lunes, 10 de julio de 2017

Empapados de machismo

Publicado en Levante de Castellón el 6 de julio de 2017
Pasados los fastos planetarios del “orgullo gay” volvemos a la cruda realidad.  No es que yo tenga nada en contra de la gran fiesta reivindicativa de derechos civiles que supone el world pride, que tiene como epicentro mundial Madrid, al contrario, me parece maravilloso que se luche por lo que sea festivamente, siempre que el colorido de los farolillos no acabe tapando el fondo de la cuestión. Pero, apagadas las cámaras y restablecido el tráfico de la ciudad, la realidad se impone y la discriminación machista sigue campeando por este país como Pedro por su casa. Eso, por no hablar de la violencia que el machismo despliega sobre lgtb’s, mujeres y todo aquel que la sociedad considere débil,  trufada de agujeros del sistema por los que respira.
                La desigualdad debería ser una vergüenza en la sociedad moderna del siglo XXI, y sin embargo la aceptamos como si fuera una compañera de viaje fea, feísima, a la que estamos acostumbrados a ver. Sobre todo la desigualdad de género, por suponer, muchas veces, una doble o triple discriminación, tan latente en  nuestra sociedad que no somos conscientes de la injusticia que representa para más la mitad de la humanidad.
                Hablemos de  la situación de la desigualdad entre géneros, que no sólo no mejora, sino que en las nuevas generaciones hay un rebrote de tufillo machista, que no únicamente se manifiesta en el control que los muchachitos machitos quieren ejercer sobre sus novias o amadas. No se cuestionan que sigan existiendo discriminaciones hacia las mujeres, muy similares a las que había en la generación de sus padres, a pesar de que en muchos aspectos se ha avanzado legalmente. Y ese es el quid de la cuestión: que se avanza en leyes, pero la mentalidad de la sociedad sigue estancada, desvirtuando el esfuerzo que desde el feminismo se viene haciendo por la equiparación de derechos y oportunidades reales.
                Fijémonos: Las mujeres no sólo cobran menos que los hombres, que ya de por sí debería sonrojarnos a los hombres y a quienes del sexo opuesto justifican esta discriminación, es que en muchas actividades, además, tiene que estar buenas, muy buenas, macizas, para que simplemente encuentren un trabajo o para tener un salario más alto con sus compañeras menos agraciadas. Algo que incluso se ve con cierta condescendencia desde la sociedad –en determinadas actividades económicas el trabajo cara al público sólo lo ejercen mujeres jóvenes y guapas-, sin llegar a cuestionarse que el machismo no sólo reside en los comportamientos violentos, sino que se esconde en otros muchos que vemos con buenos ojos.
                A la lucha que vienen haciendo las organizaciones feministas y los sindicatos contra esa discriminación salarial, que está patente en todos los niveles sociales -hay tenemos la denuncia que muchas actrices están haciendo sobre la gran diferencia salarial entre ellas y sus compañeros, a pesar de tener papeles protagonistas iguales- ahora se empieza a revelar el gran machismo que existe en el deporte. Niñas, que no pueden salir ni siquiera a recoger el trofeo que ha ganado el equipo en el que juegan, por la única razón de ser  niñas. Chicas florero en el tenis, el motociclismo, el automovilismo el ciclismo, etc., etc., etc. Surfistas, tenistas…, campeonas, número uno en los rankings, ven como sus ingresos se ven superados por otras que tiene un físico del agrado de la industria, que están mucho más abajo en la lista que ellas.
                Cosificación de la mujer: “una mujer despedida por negarse a llevar sujetador”, “tres mujeres despedidas de una gasolinera por negarse a llevar minifalda”…,  que ve cómo su vida profesional empieza a estar directamente relacionada con su cuerpo, y las exigencias de una industria cada vez más ávida de ingresos, aunque estos sean alimentando el machismo latente en los poros de nuestra sociedad. 

