domingo, 24 de septiembre de 2023

¡¡Puigdemont a la cárcel. Sánchez a la mierda!!

 


¡¡Puigdemont a la cárcel. Sánchez a la mierda!! Reza una pancarta con el fondo de una bandera de España en el mitin/concentración/manifestación/acto de partido -no está muy claro cuál era la convocatoria, tras la pretensión de que no apareciera por allí Vox, como si de esta manera se tratara de disimular que es el socio preferente del PP en todos los sitios donde huelen a poder; y los intentos para que Díaz Ayuso pasara desapercibida -, que ha sido todo, menos un éxito de participación. ¿Se está agotando el empuje del Partido Popular? ¿O es que en Madrid, colocando a Ayuso de telonera, Feijoo no tiene tirón? Si yo fuera Núñez Feijoo, no habría salido muy contento del “encuentro con militantes”, sabiendo que no aporta nada a su investidura, porque Díaz Ayuso se ha vuelto a dar un baño de masas, pocas esta vez, pero suficientes para mostrar músculo ante el tiempo de cambio de líder que se avecina el Partido Popular; y, además, ese discurso de patriotismo de bandera hipernacionalista, parece que empieza a mostrar signos de debilitamiento.

Pero volvamos a la pancarta, porque resume muy bien todo lo que puede ofrecer en estos momentos el Partido Popular, perdido en el discurso antisanchista, que le está resultando tan estéril, y disfrazado de un populismo nacionalista español que lo alejan de ser un partido de derecha democrática, modernizador y ajeno al frentismo político, al que le viene arrastrando la extrema derecha postfascista, desde hace tiempo.

El Partido Popular hace tiempo que está desnortado, y cada vez se muestra más como un Partido ansioso de poder, para ponerlo a disposición de las clases más pudientes y ricas del país, sin olvidarse de una visión del mundo que no dista mucho de los cenáculos más conservadores y retrógrados de las religiones que tratan de controlar nuestras conciencias, lo que pensamos y lo que hacemos. Para ello nos tienen que mantener en el engaño constante de que la izquierda, liderada por el diabólico Pedro Sánchez, sólo busca el mal de España y su desintegración.

El otro eje de su discurso, que también señala la pancarta, es el de Puigdemont, que vuelve a ser tratado como el desarticulador de la patria una grande y libre, aunque, quizá, aquí estamos ante la trasposición a la política de la fábula de “La zorra y las uvas”, después del cortejo a Puigdemont, al que habrían otorgado, que digo la amnistía, posiblemente hasta la reposición de su cargo como presidente de la Generalitat, anulando con carácter retroactivo el artículo 155 de la Constitución, si hubiera garantizado a Núñez Feijoo la investidura. En fin, Sánchez y Puigdemont, dos seres malignos, que trata de exorcizar el incienso que rodea esa idea de España al servicio de los intereses de los españoles de buena familia, les han ahorrado tener que explicarnos qué pensaban hacer si llegaran al poder de la nación. Claro, que después del gobierno de Mariano Rajoy y a tenor de lo que ya se va vislumbrando en las comunidades autónomas y ayuntamientos donde gobiernan, con o sin Vox, pocas palabras hacen falta. Ya nos vamos haciendo una idea.

Pero lo más triste de todo, es que están utilizando a dirigentes del PSOE, nostálgicos del poder, que perdieron su dignidad hace tiempo. Dirigentes trasnochados, que no entienden nada de por donde va la sociedad española del siglo XXI y, lo que es más grave, que se dejan llevar por el odio que manifiestan a Pedro Sánchez, desde que les apeó del poder del socialismo español, algo que no le van a perdonar nunca y, sobre todo, porque les puso frente al espejo de su decrepitud política, cuando dimitió de su puesto de diputado para no abstenerse y dar la presidencia del gobierno al partido político más corrupto que ha existido en España desde la muerte de Franco. Claro, que a Núñez Feijoo esto le importa poco, apareciendo en el mitin de Madrid flanqueado por el hombre que puso en marcha toda la maquinaria corrupta del PP y el que después la desarrolló.

