viernes, 5 de febrero de 2016

Alicia en el país secuestrado

Publicado en Levante de Castellón el 5 de febrero de 2016
Ha pasado mes y medio desde las elecciones del 20-D y estamos, prácticamente, en la casilla de salida. Parece que los dos grandes Partidos no han asimilado un resultado que les obliga a tener que repartir el poder y van dando palos de ciego, mientras sus problemas internos tienen al país secuestrado, políticamente hablando.
                Ante todo hay que decir, que la responsabilidad de formar gobierno recae única y exclusivamente en los dos Partidos mayoritarios: PP y PSOE. Sin querer apuntar con ello que tengan que formar un gobierno de coalición entre ambos, algo que sólo está en la cabeza de todos aquellos que quieren que las cosas no cambien nada, porque tal como están les ha ido bastante bien. Así, PODEMOS y CIUDADANOS, a pesar de su énfasis por ser protagonistas de todo lo que está sucediendo, sólo pueden ser la parte de la ecuación variable, es decir, puede ser uno o puede ser otro, dependiendo del resultado final que se quiera.
                No quiero decir que no tengan importancia, que la tienen y mucha, aunque uno más que otro, pues, mientras PODEMOS sí puede ser actor principal de un gobierno de izquierdas, le guste o no le guste a la varonesa andaluza, CIUDADANOS se tendrá que conformar con ser la dama de honor que sostiene el vestido en una hipotética boda del PP con el PSOE, tan del gusto de Felipe González y del presidente del BBVA. Pero lo cierto, es que no depende de ambos emergentes que se forme un gobierno a la derecha o a la izquierda, y ellos deben ser cautelosos en sus declaraciones, sobre todo, en el caso de PODEMOS, para no dar tantos argumentos en contra de un pacto de izquierdas a los enemigos internos de Pedro Sánchez, que son muchos y con poder.
                Descartada la opción del PP, con o sin Mariano Rajoy, pues se hace harto difícil entender que el PSOE apoyara a un Partido infectado de corrupción, que mientras robaba a manos llenas, recortaba derechos a los ciudadanos, abriendo una brecha social sin parangón en nuestro país, desde que murió el dictador. No se trata, como quiere sostener Albert Rivera y el establishment económico y mediático, de cambiar a Mariano Rajoy, y ya pelillos a la mar.  No, el actual presidente del gobierno, ya autodescartado, es la punta de un iceberg sucio, que esconde toda su podredumbre bajo la línea de flotación de la calle Génova, en la que se resguardan todo tipo de corruptos nacionales y territoriales. Por tanto, el problema de que nadie quiera al PP, es el PP mismo. Nadie, menos CIUDADANOS,  porque unas nuevas elecciones darían al traste con el sueño húmedo de su joven presidente, de ser la prima donna de la política nacional.  Con ello no quiero decir que entre la filas del PP no haya militantes y dirigentes honrados; haberlos los hay y muchos, personalmente conozco algunos, y sé del calvario emocional que están viviendo por todo lo que está sucediendo en su Partido.  Pero es que, al PP, lo que le vendría bien es una temporada en la oposición, para que le diera tiempo a refundarse; a pedir perdón por todo lo indecente que han hecho sus dirigentes; a elegir a unos dirigentes nuevos, libres de mácula corrupta; a perseguir hasta el final a todos los que en su nombre han robado y se han enriquecido;  y a reconciliarse con sus militantes y su electorado. Por todo ello, el Partido Popular tiene bastante difícil formar gobierno, y sería una pérfida jugada apostar por unas elecciones nuevas, en las que no va a conseguir un resultado mucho mejor, condenando al país a un periodo, todavía más largo, de incertidumbre.
                Por tanto la pelota de formar gobierno está en el tejado del PSOE. No es una tarea fácil para sus dos almas: la progresista y la conservadora. Más todavía, cuando esta última no puede formar gobierno con CIUDADANOS, sin contar o con el PP, lo que la relega a una posición en la que sólo tiene una salida: elecciones nuevas. Más fácil lo tiene el alma progresista, pues sí podría formar gobierno con PODEMOS e IU, sin resultar muy complicado obtener la investidura. Pero, esta opción es la que está rompiendo el Partido, dejando ojipláticos a la sociedad, pues parece que la opción conservadora sólo tiene un objetivo: cargarse a Pedro Sánchez e ir a unas nuevas elecciones.
                Que Pedro Sánchez nunca ha sido del agrado de la vieja guardia del PSOE, ya se sabía desde hace tiempo. Pero que la venganza fuese a destaparse en el momento menos oportuno, cuando el PSOE tiene la posibilidad de volver a retomar la presidencia del gobierno, es de una necedad tan grande, que dice muy poco en favor de quienes la están alimentando. Aunque cada uno, por unas razones diferentes. Lo que nos hace pensar que el pacto con PODEMOS, no esconde unas insalvables diferencias políticas, sino que más bien está siendo utilizado por los enemigos de Sánchez como coartada para defenestrarlo. Por ello, Pedro Sánchez, se propone como candidato a formar gobierno sin nada ningún acuerdo en marcha, y tratando de llegar a la cuadratura del círculo. Quizá sepa que esta es la última baza que le queda, para no ser devorado por su propio Partido.
                Si no, ¿cómo es posible que Fernández Vara, García Paje, Ximo Puig y Javier Fernández, todos ellos presidentes de sus respectivas Comunidades Autónomas, estén gobernando gracias al pacto llegado con PODEMOS, y le nieguen esta posibilidad de Pedro Sánchez? ¿No es el PODEMOS que señalan con el dedo como inductor de la ruptura de España, el mismo que les sostiene en la presidencia de sus Comunidades Autónomas? Es difícil entender, a qué viene tanto aspaviento, tanta línea roja y tanta exigencia de transparencia en las negociaciones. ¿Acaso ellos no tuvieron transparencia cuando negociaron con los  morados? ¿Alguien exigió a Susana Díaz tantos requisitos para llegar a un acuerdo in extremis  con CIUDADANOS, y así ser investida presidenta de Andalucía? ¿Realmente piensan que pactar con Albert Rivera garantiza un gobierno de progreso para España?
                Ahora van a ser lo militantes los que tienen que decir sí o no a los pactos de su candidato a presidente. Eso está bien. Pero yo tengo la sensación de que también a estos se les está utilizando en la guerra interna que hay abierta en su Partido. ¿Se les preguntaría si en vez de ser el pacto con PODEMOS, fuese posible la gobernabilidad con CIUDADANOS? ¿Serían actores principales de los pactos, si no hubiesen estallado las hostilidades entre la dirección y la vieja guardia? 11.650.000 votantes optaron por Partidos de izquierda, a nivel nacional, en las últimas elecciones. ¿Acaso esos votos tiene menos valor que los 190.000 militantes del PSOE? ¿Qué respeto se muestra a los electores, puenteando su voto?