La pregunta: ¿Es posible que no haya violencia machista en una sociedad que acepta el papel subsidiario y al servicio de los gustos masculinos de la mujer? 

martes, 4 de julio de 2017

La gran desmemoria

                                           Imagen: Autor desconocido

Publicado en Levante de Castellón el 30 de junio de 2017
Le tomo prestado a Pilar Urbano el título de su libro “La gran desmemoria” (Planeta 2017), no para escribir sobre las cañerías de la Transición, desde los personajes de Adolfo Suárez y Juan Carlos I, que ella ya reconstruye de manera magistral, sino para sacar a la luz el gran problema de amnesia que tienen algunos dirigentes políticos españoles, sobre todo aquellos que están afectados, por activa y por pasiva, en casos de corrupción. Una plaga de alzhéimer que se manifiesta en cuanto los susodichos se sientan en el banquillo de los varios juzgados que están tratando de resolver ese rompecabezas en que se está convirtiendo la corrupción. Se lo han llevado crudo, pero nadie se acuerda de nada.
                Hemos pasado de la imagen de esposa boba, que nunca ha sabido por qué vivía como una maharaní –eso era cosa de su marido-, a la del político abnegado en su amor por España, que nunca ha recibo sobres ni maletines ni fajos de billetes escondidos en botellas de Moët & Chandon, y si así ha sido no lo recuerda, enfermo de una desmemoria que esconde una sonrisa sardónica que dice mucho de la consideración que nos tienen al resto de los mortales.
                 La última viene por el desfile de altos argos del PP por la Audiencia Nacional en la época gloriosa de Aznar, como testigos ciegos y sordos de los años en que la corrupción era una manera más de gobernar las instituciones. Qué la cúpula dirigente de un Partido esté pasando por el tribunal, aunque sea como testigos, dice mucho de que calaña de personajes han estado dirigiendo el país en sus diferentes niveles territoriales, pero que se hagan el orejas, apareciendo como lerdos que no se enteraban de nada de lo que ocurría a su alrededor, nos hace pensar que hemos estado gobernados por unos getas abonados al sobre que nadie sabe por dónde llegaba, o que el grado de imbecilidad era supino entre determinados dirigentes políticos.
                A PAC  nunca le llamaron en relación con adjudicaciones; a lo mejor el que llamaba era él. A JA, no le cabe en la cabeza que el PP tenga dinero en Suiza; no sabemos si le cabrá en el bolsillo los supuestos sobres que supuestamente recibió. AC nunca recibió sobresueldos de los papeles de Bárcenas; si hubiera sido así los habría declarado. A RR las anotaciones de los “Papeles de Bárcenas” no son cantidades que él haya recibido; claro, ya las recibía por otros lados. A JMO no le consta que le hayan pagado 93.000 € bajo cuerda. Y de Oca a Oca y tiro porque me toca.

                Nadie sabe nada. Nadie es consciente. Que en los Papeles de Bárcenas aparecen siglas que corresponden con nombres de importantes dirigentes del Partido Popular, debe de ser una casualidad o que el portero, el chofer, o el de la tienda de embutidos tienen nombres parecidos; que les pregunten a ellos. No deben andar desencaminados después de enterarnos que el millón de euros aparecido en el maletero del armario de los suegros de Granados eran del repartidor de IKEA. Así es la vida, llena de extrañas coincidencias y de grandes desmemorias que le hacen a uno olvidarse hasta de su nombre.

miércoles, 21 de junio de 2017

Elecciones 15 de julio de 1977. Un camino plagado de obstáculos

15 de junio de 1977. Son las ocho de la mañana y ya hay cola delante del colegio electoral. No mucha, dada la hora, pero sí suficiente para poder adivinar la expectativa que estas elecciones han creado en la gente. No es de extrañar, teniendo en cuenta que son las primeras elecciones democráticas que se celebran en Españas desde hace cuarenta y un años. Concretamente, desde el 16 de febrero de 1936. Mucho tiempo de dictadura. Tanto que a los más viejos ya se les ha olvidado qué era aquello de sentirse protagonistas por un día de la política el país; y los más jóvenes ni siquiera han tenido el beneficio del olvido, simplemente no ha conocido nunca esa sensación.