Por último, un Partido que tiene que recurrir a la ilegalidad de apelar al transfuguismo para poder gobernar España, a ver si con un poco de suerte se produce un nuevo “tamayazo”, nos muestra el  nivel de miseria moral al que está llegando. Y me pregunto otra vez: ¿Dónde está la derecha que se echa las manos a la cabeza al ver todos estos desatinos?

Como verán no he hablado nada de la amnistía. Pero esto lo dejo para otro escrito, que da mucho de sí.              

miércoles, 13 de septiembre de 2023

No van a parar

 


No van a parar. La única política que tiene el Partido Popular desde que perdieron el poder nacional es volver a ocuparlo, cueste lo que cueste. No importa el daño que puedan hacer al país, al Estado, a los ciudadanos o a la patria que tanto cacarean; esos son daños colaterales, y son asumibles para ellos, siempre que el fin justifique los medios. Ya lo hicieron con el presidente Zapatero, al que vapulearon sin misericordia hasta la saciedad. Lo han estado haciendo con el gobierno actual, al que no han dejado de insultar y tachar de ilegítimo, como si hubiese llegado al poder a través de amañar las elecciones, lo que no es ni más ni menos que cuestionar la democracia española. Esto de poner en solfa la democracia es algo que suele hacer la extrema derecha mundial, siempre que ellos no ganan las elecciones; lo llamativo es que en España la derecha del Partido Popular, que pensábamos demócrata, se haya apuntado a este mantra fascistoide que recorre las democracias occidentales. Claro, que volviendo al principio, todo vale si es por alcanzar la Moncloa.

Vivimos en uno de los países del entorno occidental más ricos en diversidad cultural, gastronómica, climática, paisajística, lingüística, política y geográfica. La verdadera esencia de lo que somos es, precisamente, esa diversidad, que no ha sido óbice para que haya una idea común de España, que se puede traducir en mayor o menor sentimiento de pertenencia a un proyecto de país con raíces históricas comunes y un presente de país moderno y tolerante. Lo que no está tan claro es el futuro, dado el empeño de alguno en desdibujarlo si ellos no son los que lo pilotan.

Uno acaba cansándose de tanta amenaza de ruptura de España. De tanta desintegración nacional, que sólo imaginan las mentes calenturientas de la extrema derecha, a las que únicamente les sirve aquello de España como una unidad de destino en lo universal, centrípeta y defensora de una moral religiosa casposa e intransigente, que se puede resumir en “a Dios rogando y con el mazo dando”. Es tanto el abuso y apropiación de la patria, que acaba causando hartazgo. Todos rompen España menos ellos; todos somos malos españoles, menos ellos, que se creen en la potestad de dar carnets de españolidad, convirtiendo así a una gran parte de los ciudadanos del país en apátridas, sólo porque entendemos que España es otra muy diferente a la que su mente ultranacionalista concibe.

Después está el Partido Popular, a quien realmente todo este discurso de ruptura de España sólo les importa como argumento para alcanzar el poder. ¿Alguien se cree que el Partido Popular no convertiría a Puigdemont de villano a héroe nacional (con amnistía incluida), si este asegurara la investidura de Núñez Feijoo? Aznar, que ahora clama por la insurrección cuasi golpista contra el gobierno legítimo, se rindió, cuando creía que esto le iba a beneficiar, a los pies de ETA o habló catalán repentinamente cuando necesitaba a los nacionalistas para su investidura. De Rajoy solo hay que remitirse a la portada de ABC del 19 de octubre de 2017, para ver hasta qué punto llega la hipocresía del Partido Popular en este asunto de la ruptura de España.

No nos engañemos. En España la derecha es más nacionalista que democrática, y eso significa que el futuro que nos esperaría si gobernara sería de mucha bandera, mucho beneficio para el bolsillo de los ricos y Santiago y cierra España contra el infiel que no abrace sus ideas y acate sus políticas. Nada que no sepamos.  

