martes, 18 de febrero de 2025

Europa necesita más Europa

 


                ¿Qué es Europa? ¿Un continente? ¿Una cultura común? ¿Una entidad política? Todo es cierto. Desde la geografía, Europa es un continente, pequeño, pero por eso no deja de serlo. Desde la cultura, que duda cabe, Europa, mejor los europeos, participamos de una cultura común, con sus matices y diferencias regionales, forjada desde el paleolítico. El problema viene cuando queremos definirla como una entidad política. No sería exacto decir que no hay una manera común de entender la política, para todos los europeos: la democracia, el estado de bienestar, el germen y desarrollo de todos los “ismos” que ustedes puedan imaginar, un modo de entender la sociedad y su gobierno desde la regulación de todas sus actividades públicas y privadas, como instrumento de convivencia, libertad y desarrollo. En definitiva, hay muchas cosas que pueden definir a Europa frente o al lado de otras regiones del mundo.

       Sin embargo, la conformación de un Estado Europeo, en el que todas sus naciones y pueblos se cobijen bajo el mismo paraguas legislativo y gubernamental, dista mucho de conseguirse. Incluso tras los grandes avances que se han producido desde el ya histórico Tratado de Roma de 1957, que puso el germen de la unidad continental, aunque en ese momento sólo tuviera un alcance económico, de desarrollo y seguridad atómica. Pero la semilla ya estaba plantada y a la par que la Comunidad Europea se ensanchaba por el sur, el este y el oeste, se iban dando pasos hacia una unidad más efectiva en todo los campos. El tratado de Maastricht (1992), el Acuerdo de Schengen (1995), la entrada en vigor del euro (2001) y el Tratado de Lisboa (2009), fueron un impulso decisivo en el camino de la Unión. De hecho hoy, una gran parte de la normativa que se aplica en la Unión Europea, viene aprobada y definida, bien por la Comisión, bien por el Parlamento Europeo.

                Es innegable, entonces, que los países de Europa, han ido cediendo soberanía a las instituciones comunitarias en la senda de la unidad, desde la diferencia, lo que no nos ha ido mal a los europeos, que disfrutamos de uno de los niveles de vida y confort más elevados del mundo. Pero no es suficiente.

                La Unión Europea ha preferido vivir bajo la tutela de los EEUU en aspectos como la seguridad o la dependencia económica, una postura muy cómoda, que ha impedido dar pasos hacia la conformación de ese Estado, que muchos deseamos, y ahora, en tiempos de creciente neofascismo, muchos también lo cuestionan, cuando no lo niegan. Además, esa dependencia económica y militar, se ha traducido en debilidad política, en un mundo que se prepara para organizarse en grandes bloques, en el que Europa cada vez tiene menos voz, el voto lo perdió hace tiempo por delegación a los Estados Unidos, potencia peligrosa, no ya porque ahora la gobierne un loco neofascista, sino porque, como todos los imperios que han sido, ha entrado en una fase de decadencia, que la hace imprevisible.

      A la Unión Europea no le han faltado enemigos, que durante décadas han intentado dinamitar el proyecto de una Europa federal y potente en el concierto internacional. Los ha habido internos, como ejemplo puede servir Gran Bretaña, y externos: aquí, más allá de Rusia, antigua URSS, no pocos estamentos han tratado de socavarla desde EEUU. Está claro que en un mundo polarizado por dos grandes potencias, una Unión Europea desligada de la tutela de Estados Unidos, no le interesaba a nadie, y así, parece, que a muchos dirigentes y países de la UE les resultaba cómodo.  

