miércoles, 25 de marzo de 2026

Una historia de Marilyn Monroe en el MACVAC

 


Lo puedes leer también en formato libro: Una historia de Marilyn Monroe en el MACVAC

              La relación entre el arte y el cine tiene una larga historia de amor. Son muchos los ejemplos en los que el cine se ha inspirado en obras pictóricas: La recreación de “El café de noche” de Vicent Van Gogh y la taberna que aparece en la película “El loco del pelo rojo”, de Vicente Minnelli; “Retrato de la periodista Silvya von Harden” de Otto Dix y una escena de la película “Cabaret”, de Bob Fosse; “Duelo de garrotazos” de Goya y “Jamón, jamón”, de Bigas Luna; o “Morning sun” de Edward Hopper y “Shirley: visiones de una realidad”, de Gustav Deutsch, entre otras  muchas. Por no mencionar la relación existente entre un subgénero pictórico tan íntimamente ligado al cine que es imposible disociarlos, como es el de la cartelería de películas, hoy en triste decadencia, pero que inundó de arte las calles de nuestras ciudades, en una época en la que las grandes salas de cine eran una parte esencial del paisaje urbano. Por mencionar sólo algunos, me quedaría con los españoles: Macario Gómez Quibus (Mac), en el recuerdo de aquel cartel inseparable de la película Doctor Zhivago, en España; Francisco Fernández Zarza (Jano), autor del impresionante cartel de “Surcos”; Iván Zulueta, cartelista además de realizador cinematográfico, autor del cartel de “Matador”, película de Pedro Almodovar; y por citar uno más: Óscar Marnié, del que podemos recordar el mítico cartel de “Todo sobre mi madre”, también, de Almodovar. Decía la directora, guionista y escritora Arantxa Aguirre, en un coloquio organizado por Radio3 en abril de 2022: «lo que tiene en común el cine y la pintura es el cuadro, el encuadre y la selección de la realidad», por ello, como escribía al principio, esa relación entre ambas disciplinas artísticas es indisoluble y fructíferamente artística.

            Sin embargo, no es tan corriente que el cine inspire una pintura o se convierta en musa de un artista. Algunos ejemplos hay, como el díptico de Andy Warhol sobre Marilyn Monroe, pero no es una práctica habitual en el arte. Sí hay mujeres y hombres que han inspirado, a lo largo de la historia, a grandes artistas, pero si nos ceñimos al cine, muy pocos casos.

            Uno de ellos es la obra, sin título, que pintó Ángel González Doreste en 1974, en la que la figura de Marilyn Monroe, atrapa al espectador con una fuerza tal, que es imposible apartar la vista de ella, en una pintura que rememora la película Vidas rebeldes de John Huston, con una composición pictórica, que surge de la capacidad de Ángel González Doreste para recrear situaciones o imágenes con la minuciosidad de un artista que no pretende reflejar de una forma fidedigna la realidad, sino interpretarla de una manera objetiva. El mismo define su pintura: «En mi caso, el lenguaje de mi pintura se atiene a una realidad parcial y concreta cual es la cotidianeidad de los objetos. Pero no está en mi ánimo asir tal realidad de por sí, y a través de la mejor técnica, como un juego de virtuosismo. Mi pintura de factura depurada no pretende “representación” de lo cotidiano como reflejo fidedigno de la realidad tangible, si no que se reduce tan solo a hacer de ellos una “presentación” objetiva».

            Aunque nacido en Canarias, Ángel González Doreste fue gallego por afinidad familiar y cántabro por residencia; durante gran parte de su vida residió en Santoña, tras pasar por la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, gracias a una beca de la diputación de Lugo, y vivir la experiencia artística en París a principios de los años sesenta del siglo pasado. Todo ese periplo le llevó a participar, brevemente, en la renovación artística que supuso el informalismo en España, y ser artista de una exposición colectiva en Galicia en 1960, que según cuenta el diario El Progreso en un artículo del 2 de diciembre de 2020, generó un gran rechazo por parte del público, calificando a los artistas de la exposición como “pintorcetes”, lamentándose de que no existiera una comisión de censura que impidiera “toda esa porquería”. Lo que no impidió que el escritor Xose Luis Franco Grande lo saludara como un “artista revolucionario y vanguardista”. No obstante, González Doreste, nunca había dejado de ser un pintor realista, si atendemos a la obra que ya venía realizando desde hacía tiempo, abundante en retratos, paisajes, bodegones, autorretratos, etc.