      

domingo, 27 de agosto de 2023

Luis Rubiales un machista con poder

 


Ha tenido que producirse un triunfo deportivo mayúsculo, como ganar el Campeonato del Mundo de fútbol femenino, para darnos cuenta de hasta qué punto el machismo está acampado en las estructuras de las instituciones públicas y privadas del Estado y la sociedad española. Porque no sólo es el fútbol el que está inoculado con ese virus que hace pensar a los hombres que están por encima de las mujeres, tratando a estas como si fueran un apéndice bíblico de la grandeza masculina (parece que la sociedad ha avanzado muy poco en este sentido en los últimos 5.000 años), sino que el comportamiento de muchos, en estos días de machirulismo inaceptable del ex presidente de la Federación de Fútbol y toda la corte que le rodea, nos ha puesto a la sociedad en su conjunto y a los hombres en especial, frente al espejo que nos muestra lo que realmente somos: una sociedad que trata de avanzar en derechos de las mujeres, pero que se topa con unas estructuras mentales consolidadas en el machismo y la desigualdad, que va a costar mucho derribar.

Es cierto que en todo este proceso de vergüenza ajena que hemos sentido por el chulesco comportamiento machista de Luis Rubiales y todos los que le aplaudieron en la Asamblea de la Federación, ha habido un proceder mayoritario de rechazo, lo que nos indica que las políticas desplegadas en los últimos tiempos, y una cultura cada vez más entregada a la reivindicación de la mujer como sujeto social en igualdad con el hombre, van calando en nuestra conciencia individual y colectiva. Pero también nos hace ver que falta mucho camino por recorrer.

Vergüenza ajena, que también hemos sentido al escuchar a periodistas y medios deportivos jaleando, defendiendo y justificando el baboso beso de Luis Rubiales a una jugadora de la selección, a la que simplemente debería haber felicitado con un apretón de manos y unas palabras de agradecimiento y satisfacción por la hazaña que acababa de hacer junto a sus compañeras. Medios que ahítos de machismo de sacristía han tratado de culpabilizar a Jenni Hermoso, como si de una buscona se tratara, en su defensa del presidente de la Federación. Lo que dice muy poco de la catadura moral de esos periodistas, apuntados al bochornoso acto de lavar la mierda de otros, vaya usted a saber si por razones ideológicas o pecuniarias o quizá por ambas.

Vergüenza de género que muchos hombres hemos sentido al ver como una gran parte de la masculinidad del deporte en general y del fútbol en particular, ha mirado para otro lado, como si la cosa no fuera con ellos. Es notoria la ausencia de comentarios de muchas grandes figuras del deporte nacional o la tardanza en hacerlo, que en algunos casos, parece el intento de subirse a un carro, que les resulta incómodo, a regañadientes. Porque no nos engañemos, en un mundo como el del fútbol, donde la gloria, la fama y, por qué no decirlo, la estupidez, han sido y son todavía un asunto de hombres, la irrupción de las mujeres supone un terremoto, que muchos no están dispuestos a aceptar. Compartir gloria y fama a nadie le gusta. Aceptar que las mujeres lo pueden hacer tan bien o mejor que los hombres, es tener que compartir la exclusividad del poder que da ser el único. Y la sociedad, en oriente y occidente, lleva siglos ninguneando a las mujeres para no tener que hacerlo.

Luis Rubiales y la actual Federación de Fútbol deben desaparecer del mapa. No se trata de quitarse de en medio al actual expresidente, para que todo siga igual. Para que el desprecio hacia el esfuerzo y las capacidades de las mujeres, quede laminado de las estructuras del fútbol y otras disciplinas deportivas; todos tenemos en la retina la imagen de las ganadoras de la supercopa femenina poniéndose ellas mismas las medallas que recogían de una mesa. Aquellos que han aplaudido a Luis Rubiales en la intervención pública más vergonzosa de un dirigente deportivo en años, deben de ser apartados de sus cargos, porque ya no son de fiar y porque la sombra de la corrupción y el machismo, ya convertida en luz cegadora, planea sobre ellos, como un estigma ganado a pulso, que difícilmente se van a poder quitar de encima. Porque una sociedad democrática no puede permitir que una persona atente contra los valores que deben regir en el comportamiento público y privado de cada uno de nosotros. Y no quiero caer en un falso moralismo de golpes en el pecho. No. Los valores sobre los que se fundamenta la democracia son el pegamento de la sociedad y ningún personaje público puede situarse con sus actos, por obra u omisión, enfrente de ellos. Y eso es lo que ha pasado estos días con los dirigentes del fútbol español.

