jueves, 6 de agosto de 2020

Sí toca debatir sobre monarquía o república

La operación blanqueo de Juan Carlos I está en marcha en todos los medios. Se trata de ocultar la verdad de lo que está sucediendo con trampantojos dialécticos y enredo del debate. Pero lo único cierto es que el rey emérito se ha marchado de España porque la sombra de la corrupción planea sobre su cabeza como una Espada de Damocles. Eso, que es lo que realmente debería centrar el debate, tratan de ocultarlo para hurtar a los españoles el otro y mucho más transcendente asunto, a saber: que los españoles podamos decidir de una vez por todas sobre si queremos una monarquía o una república. Esto sí zanjaría la discusión, por mucho tiempo, y no los subterfugios habituales de ahora no es momento, los españoles no están en esa posición, etc., etc., etc.

Desviar la atención, por supuesto interesadamente, hacia la posición de Podemos en el gobierno exigiendo explicaciones por todo lo que está sucediendo entorno al rey emérito y la monarquía, es un subterfugio que solo trata de proteger a la monarquía.

Es cierto, como dicen algunos, que en España hay asuntos sociales y económicos mucho más importantes que atender. Y también educativos, sanitarios, culturales…, muchos temas que la monarquía parlamentaria no ha sido capaz de resolver, situándonos, una vez más, a la cola del progreso y el bienestar en Europa. Pero no es menos cierto que España bajo la dinastía de los Borbones jamás ha prosperado como el resto de los países de su entorno (no tiene solo la culpa el franquismo, el problema viene de mucho más atrás; algún día hablaremos de ello). Ni el rey actual, ni su padre, ni su bisabuelo, ni borbón alguno han hecho nunca jamás nada porque la sociedad española sea más justa e igualitaria. Siempre han defendido los intereses de la oligarquía frente al bienestar de los españoles, quizá porque en ello les iba, también, la defensa de sus intereses de clase.

La monarquía no es solamente un desatino moral, en España representa también un modelo oligarca, que pone al país y sus recursos al servicio de un establishment centenario que se siente por encima del resto de los españoles y ha utilizado/utiliza los recursos de la nación en su beneficio personal y de clase. Solo hay que ver como la corrupción de esa clase de privilegiados sigue estando presente en la sociedad y como las leyes que se aprueban, en la mayoría de los casos, benefician al poder establecido bajo el paraguas de la monarquía.

Ignoro si con una república viviríamos mejor. Eso dependería de si es capaz de desplazar a la oligarquía actual/vieja que domina el país. Pero sí tengo claro una cosa: el refugio protector que tienen en la  monarquía se les habría acabado, y eso ya es mucho, porque enfrentarse a la intemperie a los intereses de otros grupos y otras clases sociales, les sitúa en una situación de debilidad que ahora no tienen.

No nos dejemos engañar. El debate, sí es monarquía o república, porque en él nos va más que la huida de un rey corrupto o la debilidad de otro que solo es jefe del Estado por la gracia de su nacimiento.