                Sin embargo, ese mundo dividido entre las dos grandes potencias de la Guerra Fría ya no existe. Otros actores han aparecido, disputándose un trozo del pastel, y el equilibrio surgido después de la II Guerra Mundial se ha venido abajo, sobre todo por la irrupción de China, como nueva potencia mundial; la desaparición de la URSS, devenida en una Rusia mucho menos poderosa, pero que hace estragos en el mundo por seguir siendo importante; el ascenso de algunos países emergentes como India, que empujan por hacerse un hueco en el concierto de nuevas potencias; y el declive del imperio estadounidense, que incipiente, muestra ya sus goznes oxidados, lo que, como he dicho antes, lo convierte en una potencia peligrosa, al igual que Rusia, hasta tal punto de permitir genocidios como el que Israel, su gendarme en Oriente Medio, está cometiendo en Palestina, para no perder presencia en un territorio del mundo que le interesa, sobre todo, por cuestiones estratégicas y económicas (petróleo). Ahora toca el reparto de Ucrania.

                Es en este contexto, en el que debemos preguntarnos cuál es el papel de la Unión Europea y Europa. Porque la debilidad y poca influencia que tiene en el concierto internacional, por mucho que busquemos fuera de sus fronteras, está en el mismo centro y periferia del continente. No son ni Putin ni Trump ni Netanyahu ni nadie allende los mares, los culpables de la irrelevancia a la que se ve abocada en los últimos tiempos, sino más bien su incapacidad para articular un proyecto común, poderoso en el exterior y salvaguarda del modo de vida europeo: democrático, tolerante e igualitario, basado en el estado de bienestar de sus ciudadanos, la solidaridad entre regiones y el desarrollo económico sostenible, para lo que llegar a una fiscalidad común se hace, cada vez, más necesaria. Un proyecto que debe guardarse las espaldas. Para ello es más necesario que nunca un plan de defensa y seguridad, basado en un ejército común europeo, que pueda sentarse en los organismos internacionales, como la OTAN, con la suficiente autoridad, como para no tener que ser el monaguillo de nadie.

                No hay otro camino, si no queremos que Europa muera de inanición. El nuevo esquema mundial, con dos sátrapas al mando de las dos potencias más cercanas a Europa, se ha vuelto en su contra. Al distanciamiento de Rusia, que ya era evidente desde que Putin se hizo con el poder, se le suma ahora la ruptura matrimonial con Estados Unidos, socio o padre putativo que ya no es de fiar, que con Donald Trump y la corte de nacionalismo tecnocapitalista y ultraconservador que gobierna la otrora mayor democracia del mundo, deja a Europa compuesta y sin novio, sola ante un mundo de vampiros ávidos de sangre ajena. Si el nacionalismo que fracciona el continente en un puzle de intereses contrapuestos sigue imperando en las instituciones europeas y en el propio mecanismo de funcionamiento de la UE, nadie nos salvará de la derrota de un proyecto, que sólo tiene dos caminos: o la irrelevancia, escuchando a Mozart, impuesta por el “aliado” del otro lado del océano Atlántico, dispuesto a humillar a Europa hasta la subyugación y el dominio colonial; o la profundización en la unidad continental en todos los aspectos: político, económico, social, cultural, medioambiental, etc., hasta conseguir alzarse en el concierto de las potencias como un Estado federal, democrático y con autoridad internacional. Ese es el gran reto, en un momento en el que el neofascismo ultranacionalista crece en el continente, y que me recuerda aquella frase de Mark Twain: “la historia no se repite, pero rima”.

miércoles, 5 de febrero de 2025

La paradoja de la izquierda

 


La izquierda progresista vive en una cierta zozobra por la incapacidad de transmitir los logros sociales, políticos y económicos, que se están produciendo en España. Es una paradoja, que el gobierno que más medidas está tomando en beneficio de la ciudadanía, no consiga obtener un apoyo firme entre un electorado, que se deja llevar más por los cantos de sirenas de la derecha, que al igual que las nereidas en el poema La Odisea de Homero, siempre acaban ahogando a quienes los escuchan.  

