Me
llama mucho la atención, que una de las cosas destacadas por algunos medios de
comunicación, amigos, tertulianos, articulistas, etc., incluso yo mismo, es que
esté habiendo una colaboración institucional, leal y sincera, entre los diferentes
estamentos del Estado, cuando en una sociedad normal y democráticamente sana,
esa debería ser la norma y no la excepción. No se ha escuchado una palabra altisonante
ni un reproche ni nada que se le parezca a culpabilizar al adversario, para ver
si se saca rentabilidad política. Algo que desgraciadamente, en otras
catástrofes no ha sido así, ni sigue siendo, a tenor de algunas declaraciones escuchadas
en los últimos días.
Cuando
sobreviene una catástrofe natural, como la que está viviendo parte del país, nadie
es culpable ni nadie lo será si las instituciones hacen el trabajo para lo que
han sido elegidos sus dirigentes. Sí se tienen que buscar responsabilidades
cuando la negligencia sobrevenida, como en el caso de la Dana de Valencia,
provoca lo que no debería haber sucedido, un elevado número de víctimas que se podrían
haber evitado.
Esto
no está siendo el caso de las lluvias, casi bíblicas, que están cayendo en
Andalucía, Extremadura y otras partes de la vertiente occidental de la península.
Los gobiernos autonómicos, los ayuntamientos y el gobierno central están trabajando
codo con codo, en prevenir un desastre mayor y mitigar las consecuencias de
tanta furia natural. Porque cuando los demócratas se ponen a trabajar unidos,
ya sean de derechas, de izquierdas o de ese limbo político que se denomina
centro, todo funciona, y todos, todas, salimos ganando. Los políticos con
sentido de estado deben mirar, siempre, por el bien común, y en casos como este,
más todavía.
Ver
que hay una derecha en España responsable y alejada del frentismo constante y
destructor de la convivencia, es un gusto, incluso para las personas que nos definimos
de izquierdas, porque, de esta manera, el país será mucho mejor. Y, porque, si
se han dado cuenta, esa colaboración institucional ha noqueado a la extrema
derecha y sus discursos abonados al disparate conspiranóico, la mentira y el
odio.
Quizá
esa sea la lección que deberíamos aprender, cuando pase todo esto. Por eso, ya
va siendo hora de que demos la espalda a los agitadores populistas de extrema
derecha y a los que desde los grandes partidos se dedican a calentar el
avispero, para dar paso a la colaboración democrática de las instituciones, que
luego ya decidiremos nosotros si lo han hecho bien o lo han hecho mal.

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