lunes, 27 de julio de 2020

La pérfida Albión al ataque


El Reino Unido aplica una cuarentena a España de dos semanas y el facherío patrio se relame: pecado del gobierno social/comunista de Sánchez, dicen y dirán. Como si nosotros tuviéramos la culpa de que el gobierno británico tenga que lavar toda la ropa sucia de su mala gestión con la crisis del coronavirus, que ha colocado a la isla de Albión con el mayor número de contagios, etc., por Covid de toda Europa.
¿Realmente estamos tan mal? Desde mi ignorancia, creo que no es para tanto. Otra cosa es que se quiera amplificar el momento actual en los medios para vender más (vaya chollo que tienen con el coronavirus) o, en el caso de los medios afines al Cid Campeador y la mascarilla con la banderita, dar cera al gobierno.
Pero claro, todo tiene sus consecuencias, y si al rebrote actual, muy localizado, muy controlado en la mayoría de los sitios e irrisorio en comparación a lo que hemos vivido, estás todos los días de la semana, a todas horas, en todas las tertulias, diciendo que se acerca un nuevo apocalipsis, al final, parece que estamos ante una nueva escalada irrefrenable del virus, y los países, que solo necesitan un ¡hay! para poner una venda a sus maltrechas economías, aprovechan para que el dinero de sus paisanos se gaste en el país propio y no en uno que cada día, gracias a los medios, parece estar sumido en un descontrol de contagios.
Realmente somos un país de quijotes, o como decía Marx, de ideas sin actos y actos sin ideas. Aquí en vez de hacer un poco de piña, preferimos bebérnosla colada en nuestra propia estupidez. Mientras, el resto del mundo trata de poner barreras al desastre económico, pero eso no va con nosotros. Luego la culpa la tendrá el gobierno, que es lo que están deseando decir y buscando desesperadamente, como a Susan.  
A ver si somos capaces de darnos cuenta de que todas esas cuarentenas que se están aplicando unos países a otros, tienen más que ver con la jungla del mercado económico en la que se está convirtiendo el mundo, que con una verdadera protección de la ciudadanía. Estamos en el sálvese quien pueda. Y España lo tiene difícil, por haber fiado gran parte de su economía a una actividad tan volátil como el turismo. Pero no sé si seremos capaces de aprender la lección a futuro. Eso sí que es preocupante.  


viernes, 10 de julio de 2020

No le veo la gracia.


Algunos se han puesto muy contentos porque Nadia Calviño no haya sido elegida presidenta del Consejo Europeo. La prensa lo tilda de fracaso, fiasco, varapalo, en fin, todos los adjetivos que se puedan utilizar para ridiculizar a gobierno. Pero yo no le veo la gracia por ningún lado. Sobre todo porque más allá de la guerra soterrada que los países del norte tienen con los del sur del UE, hay un dato que nos debería preocupar. El candidato ganador ha sido apoyado por el Partido Popular Europeo, y eso significa una Europa alejada de las políticas de economía social y bienestar público, en beneficio de capitalismo especulativo, asocial y benefactor de paraísos fiscales.
Lo que habría que preguntarse es el papel que ha jugado el Partido Popular de Pablo Casado, que no parece haya sido muy fructífero a la hora de convencer a sus correligionarios ideológicos, para que apoyaran a Nadia Calviño. Eso si no se han dedicado a poner palos en las ruedas de la candidatura española, como estoy convencido que ha sido.
Aquí los patriotas lo son para esconderse en la bandera y tapar sus vergüenzas, que solo miran a sus intereses de clase, por encima de todo.

domingo, 21 de junio de 2020

Fin del desconfinamiento. Todo llega

Fin del desconfinamiento. Todo llega. Al final, el tiempo, a pesar de su relatividad, es una máquina imparable que todo lo fagocita. Hace tres meses, cuando iniciábamos un encierro que ni en la literatura ni el cine de ciencia ficción se nos había profetizado, nos parecía que todo iba a ser rápido, hasta que nos caímos del guindo y nos dimos cuenta de que la cosa iba en serio. Entonces el túnel empezó a alargarse y parecía que nunca llegaríamos a ver la luz. Sin embargo, hoy, terminado el necesario estado de alarma que nos ha mantenido primero encerrados en nuestras casas y después restringida la libertad de movimientos; cuando sólo nos quedan unas horas para recuperar lo que se ha dado en llamar “nueva normalidad”, que a mí me parece va a ser tan vieja como la de antes, porque no veo muchas señales de cambio en la sociedad ni en la economía, me asaltan muchas dudas, y la luz que ya ilumina el final del túnel aparece trufada de sombras.