                Al final, la razón asiste a aquellos que han venido insistiendo en que el bipartidismo es una lacra para España. Lo están demostrando PP y PSOE, en la medida que anteponen los problemas de esos Partidos y los intereses de sus dirigentes, por encima de los problemas y los intereses de la sociedad española. 

miércoles, 3 de febrero de 2016

Entrevista a Jaime Millás

Jaime Millás es un hombre sereno, pero no exento de pasión por lo que hace, atributos que le dan a su trabajo esa fuerza contenida de la firmeza reflexiva. Lo podemos descubrir charlando con él, sentados plácidamente, en los bajos de la librería Argot de Castellón, donde el jueves 4 de febrero, a las 19,00 horas, va a presenta su último libro: “Crónicas de la transición valenciana”.
Escritor viajero por toda la Comunidad Valenciana; hombre de la cultura, sobre todo del teatro, que le llevó a la Dirección Artística de Teatres de la Generalitat Valenciana, y del arte: es miembro de la Junta Rectora del MACVAC, Museo de Arte Contemporáneo “Vicente Aguilera Cerni” de Vilafamés; pero sobre todo periodista, oficio que ha desempeñado durante cuarenta años en prensa: Triunfo, El País, Diario de Valencia; y radio: Radio Cadena Española, RNE. En los últimos tiempos ha publicado en ensayo: “Manuel Millás, sainets valencianas (1871-1891)” y “Crónicas de la transición valenciana. 1972-1985”, recopilación de artículos publicados en Triunfo y El País, durante la Transición, objeto de esta entrevista.