El debate está servido en la izquierda y empieza a tomar cuerpo. Sin embargo, los caminos por donde transita la discusión sobre cómo conjurar ese maleficio no son siempre los más acertados, quizá, porque también la izquierda, se deja llevar por tiempos de sublimación de lo mediático, como instrumento para hacer valer sus ideas. Posiblemente ahí resida el quid de la cuestión. Si la izquierda todo lo fía a cómo propaguen los medios de comunicación sus logros, a mi juicio, se está equivocando.

No quiero decir que los medios sean prescindibles para la acción política, y en democracia menos que nunca, porque si son serios y profesionales, tienen la misión de combinar la información con la opinión y ejercer de contrapeso a las otras instituciones del Estado. A los medios hay que tratarlos con cariño recíproco. Lo que sucede, es que en la actualidad es muy complicado para la izquierda, con la mayoría de los medios ejerciendo de altavoces de la derecha y la extrema derecha, militantes de una ideología muy conservadora y de dudosa calidad democrática; con pseudomedios abonados al bulo y la mentira, como instrumentos de acción política y judicial contra el gobierno y la izquierda en general, por otro lado bien controlados y regados de dinero por las instituciones que gobierna la derecha; y porque el dinero, cuando se pone al servicio de una ideología política, normalmente de la derecha ultraliberal y conservadora, es quien alimenta económicamente a muchos medios de comunicación, que no dudan en servir a quien los paga.

Es por ello que la izquierda se equivoca al fiar su suerte a los medios, y quejarse, como infantes enfadados, de que no les hacen caso, o de que el gobierno actual no hace lo suficiente para que lo escuchen. Jugar a eso, es jugar en campo contrario, siempre, con las normas que establece el equipo titular del campo. Para ser más explícito, es jugar al mus con las cartas marcadas por la pareja contraria y, claro, así siempre ganan. Mucho más si el terreno de competición son la redes sociales, que gracias a los algoritmos controlados por el nuevo tecnocapital al servicio de la derecha más ultraliberal, limita, como ellos quieren, el alcance de lo que tenga que decir la izquierda, cuando no dan paso a una legión de odiadores, conspiranóicos y negacionistas, que ¡oh!, siempre simpatizan con la extrema derecha, para demoler, virtualmente, todo lo que no guste a los dueños de las redes.

Sin embargo, no está todo perdido. La izquierda, sin abandonar los medios de comunicación, debe tener claro que su campo de juego principal no es ese, por los motivos expuestos más arriba. Quizá debería replantearse volver a sus métodos tradicionales, aquellos en los que sabe moverse y siempre le han dado buenos resultados. Me estoy refiriendo, aunque parezca viejuno lo que voy a decir, volver a estar presente en la sociedad civil. A ocupar el espacio que nunca debería haber perdido, abducida por la sencillez de una nota de prensa o tener muchos contactos, a los que hay que devolver el favor. Me refiero a que el trabajo de propaganda, concienciación e información tiene que volver a las asociaciones: de vecinos, amas de casa, de jóvenes, deportivas, culturales, sociales, educativas, de mayores, etc., etc., etc. Es ahí donde la izquierda tiene todo su potencial, donde se puede conseguir que los ciudadanos y ciudadanas alcancen a ver quién gobierna en su favor, con leyes y medidas que benefician a la inmensa mayoría de la población, y quién lo hace para esa minoría que detenta el poder económico a costa del resto. Es volviendo a tener presencia en la sociedad civil cuando la izquierda recuperará el espacio que debe tener en una sociedad democrática.  