            Volviendo a la obra de 1974, que pertenece a los fondos del MACVAC, siempre ha existido la sospecha de que esa mujer en actitud sensual, que tapa su cuerpo con una sábana, es un  retrato alegórico de Marilyn Monroe. Esa fue la sensación que nunca me he podido quitar de encima, desde que en mi primera visita al entonces denominado  Museo de Arte Popular Contemporáneo de Vilafamés, en 1981, vi, por primera vez, la obra de González Doreste, quedando prendada en mi subconsciente, como una de las que siempre llevo en mi recuerdo. Nunca he tenido dudas de que el personaje femenino de la obra era la incomparable Marilyn Monroe. Incluso esa sensación certera, la compartía el periodista y escritor valenciano Jaime Millás, cuando en su artículo Mis cuadros preferidos. Itinerario Iconográfico de una generación, publicado en la revista Diferents en su número 1, del año 2016, escribe, refiriéndose a la obra de Doreste en el MACVAC: «El fracaso masculino frente a la pasión desmedida de una candidata a Marilyn Monroe».

            Llegados a este punto, cabe resolver el enigma del cuadro, que vuelve a estar expuesto al público después de algunos años descansando en peines. Hoy no existe la menor duda de que la figura femenina es Marilyn Monroe y la masculina, cabizbaja, es Clark Gable, en una recreación que Ángel González Doreste hace de la película Vidas rebeldes, dirigida por Jonh Huston y estrenada en EEUU el 31 de enero de 1961, gracias a las indagaciones de Sofía Barrón Abad, doctora en Historia del Arte, Personal Docente Investigador de la VIU y Directora Artística del MACVAC y Joan Feliu Franch, igualmente doctor en Historia del Arte, PDI de la VIU y Director Gerente del MACVAC.

            En 1960, Marilyn Monroe rueda junto con Clarke Gable su penúltima película -la última, que no llegó a terminar de rodar, por su triste desaparición en 1962, fue Something's Got to Give (Alguien tiene que ceder, en España), junto a Dean Martin, dirigida por George Cukor-. En Vidas rebeldes, Marilyn (Roslyn) es una viuda, exbailarina, que se refugia en Reno (Nevada) huyendo de su pasado, y vive una intensa relación con tres hombres que la desean: Clark Gable (Gay), Montgomery Clift (Perce) y Eli Wallach (Guido), tan perdidos, como ella, en un mundo que se les escapa. Esta mini sinopsis la cuento porque tiene mucho que ver con el cuadro de González Doreste inspirado en la actriz.

            En esta pintura nos encontramos a Marilyn Monroe en un actitud sexualmente empoderada, triunfante, envuelta en una sábana, sobre un Clark Gable que, en actitud casi humillante, con la cabeza gacha, parece sucumbir a la poderosa atracción que Marilyn ejerce sobre él. Una escena, que como tal, no se ve en la película, sino que está montada por dos momentos diferentes: uno, la posición de Clark Gable, cuando este besa a Marilyn metida en la cama, y otro, la de ella, que corresponde a la imagen que apareció en el cartel de la película en España, ilustrado por Macario Gómez Quibus (Mac).

            Con estos mimbres, Ángel González Doreste pinta una obra poderosa, que si bien no tiene intención de semejarse en nada a la película de John Huston, sí nos muestra, a través de dos personajes míticos del cine, la fuerza del deseo que ejercen las mujeres sobre los hombres, cuando estos ni quieren ni pueden dejar de sucumbir a ellas. Pero además, esconde un misterio que se reveló en 2018, un año antes de morir Doreste, y del que, seguramente, estaba enterado: la caída de la sábana de Marilyn en esa escena, que la pintura deja en suspensión, como si fuera a producirse de un momento a otro.  

            En 2018, lo que era un secreto a voces en Hollywood, salió a la luz. John Huston, posiblemente, dejándose llevar por la moralidad de la época o, quizá, la suya propia, eliminó una secuencia de 45 segundos en la que Marilyn se levanta de la cama mostrando su cuerpo desnudo de espaldas, con la excusa de que era irrelevante para la película. Es una escena inocente, en la que un Clark Gable fascinado por la belleza de Marilyn y dejándose llevar por un deseo contenido la vuelve a besar. Nada más, que se sepa: ni sábanas cayendo ni desnudo integral ni nada que se le parezca, pero que gracias a Ángel González Doreste y su obra S/T, que se puede ver en el MACVAC de Vilafamés, nuestra imaginación puede volar hasta donde la moralidad de cada uno nos permita.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Una historia de Marilyn Monroe en el MACVAC

  Lo puedes leer también en formato libro:  Una historia de Marilyn Monroe en el MACVAC               La relación entre el arte y el cine ti...