Desde tu trayectoria como periodista ¿cómo crees que ha evolucionado el periodismo en general, y en la Comunidad Valenciana, en particular, a lo largo de los últimos 40 años?
-Si tomamos como referencia los temas que abordo en el apartado del libro que he denominado Democracia de papel, creo que este es un buen punto de partida para responderte la pregunta.  En los años de la Transición hubo que defender a fondo la libertad de expresión, porque aunque se había derogado la ley Fraga de prensa, seguía existiendo la censura previa y las limitaciones a crear empresas periodísticas. Además, a los grupos de extrema derecha y a determinados estamentos franquistas e integristas no les gustaba en absoluto que los periodistas escribiéramos libremente, intentando desenmascarar su juego en contra de la recién estrenada democracia parlamentaria. Numerosos periodistas fueron llevados al banquillo por esta razón.
Todo el aparato ideológico que el franquismo mantuvo durante décadas, con emisoras y periódicos del Movimiento, se transformó en medios de comunicación de apoyo a la democracia y se abrieron amplias expectativas de trabajo para los jóvenes periodistas que queríamos trabajar en medios de carácter público.
En el ámbito de los medios de información privados surgieron también muchas iniciativas de nuevo periodismo independiente, de revistas y periódicos dispuestos a defender el valor informativo de lo local, de lo que ahora son las autonomías.
Nuestra profesión, que antes había sido gremialista y estaba organizada en cotos cerrados para administrar determinados privilegios, se abrió a la sociedad y a todo profesional que quisiera ejercer de periodista. Se constituyeron uniones profesionales que defendían la libertad de prensa, una política informativa que desterrara la censura y el dictado informativo desde el poder; la promoción de los medios públicos de información, y la superación de la titulitis. Desde ese nuevo asociacionismo también ayudamos a que los aspectos laborales se abordaran en los sindicatos, procuramos que el periodista se inscribiera en sindicatos de clase.
Los principales cambios que percibo de ayer a hoy corresponden a la precariedad laboral. Ha desaparecido prácticamente la oferta de trabajo en medios públicos. En Valencia esta situación se ha agudizado con el cierre de Radio Televisión Valenciana. Tampoco se crean nuevos periódicos o revistas en papel. Los que hay luchan por sobrevivir reduciendo gastos y personal. Y las ofertas laborales en periodismo virtual son muy escasas.
El contenido del mensaje informativo se ha reducido drásticamente. En ocasiones se trabaja solamente con titulares, con mensajes de dos líneas. Ahora sería imposible que el director de una revista me encargara, como hacía en los años 70 el director del semanario Triunfo, escribir quince folios sobre Blasco Ibáñez o resumir en doce folios una mesa redonda de políticos valencianos. Se hace escaso periodismo de investigación y se razona poco sobre la actualidad informativa. El periodista apenas sale a la calle a ver con sus propios ojos  la realidad, a confirmar en directo los hechos. Se vive de los mensajes electrónicos, de las imágenes y las voces que llegan por internet. Incluso hay políticos que piensan que la información hay que darla desde una pantalla por circuito interno, creen que informar es simplemente poner un plasma entre la noticia y el medio de información. Son horas bajas, muy bajas, para el trabajo del periodista, y también para la información contrastada.

Manuel Tuñón de Lara decía que para hacer historia hay que afrontar los acontecimientos con al menos veinticinco años desde que sucedieron, para que podamos tener perspectiva histórica. La Transición ya ha superado ese tiempo y podemos analizarla con criterios históricos. Ahora, desde la distancia ¿eres consciente que tu libro “Crónicas de la Transición valenciana (1972-1985)” se ha convertido en una fuente periodística para el estudio de la historia de esos años en la Comunidad Valenciana?
-Por supuesto, es una fuente de la historia con mayúsculas. La historia contemporánea se escribe con los periódicos y las revistas entre otras fuentes de información. Y con el tiempo que ha pasado, no ya los 25 años de Tuñón de Lara, sino los 40 de nuestra existencia, soy todavía más consciente de que si el periodismo que practiqué en aquella época no hubiera estado guiado por la pretensión de objetividad, imparcialidad  e independencia, sino por la opinión sectaria y parcial, difícilmente aquellas crónicas, aquellos reportajes hoy tendrían vigencia y valor histórico para reconstruir un tiempo pasado.
Por fortuna Triunfo durante la agonía del franquismo fue la revista española de toda la oposición democrática, que incluía también a personas conservadoras que se manifestaban contra la dictadura. Por tanto, escribíamos para ser leídos por comunistas, democristianos, liberales, socialistas, nacionalistas… Hicimos un periodismo de gran arraigo cultural, que buscaba enlazar con los autores, los políticos, los escritores y los pensadores cuya voz truncó la guerra del 36 y el golpe de estado de los militares franquistas apoyados por la derecha católica y la Iglesia.
Ya en democracia, el diario El País también buscó hacer un periodismo riguroso que el paso del tiempo no convirtiera en papel mojado. Cambiaron mucho con la presencia de este nuevo periódico de la mañana los códigos de comunicación informativa. La información pasó a ser sintética, bien ordenada, con una organización interna bien equilibrada. Las opiniones personales se expresaban solamente en las columnas y editoriales, y a la información se le reservaba el espacio de la actualidad bien contrastada. Por eso hoy aquel periodismo no ha perdido actualidad.
Lo que pasó hace 40 años, por supuesto que ya forma parte de la historia. En nuestro caso incluso más. Estamos viviendo un cambio de ciclo económico y social, un cambio de era cultural, muy profundos que a esos 40 años los convierten en algo mucho más lejano y distinto  del momento presente. Parece como si hubiera transcurrido un siglo completo.

