La
relación entre el arte y el cine tiene una larga historia de amor. Son muchos
los ejemplos en los que el cine se ha inspirado en obras pictóricas: La
recreación de “El café de noche” de Vicent Van Gogh y la taberna que aparece en
la película “El loco del pelo rojo”, de Vicente Minnelli; “Retrato de la
periodista Silvya von Harden” de Otto Dix y una escena de la película “Cabaret”,
de Bob Fosse; “Duelo de garrotazos” de Goya y “Jamón, jamón”, de Bigas Luna; o
“Morning sun” de Edward Hopper y “Shirley: visiones de una realidad”, de Gustav
Deutsch, entre otras muchas. Por no
mencionar la relación existente entre un subgénero pictórico tan íntimamente
ligado al cine que es imposible disociarlos, como es el de la cartelería de
películas, hoy en triste decadencia, pero que inundó de arte las calles de
nuestras ciudades, en una época en la que las grandes salas de cine eran una
parte esencial del paisaje urbano. Por mencionar sólo algunos, me quedaría con
los españoles: Macario Gómez Quibus (Mac), en el recuerdo de aquel cartel
inseparable de la película Doctor Zhivago, en España; Francisco Fernández Zarza
(Jano), autor del impresionante cartel de “Surcos”; Iván Zulueta, cartelista
además de realizador cinematográfico, autor del cartel de “Matador”, película
de Pedro Almodovar; y por citar uno más: Óscar Marnié, del que podemos recordar
el mítico cartel de “Todo sobre mi madre”, también, de Almodovar. Decía la
directora, guionista y escritora Arantxa Aguirre, en un coloquio organizado por
Radio3 en abril de 2022: «lo que tiene en
común el cine y la pintura es el cuadro, el encuadre y la selección de la
realidad», por ello,
como escribía al principio, esa relación entre ambas disciplinas artísticas es
indisoluble y fructíferamente artística.
Sin embargo, no es tan corriente que
el cine inspire una pintura o se convierta en musa de un artista. Algunos
ejemplos hay, como el díptico de Andy Warhol sobre Marilyn Monroe, pero no es
una práctica habitual en el arte. Sí hay mujeres y hombres que han inspirado, a
lo largo de la historia, a grandes artistas, pero si nos ceñimos al cine, muy
pocos casos.
Uno de ellos es la obra, sin título,
que pintó Ángel González Doreste en 1974, en la que la figura de Marilyn
Monroe, atrapa al espectador con una fuerza tal, que es imposible apartar la
vista de ella, en una pintura que rememora la película Vidas rebeldes de
John Huston, con una composición pictórica, que surge de la capacidad de Ángel
González Doreste para recrear situaciones o imágenes con la minuciosidad de un
artista que no pretende reflejar de una forma fidedigna la realidad, sino
interpretarla de una manera objetiva. El mismo define su pintura: «En mi
caso, el lenguaje de mi pintura se atiene a una realidad parcial y concreta
cual es la cotidianeidad de los objetos. Pero no está en mi ánimo asir tal
realidad de por sí, y a través de la mejor técnica, como un juego de
virtuosismo. Mi pintura de factura depurada no pretende “representación” de lo
cotidiano como reflejo fidedigno de la realidad tangible, si no que se reduce
tan solo a hacer de ellos una “presentación” objetiva».
Aunque nacido en Canarias, Ángel
González Doreste fue gallego por afinidad familiar y cántabro por residencia;
durante gran parte de su vida residió en Santoña, tras pasar por la Academia de
Bellas Artes de San Fernando en Madrid, gracias a una beca de la diputación de
Lugo, y vivir la experiencia artística en París a principios de los años
sesenta del siglo pasado. Todo ese periplo le llevó a participar, brevemente,
en la renovación artística que supuso el informalismo en España, y ser artista de
una exposición colectiva en Galicia en 1960, que según cuenta el diario El
Progreso en un artículo del 2 de diciembre de 2020, generó un gran rechazo por
parte del público, calificando a los artistas de la exposición como
“pintorcetes”, lamentándose de que no existiera una comisión de censura que
impidiera “toda esa porquería”. Lo que no impidió que el escritor Xose Luis
Franco Grande lo saludara como un “artista revolucionario y vanguardista”. No
obstante, González Doreste, nunca había dejado de ser un pintor realista, si
atendemos a la obra que ya venía realizando desde hacía tiempo, abundante en
retratos, paisajes, bodegones, autorretratos, etc.
