena para que no se vaya algo de la garganta a la tráquea, y puedas morir por ello (…). Lávate las manos después de comer , porque es cortés y saludable; pues eso enferman los ojos de muchos, porque se los frotan después de comer con las manos no lavadas».

    Los humanos somos tan fatuos que nos pensamos que el mundo lo hemos inventado ayer. Este texto, que podría valer hoy como norma de urbanidad, corresponded al libro Disciplina clericalis, publicado en el siglo XII, por Pedro Alfonso, nombre cristiano del nacido judío y convertido al cristianismo, Moshé Sefardí, que fue médico personal del rey Alfonso I de Aragón.

    Y para la mala educación cívica que en la actualidad corroe nuestra sociedad, ahíta de individualismo egoísta, dejo otro texto, este anónimo, que circulaba, uno de tantos, en el siglo XII, en forma de manual de comportamiento:

«Mientras re estén sirviendo, evita masticar,
y tus dedos deben estar limpios y las uñas arregladas.
En el plato no se deja en trozo tocado.
No te toques las orejas, ni las narices con los dedos desnudos.
No te limpies los dientes con un hierro agudo ante los comensales.
La sal n o toque la comida, si va a volver a su recipiente.
La norma manda que el cuenco no se lleve a la boca.
Quien desee beber, antes deba vaciar la boca
y tener los labios bien limpios;
y no me atrevo a omitir que no se roa el hueso con los dientes
(…)
Levántate de la mesa, lávate las manos y luego bebe». 

    Parece mentira que unas normas del Siglo XII, puedan ser hoy tan útiles. Lo que nos lleva a la conclusión de que los humanos, o por lo menos algunos, no hemos aprendido nada en ochocientos años. 


jueves, 8 de mayo de 2025

Un aniversario para no olvidar el pasado

             Hace 80 años se produjo la victoria de la democracia, por lo menos en una parte de Europa, frente al fascismo. En el caso de España y Portugal, tuvimos que esperar treinta años para que esa victoria también llegara a la península Ibérica, tras la Revolución de los Claveles de 1974 en Portugal y la muerte del dictador Franco en 1975 en España. Desgraciadamente en la Europa del Este tuvieron que esperar un poco más, porque un régimen totalitario, que si no era fascismo, se le parecía mucho, encarnado por el comunismo soviético, retrasó la normalización democrática hasta finales de los años ochenta del siglo pasado.

Hago referencia a este aniversario, cuando en mayo de 1945 las tropas aliadas derrocaron al régimen nazi encarnado por Adolf Hitler, y anteriormente, en 1943, con la caída y muerte de Mussolini en Italia, porque la extensión de la democracia por el continente europeo no ha sido un camino fácil, a pesar de haber construido la entidad política más fascinante del siglo, como es la Unión Europea UE. No ha sido y no es, desde que un nuevo fascismo, de corte más moderno, pero igual de letal para las libertades y el bienestar ciudadano, ha surgido, justo en aquellos países que más lucharon, a sangre y fuego, por la democracia, enseñándonos que en el olvido de nuestro pasado, en la desmemoria histórica, está el germen de nuestra destrucción como sociedad.

La democracia liberal, con todos sus fallos, es, con diferencia, el mejor régimen político en el que los ciudadanos y ciudadanas podemos convivir en paz, con tolerancia, respeto, igualdad, desarrollo económico y bienestar. No hay otro, por muchos cantos de sirena, con que los nuevos populismos nos quieren endulzar los oídos. Ya Ulises, en su retorno a Ítaca, tras la guerra de Troya, supo que los cantos de las sirenas sólo conducían a la muerte y resistió la tentación atándose al mástil de su barco. Quizá deberíamos volver a las enseñanzas de los más antiguos, para darnos cuenta de que la historia es una sabiduría que nos puede servir para no sucumbir a las tentaciones fáciles del presente.

       

sábado, 3 de mayo de 2025

Comentario anónimo sobre El dilema de Sofía


El Dilema de Sofía, escrita por José Manuel González de la Cuesta, es una obra que combina con maestría elementos de intriga, amor y reflexión social, ambientada en un marco literario y cultural rico en detalles. La novela, publicada en 2022 por la editorial Sargantana, ha sido destacada por su profundidad psicológica y su capacidad para entrelazar múltiples tramas de manera fluida y atractiva .  