Lo que todos deseamos es que no se vuelva a repetir un suceso como el que hemos pasado, pero para eso es necesario que asumamos el grueso de la responsabilidad. El gobierno ha cumplido su papel durante la cuarentena, pero también se la exigido que no fuera tan laxo en la recuperación de la normalidad desde diferentes frentes. Bueno, pues ahora nos toca a nosotros cumplir con la nuestra, que no es otra que ser prudentes. Sí: prudentes. No es fácil, cuando se tienen muchas ganas de recuperar tantas cosas perdidas durante el confinamiento, pero si no somos conscientes de que depende de nosotros en su mayor medida que no vuelva a haber un gran brote descontrolado (los brotes pequeños no van a cesar, ni siquiera cuando haya una vacuna, pero si están sometidos a control sanitario no supondrán un gran riesgo), es que no hemos aprendido nada en estos meses de encierro.

Durante varias semanas he tratado de reflexionar con vosotros y vosotras sobre lo que estaba pasando. Sobre cómo estábamos viviendo el confinamiento. Tratando de aportar un rato de ocio literario, siempre en minúsculas, en ese gran momento de ocio en mayúsculas que hemos vivido. Al alimón de las noticias, hemos visto la grandeza de una sociedad que ha sido muy disciplinada y responsable; la solidaridad hacia quienes han estado en el centro de un campo de batalla desconocido arriesgando su salud por nosotros. Hemos aplaudido, llorado, reído, echado de menos el contacto físico y redescubierto muchas cosas que nos habíamos ido dejando por el camino de una vida, que más parecía una huida hacia adelante, que el disfrute de vivir y compartir.

Pero también hemos descubierto la mezquindad de muchos, que han antepuesto sus intereses particulares o de grupo sobre el esfuerzo de la mayoría. De una derecha, cada vez más extrema, abonada al bulo, la mentira y el insulto, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo a su alrededor; de un nacionalismo de derecha e izquierda, tan ciego como siempre a todo lo que no sea la ensoñación de una patria diseñada por ellos a su imagen y semejanza. Al destape de una clase social, que ha mostrado su insolidaridad con el resto de la sociedad, mezclando sus delirios de ricos con una muestra de zoquetismo  hasta ahora nunca expuesta tan a la luz del día. Incluso, un gobierno agarrotado en ciertos momentos, que ha cometido errores políticos que se podrían haber evitado, como, por ejemplo, el retraso en el pago de las ayudas o en volver a darle a la banca la gestión de los créditos ICO avalados por el Estado, entre otros. Aunque es justo reconocer que ha sido gracias a este gobierno que la crisis del coronavirus no haya sido una repetición de la crisis del 2008, como si fuera un mal sueño.

A pesar de todo estamos aquí, recuperando la vida para la que fuimos hechos, como animales gregarios que somos, intentando salir de un agujero económico, que, modestamente pienso, no tiene la gravedad de la anterior crisis, y es posible que asistamos a una recuperación mucho más rápida que la que auguran los economistas agoreros, que siempre todo lo ven mal, para justificar medidas de ajuste del capitalismo, que, por supuesto, tendrán que pagar, no los que más tienen, sino el resto de la sociedad.

Ha sido un placer escribir para vosotros y vosotras. Ahora llega el momento de poner fin a esta serie, aunque seguiré colgando en mi blog, de vez en cuando, alguna reflexión, si la escritura de mi nueva novela me lo permite. Nos volveremos a ver en otoño. Feliz verano y prudencia. 

PD: Si alguno o alguna está interesado en leer toda la serie, la podéis encontrar en la siguiente dirección: 

 https://laescrituraesferica.blogspot.com/search/label/Cr%C3%B3nica%20de%20la%20cuarentena  

Imagen: "El árbol residente en la mente humana". Obra de Eduardo Úrculo. Perteneciente a la colección del MACVAC.  



