jueves, 7 de mayo de 2020

6º día de desconfinamiento. Desescalada


6º día de desconfinamiento. Desescalada. Extraña palabra la de desescalada, que no existe en el diccionario de la RAE, y hablo por mí, no había oído en mi vida, hasta que el coronavirus llegó y trastrocó todo, hasta el lenguaje. Como es muy habitual en castellano, cuando no tenemos una palabra para definir algo, en vez de inventárnosla, le añadimos un prefijo a la palabra que queremos revertir y nos quedamos tan oreados. Existe un antónimo de -escalada-, pero para el caso que nos ocupa de graves intensidades para todo, descenso parece un poco suave, como si  nos dejáramos caer y ya se acabó el coronavirus, el confinamiento y las puñeteras mascarillas, que nos van a asfixiar este verano.
El prefijo -des- no es una degradación del lenguaje, sino un uso más preciso, cuando una palabra no tiene un antónimo que se ajuste a lo que queremos decir. Además ha dado lugar a palabras muy bonitas, como desatino, deslenguado, deslucir… todas ellas ya con reválida suficiente como para tener presencia en la RAE. Pero -desescalar-, todavía no ha llegado a esa categoría. Aunque creo que no tardará en hacerlo por la puerta grande.
Hay que felicitar al lumbreras que se le ha ocurrido la palabra, probablemente experto en equipos de expertos, ahora tan de moda. Realmente, ha cuadrado el significado con lo que se quiere expresar. La palabra -escalar-, lleva implícita en su ADN morfológico el esfuerzo, la capacidad de superación, el control y el sentido común, porque un fallo de cualquiera de sus atributos puede ser fatal. Pero -descender- no es para tanto. No refleja la intensidad de la nueva situación que supone tener que bajar desde la cima de la curva del coronavirus. Sin embargo, -desescalar- sí lo hace con holgura.
No sé si somos conscientes de que estamos bajando de una montaña de paredes verticales, que nunca pensamos subir. Por eso hay que desescalar, hacerlo con prudencia, sin echarnos a correr pendiente abajo, que cuando se desciende por una ladera llena de obstáculos, no llega antes el que más corre, sino el que más control y adaptación al terreno ha tenido. Es decir, el que ha tenido sentido común.
Esta es nuestra situación actual: estamos desescalando por un terreno incierto, desconocido y sin red que frene nuestra caída. No ha lugar para las prisas,  a pesar de que a todos nos urge salir a la calle sin tanta prohibición, abrir nuestros negocios y tomarnos una cerveza con los amigos.  Un paso en falso en la desescalada puede ser fatal, porque aquí no caemos, a ver si hay suerte y no nos pasa nada. Nos condenamos, al contrario que Zeus condenó a Sísifo, a tener que empezar la desescalada otra vez.
Seamos prudentes. Entendamos el concepto de la palabra -desescalada-, y no hagamos gala de una rebeldía inútil que solo conduce a prolongar el sufrimiento de muchos, incluido el nuestro. No hagamos a Sísifo  nuestro compañero de viaje.
Hoy creo que se ha revelado otra palabra nueva: “Destorturado”. Destorturar: “Descansar la mente cuando tu torturador desaparece de la faz de la tierra”.  Quizá así es como se sienten todos aquellos y aquellas que fueron torturados por un personaje tan abyecto como Billy El Niño. Lo que no quiso hacer la justicia española, lo ha hecho el coronavirus. Descanso para todos los destorturados, vivos o muertos.
Nos vemos a las ocho.