Haces referencia a la imparcialidad, la objetividad y la independencia, como valores que nos vacunan contra el sectarismo informativo. En “Crónicas de la transición valenciana” ese rigor es una de la claves para ofrecernos una visión creíble de esa época. ¿No crees que en la actualidad se han perdido esos principios y el periodismo, controlado por importantes medios de comunicación, se ha convertido en un instrumento para transmitir la ideología del poder?

Los valores de independencia, objetividad e imparcialidad son siempre una aspiración a la que debemos aproximarnos. Hay informaciones en las que puedes cumplirlos de manera eficaz y al cien por cien, y hay otras situaciones informativas en las que no alcanzas ese máximo al que aspiras, bien porque tu empresa pone los límites o porque tú mismo te autocontrolas y no transmites al público todo lo que sabes. Esa es la práctica profesional más honesta y realista.

Algo muy distinto es inventarse las informaciones, manipular a conciencia, lanzar noticias falsas para provocar reacciones malvadas y perjudiciales contra las personas o las instituciones. Hay ejemplos y muy notables. A diario en España en la televisión, en la radio, en la prensa hay tertulianos, periodistas, que inventan los testimonios para crear miedo, frenar estados de opinión, manipular biografías de nuevos líderes políticos.
Los artículos del libro, sobre todo los de antes de 1976, están escritos con autocensura. En mis propias carnes fui objeto de un procesamiento de propaganda ilegal en el TOP por dirigir una revista de uso restringido en el ámbito de una entidad cultural privada. Era una revista que mandábamos a 800 socios. Pues aun ahí, en el ámbito privado, entraba la censura franquista a perseguir la libertad de expresión. De modo que aprendí a manejar el posibilismo informativo en los medios de comunicación.
Luego, ya en democracia, el tipo de empresas que eran Triunfo y El País ayudaba a ejercer un periodismo bien informado y contrastado, aunque hay que recordar que el semanario acabó cerrando porque su público se fue en masa al nuevo diario. Respetaban nuestro trabajo y procuraban no manipular la información. Eran empresas con accionistas no vinculados directamente a bancos y fondos financieros como los de ahora, que querían asentar la democracia, consolidar un juego político de varios partidos de diversas ideologías, incluida la comunista. Y si hacían un buen negocio económico, pues todos contentos: los profesionales, los propietarios y los lectores.
Esa situación ahora es imposible. Los medios informativos españoles, salvo excepciones, han acumulado tal nivel de deudas que prácticamente son propiedad de bancos y fondos financieros, incluso fondos buitres, esos que están reinventando el capitalismo para crear cada vez más desigualdad social. En esas condiciones la manipulación está servida. Solo se apoya a quien garantiza que va a respetar e impulsar tus intereses económicos. Esas actuaciones perversas se notan sobre todo en las  editoriales, artículos de opinión, columnas informativas enmarcadas en unos titulares que huelen a manipulación interesada. La información sobre el actual debate político español está lleno de esas malas intenciones que buscan mantener privilegios, alimentar situaciones de corrupción institucionalizada y agrandar los monopolios económicos, de ámbito internacional incluso. Hoy no es posible practicar aquel periodismo en libertad de la transición salvo en medios cuya empresa no  debe nada a los bancos. La cotización en bolsa de las acciones de un periódico no ayuda a ser independientes e imparciales.