viernes, 5 de junio de 2020

34º día de desconfinamiento. Premio Príncipe de Asturias


34º día de desconfinamiento. Premio Príncipe de Asturias. Conforme vamos avanzando en la desescalada de la cuarentena, la estupidez humana se destapa imparable hacia la victoria final. Parecía que tantos días de encierro y pensamiento mirando al techo, nos iban a transformar en unos nuevos seres ajenos a los viejos comportamientos irreflexivos, que han convertido a la humanidad en la especie más majadera del planeta; imagínense a cualquier animal, si tuviera capacidad de discernimiento, la idea que podría hacerse de los humanos, viendo nuestros comportamientos. Bueno, algo deben sospechar, si no haber por qué huyen de nosotros como alma que lleva al diablo.  
Viene a cuenta esto por la concesión del Premio Príncipe de Asturias a los sanitarios y la reacción de algunos grupos, negando la mayor porque quieren que la monarquía devuelva lo robado (sic). Sobre todo de esa izquierda de cafetería y chupito, que todos los días, antes de irse a la cama tiene que haber hecho su pequeña revolución, igual que el que reza a la Virgen María y al Espíritu Santo.
Todos queremos que la monarquía devuelva lo robado, que los corruptos devuelvan lo robado, que los que defraudan a Hacienda devuelvan lo robado y que los curas nos devuelvan los años de represión sexual que vivimos muchos en nuestra juventud. Pero no sé que tiene que ver eso con la concesión de un premio de los más prestigiosos del mundo, para el que, por cierto, hemos firmado muchos la petición de concesión.
¿Alguien me puede explicar qué diferencia hay entre los que reclaman libertad, cacerola y bandera en mano en el barrio de Salamanca de Madrid, y los que rechazan, escudándose en no sé qué ética sin mácula, que a los sanitarios se les haya concedido el Príncipe de Asturias? Yo veo el mismo cerrilismo político entre unos y otros, y esto lo digo sin acritud, que a fin de cuentas, parece que se mueven más por la ceguera de unas ideas políticas que excluyen todo lo que no esté dentro de su universo de tribu ideológica. Voy más lejos, a los del barrio de Salamanca, solo les mueve su odio al gobierno de izquierdas actual, y a los que rechazan el premio, la antipatía a todo lo que se escapa a su idea del mundo.
Imagínense que el Banco Central Europeo concede a España una ayuda importante de miles de millones de euros para paliar la crisis económica, y cómo está dirigido por una directora condenada por corrupción en su país, vamos los españoles y lo rechazamos, porque no queremos nada con los corruptos. Lo dejo aquí, que no quiero dar más ideas quijotescas.
Lo que la mente de alguno no alcanza a razonar es que la concesión de este premio es la continuación de los aplausos diarios a la labor de lo sanitarios; es un reconocimiento universal a su esfuerzo y sacrificio, y cualquiera que tenga dos dedos de frente, jamás se atrevería a rechazarlo, porque en el rechazo va implícito el olvido, la tentación de anteponer las ideas y estrategias políticas, por encima del agradecimiento a los sanitarios por su trabajo.
Pero es que además, la concesión del Premio Príncipe de Asturias, es uno de los mayores reconocimientos que se puede hacer a la sanidad pública en España, a través de sus sanitarios. Ayuda más a que esta sea blindada contra la avaricia del dinero y sus representantes políticos, que todas las declaraciones de amor que podamos hacerle. Lo que deberíamos conseguir, es aprovechar la sinergia de este premio para que nunca más la sanidad pública sea objeto de ataques políticos; para que se blinde en la Constitución y tenga siempre una partida presupuestaria que cubra sus necesidades.
La tentación de algunos partidos de privatizarla o suprimirla es muy fuerte. Hagamos que el Premio Príncipe de Asturias sea un bofetón en toda la cara de aquellos que no dudarán en hacerlo en cuanto puedan, utilizando a los sanitarios como moneda de cambio laboral. Por eso, rechazar este premio me parece una de las idioteces más grandes que he escuchado en los últimos tiempos, y ya es decir mucho.      