Este no es un camino fácil, porque exige la movilización de los partidos, para retomar presencia en la calle y en la conciencia de la ciudadanía. Pero no hay otro. Siempre, claro está, que no sea excluyente de todos los demás. Quiero decir, que es en el uso combinado de los medios y la presencia en la sociedad civil y laboral, junto a un intenso plan de propaganda intelectual a través de escritos, charlas, conferencias, cultura, etc., donde se puede rellenar ese vació que deja el no ser capaces de transmitir a la sociedad todo lo que se hace y lo que se piensa. Esta es mi humilde opinión, que posiblemente, esté equivocada en parte o en todo.           

miércoles, 29 de enero de 2025

Los campos de concentración franquistas

 


    La evocación de los 80 años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por la tropas soviéticas, con el reconocimiento universal a las víctimas del nazismo, no sólo judaicas, debería hacernos reflexionar por qué en España es tan difícil hacer un acto así, en el que todas las fuerzas democráticas se unieran, con una sola voz, en la denuncia del franquismo, como una de las dictaduras más sanguinarias de las habidas en el siglo XX, y el reconocimiento de todas las víctimas, que sufrieron la represión, la tortura, el encarcelamiento, el desprecio, la purga y, en demasiados casos, la muerte.

Porque de todo eso hubo durante los 40 años de dictadura católico/fascista, que durante sus primeros años ejerció una represión sin parangón, focalizando parte de ella en campos de concentración, repartidos por todo el territorio nacional, por los que pasaron miles de hombres y mujeres, con diferente suerte, pero nunca buena.

    El 20 de julio de 1936, solo dos días después del golpe de Estado, auspiciado por casi todas las derechas de la República, Franco envía una orden a sus generales, cuando todavía ni siquiera era el comandante en jefe del ejército golpista (su elección como Generalísimo se produjo el 21 de septiembre de 1936, en el aeródromo de San Fernando en Salamanca), por la que decretaba que ≪Organizarán los campos de concentración con elementos perturbadores, que emplearán en trabajos públicos, separados de la población≫. Es decir, ordenaba la apertura de campos para la represión de sus enemigos, que duraron hasta 1947, con el establecimiento de cerca de 300 campos en total, por donde pasaron entre 700.000 y 1.000.000 de prisioneros. Franco emula a Hitler en la rapidez de la apertura de campos de concentración: Hitler abrió los primeros nada más llegar al poder en 1933 y Franco no tardó ni dos días, tras su golpe de Estado, en seguir sus pasos para reprimir rojos (entiéndase este calificativo extensible a todos y todas que no eran afectos a él).

    En tiempos que son de blanqueamiento de la dictadura franquista por parte de la extrema derecha y no poca de la derecha que nunca se ha distanciado de ella, conviene recordar que aquellos años fueron de una gran represión, elevada a niveles de una crueldad, que no sería descabellado calificarla como sanguinaria. En ese contexto, el silencio de la Historia oficial, la que se enseña y la que se trasmite, es una losa mucho más grave que el olvido, porque no se puede olvidar lo que no se conoce, y entre olvidos y silencios los campos de concentración del franquismo han sido borrados de la memoria colectiva, como tantas otras cosas que a los dictadores y sus seguidores no les gusta que se sepa.

    Sin embargo, esos campos fueron una realidad que al final, siempre, supura por algún girón de la Historia que se pretende ocultar. Todo estuvo perfectamente planificado, siguiendo las pautas que se copiaron de la Alemania nazi, que fascinaba tanto a los dirigentes franquistas. Incluso la creación y organización de los campos de concentración tuvo el asesoramiento del jefe de la Gestapo en España, Paul Winzer. Pero la planificación, en cuanto a la represión de los opositores, no quitó que la improvisación fuera el común denominador de todos los campos. Desbordados de prisioneros, sin instalaciones, en muchos de ellos se dormía en el suelo, y centrados en una política de eliminación moral y física del enemigo, a pesar de la creación de la Inspección de Campos de Concentración en 1937, no hubo tiempo ni ganas de hacer otra cosa, en definitiva, todos los que entraban en algún campo, lo hacían por ser enemigos del Régimen, y la tortura, las malas condiciones, el hambre, el frío, el calor, y el miedo, eran lo único que podían esperar los prisioneros. Además la presencia constante de los curas en su cruzada de recatolización de los descarriados por el veneno judeo-masónico comunista, no hacía fácil la vida en esos campos. 