Centrándonos en “Crónicas de la transición valenciana”, escribes un relato de primera mano, de cómo se vivió en la Comunidad Valenciana la Transición, atendiendo a diferentes ámbitos: políticos, culturales, económicos, etc., que en el libro creo que están muy bien estructurados. Pero, ahora, con el paso del tiempo y las experiencias vividas, ¿cómo interpretarías esos años de cambios y agitación?
Yo creo que fue un tiempo contradictorio en casi todos los ámbitos. La alegría se mezclaba con el miedo, la libertad de la movida cultural con la violencia del paquete bomba o la pintada en la puerta de tu casa. Las primeras manifestaciones en la calle sin correr delante de la policía eran un estimulante ejercicio colectivo de libertad de expresión. Los mítines políticos, los nuevos programas de radio y televisión eran una ventana abierta a Europa. La democracia se abría paso entre los resistentes que habían perdido sus privilegios de la dictadura.
En mi opinión lo fundamental es que cambiamos de abajo arriba toda la arquitectura política gracias a la aprobación de la Constitución de 1978. Los valencianos aprobamos nuestro Estatuto de Autonomía y recuperamos la Generalitat con el Consell y Les Corts. Entramos en la CEE para ampliar nuestro mercado y asegurar la consolidación de nuestro sistema democrático. En Valencia reforzamos la economía de exportación, la actividad industrial, renovamos la actividad agrícola, potenciamos los recursos turísticos, comenzamos a proteger el medio ambiente. Fueron unos años de creación cultural y modernización social.
Vivimos una época, en cierto sentido, parecida a la de la Transición, por el ímpetu de cambio que tiene la sociedad, empujada por una nueva generación. “Crónicas de la transición valenciana”, es un buen ejercicio de memoria para todos aquellos que reniegan de cómo se hicieron las cosas en aquellos años. ¿Cómo ve el periodista y escritor Millás la situación que estamos viviendo en España actualmente, no sólo en un sentido político/económico, también en el ámbito social/cultural?
Creo que para entender este tipo de situaciones sociales me ayuda haber estudiado cinco años de Historia en la Universidad de Valencia. Un buen sector de la sociedad española pide a gritos la renovación generacional y la adaptación del sistema electoral y de otras pautas legales para que la representación política pueda ser la transmisora de la sociedad y de las opiniones reales de los españoles. No es posible que un candidato de los partidos mayoritarios necesite diez veces menos de votos para alcanzar un escaño que el representante de las minorías. Esa ordenación electoral pudo tener su sentido en 1976 para superar la sopa de letras de tantos nuevos partidos y así  fijar la atención social en pocas y grandes formaciones políticas. Pero ya han pasado cuarenta años y eso debe cambiar. La alternancia de poder entre dos partidos, que inauguró Cánovas del Castillo, pertenece a la segunda mitad del XIX. El tiempo de hoy es otro.
Pero no es sólo una cuestión de recambio  generacional, sino también de renovación de mentalidad y de ideología, tanto a derecha como a izquierda, y de que los parlamentos representen a la gran diversidad de España. Se acabaron los monopolios. En la situación actual hay quien desea ignorar el pasado, descalificar y menospreciar lo que hicimos los que fuimos jóvenes en la Transición y tuvimos la oportunidad de intervenir en los cambios de la sociedad valenciana. Ahora la iniciativa corresponde a otros, hay que dejar el paso a nuevos líderes y a nuevas maneras de transformar la sociedad, pero contando siempre con nuestra experiencia acumulada y demostrada.

Me parece un momento apasionante. No es una encrucijada para tener miedo. Los que van a perder privilegios y poder  son los que intentan decir: o seguimos nosotros o llega el caos.  Pero esas amenazas no amedrantan a los inteligentes, a las gentes que compartimos el desarrollo social de una manera activa y solidaria.