martes, 2 de junio de 2020

31º día de desconfinamiento. Negociar para avanzar


31º día de desconfinamiento. Negociar para avanzar. Avanzamos hacia la normalidad post pandemia, aunque no debemos olvidar que el virus sigue estando aquí, entre nosotros, y algunas cosas se van aclarando en el panorama político. Digamos que en el arco parlamentario se van definiendo dos grupos que tienen una actitud muy diferente en cuanto a su compromiso de sacar el país adelante, en lo que se ha dado en llamar reconstrucción.
El primer grupo es mayoritario en el Congreso y en la sociedad, altamente heterogéneo, divergente, incluso ideológicamente antagónico, pero que está mostrando un cierto interés por alcanzar un punto tangencial, que permita avanzar hacia la reconstrucción económica y democrática. Es un grupo difícil, que tiene un camino duro y tortuoso por delante, que exige mucha concentración y apoyo mutuo para transitarlo, en el que, probablemente, habrá algún descuelgue, pero que ya tiene una cosa en común, saber que la salida más segura de la pandemia necesita del esfuerzo de todos; a partir de ahí todo es negociable, siempre que se quiera negociar. El país se lo demanda y se lo recompensará.
 El otro grupo es el que no tiene ningún interés por el bien de los españoles, vivan donde vivan, y representa lo más patético del nacionalismo más rancio que podamos imaginar. Solo se mueven para satisfacer sus estrategias políticas, ya sea en Madrid o Cataluña. Todas ellas en caminadas a presentar un panorama lo más apocalíptico posible, para que ellos puedan justificar mejor lo que saben hacer muy bien, por no decir solamente: agitar las banderas de su ensoñación nacionalista. Son la derecha cavernícola, la que ha devaluado el sistema sanitario, tanto en Cataluña como en el resto de España; la que prefiere lanzar a la calle a sus seguidores, por encima de los riesgos de contagio que puede suponer tanto amante de  “la libertad” revuelto entre cacerolas y banderas, para el resto de la población. Son los que han perdido el juicio por tanta droga nacionalista y/o ya no ocultan su fascismo genético, que empieza a ser preocupante en una sociedad democrática. Se han autoexcluido de la reconstrucción del país, porque solo entienden una España o una Cataluña, servil a sus delirios ultranacionalistas y ultraderechistas.
España, ahora mismo necesita mucha confianza en sí misma; los españoles un mensaje tranquilizador, alejado de la crispación que la extrema derecha del PP y Vox están sometido al país, con la ayuda de algún miembro del gobierno, que como ya he expuesto en otro artículo, debería plantearse si su función es ya necesaria en la nueva etapa de concordia que tiene que presidir la política post coronavirus. No les interesa negociar nada, porque su estrategia de acusar al gobierno de ilegítimo, inmoral, inútil y antiespañol, se vendría abajo.
Lo cierto es, que por primera vez en muchos años, hay un gobierno que toma medidas pensado en la mayoría de la población, pero tiene una debilidad parlamentaria que lo coloca en el filo de la navaja. Por ello, la negociación de un plan de reconstrucción, de unos  nuevos presupuestos al servicio de esa reconstrucción; trabajar para que España tenga un equilibrio territorial que no satisfaga a nadie, pero que todos puedan aceptarlo, son premisas que pasan por un esfuerzo enorme de negociación entre grupos antagónicos, pero que tienen la lealtad de salvar al país y sus habitantes. Todos tendrán que ceder y mucho, porque lo importante no es lo que a usted y a mí nos gustaría, sino lo que la gran mayoría pueda considerar aceptable, tal como se hizo en La Transición, que con todos sus defectos y distorsiones consiguió que un país tan difícil como el nuestro para los acuerdos y consensos, se dotara de instrumentos que le permitieron vivir muchos años de tranquilidad y prosperidad.
Esa es la exigencia que deberíamos hacer, desde todos los ámbitos de la sociedad, a la clase política, y quien  no quiera estar que se atenga a las consecuencias de una sociedad en marcha, democrática y con ganas de un futuro de paz y bienestar.                 