miércoles, 6 de mayo de 2020

5º día de desconfinamiento. Augures


5º día de desconfinamiento. Augures. Todos queremos volver a la normalidad, o a algo que se le parezca, dados los augurios de que ya nada va a ser igual. Es curioso el papel que han tenido los augures a lo largo de la historia, para decirnos lo que va a pasar en el futuro y lo que no. Si en Roma se les llamaba Augures a quienes pronosticaban lo que estaba por suceder, en la antigua Grecia se las llamaba Sibilas. Pero con los siglos el oficio de la adivinación del futuro se fue degradando a brujas, nigromantes, echadoras de cartas, adivinas y todo tipo de mujeres poco fiables, para la mentalidad machista de la historia, que dejaba a los hombres que se dedicaban a la adivinación el misterio de la astrología, con mucho más empaque que el resto de adivinos, y entrada en los palacios de príncipes y nobles. Qué hombre o mujer de alta alcurnia no tenía su carta astral, que le señalara el camino por donde debía transitar en el futuro. El más famoso de todos ellos fue, sin lugar a dudas, Nostradamus, reclamado hasta por Catalina de Medici, esposa del rey francés Enrique II, que lanzó profecías que abarcaban los siglos venideros. Hoy, todavía, tiene muchos seguidores.
En la actualidad, los augures no han mejorado su condición. Vemos tarotistas en ferias y en programas de televisión de madrugada; adivinos entre la jet-set, que nunca fallan, porque siempre dicen lo que desea oír el cliente, adornado de un halo de arcano oculto; y mucho vendemantas conocedor del futuro solo con mirarte a la cara.
Luego están los nuevos augures, que tienen como oficio pasearse por diferentes medios de comunicación, lanzando opiniones a diestro y siniestro. Incluso, hay algunos que dependiendo del medio dicen una cosa o la contraria. El que paga manda, debe ser.
Estos, que fueron incapaces de augurar la que se avecinaba, probablemente porque estaban ocupados profetizando sobre cuánto tiempo iba a durar el gobierno actual, o por qué no se hizo todo lo posible para que el MOBILE  de Barcelona no se suspendiera, ahora, con los mismos datos que tenían para no darse cuenta de lo que se estaba cociendo en el mundo por culpa de un virus, nos profetizan un futuro de cambios, sin que ninguno sea capaz de aventurar qué cambios.
Ahora todos, como buenos aprendices de brujo, nos dan lecciones sobre cómo se tenían que haber hecho las cosas, y no dejo de percibir un tufo casposo y grasiento en sus análisis, que proyectan al futuro para anunciarnos un tiempo de padecimientos y penalidades. Algunos, incluso, se atreven a amenazarnos con el desastre total. Quizá, porque al igual que las Sibilas entran en trance, o miran en los posos del la taza de café, o practican la nigromancia buscando augurios en las vísceras de cualquier animal muerto.  
Augures modernos que para adivinar el futuro, nunca dicen que los ricos paguen más impuestos o que la riqueza se reparta de una manera más justa y equitativa. Jamás presagian que la manera de salir de esta es que se acabe con el mundo neoliberal que nos ha conducido a esta situación, al estar más preocupado por el beneficio y la rentabilidad del dinero y los negocios, que en la salud y el bienestar de la población. Solo nos anuncian que vienen tiempos duros y hemos de apretarnos el cinturón. Vamos, como siempre. ¿O conocen ustedes alguna crisis en la  que hayan pagado la factura los ricos? Como pitonisas del Oráculo de Delfos, en el Templo de Apolo, no duraban ni un día.
Nos vemos a las ocho, para que si van a cambiar las cosas, por una vez, no sea a nuestra costa.