sábado, 30 de enero de 2016

Crónicas de la Transición valenciana

Publicado en Levante de Castellón el 29 de Enero de 2016
La Transición española ha superado ya con creces ese plazo de sedimento histórico que el historiador Manuel Tuñón de Lara cuantificaba en 25 años, para que podamos acercar a ella las herramientas de la ciencia de la historia con la suficiente perspectiva temporal, a fin de de estudiarla, analizarla y fundamentarla con un análisis crítico, que nos permita conocerla mejor, más allá de los acontecimientos que tuvieron lugar en ella. O mejor dicho, estableciendo una relación,  o varias, entre estos y los movimientos subyacentes en el ámbito de la economía, la cultura, la sociedad, la política, etc., que se dieron en aquellos años.
                Para cualquier historiador, es sabida la importancia de las fuentes históricas, pues son ellas la materia prima con la que trabajan para estudiar y desvelar las claves de un momento histórico, un personaje o unos acontecimientos. Muchas y múltiples son las fuentes, incluso varían dependiendo de cada época; no son igual para estudiar la Edad Media, que para hacerlo del siglo XX. Y es en este siglo donde aparece una fuente de información preciosa, como un diamante pulido, al desarrollarse la prensa como medio indiscutible de información a lo largo de la centuria, hasta que internet revoluciona todo. Una fuente de información, y pasado el tiempo, una fuente histórica de primera mano.
                Lo interesante que tiene poder estudiar la Transición española con perspectiva histórica, es que se introduzcan estudios acotados a un aspecto concreto o  territoriales, porque sólo así, en la conjunción de todos los estudios parciales, podremos tener una visión de conjunto veraz, más allá de lo que sucedió en Madrid,  que sin ánimo de restarle importancia, pues era y sigue siendo la capital del país, no es el todo, viviéndose de una manera bastante diferente en otros lugares del territorio español. Quiero decir, que siendo la esencia de la Transición la misma para todos los sitios, en cada uno de ellos tiene características específicas, que la historia debe afrontar.
                Así, la Comunidad Valenciana vivió la Transición de una manera muy diferente a como se vivió en Madrid o Bilbao. Fundamentalmente porque la sociedad valenciana tiene un pasado propio, distinto al de otras Comunidades, que le da unas singularidades que la marcaron con una intensidad mayúscula. Por eso, la aparición de estudios y libros que hablen de esos años, es de suma importancia para comprender que pasó y cuáles son las claves que nos han llevado al presente actual.
                Podemos decir, que todos aquellos y aquellas interesados en conocer mejor los años de la Transición en la geografía valenciana, están, estamos, de suerte, con la aparición del libro de Jaime Millás: “Crónicas de la transición valenciana. 1972-1985” (Ed. Alfons el Magnanim). Y digo que estamos de suerte, porque el libro de Millas cumple los dos parámetros a los que hemos hecho referencia más arriba: es una fuente histórica periodística de la época, y está acotada al tiempo de la Transición en la Comunidad Valenciana.
                Jaime Millás es un periodista de raza, versado en la crónica y en la elaboración  trabajada de sus artículos, intentando buscar todas las vertientes que conducen a una noticia. Periodista que se formó a sí mismo, una vez abandonó las aulas de la facultad en la Universidad de Valencia, teniendo como máxima la objetividad, la imparcialidad y la independencia, escribió el relato de la Transición valenciana con las crónicas que mandaba a la revista Triunfo y al diario El País, selección de la cuales se publican ahora en su libro “Crónicas de la transición valenciana. 1972-1985)
                Es en el empeño de poner la honestidad con su profesión, con la época que está narrando y consigo mismo, por delante, donde reside el valor de este libro como fuente histórica, no sometidas sus crónicas a tutelajes del poder, ni a sectarismos que habrían acabado, no construyendo un relato veraz, que hoy todavía tiene vigencia, sino elaborando una ficción retorcida de la realidad al servicio de otros intereses, muy alejados de contar lo que estaba sucediendo realmente. Nada que hoy, en el siglo XXI, no sepamos de cómo informan determinados medios de comunicación y algunos periodistas que han rendido vasallaje al poder.
                Porque Millás, en “Crónicas de la Transición valenciana”, hace un ejercicio de independencia, trasparencia informativa y buen hacer periodístico, que debería ser tomado como referencia en las facultades de periodismo. Por eso, después de su lectura, tenemos sensación de confianza máxima, de que aquello que hemos leído no es un cuento chino, sino que está fundamentado y tratado con un rigor, que provoca la emoción de haber ensanchado nuestro conocimiento sobre la sociedad valenciana y su comportamiento en la Transición, a través de la lectura de una fuente periodística para la historia. Sabemos más de todo, porque el libro está muy bien estructurado en áreas de información, y por tanto, de conocimiento. Hay una parte dedicada a la economía, otra a la política, otra a la cuestión de la identidad, a la sociedad, a la cultura y sus grandes personajes valencianos, a la ecología, a los sucesos, a la historia y al periodismo.
En fin, trece años de intensa actividad periodística dan para mucho y, aunque en “Crónicas de la transición valenciana”, hay sólo una selección de aquellos artículos, Jaime Millás ha acertado en ella y en la organización del libro. Y sobre todo ha acertado, porque nos ha hecho ver que en la Transición también hubo vida en la geografía valenciana, mucha vida, que solemos tender a olvidar, o simplemente minusvalorar, por esa facilidad que tenemos las sociedades de amilanarnos ante la historia.

“Crónicas de la transición valenciana. 1972-1985”, es un gran libro, para todo aquel que quiera conocer más su tierra, o si es de fuera, ver que esta, con todas sus contradicciones, también bulle en el crisol de la historia. Y aunque pueda asustar por el gran número de páginas que hacen de él un libro voluminoso, lo que se esconde en el interior es merecedor de una lectura paciente y atenta.