Al escuchar a Luis Rubiales sólo se podía pensar si su discurso se lo había escrito VOX. Porque no hubo ni una coma que se saliera del guion de lo que piensa la extrema derecha de las mujeres. Destilaba tanta misoginia, falta de empatía hacia las mujeres, odio hacia la igualdad y culpabilización de la jugadora para expiar los propios pecados de Luis Rubiales, que no nos extrañe ver al ya ex presidente del fútbol español en alguna lista electoral de VOX próximamente.


Luis Rubiales, además, no sólo ha cometido un acto de infamia hacia las mujeres y la sociedad, que deba purgarse con su salida de los cargos que ocupa actualmente. Su comportamiento es mucho más grave. Tanto que está tipificado en los artículos 178.1 y 2 del Código Penal —les ruego que se lo lean—. Por ello debe comparecer ante la justicia y responder por sus actos. Y porque, además, la única manera de que en España se empiece a tomar en serio este tipo de actitudes, que no son tan minoritarias como muchos pueden creer, es que haya una sentencia ejemplar, por la repercusión mediática que esta pueda tener como aviso a navegantes. Si nuestra relación con las mujeres no empieza por respetar su derecho a decidir sobre su propia intimidad e integridad moral y física, nunca seremos una sociedad que nos podamos mirar a la cara sin avergonzarnos. Y si bien la educación es fundamental para ello, crear una mentalidad social que construya una aceptación de la igualdad como algo natural es básico, y para ello la aplicación de la justicia es un revulsivo que puede hacernos reflexionar como comunidad y como individuos.

El machismo sonrojante de Luis Rubiales ha tenido la capacidad de unir a la sociedad española en su condena unánime. Incluso a la clase política, salvo VOX y el clamoroso silencio de las diferentes Iglesias que pueblan el país, se ha posicionado sin fisuras, algo raro en España, en contra de lo sucedido. Aunque no se entiende muy bien, que dirigentes del Partido Popular hayan intentado desgastar al gobierno con este asunto, con unas declaraciones similares a las de la extrema derecha, fuera de tono y poco edificantes. Es el momento, por tanto, de dar un paso al frente y empezar a modificar y cambiar la manera de afrontar la desigualdad de género. No sólo se trata de un “Me too” que denuncie las agresiones sexuales. Se trata de cambiar los comportamientos sexistas en las empresas, en las universidades, en los colegios, en las familias, en el deporte, en la política, en las relaciones entre hombres y mujeres, etc. También en la aceptación por parte de los hombres de que nosotros somos parte del problema, pero también de la solución. En definitiva, aprovechar lo sucedido, para despertar conciencias individuales, con el fin de alcanzar esa igualdad tan trabajada, que nos hará más libres, más justos y más felices.   

                  

jueves, 20 de julio de 2023

23-J. El voto progresista frente a la mentira

 


Otra vez la mentira ha vuelto a ocupar gran parte del discurso de la derecha en campaña electoral. No es nuevo. Viene sucediendo desde José María Aznar y Mariano Rajoy. Lo que sucede en este verano de 2023, es que Núñez Feijoo ha hecho de la mentira su seña de identidad, y cuanto más se le atrapa en un engaño, más miente. Es como si en su cabeza no cupiese otra cosa, quizá porque no da para tener ideas coherentes que exponer o porque si las tiene las quiere ocultar o porque piense que los ciudadanos y ciudadanas somos un una panda de catetos que todo nos lo creemos. Incluso, a lo mejor, es posible que haya un poco de las tres cosas.