viernes, 29 de mayo de 2020

28º día de desconfinamiento. Pablo


28º día de desconfinamiento. Pablo. Querido Pablo, siento tener que decirte que deberías dimitir como vicepresidente del gobierno. Es triste tener que llegar a pedirte esto, siendo el líder de un partido tan necesario para que las políticas progresistas y de izquierda se  abran paso en el país. Te lo pido, porque últimamente la estabilidad del gobierno se encuentra amenazada por tus salidas de tono y ansia por querer figurar más de la cuenta. Entiendo que quieras que se visualice tu Partido en el gobierno, pero podías fijarte en la excelente labor de la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y arrinconar las bravuconadas o salidas de tono que sueles regalar a tus incondicionales, pero que tanto daño hacen a la labor del ejecutivo.
Es cierto que debes estar dolido por los ataques constantes que la derecha hace sobre tu persona y familia. Cualquiera lo estaría. Pero a un político de tu nivel se le debe exigir un  poco de contención, seny, que dicen los catalanes, para no entrar en su juego de crispación, que solo les beneficia a ellos. No solo eso, la mesura es una medida que siempre debe respetarse; decía Voltaire que el secreto de no hacerse fastidioso consiste en saber cuando detenerse. Y tú, últimamente has roto los frenos. No voy a enumerar aquí la munición que les has dado a la oposición en las últimas semanas, la conoces tú de sobra.
Lo que me ha llevado a escribir esta carta ha sido tu intervención de ayer en la Comisión de Reconstrucción. Vale, que el otro día llamaras marquesa a la ínclita portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, de una forma despectiva, tratando de ofender. Realmente nos importa un bledo si esa señora es marquesa, duquesa o baronesa. Lo que la convierte en una persona tóxica para la democracia y la mayoría de los españoles, es su manera de pensar en la desigualdad como un fenómeno natural y su desprecio hacía los que no piensan como ella. Su intervención contra tu familia la delata y nos da la idea de la catadura política y humana que tiene.
Pero tú no debes caer en ese juego, y ayer, una vez más, te dejaste llevar por la incontinencia verbal que no se le espera a un vicepresidente del gobierno. Lo que le dijiste al diputado de Vox lo pensamos muchos, lo escribimos en nuestros artículos y expresamos en foros, pero tú debes guardar las formas, porque cuando no lo haces pones en evidencia al gobierno y nos dejas sin argumentos a los demás.
Estos días se está hablando mucho de la crispación política, una crispación fomentada por la derecha, como último recurso para derrocar al gobierno. Todos tenemos claro que son el PP, Vox y sus medios los que la alientan. Es paradigmático que en el Ayuntamiento de Madrid, no exista crispación porque la oposición está teniendo un comportamiento exquisitamente democrático. Sin embargo, tú ayer has tirado por tierra todos los argumentos que señalaban a la derecha como única responsable de la crispación política. Al ponerte a su altura de discurso irrespetuoso y poco inteligente, ya no es solo la derecha la que alimenta la crispación, y así lo van a airear a los cuatro vientos, ya lo están haciendo, en un momento de suma delicadeza para el gobierno. Creo que no eres consciente de la responsabilidad que has adquirido al ser vicepresidente.
Fíjate hasta que punto llega, que hoy, que deberíamos estar celebrando la aprobación en Consejo de Ministros/as el Ingreso Mínimo Vital, algo por lo que la izquierda lleva años peleando, tu desatino verbal de ayer, lo ha difuminado y empequeñecido, que es justo lo que la derecha pretende: que nada de lo que está haciendo el gobierno para mejorar la vida de los españoles adquiera la categoría de buena gobernabilidad.
Perdona que utilice una expresión muy burda, pero ayer la has cagado y mucho, sin medir las consecuencias de tus actos. Por eso, creo que deberías dimitir, que tu lugar lo ocupe otra persona de tu Partido más preparada para la vida institucional. Porque los avances sociales, y esto tú lo sabes mejor que yo, no se consiguen solo en las barricadas, sino también desde el gobierno, y para ello es imprescindible que no haya en su interior ningún dinamitero, que de sembrar de minas la acción del gobierno ya se encarga la oposición.
Por lo demás, sigo pensando que fuera del gobierno eres una persona necesaria para la izquierda del país.
Buen desconfinamiento.



Bajas laborales

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