martes, 5 de mayo de 2020

4º día de desconfinamiento. Estado de Alarma


4º día de desconfinamiento. Estado de Alarma. Tenía que llegar en algún momento que el estado de alarma se convirtiera en un motivo de rifirrafe político. Es lo que tiene la política cuando a ella se dedican personas incapaces de ver más allá de su mundo, construido por grandes muros de incompetencia, parabienes, intereses personales y bajeza de miras. Mientras los ciudadanos estamos siendo escrupulosos, de forma generalizada, con la cuarentena, los dirigentes de este país se dedican a perder tiempo y energía una vez más, en descalificarse y anunciarnos el caos. Es el “yo o la nada”, tan del uso de quienes son incapaces de escuchar y darle al otro un margen de acierto y de error.  
Nos encontramos en una situación a la que nunca deberíamos haber llegado. Ya sabíamos que a la derecha patriótica el coronavirus le importaba lo justo para iniciar una campaña de acoso y derribo del gobierno. Que el nacionalismo periférico, hermano gemelo del central, llegado el momento, estaría más pendiente de sus delirios nacionales, que del bien común general. Esto no nos sorprende. Pero lo que si me llama la atención es la cerrazón del gobierno en convertirse en San Jorge solo frente al dragón, llueve o truene.
El estado de alarma no debería estar cuestionado en ningún momento, pues es gracias a él que hayamos llegado a esta situación de desescalada progresiva del confinamiento. Tratar de tumbarlo para sustituirlo por una mano de leyes, es uno de los absurdos más grandes que he oído desde que estamos acuartelados, como propone el PP. Nos está yendo bien, a pesar de que la oposición de derechas, dirigida por Vox, trate de hacernos creer que estamos en una situación catastrófica por culpa del gobierno central (quedan eximidas las Comunidades que gobierna el PP y Ciudadanos, porque su reino no es de este mundo).
El nacionalismo periférico está jugando a una carta peligrosa, sin sentido, al darle munición a la derecha para bombardear al gobierno. Aunque, en este caso, no les falte algo de razón.
Resulta absurdo, que en un estado cuasi federal, el gobierno se empeñe en ser la única dama del baile. Más todavía, cuando se emplean palabras gruesas, que no se alejan demasiado de las que utiliza la derecha. Pretender hacernos creer que si no se hace lo que ellos dicen será el caos, es de una incompetencia política supina. No se trata de nosotros o el caos, con lo que vienen amenazando en las últimas horas, sino de evitar el caos mediante la negociación y la rectificación.
¿Realmente pensamos que una desescalada menos centralizada, coordinada con las Comunidades Autónomas, va  a ser peor que si la dirige el gobierno, como si mandara en  un país centralista? Al final, va a parecer que el poder, cuanto menos se comparte, más nubla las entendederas.
No sé por qué el estado de alarma es incompatible con la descentralización de la desescalada. Simplemente el gobierno, manteniendo la titularidad que le otorga el estado de alarma,  tendría que delegar en las autonomías parte de ese poder, en el marco de las competencias que estas tienen. Pero para hacer eso, hace falta voluntad política, creer que los demás también lo saben hacer, dejar espacio para que puedan gestionar la desescalada, siguiendo las instrucciones de los expertos. Pero teniendo en cuenta que cada territorio tiene unas especificidades concretas, y quién mejor que los que gobiernan allí para conocerlas. Y si alguna autonomía no es responsable y quiere ir por libre, se le quita la competencia y que cada uno aguante su vela.
Seamos serios. No toda la culpa de la situación en la que hoy nos encontramos es de la oposición. Me parece increíble decir esto, pero el gobierno no ha dado señales de tener mucha cintura en este asunto. Una crisis tan grave como la actual, no solo se salva con expertos, también hace falta política, mucha política y mucha negociación.
Como decía Luis Aragonés cuando lo preguntaron qué era para él el fútbol y contestó: ganar, ganar, ganar, ganar y ganar. Pues la política en democracia es negociar, negociar, negociar, negociar y negociar.    
Nos vemos a las ocho.