    A los presos se les consideró delincuentes comunes, para evitar que tuvieran que aplicarles el Convenio de Ginebra, relativo al trato debido a los prisioneros de guerra, firmado por Alfonso XIII en 1929. Sin juicio ni condena, ingresaban a la espera de lo que decidieran sobre su suerte los dirigentes del campo en el que se encontraban. Se les clasificaba en varios grupos:

1. Los que se consideraban afectos al nuevo régimen, que se ponían en libertad y se les enviaba al frente.

2. Los que se consideraban desafectos dudosos, que se les mandaba a hacer trabajos forzosos, en régimen de esclavitud.

3.   Los que se consideraban desafectos con responsabilidad, que iban a un tribunal militar y muchos acabaron frente a un pelotón de fusilamiento.

4.   Presos comunes, que se les enviaba a prisión.

    Para esa clasificación se pedían informes a sus localidades, de tal forma que la suerte de los prisioneros pasaba a estar en manos del alcalde, el cura, la Guardia Civil o el jefe de la Falange. Hasta que llegaban los falangistas al campo como cuenta Eduardo de Guzmán, periodista y escritor libertario, en su libro El año de la Victoria que fue detenido en el puerto de Alicante e ingresado en el campo de Los Almendros, primero y Albatera, después. No es literal: ≪Cada varios días nos hacían formar sobre la tierra seca; ese era el aviso de que había llegado al campo un grupo de falangistas de algún pueblo, y todos rezábamos para que no fuera del nuestro. Se paseaban con la chulería de los vencedores que deciden sobre la vida y la muerte de sus enemigos e iban señalando: este…, este…, este…, a todos los que les eran conocidos por rojos, o el cura, que los acompañaba, lo hacía por ateos. Cabizbajos salían de las filas y nunca más se volvía a saber de ellos”.

    En 1947 se cerró el último campo de concentración, el de Miranda de Ebro. Algunos se convirtieron en prisiones, otros en centros de reclutas, otros, simplemente, se abandonaron. Pero el cierre de los campos de concentración no supuso el fin de la represión del régimen franquista hacia republicanos, disidentes y sospechosos de conspiración al Movimiento Nacional. Una represión que duró hasta la muerte del dictador, que hoy, cincuenta años después, muchos se niegan a reconocer.          


Mapa de campos de concentración franquistas en España



lunes, 13 de enero de 2025

Maduro como excusa

 


¿De verdad que el problema de este país, según la derecha, es Venezuela? Quizá haya planteado esta pregunta antes, pero ni me acuerdo, y fuese cuando fuese, seguimos con la misma matraca, como si Maduro fuera el único dictador que hay en el planeta Tierra. Como ustedes bien saben, desgraciadamente, el mundo está plagado de tiranos, en los últimos tiempos al alza, pero a los dictadores de pensamiento, obra y omisión que son de la gracia del Partido Popular y Vox, se les pone una alfombra roja para que sigan desvirtuando la democracia apoyados en policías, ejércitos, algoritmos, bulos, trileros, digodiegos, neofascistas, machistas de cuna y redes sociales, neoclasistas, nacionalistas de los de “Arriba España” y bravuconadas que ríen sus señorías de las bancadas conservadoras de las Cortes Españolas y jalean los medios de comunicación afines, con la esperanza de que en España, los españoles nos hayamos vuelto tan necios como los habitantes de otras latitudes del planeta, y pongamos un puente de plata hacia la Moncloa a quienes sólo tiene como objetivo volver a una España de mangantes de toda la vida. Una España servil, como ya lo fue con JM Aznar de los EEUU (manda narices, que los que ponen a España por encima de todos los españoles, como un valor sagrado al que se mancilla cuando se le critica, luego sean perritos falderos de otros); una España que ve con buenos ojos a personajes oscuros, que pasarán a la Historia como émulos de Voldemort o Saurón, con un proyecto de humanidad propio del esclavismo de siglos anteriores. Personajes como Putin, Trump, Milei, Meloni, Orban, Musk, Netanyahu, por citar algunos de los que ya tienen poder efectivo y que la derecha española, mientras denuncia a Maduro, se regocija y felicita con sus triunfos. No es que no haya otros dictadores, a saber: Maduro, Ortega, Díaz-Canel, Kim Jong-un o Xin Jinping, entrarían en el bombo, aunque este es un capítulo aparte, al que todo el mundo hace la ola, sin distinción de credos o ideologías. Poderoso caballero es don dinero, escribió Quevedo.

