lunes, 16 de marzo de 2026

Casi todos contentos en Castilla León

 


                Que en unas elecciones los tres partidos más relevantes del panorama político español ganen realmente, es algo que no se suele dar. Es cierto e incuestionable que el triunfador ha sido el Partido Popular, que ha subido en votos y escaños, cortando en seco las victorias pírricas en Extremadura y Aragón, y sobre todo porque ha conseguido aguar el desfile de la Victoria que los franquistas de Vox, alguno hay también en el PP, tienen en su imaginario político. Como aquellos que se montaba Franco, para mayor gloria de su delirio autócrata. No le quita valor a la victoria del PP, que jugara en casa.

                También ha subido Vox, pero, en este caso, sí que podríamos decir que ha sido una victoria que les ha sabido a poco. Ese ascenso vertiginoso que iban a tener, rompiendo todas las expectativas, gracias a los buenos españoles que reniegan de los que no son ni buenos ni, para ellos, españoles, no se ha producido. Es más, aun teniendo la sartén de la gobernabilidad de las Comunidades Autónomas, algo de frustración les tiene que haber quedado, porque su líder solo tiene en la cabeza el sorpasso al PP en las generales. Debería tener cuidado el Sr. Abascal, no vaya a ser que le pase como a Julio Anguita, que soñaba también con el sorpasso y salió esquilado. No solo no consiguió desbancar al PSOE, sino que en las elecciones siguientes su coalición cayó en la irrelevancia parlamentaria, arrastrando a los socialistas a una derrota, esta sin paliativos, ante el Partido Popular, que consiguió mayoría absoluta. Ya saben que la historia no se repite, pero rima.  

                El tercero en liza es el PSOE. Podríamos decir que han obtenido una victoria sin haber ganado. Están contentos porque han frenado la sangría de Extremadura y Aragón, dos comunidades que se han visto perjudicadas por los errores de la dirección en Madrid: en la primera por permitir que un personaje turbio, como Miguel Ángel Gallardo, se presentase como candidato; en la segunda por esa absurda apuesta de presentar ministros/as a las autonómicas, como si el cargo ministerial no tuviera ya un desgaste de salida perjudicial para sus intereses electorales. Pero en Castilla-León, han salvado los muebles con bastante solvencia. Suben en todo, con un candidato adecuado, lo que no deja de ser un soplo de optimismo, para las maltrechas huestes socialistas, que no están siendo capaces de poner en valor todo lo hecho por el gobierno de Pedro Sánchez; pero, también, un bofetón con la mano abierta, en la cara del PP, con los Tellado, Ayuso, Feijoo o Muñoz, que no solo no han visto cumplir el sueño onírico de un partido socialista, con Sánchez a la cabeza, lamiendo las calles embarradas de fracaso electoral, sino que crecen, a pesar del toque de arrebato, del todo vale, del sanchismo satánico, con el que acusan con su dedo inquisitorial al gobierno y sus socios. Posiblemente, sea este el resultado mejor recibido de todos, a pesar de quedar muy lejos de gobernar, y a pesar de los exabruptos lanzados por el PP, tratando de ridiculizar y minimizar lo que todos hemos visto, quizá porque sabemos sumar. Incluso se atreven desde Madrid, con la ínclita Isabel Díaz Ayuso, a acusar al “sanchismo” de pucherazo, en unas elecciones que han ganado ellos. Lo que indica que no ha sentado muy bien en Génova ni en la Puerta del Sol el resultado del PSOE.

                Más allá, lo que queda es la resignación, como en el caso de los partidos regionalistas y la desolación, con la izquierda redentora al borde de la desaparición o directamente fuera de combate. Como ya lo he hecho en otra ocasión, no voy a hablar de ellos. Cada uno tiene lo que se merece y se recoge lo que se siembra.

                Hecha toda la parrafada anterior, me gustaría hacer dos o tres reflexiones: una que las elecciones autonómicas no son unas generales, y en los medios se extrapolan con demasiada ligereza los datos; es cierto que están marcando una tendencia hacia la derechización de la sociedad española, lo que visto desde la perspectiva de la salud democrática no deja de ser un riesgo, al ser una parte de la ecuación la extrema derecha, incluida la que anida dentro del PP. Por otro lado, no acabo de encontrar el motivo de tanta alegría en el partido de Núñez Feijoo, cuando dependen, cada vez más, de Vox y sus invocaciones fascistas; a no ser, que a Núñez Feijoo y su corte genovesa, les de igual con quien se acuesta, con tal de dormir en la Moncloa; deberían no olvidarse de aquel dicho popular que decía que con quien con el diablo se acuesta, con él se levanta. Tercera y última: El PSOE, para desolación del PP no se hunde, como si el martillo neumático del antisanchismo perdiera fuerza y no consiguiera hacer un agujero importante en el suelo electoral del socialismo. Algo que parece les preocupa mucho, no vaya a ser que cambie la tendencia y como en el 23-J, dejen de presidir el gobierno de España, porque no han querido hacerlo.

                Dicho todo esto, que disfruten estos días todos los victoriosos, porque los triunfos o son contundentes o huelen, siempre, un poco a derrota.

  

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