La obra es de Ripollés y está en el MACVAC. Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés.

lunes, 4 de mayo de 2020

3º día de desconfinamiento. Cero

Obra de Wences Rambla 

3º día de desconfinamiento. Cero. El cero es un número que no apareció por la Europa cristiana hasta el siglo XII, aunque sí se utilizaba en Al-Ándalus, desde el principio de su presencia en la Península Ibérica. El cero que utilizamos se denomina “cero indio”, que significa “Vacío”, es decir, nada. Cuando estamos a cero, queremos expresar que no tenemos nada de una cosa, bien, porque no hemos rellenado el vacío, bien, porque sumando números positivos y negativos, hemos llegado al cero, o al vacío.
¿Qué tiene que ver todo esto con el desconfinamiento? Se preguntarán ustedes. Todo. Estamos en posición de poder elegir poner el contador a cero y empezar de nuevo o seguir con la sociedad que teníamos antes del coronavirus. En ambos casos, nuestra vida, la manera de entenderla o vivirla, va a estar condicionada por la decisión que tomemos.
Podemos optar por la decisión más fácil. Volver a la vida precoronavirus y pensar que todo esto ha sido un paréntesis a olvidar lo antes posible. Dejar que muchas cosas vuelvan: las prisas, los niveles de contaminación, el estrés, las desigualdades, la explotación laboral y económica, las relaciones con amigos y familia condicionadas por nuestro modo de vida, la ansiedad por tener…, en fin, ese otro vacío que no es el cero, pero que llena de infelicidad nuestra vida.
También podemos optar por el cero absoluto. El borrón y cuenta nueva y empezar desde el olvido de todo lo anterior. Sería como convertirnos en Amish, renunciando a todo por un extraño sentido de la religiosidad, y volver a iluminarnos con velas. Vamos, sustituir la electricidad por el rezo. Aunque a algunos les gustaría, no sé yo si esta es una buena opción.
Hay un tercer camino; siempre hay una tercera vía. Que aceptemos el cero como posibilidad y hagamos una reflexión sobre lo bueno y lo malo de la sociedad precoronavirus. Sería como hacer un reset y reiniciarnos con todo lo bueno que ha ido construyendo la humanidad en los últimos siglos. Vamos: hacer limpieza y acto de contrición, para no caer en los mismos errores. Es la tarea más complicada, porque nos exige un compromiso racional, no imbuido de dogmas religiosos basados en la fe y en que un “altísimo” nos va a solucionar la vida, ahora o después de muertos.
Si estas semanas de confinamiento, de ver la vida desde otra realidad, nos han servido para algo, no deberíamos dejar que los demonios que construyeron una sociedad basada en su beneficio a costa de nuestro bienestar físico, mental y económico, vuelvan a controlar todo. Y lo van a intentar; ya lo están intentando, desde los resortes del poder que todavía manejan.
No se trata de hacer una revolución, sino de tomar las riendas de nuestra vida, de hacer que la economía no vuelva a ser un instrumento de desigualdad, destrucción del planeta y enriquecimiento ilícito. No va a ser fácil, pero con una economía destruida, como nos dicen que está, podemos empezar la reconstrucción de otra manera. El edificio anterior no nos sirve, porque está plagado de minas y francotiradores.
Si hemos sido capaces de encerrarnos en casa durante muchos días para frenar un peligro mortal, debemos ser conscientes de que podemos cambiar muchas cosas. Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, en Europa, salvo países como España controlados por una dictadura, se construyó una sociedad nueva, con una economía potente, un sistema democrático solvente y una sociedad basada en el bienestar común. No fue un regalo de los poderosos, sino la conciencia de que la sociedad anterior a la guerra ya no servía. Fue un esfuerzo colectivo, en algunos casos por imposición; en países como Alemania se implementaron impuestos a las grandes fortunas de hasta el 70% de sus ingresos.
Tenemos que decidir, como decía Guillermo Rodríguez, director del Huffpost, entre la España de la burla, de la desvergüenza y la caricatura de Pablo Motos, o la del esfuerzo, la dedicación, y el trabajo pensando en la mayoría, con sus errores y dudas de Fernando Simón.
Nos vemos a las ocho.

