Que en unas elecciones los tres
partidos más relevantes del panorama político español ganen realmente, es algo que
no se suele dar. Es cierto e incuestionable que el triunfador ha sido el
Partido Popular, que ha subido en votos y escaños, cortando en seco las
victorias pírricas en Extremadura y Aragón, y sobre todo porque ha conseguido
aguar el desfile de la Victoria que los franquistas de Vox, alguno hay también
en el PP, tienen en su imaginario político. Como aquellos que se montaba Franco,
para mayor gloria de su delirio autócrata. No le quita valor a la victoria del
PP, que jugara en casa.
También ha subido Vox, pero, en
este caso, sí que podríamos decir que ha sido una victoria que les ha sabido a
poco. Ese ascenso vertiginoso que iban a tener, rompiendo todas las expectativas,
gracias a los buenos españoles que reniegan de los que no son ni buenos ni, para
ellos, españoles, no se ha producido. Es más, aun teniendo la sartén de la
gobernabilidad de las Comunidades Autónomas, algo de frustración les tiene que
haber quedado, porque su líder solo tiene en la cabeza el sorpasso al PP en las
generales. Debería tener cuidado el Sr. Abascal, no vaya a ser que le pase como
a Julio Anguita, que soñaba también con el sorpasso y salió esquilado. No solo
no consiguió desbancar al PSOE, sino que en las elecciones siguientes su coalición
cayó en la irrelevancia parlamentaria, arrastrando a los socialistas a una
derrota, esta sin paliativos, ante el Partido Popular, que consiguió mayoría
absoluta. Ya saben que la historia no se repite, pero rima.
El tercero en liza es el PSOE.
Podríamos decir que han obtenido una victoria sin haber ganado. Están contentos
porque han frenado la sangría de Extremadura y Aragón, dos comunidades que se
han visto perjudicadas por los errores de la dirección en Madrid: en la primera
por permitir que un personaje turbio, como Miguel Ángel Gallardo, se presentase
como candidato; en la segunda por esa absurda apuesta de presentar ministros/as
a las autonómicas, como si el cargo ministerial no tuviera ya un desgaste de
salida perjudicial para sus intereses electorales. Pero en Castilla-León, han
salvado los muebles con bastante solvencia. Suben en todo, con un candidato
adecuado, lo que no deja de ser un soplo de optimismo, para las maltrechas
huestes socialistas, que no están siendo capaces de poner en valor todo lo hecho
por el gobierno de Pedro Sánchez; pero, también, un bofetón con la mano
abierta, en la cara del PP, con los Tellado, Ayuso, Feijoo o Muñoz, que no solo
no han visto cumplir el sueño onírico de un partido socialista, con Sánchez a
la cabeza, lamiendo las calles embarradas de fracaso electoral, sino que crecen,
a pesar del toque de arrebato, del todo vale, del sanchismo satánico, con el
que acusan con su dedo inquisitorial al gobierno y sus socios. Posiblemente,
sea este el resultado mejor recibido de todos, a pesar de quedar muy lejos de gobernar,
y a pesar de los exabruptos lanzados por el PP, tratando de ridiculizar y minimizar
lo que todos hemos visto, quizá porque sabemos sumar. Incluso se atreven desde
Madrid, con la ínclita Isabel Díaz Ayuso, a acusar al “sanchismo” de pucherazo,
en unas elecciones que han ganado ellos. Lo que indica que no ha sentado muy
bien en Génova ni en la Puerta del Sol el resultado del PSOE.
Más allá, lo que queda es la
resignación, como en el caso de los partidos regionalistas y la desolación, con
la izquierda redentora al borde de la desaparición o directamente fuera de
combate. Como ya lo he hecho en otra ocasión, no voy a hablar de ellos. Cada uno
tiene lo que se merece y se recoge lo que se siembra.
Hecha toda la parrafada anterior,
me gustaría hacer dos o tres reflexiones: una que las elecciones autonómicas no
son unas generales, y en los medios se extrapolan con demasiada ligereza los
datos; es cierto que están marcando una tendencia hacia la derechización de la
sociedad española, lo que visto desde la perspectiva de la salud democrática no
deja de ser un riesgo, al ser una parte de la ecuación la extrema derecha, incluida
la que anida dentro del PP. Por otro lado, no acabo de encontrar el motivo de
tanta alegría en el partido de Núñez Feijoo, cuando dependen, cada vez más, de Vox
y sus invocaciones fascistas; a no ser, que a Núñez Feijoo y su corte genovesa,
les de igual con quien se acuesta, con tal de dormir en la Moncloa; deberían no
olvidarse de aquel dicho popular que decía que con quien con el diablo se acuesta,
con él se levanta. Tercera y última: El PSOE, para desolación del PP no se
hunde, como si el martillo neumático del antisanchismo perdiera fuerza y no
consiguiera hacer un agujero importante en el suelo electoral del socialismo.
Algo que parece les preocupa mucho, no vaya a ser que cambie la tendencia y
como en el 23-J, dejen de presidir el gobierno de España, porque no han querido
hacerlo.
Dicho todo esto, que disfruten
estos días todos los victoriosos, porque los triunfos o son contundentes o
huelen, siempre, un poco a derrota.

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