domingo, 22 de febrero de 2026

El 23-F más cerca de triunfar que nunca

 


                Han pasado cuarenta y cinco años de aquel triste día en el que lo más casposo y retrógrado de la sociedad española entró en el Congreso, intimidando a tiros a los diputados/as y al resto de los españoles que queríamos dejar atrás, no sólo los aciagos años de la dictadura franquista, también lo que esta representaba en la historia de España desde, al menos, el siglo XIX.

                Cuarenta y cinco años y nunca hemos estado tan cerca de que el espíritu golpista del 23-F estuviera a punto de gobernar España. No, afortunadamente, porque una asonada militar como aquella, se esté gestando en los cuarteles, si no, porque todas las instituciones controladas por la derecha, están colaborando en la deslegitimación de la democracia y la satanización de un gobierno que no les gusta, como han hecho siempre que no han tenido el poder político, pero esta vez sin ahorrar esfuerzos.

                “El que pueda hacer, que haga”, dijo José María Aznar en noviembre de 2023 y, desde entonces, las bravuconadas políticas de la derecha y la extrema derecha, han dado paso a un movimiento pseudogolpista, con el que se está poniendo al estado de derecho democrático a los pies de los caballos del nuevo fascismo del siglo XXI. La judicatura, o parte de ella; medios de comunicación serviles; el Senado, utilizado como arma arrojadiza del Partido Popular contra el gobierno; la CEOE, echada al monte contra cualquier avance de los trabajadores, sobre todo, después de que su presidente, fuera reelegido y asegurado un salario de casi 400.000 € al año; comunidades autónomas, ayuntamientos y diputaciones que gobiernan, más pendientes de descalificar al presidente del gobierno que de mejorar la vida de sus conciudadanos; todo un abanico de sindicatos corporativistas, controlados por la extrema derecha, que no tienen ninguna intención de negociar nada, porque están siendo lanzados como arietes contra el gobierno “sanchista”; etc., etc., etc. Todos haciendo a una, con un único fin: reducir la democracia a los intereses de una élite que no soporta no estar en el poder, para manejar a su antojo el país.

                Es cierto que siempre que ha gobernado la izquierda, la derecha ha puesto al país patas arriba, para que pareciera que sólo ellos tienen la capacidad natural de gobernar con orden, siempre que ese orden esté al servicio de sus intereses. Lo hizo Aznar contra Felipe González, Rajoy contra Zapatero y ahora el clan Feijoo-Ayuso-Abascal contra Pedro Sánchez. Es una historia que se repite y que, quizá, sirva, también, como cortina de humo, para tapar la corrupción enquistada en su seno, desde que JM Aznar alcanzó la presidencia del gobierno, hasta hoy. Pero  nunca, los dos anteriores, pasaron del insulto, la descalificación y el cuanto peor mejor. Sin embargo, ahora, todo es diferente. Con un Partido Popular tan agobiado por su derecha, que no es capaz de marcar la diferencia entre ser un partido demócrata o acostarse con el ideario de Vox, tan próximo al de los golpistas, militares y civiles, del 23-F.

                Por eso, en este cuarenta y cinco aniversario del golpe militar de Tejero, Milans del Bosch, Armada, y todos los que participaron por activa o por pasiva en él, la democracia vuelve a estar en máximo riesgo, no por la descalificación grosera del gobierno, sino por la pérdida de convivencia y tolerancia que subyace en el ideario de la extrema derecha, cada vez más asimilado por la derecha. Por no hablar del retroceso en derechos civiles, laborales, sociales, de igualdad, en violencia de género, bienestar social, seguridad, libertad y todo aquello que una democracia significa, por muy desgastada que esté, frente al nuevo fascismo tan próximo al 23-F, que con palabras huecas y discursos fáciles, está colonizando las mentes de muchos, sin que sean conscientes del agujero negro que se está abriendo en la democracia y, por extensión, en cada uno de nosotros como miembros de una sociedad democrática que se desmorona.      

   

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