Trama y personajes  

La protagonista, Sofía de Valdivielso, es una mujer madura, empoderada y de gran prestigio profesional, que hereda de su padre un manuscrito único de la segunda parte de *El Quijote*, supuestamente escrito por Cervantes. Este manuscrito la lleva a conocer a Matías Alonso, un joven librero de libros antiguos, con quien inicia una relación amorosa que desafía los convencionalismos sociales debido a la diferencia de edad entre ambos .  

La novela explora no solo el romance entre Sofía y Matías, sino también la intriga generada por el manuscrito, que despierta la codicia de varios personajes. Esta trama paralela añade un elemento de suspense que mantiene al lector en vilo .  

Temas principales 

1. Amor y prejuicios sociales: La relación entre Sofía y Matías cuestiona los estereotipos y prejuicios asociados a las relaciones con diferencias de edad, especialmente cuando la mujer es mayor. Sofía, a pesar de ser una mujer moderna y liberada, lucha con sus inseguridades y la presión social, lo que refleja los "micromachismos" aún presentes en la sociedad .  

2. Herencia y legado familiar: La figura del padre de Sofía, cuya influencia persiste incluso después de su muerte, es central en la trama. A través de la herencia del manuscrito, Sofía descubre aspectos desconocidos de su padre, lo que añade una capa de profundidad emocional a la historia .  

3. Intriga y literatura: El manuscrito de Cervantes no solo es un elemento narrativo clave, sino también un homenaje a la literatura y su valor cultural y económico. La novela explora cómo los libros pueden ser tanto un tesoro como una fuente de conflicto .  

Estilo y estructura  

González de la Cuesta demuestra una gran habilidad para ahondar en la psicología de sus personajes, especialmente en la mente femenina. La descripción de las emociones y conflictos internos de Sofía es detallada y realista, lo que permite al lector identificarse con ella .  

La novela está bien estructurada, con una trama ágil que alterna entre el romance, la intriga y las reflexiones sociales. Además, el autor incluye referencias a ciudades como Madrid, Cuernavaca, Monterrey Castellón, Roma y Marrakech, lo que enriquece el escenario y aporta un toque de universalidad a la historia .  

Conclusión  

El dilema de Sofía es una novela que combina con éxito una trama emocionante con una profunda reflexión sobre temas sociales y emocionales. Su enfoque en la perspectiva femenina y su crítica a los prejuicios de género la convierten en una obra relevante y conmovedora. González de la Cuesta logra crear una historia que no solo entretiene, sino que también invita a la reflexión sobre las convenciones sociales y el poder transformador del amor y la literatura .  

En resumen, esta novela es una lectura recomendada para quienes disfrutan de historias con personajes complejos, intriga literaria y una narrativa que desafía las normas establecidas.

 

 

 

domingo, 13 de abril de 2025

El poder de los bulos en la historia

         

    Las fake news, los bulos, las noticias falsas, no son un fenómeno actual orquestado para desestabilizar gobiernos, desprestigiar ideologías, destruir personas o aupar autócratas, reyes o gobernantes al poder. Siempre han existido y se han utilizado profusamente a lo largo de la historia. El problema al que nos enfrentamos actualmente es que la redes sociales difunden a la velocidad de la luz esos bulos y encuentran un altavoz que se puede escuchar en el mundo entero, para solaz de descreídos, fanáticos, ignorantes y negacionistas de todo pelo, que haberlos los ha habido siempre. 