Adolf Hitler, que de esto sabía mucho, dijo que las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña. Esto es lo que trató de hacer José María Aznar cuando nos engañó a todos con la autoría del 11-M, pero, afortunadamente, le salió mal, porque ya llovía sobre mojado y cuando uno miente por norma, al final, deja de ser creíble. Decía Friedrich Nietzsche: No que me hayas mentido, que ya no pueda creerte, eso me aterra. Porque cuando uno o una miente demasiado acaba de ser creíble. Justo lo que le está pasando a Núñez Feijoo, que miente tanto que empieza a producir rechazo en mucha gente (esperemos que sea la suficiente para que no nos gobierne un mentiroso).

Además, en las mentiras encadenadas del Partido Popular, convertido en émulo del neofascismo de Vox, hay una dosis de desprecio tan grande a la inteligencia, que debería aterrarnos. Con ellas no sólo construyen una realidad paralela a acomodada a sus intereses, sino que extienden un tupido velo sobre todo aquello que no quieren que se sepa. A la sazón de estas elecciones: todos los avances que ha habido en España propiciados por el gobierno actual de coalición.

¿Qué tratan de ocultarnos con el machaqueo constante de que España es un desastre de país al borde del abismo? Todos y todas aquellas que no somos hooligans de la derecha o tienen intereses muy particulares para que esta gane, es decir, los que se pueden permitir vivir sin el paraguas de lo público, deberíamos ponernos a pensar si realmente lo que está diciendo Núñez Feijoo, Cuca Gamarra o González Pons es bueno para nosotros. Porque tratar de derogar o modificar o frenar el desarrollo de todas las leyes que han sido beneficiosas para la ciudadanía y el país con la cantinela del sanchismo como enemigo de España, lo único que esconde, de ahí tanta mentira, es que quieren volver a la época en la que la derecha campaba a sus anchas cercenando bienestar y derechos. Con el agravante de que en estas elecciones no vamos a elegir un modelo de gobernar u otro, que ya de por sí tendría que ser objeto de tener mucho cuidado a la hora de depositar el voto en la urna. Estamos ante un problema más grave, que tiene que ver con el ataque y el derribo del mismísimo sistema democrático. En estas elecciones lo que está en juego es la propia democracia como sistema político de convivencia, tolerancia, respeto y bienestar económico.  

No es baladí ni catastrofista lo que planteo. Nos estamos jugando la libertad de expresión, los servicios públicos, las pensiones, el derecho a que cada uno sea como quiera, la batalla contra la violencia de género, la igualdad de oportunidades, el respeto a las minorías, el salario mínimo, el ingreso mínimo vital, el incremento de las becas universitarias, la protección a los trabajadores/as con los ERTES, la mejor ley laboral que ha habido en España desde hace muchas décadas porque vuelve a situar al trabajador/a en el centro del sistema productivo, tener la inflación más baja de Europa, los precios de la energía contenidos gracias a la excepción ibérica, la transición energética y la protección del medio ambiente …, en fin todo lo que Núñez Feijóo trata de ocultar enfangándolo con mentiras, con un discurso apocalíptico de la realidad (hasta en Europa le han tenido que parar los pies en alguna ocasión) y con otra realidad que no deberíamos obviar, como es el blanqueo de la extrema derecha neofascista que ya está en los gobiernos de muchos ayuntamientos y comunidades autónomas.

Revertir la autosuficiencia que muestra Núñez Feijoo y el Partido Popular, tanta que ni siquiera tiene la cortesía hacia los electores de asistir al último debate que se celebra en televisión entre los cuatro candidatos más importantes a la presidencia del gobierno, está al alcance de la mano. Sobre todo si el votante progresista, sea del color que sea, asume que impedir la mentira y el retroceso político es posible dejando la papeleta de voto en la urna el próximo día 23 de julio.        

domingo, 16 de julio de 2023

23-J. La Reforma Laboral en el punto de mira

 