domingo, 3 de mayo de 2020

2º día de desconfinamiento. Madres


2º día de desconfinamiento. Madres. Hoy es el día de acordarnos de nuestra madre, de felicitarla y recordarla si ya no está. Dicen que madre no hay más que una, pero en este mundo tan abierto a múltiples opciones de familia, también se adquiere la condición de madre por cariño, afecto, amor, cuidados y desvelos. Quiero decir, que mucha gente siente a su madre no solo por que la haya parido, sino por otros muchos motivos. A fin de cuentas, el amor es un premio que nos tenemos que ganar día a día.
Para mí, este día de la madre tiene sentimientos contradictorios. Por un lado el del cariño y recuerdos de la madre que me parió, y por otro, el de la ausencia definitiva, el del adiós que todavía no la he podido dar,  por culpa de este virus que tanto y tan rápido ha modificado nuestros hábitos y costumbres. Me imagino que es un sentimiento compartido por muchos y muchas, que han perdido a su madre estos días.
El Día de la Madre está muy bien, y es muy emocionante para ellas, pero yo no puedo evitar pensar que tiene un rebufo muy machista, que todavía, a pesar de tanta lucha por la igualdad, no se ha conseguido superar. La publicidad, la propaganda, los sermones desde los púlpitos de diferentes religiones, los mensajes que nos lanza el nuevo fascismo que está recorriendo Europa, los medios de comunicación, que disfrazados de modernidad siguen transmitiendo valores antiguos de madres abnegadas; madres que son el pegamento de la unidad de la familia; madres desveladas por los problemas de sus hijos y su marido; madres que lo dejan todo si el bienestar de la familia lo requiere; madres que anteponen sus obligaciones familiares a su vida profesional. En fin, mensajes que cambian poco o nada de los que hemos escuchado cuando éramos pequeños, los que ahora somos más mayores.  
No veo en la celebración del Día de la Madre un mensaje liberador de tanta carga familiar sobre sus hombros, que ponga en la picota de las prioridades sociales que no tengan que elegir entre ser madres y carrera profesional; que provoque el reparto de las tareas en casa, y las deje espacios de libertad y privacidad igual que los tiene el resto de la familia. Que las madres dejen de ser calificadas “malas madres” cuando se rebelan contra todos esos roles que las tenemos asignadas, o cuando no encuentran en la maternidad ese mundo maravilloso y feliz,  proclamada por la propaganda de los que nunca han sido madres, que proporciona el cuidado de los hijos.
La Sección Femenina, dirigida por Pilar Primo de Rivera en los años de dictadura franquista, imbuida de las ideas fascistas del falangismo, a su vez recogidas de los manuales sobre la mujer del Partido Nazi, otorgaba a las mujeres el papel de madres que tenían que saber cocinar, mantener la casa, coser, limpiar, planchar, cuidar de los niños y saber cómo decorar la casa. Casi nada. ¿Dónde quedaba el tiempo para la autorrealización personal, profesional y vital de las madres? Hoy, afortunadamente no es así, bueno, o no del todo, o…, no sé, algo habremos avanzado, digo yo. ¿O no? Ahora las madres, según alguna publicidad, tienen el trabajo más difícil del mundo. No sé si les gustaría tener un trabajo menos espinoso, más compartido, compatible con otras profesiones y, sobre todo, remunerado. Porque ser madres, mola, pero si ese trabajo tuviera un reconocimiento social más allá de lo emotivo, sería la leche. Para provocar emociones a flor de piel en la madre, ya estamos los hijos.
Nos vemos a las ocho. Hoy también por las “malas madres” que quieren no dejar de ser mujeres libres cuando tienen hijos.  