domingo, 24 de enero de 2016

El huevo de la serpiente

Publicado en Levante de Castellón el 22 de enero de 2016
La invisibilidad mediática ha lanzado un manto de silencio sobre el gravísimo drama de los refugiados en Europa, que huyen de las despiadadas guerras y regímenes brutales que hay en sus países. Ya no son portada de ningún telediario, ni informativo radiofónico, ni primeras páginas (ni página alguna)  de la prensa escrita. Salvo que suceda algún drama que impacta como un aullido capaz de sobrepasar el autismo mediático, y golpearnos la cara con una bofetada que nos va a sonrojar el tiempo exacto que dura el minuto escaso de la noticia. Como la que nos sobrecogió el fin de semana pasado del naufragio de una barcaza en la que iban varias familias de sirios en busca de las costas europeas, y al volcar, en ese segundo fatal, cambió la vida para siempre de sus ocupantes, destruyendo familias y vidas en las frías aguas de este mar Mediterráneo que se está convirtiendo en una gran fosa común abierta por este capitalismo deshumanizado que gobierna el continente.
Habremos derramado alguna lágrima, al ver a ese padre que llora, con el desconsuelo de las grandes desgracias, la pérdida de sus tres hijos pequeños, quizá preguntándose qué maldición bíblica ha caído sobre ellos, para que sean, inocentes criaturas, las que están pagando los platos rotos de una política que sólo piensa en intereses geoestratégicos y beneficios económicos. Será tanto el dolor que nos transmita en ese instante, que no reaccionaremos con emociones contrarias cuando una madre se reencuentra con sus hijos, después de la angustia de pensar haberlos perdidos en el naufragio.
Cuando nos mostraron las imágenes de Aylan, aquel niño de cuatro años que apareció muerto en una playa de Turquía, el mundo occidental se revolvió en su sillón, y una vez más, el gran circo mediático que rodea el drama de los refugiados se puso en marcha. Parecía que las conciencias de los europeos y sus dirigentes se habían removido y, según pudimos escuchar una declaración tras otra, se iban a poner medidas, para que una cosa así no volviera a suceder. Qué ironía, ver las imágenes del sábado pasado y todas las que hemos visto entre los dos sucesos, y las que no hemos visto ¿Cuántos naufragios; cuántos muertos se ha tragado el Mediterráneo, sin que tengamos conocimiento de ellos, fuera de las frías estadísticas que tanto les gusta usar a los políticos? Posiblemente nunca lo sepamos ¿A quién le interesa que lo sepamos? Desde luego a los gobiernos europeos no. Ellos tienen suficiente con manipular datos, para que nuestras conciencias no se escandalicen hasta el extremo de ponerles en cuestión, maniobrando entre declaraciones de intenciones y la realidad de sus decisiones, con el único fin de salir indemnes del naufragio en el que se ha convertido la política humanitaria europea.
Tienen que impedir, a toda costa, que el problema crezca como una bola de nieve hasta que les situé ante el espejo mágico que un día les diga la verdad, y vean que no son princesas, sino lobos de colmillos afilados. Al igual que  la reina bruja de Blancanieves se apoyaba en el espejo para creerse la bella del reino, los dirigentes de Europa, se miran en otro espejo, el del racismo de una parte de la población, para justificar su desgana de afrontar un problema  del que no quieren sentirse responsables. Pero lo son. Por eso alimentan la xenofobia, en algunos dirigentes con descaro, tomando medidas que sólo tienen la intención de contentar a un electorado cada vez más racista, que está haciendo que la sombra del fascismo sobrevuele, otra vez, por los cielos de Europa. ¿Por qué no se ha puesto freno al nuevo nacionalismo/xenófobo de los países del este, que están condenando a muerte y tratando como animales a miles de seres humanos que se hacinan en sus fronteras? Quizá porque los países occidentales, de manera encubierta, están haciendo lo mismo. O lo que es mucho peor, aplicando medidas que creíamos que después de Hitler habían quedado desterradas para siempre del continente, como la confiscación de bienes. Las civilizadas Dinamarca y Suiza, confiscan los bienes de los refugiados que superen los 350 o 900 euros, respectivamente, para pagar su estancia en el país. En Alemania, la ola xenófoba es creciente, igual que en Francia, Holanda y otros países, en los que el apoyo a movimientos de claro signo xenófobo y, por tanto, fascista (el racismo no tiene cabida en la democracia, ni en la cabeza de un demócrata), no para de aumentar, y en vez de ser frenados radicalmente por los gobiernos, estos integran en sus medidas propuestas de claro corte racista, que son exigencias del nuevo fascismo que recorre Europa. Nadie hace por frenar este aumento, que viene ya de antes del problema de los refugiados, pero que ha encontrado en ellos el caldo de cultivo perfecto para extender sus ideas antidemocráticas.  De seguir así, Europa no va a tardar en llenarse de camisas pardas, negras o azules, da igual el color. En 1977, Ingmar Bergman estrena “El huevo de la serpiente”, una película en la que narra como en la Alemania de los años 20 se va incubando el virus del nazismo, mientras la población da la espalda a un fenómeno de violencia que acabará encumbrando a Hitler al poder, con las consecuencias que todos sabemos. Cuando los que miraban para otro lado quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde.
Martin Neimöller, escribió en 1946 un poema que en España se atribuye erróneamente a Bertold Berch, titulado: “Ellos vinieron”. El poema es todo un alegato a lo que los individuos de una sociedad democrática no deberían consentir, y con la democracia en horas bajas, en muchos países de Europa y la xenofobia en crecimiento, con la excusa de los refugiados, está más al día que nunca. Me van a perdonar que lo transcriba entero, con el fin de que nos haga reflexionar una vez hayamos acabado de leerlo, porque lo que está sucediendo, en nuestras manos está frenarlo y solucionarlo. Que no nos vuelva a sorprender la serpiente saliendo del huevo.