En febrero de 2022, Cuca Gamarra, que todavía era fiel a Pablo Casado, dijo que la Reforma Laboral era un cambio objetivamente malo…un paso hacia atrás… y que tendría una corta vida, solo hasta que el Partido Popular tomase las riendas. Núñez Feijoo defendió que sólo servía para maquillar las cifras del paro. Después, en su propaganda de derogación del sanchismo, la Reforma Laboral entraba en el paquete de lo que iba a hacer el ya autoproclamado presidente del gobierno. Pero como parece que alguien le ha dado un tirón de orejas, vuelve a desdecirse o mentir, y la Reforma Laboral del sanchismo ya es buena. Núñez Feijoo: Es sustancialmente una buena reforma, donde dije digo digo Diego. Incluso va más lejos en su impudor: Es la reforma del Partido Popular con algunos ajustes. ¿Dónde han quedado los exabruptos lanzados contra el gobierno y la propia reforma cuando se aprobó? El acuerdo del diálogo social supone un retroceso. El PP ni transige ni contemporiza ni se resigna cuando está en juego el empleo de los trabajadores” (Cuca Gamarra, otra vez).

A ver si lo entendemos: la reforma laboral es mala, pero es la reforma que habría hecho el PP, con algunos ajustes, porque sustancialmente es una buena reforma (Es el alcalde el que quieren que sea los vecinos el alcalde). Seguimos con los juegos de palabras. Si no comprendemos lo que dicen, nunca se les podrá acusar de engañarnos. Parece que el antisanchismo se ha convertido en el juego del Scattergories, y se admite pulpo como animal de compañía, si esto vale para ganar. Lo que nos lleva a preguntarnos si los dirigentes del Partido Popular habrán dicho alguna verdad desde que empezó esta ya larga campaña electoral.

Yo me temo que sí. Porque si tengo que creerme algo es lo de que la Reforma Laboral es una mala Ley que el PP va a eliminar cuando tome las riendas. No nos tenemos que olvidar que está se halla en las antípodas de la que aprobó el gobierno de Mariano Rajoy, que tanto gusta a los populares. Porque no nos engañemos, a la derecha no le importa si los trabajadores y trabajadoras están protegidos en sus derechos laborales, tienen salarios justos y condiciones de trabajo dignas. Ya lo dijo muy explícitamente aquella diputada aplaudiendo a rabiar, Andrea Fabra, cuando Mariano Rajoy anunciaba recortes para los parados: ¡Qué se jodan!

Este es el verdadero espíritu que anida en el alma del Partido Popular: que trabajadores y parados se jodan, y si no haber nacido ricos… o corruptos. El espíritu que se plasmó en la Ley de Reforma Laboral del gobierno de Mariano Rajoy, que dejó a los trabajadores y trabajadoras, perdónenme la expresión, con el culo al aire ante los empresarios. En contraste con los ERTES activados por el sanchismo, que evitaron el desempleo de millones de trabajadoras/es y el cierre de muchas empresas. Hablando en román paladino, mientras el anterior gobierno del PP aumentaba las listas del paro con políticas laborales y de protección regresivas, el sanchismo frenaba, gracias a los ERTES, la pérdida de empleo derivada de la pandemia de coronavirus. Y negociaba con los agentes sociales una nueva Ley laboral que representa todo lo contrario al espíritu del PP en materia de derechos y salarios.    

Por eso no creo que ahora vayan a resistir la tentación de cambiar la reglas del juego. Y en caso de no derogar la ley y volver a las condiciones semiesclavistas de la anterior del Partido Popular, el truco está en los “ajustes”. Con algunos ajustes, ha dicho Núñez Feijoo. Porque ajustando ajustando, se convierte un traje de bailarín en un traje de luces: un recorte por aquí, un añadido por allá, un pespunte, un retoque donde carga el pantalón, y ya está: un torero de vicepresidente. No es nigromancia es caradura. El arte de magia está en convencernos que lo que ahora está bien, hay que cambiarlo a peor, aunque sea a hurtadillas.