domingo, 18 de junio de 2017

Dimitir, no es un verbo conjugable

Publicado en Levante de Castellón el 16 de junio de 2017
Aquí nadie dimite. Aquí y allí. No sé qué tiene el poder, que quien lo prueba se pega como una lapa a sus paredes y es capaz de perder la dignidad y el saber estar con tal de seguir bebiendo de ese néctar que les convierte en seres por encima del resto de los mortales. Nos venden su vicio al mando y a los oropeles de los palacios con monsergas de servicio público, de responsabilidad ante la sociedad, como si ellos fuesen imprescindibles para que la sociedad funcione. Ahora se está poniendo de moda la frase “a trabajar”, como excusa cuando la gente les dice que ya no son tan necesarios y les señala el camino de la puerta de salida. El “a trabajar”, “seguimos trabajando” y “ahora toca trabajar más que antes”, es la muletilla de aquellos que pierden el favor mayoritario de la sociedad y no tiene intención de bajarse del sillón. No se enteran, o no quieren enterarse, que lo que queremos es que no sigan trabajando, que si lo han hecho tan mal, que trabajen más significan que lo van a hacer peor. Vamos que da pavor que aquellos que han hecho del poder su modus vivendi, modus subsistendi, nos digan que van a trabajar más. Casi mejor que ganen y trabajen lo justo.
                La primera ministra británica pierde las elecciones y, contra viento y marea, se empecina en seguir mandando en su país. De nada sirve el mensaje que los electores la han enviado, para que haga las maletas y sean otros los que se encarguen de arreglar el desaguisado que ella ha montado. Susana Díaz pierde estrepitosamente las primarias en su Partido; de una manera tan escandalosa que cualquier otra persona con menos apego a las alfombras palaciegas se habría marchado por la puerta de atrás. Pero ella se aferra en su señorío, para hacer justo lo contrario que estaba haciendo, lo que criticaba que le pidiese hacer la oposición. Ahora se ha hecho de izquierdas, digo esto, porque como anuncia desde Sevilla, va a dar un giro hacia la izquierda para evitar seguir cayendo por el despeñadero. Y uno se pregunta: ¿si va a dar un giro a la izquierda, dónde estaba antes?  En Cataluña todos los que quieren seguir aferrados al poder y aumentarlo, si cabe, se convierte, de la mañana a la noche, en independentistas, en una carrera sin frenos hacia el disparate. El ministro de Justicia, reprobado por el Congreso, no dimite porque se siente apoyado por el gobierno. Y el gobierno, con el agua de la corrupción hasta el cuello, sigue trabajando, da miedo que lo hagan,  como única justificación para no moverse de sus poltronas ministeriales.  

                Cambian, se agarran, se transmutan, se vuelven en trileros de la política, serían capaces hasta de hacerse la cirugía estética, con tal de seguir ahí, en la cima, controlando y dirigiendo nuestras vidas, mientras ellos  viven al margen de los derroteros por los que circula la sociedad. Se han convertido en maestros del artificio, en constructores de falsas imágenes públicas en las redes sociales, pagadas muchas de ellas con dinero público, Porque, a fin de cuentas, la erótica del poder es tan grande, que París bien vale un a misa.   