                Cuando hablo de bulos en la historia no me estoy refiriendo, solamente, a la falsificación de los acontecimientos que desde diferentes ámbitos del poder, ya se económico, político, social o cultural se han hecho para ofrecernos una visión del pasado que encajara con los intereses de esos grupos de poder. Por ejemplo, uno de los bulos más extendidos por el nacionalismo español y a la sazón por todos aquellos que se benefician de él, es el de que los Reyes Católicos fueron los que unificaron España como una nación. Nada más falso, pero este es un asunto que trataremos otro día. Aunque como anticipo hay que decir que ningún rey en la península Ibérica, desde la Edad Media hasta que llegaron los borbones, tuvo como título ser rey de España. El propio Felipe II era, entre otros títulos, rey de Castilla (con todos sus territorios, incluidas las Indias), Aragón, Flandes, Franco-Condado, Nápoles, Sicilia, Milanesado, Portugal, etc., etc., etc. Como bien escribe Manuel Tuñón de Lara en su Historia de España, en el volumen V: «La España de los Austrias, lo mismo que la de los Reyes Católicos, no tiene unidad política. Es un conjunto de territorios (reinos, condados, principados señoríos…), que conservan su fisonomía propia (sus instituciones, leyes, régimen fiscal, moneda, aduanas, lengua…) y sólo tienen una característica común: la de ser gobernados por el mismo soberano». Sin embargo si usted entra en internet o lee libros poco rigurosos en este aspecto, aparecerá como Rey de España. Este es un ejemplo de cómo la historiografía ha ido amoldando la historia para justificar o ensalzar, falsamente, la grandeza nacionalista o la de las élites que la sustentan.

                Sin embargo, los bulos también existieron en la época, para conseguir fines no siempre honestos, pero que tuvieron un impacto relevante en la historia. Hablemos de cómo se hizo con la corona Isabel I, hija de Juan II y hermana de Felipe IV, todos ellos de Castilla. No me voy a referir a las turbulencias palaciegas y las guerras civiles en las que estuvo sumida Castilla hasta que Isabel alcanzó el trono. Ni me referiré a los derechos dinásticos, que según algunos historiadores, pertenecían a Juana, hija de Enrique IV, denominada “La Beltraneja”. El gran bulo se armó en el origen de todo este conflicto, cuando una parte de la nobleza se posicionó en contra del rey, Enrique IV, y en favor, porque así convenía a sus intereses, de los hermanos de padre: Alfonso, primero y, muerto este, Isabel.

                Una parte importante de la nobleza castellana nunca aceptó su pérdida de influencia ante Enrique IV, que lo consideraban un rey pusilánime, incapaz de defender sus intereses y privilegios, sobre todo, después de que éste hubiera nombrado como valido a Beltrán de la Cueva, un hombre de baja nobleza, que entró de paje en la corte y alcanzó las más altas cotas de poder en el reinado. Además, Enrique IV fue un rey tranquilo, poco dado a las hazañas bélicas que tanto gustaban a la nobleza, culto, sensible y más aficionado a las artes que a la espada. Con estas mimbres, sus enemigos optaron por la vía del descrédito, para quitarse de en medio, por una lado a Beltrán de la Cueva y por otro, obligar al rey a tener que pactar con ellos el gobierno de Castilla, recuperando su posición en la Corte.

                Cómo en aquella época, hablamos de mediados del siglo XV, el rey era un ser intocable y hacía impensable un ataque directo contra su persona, se inventaron el bulo que tuvo como resultado el ascenso al trono de Isabel I. Y atacaron por donde más daño podían hacer y más se extendería el chisme entre la población, tan dada, en todos los tiempos, a creerse lo que les resulta más fácil de entender. Enrique IV no tuvo descendencia con su primera esposa Blanca de Navarra; se le acusó de ser impotente, presa de un maleficio. En 1451 el obispo de Segovia, Luis Vázquez de Acuña, decretó nulo el matrimonio al no haber tenido descendencia. Sobre el asunto de la impotencia del rey, hubo prostitutas que declararon que de impotente nada, aunque eso nunca sabremos si es verdad. Pero la semilla del mal ya estaba sembrada y la supuesta impotencia del rey, por maleficio o no, fue el detonante del gran bulo posterior.

