viernes, 25 de septiembre de 2026

Ser buenas o malas personas

 


Al final, para explicar el mundo y los comportamientos de algunos o muchos humanos, tenemos que volver a la dualidad maniquea de buenos y malos, en el sentido que la gran mayoría de las religiones o corrientes filosóficas de nuestra historia le han dado al término. Si definimos de una manera sencilla los conceptos, bueno sería aquel que hace el bien en todos los ámbitos de su vida, no solo porque sea buena persona, sino porque sus actos tienen que ver con el bien común, ya sea de su familia, sus amigos, sus vecinos o la sociedad en general, algo que en estos tiempos de individualismo atrófico ha caído en desuso; por el contrario malo sería aquel que se regodea en su ego y sólo busca el bien personal, por encima del resto de sus congéneres, sin empatía hacia los demás y/o comportamientos físicos o intelectuales que engendran el mal hacia sus semejantes.

Muchos de ustedes pensarán que la vida está llena de grises que son un abanico de posibilidades entre el blanco y el negro, pero cuando se trata de hacer el bien o el mal esos grises se difuminan. Uno no puede se bueno en su casa y un canalla fuera de ella; ni ser una bellísima persona en la calle y un demonio en casa; ni salir de misa dándose golpes de pecho y machacar al prójimo en la primera esquina. No se puede ser decente y honesto a la vez que sinvergüenza y corrupto. Las medias tintas solo sirven para justificar comportamientos reprobables, porque hemos asumido tanto el relativismo de todo, que acabamos aceptando que incluso los malos tienen una justificación para su maldad.

Me viene todo esto a la cabeza por el escándalo que estamos viviendo estos días en España, ya antiguo, de los desahucios, y la maldad, sin fisuras, de aquellos que los promueven, los justifican, los alientan, los dejan correr, los decretan, los utilizan para ridiculizar a quienes los sufren o se ríen de ellos. No hay término medio ni motivo que pueda empatizar, por mínimo que sea, con aquellos que echan a la gente a la calle, convierten el mercado de la vivienda en un infierno para una mayoría de la sociedad, justifican y alientan la pobreza, se rinden a la violencia, sea del tipo que sea, o caen de bruces ante el becerro de oro de la maldad y el dinero, sin miramientos hacia los demás.

La sociedad es todo lo compleja que nosotros queremos hacerla, pero al final todo se reduce a una sencilla dicotomía: estar en el lado de la bondad o en el de la maldad; en definitiva: ser bueno o ser malo.                

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ser buenas o malas personas

  Al final, para explicar el mundo y los comportamientos de algunos o muchos humanos, tenemos que volver a la dualidad maniquea de buenos y ...