lunes, 12 de junio de 2017

Ambú presupuestario


Publicado en Levante de Castellón

Están contentos en el gobierno por haber conseguido aprobar los presupuestos para este año, nada menos que en julio, es decir, un año después de ganar las elecciones. Están muy contentos, porque echan cuentas y, en el peor de los casos, ya no tendrán que negociar con otros para llegar a las próximas elecciones sin tener que adelantarlas. La poca calidad de los políticos que se sientan en la mesa del consejo de ministros, y la de muchos que orbitan a su alrededor, les hace conformarse con poder aprobar, en toda la legislatura, una ley importante, que, eso sí, les garantiza aguantar en el poder, que es, en definitiva, la única razón de ser que tienen el Partido Popular: gobernar, para seguir disfrutando de los beneficios que otorga el mando. Políticos de segunda fila, que no ven más allá de su horizonte personal en el ejercicio de la gobernabilidad. 
                Se aprueban unos presupuestos que sólo tienen como beneficiarios, además del propio Partido Popular, a los nacionalistas que les han dado su apoyo. El resto de la población va a seguir sufriendo las políticas de transferencia de riqueza, que el gobierno de Mariano Rajoy  está posibilitando desde la clase media y trabajadora, a la clase alta y enriquecida. Para ser más claro, seguirán los recortes en educación y sanidad pública, igualdad, violencia machista, infraestructuras, etc., etc., etc. Para todos menos para vascos y canarios. Aunque, me van a perdonar mi poca confianza en la palabra de Rajoy y dude que se lleguen a aplicar esos acuerdos. Ya saben, tú firma que yo luego haré lo que me dé la gana.
                Sin embargo, a pesar de que nos está  haciendo creer que toda la tarea del gobierno se reduce a aprobar los presupuestos generales del Estado y poco más. La política de un país es mucho más poliédrica y afecta a más ámbitos que el meramente económico, por muy importante que sea este. La nula política cultural; la cada vez más preocupante pérdida de libertades; la política de seguridad ciudadana, que se parece más a un vigilante jurado de los intereses del gobierno y la derecha; la nefasta de política de empleo, que están convirtiendo a la clase trabajadora en los  nuevos siervos del siglo XXI; la perdida de presencia de España en el mundo, por desarrollar una política de asuntos exteriores sometida a las grandes potencias. Podíamos seguir enumerando problemas que el gobierno no tiene intención de atajar, y mucho menos de negociar con la oposición. Por no hace referencia al espectáculo bochornoso de la corrupción que le asfixia cada día más (chismes para Rajoy) y su lamentable espectáculo de control de la justicia para impedir que sea esta, por incapacidad de la oposición, la que al final acabe por tener que inhabilitar a todo un Partido, por corrupto y financiación ilegal.

                Pero Mariano Rajoy, su gobierno y su Partido, saben que aprobados los presupuestos, ya nadie les va a desalojar del poder, y a la oposición se la va a pasar por el arco del triunfo. Porque ahora mismo, y a medio plazo, está tan dividida que les anula para forzar unas nuevas elecciones y mucho menos para conformar una alternativa de gobierno. Así que, es cierto que los presupuestos les van a dar aliento hasta el final de la legislatura. Ahora solo tiene que ponerse el traje de tenista y devolver todas las pelotas que les lleguen desde el Parlamento o la sociedad. 