sábado, 2 de mayo de 2020

1º día de desconfinamiento. Indecente


1º día de desconfinamiento. Indecente. No se me ocurre otra palabra para calificar el acto de cierre del hospital de IFEMA, organizado por el PP madrileño, con su presidenta a la cabeza, que se ha saltado todas las normas de distanciamiento y seguridad que usted y yo estamos cumpliendo a rajatabla, para escapar, cuanto antes, de esta epidemia que todo lo está cambiando.
Un espectáculo bochornoso, protagonizado por una friki de la política, que ha decidido, con el visto bueno de la dirección de su Partido, convertir la pandemia de coronavirus en una campaña electoral permanente, sin filtro ni nada que pueda obstaculizar su desenfreno político. Ignoro si esta señora es así en su vida privada, pero en la política se ha convertido en un histrión de sí  misma. No sé si es para esconder su incapacidad para dirigir una Comunidad de la envergadura de la de Madrid, y mucho menos la dimensión de una crisis tan grande como la actual.
Nunca, en ningún momento ha estado a la altura. Ni en la gestión del material de protección para sus sanitarios, con aviones fantasma divagando por el mundo; ni en la gestión sanitaria de las residencias de la tercera edad; ni siquiera en el respeto a sus colegas presidentes autonómicos, a los que dejó plantados para irse a misa.
Díaz Ayuso no conoce la palabra humildad, quizá por eso el tándem Aznar/Casado, la han convertido en su marioneta tonta de la campaña electoral que ya han puesto en marcha. Si no llegan sus aviones, la culpa la tiene el gobierno; si ella monta un acto indecente en IFEMA, la culpa la tiene la oposición; y así suma y sigue, en su cabalgada hasta el ridículo y más allá.
La presidenta debería ser más consciente de que el COVID-19 está teniendo una dimensión tan elevada en España, por las cifras que arroja la Comunidad que ella preside. ¿Es una casualidad? ¿Se debe a que la sanidad pública en Madrid está bajo mínimos por años de privatizaciones? ¿Hay una mala gestión política de la crisis? El tiempo dará la respuesta a estas preguntas, pero ya va apuntando maneras sobre cómo entiende ella todo esto, si es cierto que se plantean despedir a los sanitarios contratados para hacer frente al coronavirus y las graves consecuencias que ha tenido en Madrid. Justo ahora, que los expertos dicen que hay que reforzar la asistencia primaria, para que la atención sanitaria esté a la altura de lo que se le viene encima, Madrid quiere volver a los números anteriores a la pandemia, es decir, ser una de las CC.AA. que menos gasta por habitante en sanidad.   
En necedad ha acabado superando al presidente catalán, que ya es decir mucho. Ambos, dirigen unas Comunidades que tienen más del 50% de incidencia del coronavirus en todos sus parámetros, cuando su población ronda el 31% del total del país. Pero ellos no tienen nada que ver, y la presidenta madrileña prefiere ir a comerse un bocadillo a un bar de IFEMA, algo que por cierto no está permitido, para querer dar apariencia de normalidad.
Nos vemos a las ocho.     



