En
este mundo de realidades virtuales, donde hemos vendido nuestra alma a ese
invento llamado Internet, que pareció, cuando salió, la liberación de la
humanidad y que ha acabado esclavizándonos como nunca los poderes establecidos
pudieron imaginar, uno, a veces, se encuentra con sorpresas que le hacen
regresar a una época de su vida, en donde todo era más humano y la relaciones
se vivían sin intermediarios en los que refugiarnos. No es que fuera fácil
vivir, eso es una categoría que tiene que ver con nuestra capacidad para
relacionarnos con lo que nos rodea, es que, todavía entonces, había resquicios
de libertad por los que escaparse, de vez en cuando, y todo lo que nos rodeaba
teníamos la certeza de que era real.
Mi agradable sorpresa, se ha
debido a un correo-e que recibo de la artista Alejandra de la Torre, con quien
tengo el placer de compartir ser miembro de la Junta Artística del Museo de
Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés MACVAC, informando de su
propuesta de acompañamiento a la semana de ARCO en la Galería Sara Caso de
Madrid, con una muestra que lleva por título, que me ha devuelto a mi juventud,
allá por los años ochenta del siglo pasado: NASTI DE PLASTI.
Nasti de Plasti era un pub, cercano a la plaza de Roma de Madrid, regentado por unos amigos, en el que pasé no pocas horas de delirio ochentero y sueños de futuro. Recordado en el tiempo, albergaba toda la cultura pop de aquella época irrepetible, que algunos tuvimos la suerte de vivir.
Ese es el sentido de la propuesta de Alejandra de la Torre, que con el nombre NASTI DE PLASTI, sin ser consciente, quizá por edad y lugar de residencia, de la existencia del otro, ha acertado, plenamente, redescubriendo objetos cotidianos de aquellos años. Objetos que hoy han caído en desuso por los avances tecnológicos, o porque, irremediablemente, cada uno de ellos va ligado a una época y sus necesidades. Así, en un ejercicio, que no es difícil calificar de memoria histórica de la cotidianidad, podemos ver, con un estética kitsch muy de la época: carretes de Kodak, relojes Casio, gomas de borrar Milán, pequeños rompecabezas deslizantes, Walkman, etc., que estaban tan presentes en nuestras vidas y hoy parecen tan lejanos.
Alejandra de la Torre, reivindica,
de alguna manera, el pasado ochentero y libre de las ataduras mentales que hoy
atenazan nuestra sociedad, y su NASTI DE PLASTI de hoy nos trae los ecos del
otro Nasti, que entre risas, copas, cigarrillos y ganas de vivir, nos regalaba
cada noche un trocito de felicidad.

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