Volviendo a la obra de 1974, que
pertenece a los fondos del MACVAC, siempre ha existido la sospecha de que esa
mujer en actitud sensual, que tapa su cuerpo con una sábana, es un retrato alegórico de Marilyn Monroe. Esa fue
la sensación que nunca me he podido quitar de encima, desde que en mi primera visita
al entonces denominado Museo de Arte
Popular Contemporáneo de Vilafamés, en 1981, vi, por primera vez, la obra de
González Doreste, quedando prendada en mi subconsciente, como una de las que siempre
llevo en mi recuerdo. Nunca he tenido dudas de que el personaje femenino de la
obra era la incomparable Marilyn Monroe. Incluso esa sensación certera, la
compartía el periodista y escritor valenciano Jaime Millás, cuando en su
artículo Mis cuadros preferidos. Itinerario Iconográfico de una generación,
publicado en la revista Diferents en su número 1, del año 2016, escribe,
refiriéndose a la obra de Doreste en el MACVAC: «El fracaso masculino
frente a la pasión desmedida de una candidata a Marilyn Monroe».
Llegados a este punto, cabe resolver
el enigma del cuadro, que vuelve a estar expuesto al público después de algunos
años descansando en peines. Hoy no existe la menor duda de que la figura
femenina es Marilyn Monroe y la masculina, cabizbaja, es Clark Gable, en una
recreación que Ángel González Doreste hace de la película Vidas rebeldes,
dirigida por Jonh Huston y estrenada en EEUU el 31 de enero de 1961, gracias a
las indagaciones de Sofía Barrón Abad, doctora en Historia del Arte, Personal
Docente Investigador de la VIU y Directora Artística del MACVAC y Joan Feliu
Franch, igualmente doctor en Historia del Arte, PDI de la VIU y Director
Gerente del MACVAC.
En 1960, Marilyn Monroe rueda junto
con Clarke Gable su penúltima película -la última, que no llegó a terminar de
rodar, por su triste desaparición en 1962, fue Something's Got to Give (Alguien
tiene que ceder, en España), junto a Dean Martin, dirigida por George Cukor-.
En Vidas rebeldes, Marilyn (Roslyn) es una viuda, exbailarina, que se
refugia en Reno (Nevada) huyendo de su pasado, y vive una intensa relación con tres
hombres que la desean: Clark Gable (Gay), Montgomery Clift (Perce) y Eli
Wallach (Guido), tan perdidos, como ella, en un mundo que se les escapa. Esta
mini sinopsis la cuento porque tiene mucho que ver con el cuadro de González
Doreste inspirado en la actriz.
En esta pintura nos encontramos a Marilyn
Monroe en un actitud sexualmente empoderada, triunfante, envuelta en una
sábana, sobre un Clark Gable que, en actitud casi humillante, con la cabeza
gacha, parece sucumbir a la poderosa atracción que Marilyn ejerce sobre él. Una
escena, que como tal, no se ve en la película, sino que está montada por dos
momentos diferentes: uno, la posición de Clark Gable, cuando este besa a
Marilyn metida en la cama, y otro, la de ella, que corresponde a la imagen que
apareció en el cartel de la película en España, ilustrado por Macario Gómez
Quibus (Mac).
Con estos mimbres, Ángel González
Doreste pinta una obra poderosa, que si bien no tiene intención de semejarse en
nada a la película de John Huston, sí nos muestra, a través de dos personajes
míticos del cine, la fuerza del deseo que ejercen las mujeres sobre los
hombres, cuando estos ni quieren ni pueden dejar de sucumbir a ellas. Pero además,
esconde un misterio que se reveló en 2018, un año antes de morir Doreste, y del
que, seguramente, estaba enterado: la caída de la sábana de Marilyn en esa
escena, que la pintura deja en suspensión, como si fuera a producirse de un
momento a otro.
En 2018, lo que era un secreto a
voces en Hollywood, salió a la luz. John Huston, posiblemente, dejándose llevar
por la moralidad de la época o, quizá, la suya propia, eliminó una secuencia de
45 segundos en la que Marilyn se levanta de la cama mostrando su cuerpo desnudo
de espaldas, con la excusa de que era irrelevante para la película. Es una
escena inocente, en la que un Clark Gable fascinado por la belleza de Marilyn y
dejándose llevar por un deseo contenido la vuelve a besar. Nada más, que se
sepa: ni sábanas cayendo ni desnudo integral ni nada que se le parezca, pero que
gracias a Ángel González Doreste y su obra S/T, que se puede ver en el MACVAC
de Vilafamés, nuestra imaginación puede volar hasta donde la moralidad de cada
uno nos permita.

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