                Enrique IV se casó en segundas nupcias con Juana de Portugal, en mayo de 1455, mujer con la que siempre había deseado casarse y no con Blanca de Navarra, a la que nunca quiso y detestaba, según algunos cronistas. Unos años después, en 1462, nació su hija Juana, lo que vino muy bien a la nobleza contraria al rey, para difundir el bulo a cerca de que si Enrique IV era impotente, no podía tener descendencia, por lo que Juana no era su hija, sino de Beltrán de la Cueva y Juana de Portugal. El bulo de la impotencia del rey y la bastardía de su hija Juana, se propagó en favor de los intereses de la nobleza que era partidaria de traspasar los derechos de la corona a Alfonso, un adolescente maleable y asustadizo, hermano paterno de Enrique y materno de Isabel.

                Aunque Juana fue nombrada Princesa de Asturias, la nobleza enemiga de su padre no aceptó sus derechos y en claro golpe contra la monarquía montó la farsa de Ávila, donde se nombró rey de Castilla a Alfonso en 1465, provocando un conflicto sucesorio de gran magnitud, que derivó en un enfrentamiento a campo abierto entre la corona y la nobleza, teniendo como máximo exponente la batalla de Olmedo en 1467, que más allá de las discrepancias sobre quien la ganó, eso va según los bandos, lo que nos hace sospechar que no la ganó nadie, dejó las espadas en alto. Pero en 1468 muere Alfonso y Enrique consigue recuperar el trono, dando paso a una guerra civil que enfrentó a los partidarios de Juana, ya llamada “La Beltraneja” e Isabel, hermana de Alfonso, que reclamó los derechos dinásticos tras morir su hermano.

                Está claro que esa guerra civil entre la nobleza castellana la ganó Isabel I, pero eso es otro asunto. Lo que nos interesa aquí es que la urdimbre de un bulo orquestado y propagado por la nobleza, contra los derechos sucesorios del rey legítimo, para recuperar un poder en la Corte que había perdido, tuvo como consecuencia el ascenso al trono de una reina, que si no hubiera sido beneficiada por el bulo y quienes lo difundieron, es posible, que jamás hubiera llegado al trono, cambiando, ¿quién sabe cómo?, la historia de España.

                Y de bulo en bulo, tiro porque me toca y la extrema derecha vuelve a estar en el poder en algunas de las naciones más poderosas del mundo. Razón tenía Mark Twain cuando dijo que la historia no se repite, pero rima.     

 

 

 

miércoles, 9 de abril de 2025

Gracias Irene, por enseñarnos el camino


     ¡Uf! Me he quitado un peso de encima. Mejor. Me lo ha quitado Irene Montero, desde la placidez de su chalet, posiblemente mirando a un jardín que empieza a brotar, con los primeros albores de la primavera, hermosa flores que se transfigurarán en carnets de izquierda. Es consolador saber que existe una virgen inmaculada de la izquierda, que se encarga de velar por la pureza de las ideas, que por supuesto emergen desde ese jardín florido cercano a la sierra madrileña, para la salvación del mundo. Porque no hay nada más reconfortante que saberse protegido por quien ha sido ungida como una nueva Dionisia liberadora; como la nueva mesías tan esperada y deseada.

    Me he quitado un peso de encima, porque ya no tengo espacio para la duda que corroe a un ser que se debate entre la izquierda y el progresismo. Ahora está todo claro, gracias, Irene, y sé que tengo que olvidarme de mis ideas contaminadas por la derecha más rancia, perdón, se me olvidaba que para ti toda la derecha es rancia, que habían convertido mi creencia de ser de izquierdas en un progresista, traidor a la causa que tú defiendes, salvadora del mundo. Gracias, porque la luz morada de la formación que te ha erigido a ti como la única redentora de nuestros pecados y nuestras miserias, me ha iluminado y sé, que si quiero seguir fardando de izquierda entre mis amistades, hay sólo un camino, que afortunadamente tú me has revelado: postrarme ante tu Partido y aclamarte como Libertadora.


domingo, 30 de marzo de 2025

Villa Amparo, víctima de la miseria intelectual del gobierno valenciano

 


                La miseria intelectual del gobierno de la Generalitat Valenciana, presidido por el ausente y escondido Carlos Mazón, no sólo se circunscribe a los perversos efectos de la DANA, sobre todo en víctimas y comportamiento posterior. También tiene que ver con otros aspectos de la gobernanza valenciana, que definen muy bien cuáles son las prioridades del presidente Mazón y su gobierno.

