martes, 17 de febrero de 2026

El café de la juventud perdida

 


He releído estos días la novela de Patrick Modiano El café de la juventud perdida, una novela publicada en 2008, que sucede en el París bohemio de los años sesenta del siglo pasado, en un momento en el que una nueva generación de jóvenes, nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, vive amarrada a una percepción existencialista de la vida; sólo les interesa el aquí y el ahora, como una seña de identidad que tiene un anclaje muy difuso en el pasado, generalmente, a través de sus experiencias vitales, y una enorme incertidumbre en el futuro, que para ellos es una ilusión incierta.

                La lectura me ha llevado a una reflexión, que no es ajena a la juventud actual. En todas las épocas la juventud ha sostenido una lucha dual entre el pasado y el futuro, para hacerse hueco entre una sociedad que no comprenden, porque es el mundo que construyeron sus padres cuando eran jóvenes, y a ellos ya no les sirve, y la sociedad que tienen que construir, pero que todavía no saben cómo hacerlo. Nada nuevo, que no se haya producido generación tras generación, como el motor que ha impulsado la rueda de la historia hacia el progreso, unas veces bueno y otras veces no tan bueno o decididamente malo.

                Sin embargo, la actitud de los jóvenes protagonistas en El café de la juventud  perdida, es muy similar a la de los jóvenes de hoy: gregarismo y sentimiento de pertenencia a un pequeño grupo, que hace las veces de una burbuja, frente a un mundo que no les comprende. Las incertidumbres ante el amor, las circunstancias que les rodean, el comportamiento de los adultos o el pensamiento que, todavía, está en construcción, puede hacer pensar que nada ha cambiado, salvo en una cosa, fácilmente distinguible: si en aquellos tiempos, en el caso de la novela el café Condé, principalmente, el núcleo de relaciones eran las vivencias que experimentaban en torno a su grupo de amistades, como forma de definir su vida, hoy ese núcleo está más difuminado, por el efecto de las redes sociales, que, además, han reducido el debate sobre sus inquietudes a la mínima expresión, convirtiendo la experiencia de ser joven en un escrutinio permanente, que con información sesgada y deficiente en cuanto a discusión, está dominada por la dictadura de los algoritmos, que controlan, o tratan de hacerlo, su manera de pensar, sus inquietudes y sus miedos.

                Esa es la diferencia, que convierte a los jóvenes actuales en seres vulnerables, atados a un destino que están decidiendo otros, a los que solamente les interesan los jóvenes como mercancía a la que se puede manipular y vender de todo, desde ideas a productos o maneras de pensar. Por el contrario, la novela de Patrick Modiano, retrata una juventud parisina, o de cualquier otra ciudad, que a pesar de sus inquietudes, incertidumbres y rebeldía, sí tenían un resquicio de libertad por el que encontrarse con el futuro, creyéndose dueños de su destino.    

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