lunes, 5 de junio de 2017

Nacionalismo vs corrupción


Publicado en Levante de Castellón
Seguimos a vueltas con Cataluña, como excusa perfecta para tapar las vergüenzas de un sistema corrupto, que ha sido durante años en España (incluida Cataluña), el refugio perfecto para que todos los ladrones de guante blanco hayan campado a sus anchas, amparados por un poder que ellos también detentaban.
                Todos sabemos ya que la fiebre independentista de la derecha catalana no ha sido otra cosa que la cortina de humo para disimular la pésima gestión de los sucesivos gobiernos de CIU en la región, perdón, nacionalidad, desde que Artur Mas se erigió como sucesor del todo poderoso Jordi Pujol y su sistema de corrupción consentido por los sucesivos gobiernos centrales y la monarquía. Igualmente, cada vez se deja ver con más claridad, que el nacionalismo español, representado por el PP y una gran parte del PSOE, ha venido utilizando a su conveniencia política las sucesivas huidas hacia delante de los independentistas catalanes, para esconder sus miserias. Por ejemplo, resulta curioso que cuando más aprietan los casos de corrupción contra el PP y CIU se reactive el conflicto nacionalistas españoles vs nacionalistas catalanes.
                La derecha se entiende con suma facilidad cuando el zapato les empieza  apretar. Por ello, la discusión entre las diferentes derechas del país, no deja de ser una pelea de gallos, de machos alfa, para ver quién controla el poder del corral, cada uno del suyo. Hasta ahí, todo parecía claro, el reparto de poder más o menos estaba aceptado y lo sigue estando. Sólo tenemos que ver como se cambian favores unos a otros, cuando la ocasión lo requiere. Lo que nos puede hacer pesar que los rifirrafes a los que nos tienen acostumbrados no son más que una pose de cara a la galería.
                ¿Por qué si PP y PDC son capaces de llegar a acuerdos, bajo la mesa camilla, sobre asuntos que afectan a sus procesos de corrupción,  no son capaces de sentarse para rebajar la tensión nacionalista e iniciar negociaciones? Está claro que no les interesa. Que es mejor tenernos atontados con discursos patrióticos imbuidos de orgullo nacional, a que les estemos exigiendo responsabilidades por ser los artífices, consentidores y beneficiarios directos de la corrupción que está asolando España.
El problema viene cuando la sobreactuación sobrepasa ciertas líneas y la única solución a sus problemas de falta de decencia publica, conduce a un enroque de posturas, que sólo tiene como salida una huida hacia adelante que reafirme su poder frente al otro.   Hasta el punto que la derecha catalana se rinde a un Partido de ultraizquierda como la CUP, porque este le garantiza que el proceso independentista siga avanzando, ahora ya como salvavidas de sus dirigentes. Lo mismo que si el PP hubiese necesitado el voto de HB para sacar adelante sus presupuestos, lo habría aceptado. La derecha no tiene tantos escrúpulos como la izquierda cuando de mantenerse no le poder se trata, a pesar de los aspavientos de dignidad fingida a los que nos tienen acostumbrados.
                Pero ahora ya no se trata sólo de una lucha de poder para mantener una posición dominante en el tablero político. Están tan infectados de corrupción, que sólo un nacionalismo ultramontano puede lavar sus imagen ante la opinión publica (ya saben la patria como Bálsamo de Fierabrás) y quién sabe, si sus problemas con la justicia. Pero como son prácticos, mientras, se afanan en controlar ésta, con un descaro que raya el insulto.
Hasta hace poco les bastaba con manejar a golpe de talonario público  los medios de comunicación, pero las redes sociales y el fuego amigo cruzado, responsable de tantas filtraciones, hace que sólo el control jueces y fiscales les garantice salir indemnes -algún tonto por el camino pagará los platos rotos- de la pudrición que les invade. Así lo está haciendo el PP, copando las instituciones judiciales más importantes del país, y así pretende hacerlo el nacionalismo catalán. Si algún día alcanzaran la independencia, han llegado, incluso, a anunciar una amnistía para los delitos cometidos en Cataluña, igual que se hizo durante la Transición, que la amnistía sirvió para exonerar al franquismo y sus dirigentes de cualquier crimen que hubiesen cometido durante la dictadura.

Ni la defensa a ultranza de la unidad española tiene que ver con mantener una España unida, pues diferentes fórmulas de encaje territorial hay, como estamos pudiendo ver; lo que pasa es que el nacionalismo español ha escogido la muy borbona solución castellana de vertebración del territorio, quizá porque les resulta más beneficiosa para mantenerse en el poder. Ni la defensa a ultranza de la nación catalana como Estado independiente, tiene que ver con una cuestión territorial y cultural, pues España y Cataluña tienen muchos puntos comunes en su ADN, sino más bien, se ciñe a una necesidad de control del poder regional, para salvar el culo de tanta corrupción y mala gestión política.