Volvamos al principio. Maduro en el centro de la política española, generando más preocupación a la derecha que el problema de la vivienda, la violencia de género, la degradación de la salud o la educación pública. Eso son problemas menores, que si el tándem Feijoo/Abascal llega al poder, ya se encargarán de solucionar, por supuesto en favor de los poderosos, el dinero y la Santa Madre Iglesia. Ahora lo que toca es atacar a Maduro, que posiblemente les importe un bledo, pero que les sirve para alimentar la cruzada antisanchista que llevan años azuzando con todos los medios a su alcance. Ya saben lo que dijo JM Aznar: “El que pueda hacer que haga”, y Maduro es un caramelo con el que asociar la figura del pérfido presidente Sánchez (lo intentaron anteriormente con Pablo Iglesias y Podemos) al dictador venezolano. Tellado, Feijoo, Cuca Gamarra, Ayuso, Abascal, Cayetana Álvarez de Toledo, por citar algunos, no han perdido la oportunidad estos días, no para denunciar el régimen de Maduro, y de paso ligarlo a otras dictaduras o dictacracias que hay por el mundo, sino para lanzar diatribas absurdas y falsas contra el gobierno actual, acusándolo de ser el instigador y defensor del dictador Venezolano. “Inadmisible y asqueroso que el gobierno de España no alce la voz en defensa de la democracia en Venezuela”, Miguel Tellado en el Congreso. “Rechazamos el silencio ante el régimen de terror y repudiamos la probada complicidad de los aliados y del Gobierno de España. Lo lamento como español, como demócrata y como político", Núñez Feijoo en la manifestación contra Maduro que han apoyado entusiastamente PP y Vox. Pero la palma se la lleva Díaz Ayuso, que condensa en pocas palabras todo lo escrito en este artículo, posicionándose en favor de que se deje en paz a Franco, por cierto uno de los dictadores más sanguinarios de la Historia, para convertir al gobierno de España en cómplice de Maduro: "Nadie tiene derecho a manipular la historia, que si es de parte no es historia, ni derecho a ponerse bravo con dictadores muertos mientras es cómplice de los dictadores vivos". Y mucho peor, incitando a las fuerzas armadas venezolanas a que den un golpe de Estado: “Señor Maduro, está acabado. Ahora sólo falta que las Fuerzas Armadas den ese paso adelante". Isabel Díaz Ayuso defensora de que los militares vayan dando golpes de Estado cuando a ella no le gustan los gobernantes. Si este es el lado correcto de la historia, es para preocuparse.

 

miércoles, 8 de enero de 2025

Incierto Perfume de Juan Luis Bedins

El último poemario de Juan Luis Bedins: Incierto Perfume, deja una sensación tan rotunda de que nos encontramos ante uno de los mejores poetas en lengua castellana de los últimos tiempos, que exige, al menos, una segunda lectura, para corroborar, más sosegadamente, que ese regusto no ha sido un espejismo, sino más bien la constatación de una sospecha que ya se venía gestando después de leer sus libros anteriores: Migración del alma (2018), Tánger (2013)… por citar algunos entre los siete poemarios que lleva ya publicados.