                No voy a hacer un listado de todo lo que se está retrocediendo en esta tierra valenciana, desde que el Partido Popular y Vox han recuperado el palacio de la Generalitat, por unos pactos que están poniendo a la democracia a los pies de los caballos. Sería largo y no es el objeto de este escrito. Pero sí me gustaría detenerme en un hecho que tiene que ver con el interés por liquidar la memoria histórica, por lo menos, en los aspectos que a ellos no les gusta. Algo que no es baladí, porque si nos olvidamos del pasado, lo transfiguramos y ninguneamos, queda una página en blanco para que la derecha escriba el relato de la historia que quiere.

                Publican los medios de estos días, que la situación de abandono que sufre la casa donde vivió durante dos años, de 1936 a 1938, Antonio Machado: Villa Amparo en Rocafort, ha sido objeto de una ocupación ilegal, que, según parece no es la primera. Lo que debería llevarnos a preguntar, cómo es posible que la casa donde vivió uno de los más grandes poetas del siglo XX, esté abandonada por la dejadez de la administración valenciana. Aunque más que desidia, parece dejadez política, por el negacionismo de la memoria histórica del que hace gala Carlos Mazón, su gobierno y los partidos que lo apoyan. Aunque se trata de un negacionismo selectivo, porque cuando han de defender símbolos de la dictadura franquista o cruces que se levantaron para mayor gloria del bando vencedor de la Guerra Civil y humillación de los perdedores o borrar del sistema educativo el conocimiento histórico  nuestro pasado, no les duelen prendas.   

                En 2018 Villa Amparo fue comprada por la Generalitat Valenciana con la intención de rehabilitarla, para convertirla en la Casa de los Poetas, como espacio cultural y museístico, dedicado a la poesía. Un proyecto que reivindicaba el paso de Antonio Machado por Valencia y el hecho de que Villa Amparo convirtiera Rocafort, en esos años, en un centro de peregrinaje de poetas e intelectuales: Neruda, Alberti, Max Aub, Zambrano, entre otros. Tras un periodo de acondicionamiento, la casa se abrió al público en 2022, con visitas guiadas los fines de semana y la realización de eventos culturales. Estuvo en funcionamiento hasta el año 2023, cuando el Partido Popular de Carlos Mazón ganó las elecciones y pactó con Vox todas las regresiones sociales y culturales que le pidieron, para poder alzarse con la presidencia de la Generalitat.

                El abandono por parte del gobierno valenciano ha provocado un deterioro físico de la casa, que se ha acabado convirtiendo en un lugar perfecto para las ocupaciones ilegales. Pero no sólo se ha producido un daño material, el dolo es mucho más profundo, al vaciar de contenido la potencia cultural e histórica que Villa Amparo tiene; al marginarla de la Red de Ciudades Machadianas, que homenajean a Antonio Machado, reivindicando los espacios urbanos donde el poeta residió: Sevilla, Madrid, Soria, Baeza, Segovia, Rocafort, Barcelona y Colliure.

                Antonio Machado es más que un poeta. Durante décadas ha sido y es un referente poético y ético para varias generaciones de españoles, franceses de Colliure y localidades del sur de Francia, y debería ser tratado con el respeto que las grandes celebridades se merecen de un país y sus instituciones. Pero, según parece, para la derecha política valenciana, es mejor condenar al olvido su relación con esta tierra, no ya porque fuera un poeta de vocación y reconocimiento republicano, que también, visto las intenciones de dilapidar la memoria histórica, sino, por su cruzada contra todo lo que no sean tradiciones culturales obsoletas, crueles, castizas o bendecidas por la Santa Madre Iglesia. Aunque es decir mucho para un personaje como Carlos Mazón, que si tuviera que renegar de las tradiciones, tan del gusto del conservadurismo español y valenciano, no tendría ningún reparo en hacerlo, si con ello sus posaderas siguieran asentadas en el Palau de la Generalitat.   

                     

Casi todos contentos en Castilla León

                  Que en unas elecciones los tres partidos más relevantes del panorama político español ganen realmente, es algo que no se s...