domingo, 28 de mayo de 2017

El Talón de Aquiles de Pedro

         
                                                                                         Imagen: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón

“Alea iacta est”. Con esta frase, Julio César puso en manos del destino el futuro de Roma al cruzar el río Rubicón con una de sus Legiones. Para lo bueno y para lo malo, la suerte estaba echada y Roma ya no volvió a ser la misma, aunque todavía le quedaban varios siglos de ser la gran potencia mundial que pasó a la Historia.
                 El domingo pasado otra suerte se ha puesto en liza, salvando todas las distancias históricas y temporales, en el socialismo español. Esta vez, mucho menos incruenta que la guerra civil que asoló Roma tras el golpe del procónsul César, y más democrática, todo hay que decirlo, pero no exenta de parecerse a una guerra civil, políticamente muy cruenta, que va a dejar muchos cadáveres, en el sentido figurado, tirados en la cuneta. Porque lo vivido en los últimos tiempos en el PSOE, en donde las élites del Partido han tensado tanto la cuerda para hacerse con el poder, ha creado una fractura tan grande, que difícilmente va a poder coserse y sanar, salvo que pudiera alzarse con el poder del gobierno, situación que no cura, pero es un bálsamo que evita que las heridas supuren. Y ahí es donde va a estar su Talón de Aquiles.
                Unas primarias en un país como España, de filias y fobias, que con facilidad se convierten en el modus vivendi modus subsistendi de muchos, corren el riesgo de convertirse en un enfrentamiento fratricida, sino no están muy controlados los daños producidos por la artillería durante las semanas de enfrentamiento. Meterse en una guerra pensando en aplastar al enemigo si se vence, no tiene ningún resultado positivo, más bien destruye la convivencia en la comunidad, forzando a quien gana a tener mano dura contra cualquiera que trate de levantar la cabeza contra el vencedor.
                Me van a disculpar tanto símil bélico, pero la sensación que le queda a un ajeno al Partido Socialista es que no se ha planteado el debate en torno a unas ideas y unos candidatos, que aspiraban a convertirse en líderes del Partido, sino que hemos asistido a un conflicto con tanta beligerancia, que recuerda, excesivamente, a otros tiempos, en los que había que destruir al enemigo para empezar un tiempo nuevo.
                Pero el nuevo PSOE, como decía antes, tiene un Talón de Aquiles, y es que ya no va a ser el Partido hegemónico de la izquierda, ya no va a poder alternarse en el poder con la derecha, como lo ha venido haciendo desde la Transición. Porque el Partido Socialista surgido en Suresnes, el que fue capaz del fagocitar en la Transición al resto de socialismos patrios, ha pasado a la historia, con sus luces y sus sombras, y ya es carne de los libros de texto.
                El nuevo secretario general, tiene que ser consciente de dos cosas: la primera que la socialdemocracia ya no es válida para abanderar la izquierda, simplemente porque la sociedad ha cambiado y aquella no ha sabido adaptarse a esos cambios; y la segunda, que como consecuencia de esa derrota, está surgiendo otra izquierda, con la que va a tener que compartir el poder, si es que algún día, ambas izquierdas son capaces de entender esto y ponerse de acuerdo para gobernar.

                 Difícil tarea tiene Pedro Sánchez, con un Partido roto y una sociedad que ya no tiene en él el referente mayoritario de la izquierda. Si no abandona los coqueteos con el neoliberalismo, que muchos dirigentes de su Partido mantienen; si no se desmarca de todos aquellos que han entendido el PSOE como un aparato de poder y medro personal, cada vez más distanciado de la militancia y la ciudadanía; si no es capaz de resituar a su Partido en el  nuevo contexto político del país y la izquierda, no viendo a Podemos como el enemigo a batir, antes que a la derecha, estas primarias sólo habrán servido para despeñar más rápido al PSOE por el abismo. Y eso no es bueno, ni para la izquierda, ni para el país.  En cualquier caso, enhorabuena a Pedro Sánchez y a todos los que han creído en el PSOE que la utopía del cambio es posible, incluso con todas la élites del poder en su contra.

Resposabilidad vs. culpa

  Si en una cosa somos campeones los españoles, es en buscar culpables por encima de todo. Nos resulta más interesante señalar con el dedo, ...