No es esta una afirmación producto del delirio de una noche alcohólica: Este tránsito de cervezas/multiplica la noche/en su caudal más puro, que el autor nos ofrece en su poema “Sobre las horas”, sino más bien la rendición ante un poeta que ya no podrá bajar nunca de ese Olimpo poético al que muy pocos consiguen coronar.

Escribe Mario Benedetti: “Porque tú siempre existes dondequiera/pero existes mejor donde te quiero, y Juan Luis Bedins contesta: Piénsame desde tu sueño de luz/ acallado por la noche, una única forma de expresar el deseo del amor, con la belleza de la palabra hecha versos, y los dos poetas satisfaciendo nuestro ansia de poesía. Ansia, deseo, luz que alumbra el alma enamorada, gastada por el tiempo, pujando por renacer a la vida. Una luz que se manifiesta en la palabra como un faro de esperanza a lo largo de todo el libro, porque sin ella la soledad se impone y el alma se pierde por derroteros de autodestrucción, sólo esquivada cuando volvemos al principio de nuestro ser: “Y fue así,/como el pensamiento luz/penetró en las orillas de la tierra/hiriendo de aristas/los párpados del sueño”.

Juan Luis Bedins se desnuda en Incierto Perfume a través de una tríada de conmociones: amor, luz, memoria, que nos recuerdan como seguir viviendo, cómo los sueños impregnados de luz iluminan la vida como un faro al que amarrarse para no caer en el vacío de la nada. Un canto al tiempo que pasa y nos hace envejecer sin dramas, rejuvenecido por el amor, que es el sustento del alma: “Sólo tu voz esponjosa/bate alas de luz en la memoria”… “Pero a pesar de todo/siempre hay un tilo de luz/que ilumina nuestra mirada”.

Un pálpito de belleza poética nos enreda de forma sutil entre los versos de Incierto Perfume, donde la vejez es un canto a la vida: “La vida es un amor que no caduca,/una celebración de la belleza”, que sólo se alimenta de la esperanza: “Cada mañana es un nuevo principio,/un aire fresco y fugitivo/que nos abraza”, un amarre al pasado, a la memoria como una tabla de salvación, y sobre todo una luz que brilla en cada uno de nuestros momentos presentes, pasados y futuros: “La luz que se desprende del amor/en el recuerdo y en el presente,/como un sueño hecho realidad”.

Porque en definitiva, la lectura de Incierto Perfume, no es más que esperar a que Deborah Kerr llame a la puerta de un hotel de Niza con una botella de whisky: “entró en la habitación,/besó mis labios/y con una tímida sonrisa/preguntó ¿no me oías?/Hace más de una hora que te llamo./ No contesté. La abracé suavemente/y caminamos despacio hacia la cama”. Un sueño colmado de luz, que resurge de nuestra memoria.     

lunes, 16 de diciembre de 2024

España huele a podrido.

El único resumen que se me ocurre para despedir el año, es que la sociedad española está podrida, y cada vez, en su podredumbre, huele peor. Y no me refiero a que ustedes y yo estemos pútridos; faltaría más. Es la sensación de que el hedor que emana de las cloacas de unas élites entregadas a emponzoñar el país en defensa de sus privilegios, históricos y recientes, está infectándolo todo, hasta el punto de que mucha gente, quizá demasiada, se está dejando embriagar por este aquelarre de destrucción masiva de la convivencia y el buen sentido común. Así vemos que hay grupos políticos a los que no les importa arrastrar al país hasta convertirlo en un erial de tierra quemada; o que haya jueces, que en su cruzada contra la izquierda, no duden, en nombre de su independencia judicial, inventarse pruebas, imputados, autorizar registros inútiles, asediar a familiares de políticos que no les gustan u ordenar investigar a cualquiera que pase por la calle, con tal de alargar procesos, que si judicialmente acabarán en la basura mal oliente que genera, en muchas ocasiones, la judicatura, cumplirán su función de desprestigio mediático. Incomprensible que después de una de las mayores catástrofes naturales habidas en España, el Partido que más sube en las encuestas sea el único que ha votado contra las ayudas de los damnificados de la DANA valenciana; o que en la Federación Española de Fútbol se haya elegido presidente a un candidato condenado por prevaricación, lo que dice mucho de la catadura moral de los miembros de esa federación deportiva, enfermos de una sepsis generalizada de corrupción. España está podrida, cuando muchos españolitos se han entregado a las mentiras, las noticias falsas, los bulos, la nigromancia política y el odio, como si fuesen verdades que van a solucionar los problemas que tiene el país, sin darse cuenta consciente, que es lo peor, de que los únicos intereses que van a arreglarse si seguimos por ese camino es el de los privilegiados. España huela a podrido y el dedo acusador señala a quienes quieren limpiarla de mierda.