viernes, 1 de mayo de 2020

Cuadragésimo octavo día de cuarentena. 1 de Mayo


Cuadragésimo octavo día de cuarentena. 1 de Mayo. Hoy es el día de todos los hombres y mujeres que se ganan el pan con el sudor de su frente (para que luego digan que el trabajo no es una maldición bíblica), es decir, quienes trabajan por cuenta ajena o son autónomos. Para ser más exactos, todo aquel o aquella que está, puede estar o ha estado dado de alta en la Seguridad Social. Pero es un día extraño, sin manifestaciones ni fiestas ni reivindicación codo con codo, de las demandas laborales que los trabajadores tienen. Es curioso, pero conforme avanza el confinamiento va creciendo en mi interior la sensación de que todo lo que hacemos y vivimos es un trampantojo, algo que simula la realidad, pero que no es ni nos hace sentirla como tal.
En fin, virtual o no, hoy celebramos el Día del Trabajo, y en ausencia de la calle como lugar para reivindicarnos, sería un éxito si reflexionáramos un poco (tenemos tiempo de sobra) sobre la situación del mundo laboral en España y de qué manera nos afecta. Intentaré aportar mi granito de arena.
El trabajo en España viene siendo un problema estructural desde antes de la llegada de La Transición, que la democracia no ha sabido o no ha querido solucionar. Es más, con el tiempo se ha ido deteriorando hasta el punto de que los niveles desempleo siguen siendo altísimos, incluso en tiempos de bonanza, a la vez que la precarización de contratos y condiciones laborales, han ido ganando terreno a la estabilidad y el salario.
No es una casualidad esto, cuando desde el principio de la democracia, se empezó a ajustar el mercado de trabajo, siempre a la baja, teniendo el foco puesto en la liberalización de los despidos, algo que se sublima con la Reforma Laboral del gobierno de Mariano Rajoy, pero que ya venía bien embocada por el toril, por los gobiernos anteriores. La consecuencia de todo esto es un mercado laboral rígido, incapaz de absorber dignamente la demanda de empleo, unas leyes que favorecen el despido libre, un empleo temporalizado y precarizado y cientos de miles de parados, que cuando llegan situaciones de crisis como la actual se convierten en millones.
Pero también, nos encontramos en una situación absoluta de desprotección,  no por los vaivenes políticos que está habiendo en los últimos años, sino por la desmovilización sindical que hay en España, producto de décadas de campañas de desprestigio por parte del poder del Estado, consentidas y jaleadas por los propios trabajadores. Sí, hagamos también nosotros un mea culpa, porque animados por fantasías que han metaforizado el  mundo del trabajo nos hemos colocado a los pies de los caballos.
No estoy defendiendo a los sindicatos actuales, que errores han cometido y muchos, y desde luego, sí tengo que posicionarme a favor de alguien es de los sindicatos de clase, porque toda esa retahíla de sindicatos amarillos y corporativos, nada bueno han traído al conjunto de los trabajadores, salvo desmovilizarlos con cantos de sirena. Ya saben divide y vencerás. Sin unos sindicatos fuertes y de clase, nunca levantaremos cabeza.
Sin embargo, en este Primero de Mayo atípico de confinamiento, yo no creo que el problema del desempleo en España sea exclusivo del mercado laboral, ni siquiera que este sea el que más peso tenga. La economía española tiene un déficit estructural enorme, que la convierte en una marioneta incapaz de generar puestos de trabajo estables y decentes. Nos hemos convertido en un gran parque temático del turismo y la especulación inmobiliaria, que en un caso supone precarización de los trabajadores y en el otro especulación directa, que no necesita mano de obra.
Lo que realmente crea empleo de calidad y estable, es el tejido industrial, el sector primario, los servicios públicos (España tiene uno de los déficits más grande de empleados públicos de toda la UE), los servicios sociales y un sector terciario que obtenga el beneficio, no de la precarización laboral, sino de la competitividad empresarial basada en I+D+i.
En el abandono de la ciencia y la investigación es donde está la otra parte de la poca capacidad de respuesta en crisis como la actual y en programas de desarrollo que hagan la economía y los servicios competitivos.  Si no mejoramos después de esta crisis la estructura productiva del país, no solucionaremos ninguno de los problemas del mundo del trabajo, ahora absolutamente roto.
No quiero acabar sin acordarme de mi amigo Arturo Pajuelo. Hoy se cumplen cuarenta años de su muerte de manos de un grupo de fascistas, a la salida de la manifestación del 1 de mayo de 1980 en Madrid. Arturo fue un luchador por la libertad, la democracia y los trabajadores; un líder vecinal como no lo ha vuelto a haber. Hace cuarenta años fue asesinado y a su entierro asistieron casi 50.000 personas, incluido el siempre añorado alcalde Tierno Galván. Que personas como Arturo, nunca caigan en el olvido.
Nos vemos a las ocho, y mañana, con prudencia.

Resposabilidad vs. culpa

  Si en una cosa somos campeones los españoles, es en buscar culpables por encima de todo. Nos resulta más interesante señalar con el dedo, ...