Sería muy triste que dejándonos llevar por los cubiletes del trilero, perdiéramos todo lo avanzado en derechos laborales, que hemos ganado por culpa del sanchismo. Pero en España todo es posible si se presenta bien empaquetado. Algo al respecto dijo Otto von Bismarck: España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido.            

miércoles, 12 de julio de 2023

23-J. La mentira como instrumento político

 


Hay una frase atribuida a Groucho Marx que dice: El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho. Es decir, no se trata de ser honesto, sino de parecerlo. Y para que este axioma funcione, no hay nada más práctico que buscarte un enemigo a quien puedas presentar como un mentiroso patológico, capaz de vender su alma al diablo para conseguir sus propósitos. De esta forma, el que trata de parecer honesto, ya sólo tendrá que cebarse con el otro, para no tener ni siquiera que disimular. Cuando todas las culpas recaen sobre el mentiroso creado para exculpar tus propias mentiras, uno queda libre de pecado y puede presentarse como la Inmaculada Concepción, sin tacha que ensucie su imagen de honesto de bote.

Digo esto porque la política en España viene estando enfangada desde que José María Aznar, fundador del Partido Popular, nos engañó con el cuento de la guerra contra Irak y alcanzó la sublimación con la sarta de mentiras con las que nos hizo creer que el 11-M había sido obra de ETA. Desde ese momento el Partido Popular se instala en la farsa y hace de ella un instrumento político: recordemos las mentiras de Federico Trillo con el Yak-42; las falsedades, que sólo tenían como objeto confundir a la opinión pública, cuando los casos de corrupción del Partido Popular, que todavía colean, embarraron la política nacional, autonómica y municipal; las declaraciones del gobierno de Mariano Rajoy cuando nos decían que el rescate a la banca no iba a costar un euro a los españoles; en fin, no quiero aburrirles con un listado que podría ser como la historia interminable.

No parece que el gran mirlo blanco de la derecha española, el que iba a demostrar que puede ser honesta y gobernar alejada de espavientos y falsedades patológicas, Núñez Feijoo, vaya a cambiar la situación. Más bien al contrario, parece que la situación le ha cambiado a él, al ser un outsider que llega al Partido Popular, como último recurso, porque no hay manera de poner orden en ese Patio de Monipodio en que se había convertido. Y al igual que a Frankenstein, el entorno que le rodea le obliga a convertirse en un monstruo; en este caso, en un mentiroso. En palabras de Fernando Savater referidas a la creación literaria de Mary Shelley : ¿Acaso habrá algo más espantoso que tener conciencia de que uno no es más que un experimento brotado de un cementerio, que no tenemos padres ni familias…? A menos que realmente, Núñez Feijoo nunca haya sido ese político comedido y honesto que nos vendieron como salvación de España, y sea un dirigente fiero, ávido de poder, con cara de no haber roto un plato en su vida, y haya hecho de la mentira su gran obra para alcanzar el poder -volvemos a las palabras de Groucho Marx-, proyectando con el sanchismo un androide en el que volcar toda su perfidia, para aparecer él como un hombre bueno.

Toda la construcción de mentiras difundidas en los últimos tiempos, han tenido su máxima expresión, sin pudor alguno, en el debate a dos de esta semana. Sin decoro, sin disimulo, sin mala conciencia, el único objetivo era destruir a Pedro Sánchez, aunque ello supusiera enfangar el debate, la campaña, las elecciones y el país, hasta niveles de indecencia moral tan grandes que incluso el propio profesor Moriarty se sentiría avergonzado. ¿Qué se puede responder en un debate cuando tu contertulio sólo dice mentiras y a cada objeción se responde con otra mentira? Nada. Sólo desconcierto.

John F. Kennedy dijo: Aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre, acabaron dentro de él. Esto le está pasando a Núñez Feijoo, no sabemos desde cuando, a tenor de alguna foto comprometida que circula por ahí. Está cabalgando a lomos de un gran embuste y eso le va a perseguir siempre, llegue a ser presidente del gobierno o no, aunque no creo que a él y a su Partido les importe mucho. Quienes deberíamos estar preocupados somos los españoles, todos, votantes suyos o votantes de otras formaciones y abstencionistas. Porque podemos darle el poder de gobernarnos a quien ya antes de tenerlo nos está mintiendo y va a tener que desdecirse de muchas de sus mentiras. Pero ya sabemos que si hay algo que define bien a los españoles es que somos un pueblo de actos sin ideas e ideas sin actos. Apresúrense a comprar unas katiuskas, porque nos esperan cuatro años de fango, si san 23 de julio no lo remedia.      

lunes, 10 de julio de 2023

¡¡Qué te vote Txapote!!