El gran Antonio Machado publicó en 1903, en su libro SOLEDADES, el poema “He andado muchos caminos”, que reza así en algunos de sus versos:

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.

 Y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
 el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

               

              

domingo, 1 de diciembre de 2024

La DANA nos ha dejado huérfanos de libros

 


Un libro perdido es un girón en la construcción de la identidad cultural de una sociedad. Porque un libro no es sólo un almacén de palabras escritas con más o menos coherencia y belleza, que si está bien encuadernado hace su papel decorativo en una casa. Un libro es el fruto del conocimiento recogido de otros libros, de otras generaciones, de otras experiencias. Escribía Lope de Vega: “Libro cerrado, no saca letrado”. Nos hace sentir que pertenecemos a una comunidad que respira, piensa, vive, corre, come, ríe, sufre, se divierte, se emociona o busca respuestas a las mismas preguntas. Todo eso y lo que cada uno le quiera añadir es un libro. Claro que en la sociedad actual de las prisas, de la dictadura audiovisual, del materialismo que todo lo valora por el valor crematístico que puede aportar y del algoritmo que sustituye nuestra capacidad de pensar y reflexionar, los libros parecen una reliquia del pasado, de cuando no había internet ni redes sociales ni éramos tan adictos a que todo nos lo dieran masticado. Además, como decía el viejo profesor Enrique Tierno Galván: “Más libros, más libres”. Aunque hoy el concepto de libertad ya no se busque en los libros, ¡error!, sino en la barra del bar, en hacer lo que me de la gana o negar todo lo que a mi incultura, quizá por no leer libros, no le gusta.   

Sin embargo, cuando se pierde uno es como desprendernos de un pedacito de nosotros mismos. Imaginemos, entonces, la orfandad que deben sentir los cientos de miles de personas que se han quedado sin bibliotecas, sin librerías, sin la fortaleza intelectual que nos proporcionan los libros, por la DANA en Valencia. Seguro que entre la amalgama de emociones y sentimientos encontrados que deben tener, hay un hueco de tristeza por la pérdida de tantos libros.

Daños irreparables para el intelecto y el alma, pero también para los agentes que posibilitan que podamos sentarnos, plácidamente, a leer un libro: librerías, como agentes que ponen los libros a nuestro alcance; editoriales, que hacen posible que un manuscrito se convierta en un libro; escritores, que son el centro neurálgico de la literatura con sus creaciones, que pierden, también, si no hay librerías, editoriales o bibliotecas, que puedan difundir sus obras. Una asfixia que, que se agrava con la retirada de las ayudas al libro en 2024 por parte de la Generalitat Valenciana de la reconstrucción.

La zona afectada por la DANA es una pequeña parte en términos librescos, pero el efecto mariposa de la tragedia tiene un alcance que va mucho más allá del territorio devastado. Sin olvidar, que los primeros y grandes damnificados por la pérdida de libros son quienes las habitan, sean lectores o no.        

 

¿Vuelven los "grises"?

  Hay un asunto que lleva varios días dando vueltas por mi cabeza, y es el comportamiento de la policía en las manifestaciones que se están ...