 


¡Qué te vote Txapote! ¿Es esto todo lo que tiene que decir la derecha de cara a las elecciones del 23-J? ¿Este es el cambio que promete Núñez Feijoo si gana las elecciones? No parece que tenga mucho contenido político el lema, pero sí resume, muy bien, la campaña que el PP lleva meses protagonizando contra el presidente del gobierno, cargada de epítetos y ninguno bueno: traidor, felón, mentiroso compulsivo, ridículo, irresponsable, incapaz, ególatra, chovinista del poder, escarnio de España, incompetente, okupa, capo de la mafia, déspota, adanista…, solo por poner algunos ejemplos, a los que habrá que añadir lo que se les ocurra de aquí a las elecciones. Una campaña que da sus frutos, gracias a unos medios de comunicación persistentes, aglutinando todos esos descalificativos, en ese sentimiento que recorre España de antisanchismo, resumido, ahora, en ¡Qué te vote Txapote!

El Partido Popular insiste en mantener la ficción de que ETA todavía existe -incluso por encima del criterio y el enojo de las víctimas del terrorismo etarra, hartas de ser el ariete de la derecha contra el gobierno-, porque tienen que crear discurso que les permita alejarse de los logros del gobierno progresista y, de paso, no explicar qué piensan hacer ellos, realmente, si ganan las elecciones. Por eso, no tienen empacho de sacar del olvido a un asesino, paseando su nombre por toda España. A todo esto, Txapote debe estar bailando un aurresku en agradecimiento al Partido Popular, por volver a ponerle en el pico de la actualidad.

Aunque, realmente, a Núñez Feijoo, Díaz Ayuso y todo el organigrama político del PP, Txapote les importa bien poco, salvo para hacernos creer que el gobierno de Pedro Sánchez ha sido esclavo de los intereses del independentismo vasco a través de Bildu. Como si Pedro Sánchez hubiese firmado un pacto de gobernabilidad con la izquierda abertzale, y no acuerdos puntuales a leyes que han sido beneficiosas para la inmensa mayoría de los españoles. No ha habido pacto de gobierno, como sí tiene el Partido Popular con la extrema derecha, a la que está permitiendo entrar en gobiernos municipales y autonómicos; pactos que están rompiendo la convivencia democrática y el retroceso en muchos aspectos que sí, a pesar de lo que muchos de los apuntados al antisanchismo crean, va a afectar directamente a nuestras vidas.

No sé si fue una traición a España las 57 veces que PP y Bildu votaron conjuntamente en el Parlamento Vasco entre 2016 y 2019; o que ambas formaciones negaran su voto a la Ley de Reforma Laboral en el Congreso de España; o los acuerdos del PP con Bildu para que Javier Maroto fuera alcalde de Vitoria; o que concejales del PP brindaran en 2011 con correligionarios de la recién constituida Bildu en el Ayuntamiento de San Sebastián. Nada de eso importa, porque significa normalización democrática entre partidos que aceptan las reglas del juego. Pero ahora no son ellos los que pactan, acuerdan o brindan, es el gobierno progresista de Pedro Sánchez, y contra el sanchismo, todo vale.

¿Y los que vamos a votar a los partidos progresistas, somos también Txapote? ¿Estamos alineados con el terrorismo de ETA, de una ETA que hace 12 años que ya dejó de existir? Si votar progreso social, igualdad, derechos y extensión del estado de bienestar, es votar Txapote, tenemos un problema en este país: que vamos a ser muchos millones de txapotes, lo que al criminal de ETA y sus amigos, les puede mandar un mensaje equivocado y piensen que, al final, ellos y sus crímenes estaban en posesión de la verdad.

Resposabilidad vs. culpa

  Si en una cosa somos campeones los españoles, es en buscar culpables por encima de todo. Nos resulta más interesante señalar con el dedo, ...