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio,/porque yo no era comunista./Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,/guardé silencio,/porque yo no era socialdemócrata./Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,/no protesté,/porque yo no era sindicalista./Cuando vinieron a buscar a los judíos,/no pronuncié palabra,/porque yo no era judío./Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí,/no había nadie más que pudiera protestar”.

viernes, 15 de enero de 2016

David Bowie. El rock elegante.

Publicado en Levante de Castellón el 15 de enero de 2016
Desde el día de la muerte de David Bowie una pregunta me viene rondando la cabeza como un run-run. ¿Es esta la muerte de uno de los grandes ídolos de la música mundial del siglo XX, el fin de una época? Obvio que sería muy simplista, por mi parte, darle tanto protagonismo a una sola persona en el cambio de ciclo histórico que estamos viviendo. Pero no se puede negar que hay hombres y mujeres que han sido referentes de una época, habiendo conseguido marcar tendencias y aptitudes en toda una generación y qué duda cabe, que David Bowie, al igual que John Lennon y algunos otros, ha representado como nadie una manera de vivir y entender la vida en los últimos años. No es una casualidad que uno de los mayores éxitos del funk-rock de los años 70 del siglo pasado: “Fame”, estuviese escrito y cantado por ambos, como un himno a unos tiempos en los que la fama se convertía en un roll social, por encima de las cosas que nos deberían importar: “Fama, te pone allí donde están las cosas huecas”.
                David Bowie nos retrotrae a unos años en donde el futuro era posible y todos creíamos que la utopía era el faro que guiaba hacia buen puerto la nave de nuestra vida. “Y nos besamos/como si nada pudiera caer/y la vergüenza estaba en el otro lado/ ¡Oh! que podemos ganarles/para siempre jamás/Entonces, podemos ser héroes/sólo por un  día”, cantaba Bowie en su canción Héroes en el año en 1977. Años en los que nos creíamos dueños de nuestro destino y nos dejábamos llevar por sus canciones al otro lado de la valla, donde todo era posible y el poder, un muro que seríamos capaces de saltar.
                Bowie es el rock elegante, incluso cuando su aspecto era un grito revolucionario en contra de la norma vigente, escandalizando a una sociedad bien pesante, plagada de una moralidad falsa, que sólo quería encorsetar cualquier idea que pudiera romper los moldes de su reglada y conservadora vida. Por eso amábamos a Bowie cuando salía a escena con el provocador atuendo del glam y nos hacía volar por encima del mundo, sumergiéndonos en el deseo de sentirnos libres de ataduras. “Ponte los zapatos rojos y baila el blues/vamos a poder/Bajo la luz de la luna, esta grave luz de luna/vamos a bailar”. “Let’s dance” 1983.
                Y el mundo giraba y bailábamos y creíamos que todo era posible, y ese empuje nos hacía crecer y luchar por que  fuese mejor. Una geografía capaz de asimilar la paz, la justicia y el amor, como principios de convivencia. “¿Dónde estamos ahora?/ El momento en el que lo sabes/sabes lo que ves/mientras haya sol/mientras haya lluvia/mientras haya fuego/mientras esté yo/mientras estés tú”. No se rinde. No deja que nos entreguemos a la fatalidad de unos tiempos tristes y oscuros. Por eso en 2013 publica el single “Where are we now?”, ya con en sus años de madurez.
Bowie siempre inmortal. Como en aquella película de 1983 dirigida por Tony Scott: “El Ansia”, en la que junto a dos maravillosas mujeres: Catherine Deneuve y Susan Sarandon, protagoniza un film de vampiros elegantes, anteriores a las sagas crepusculares de los últimos años, en el que Bowie encarna al amante de una vampiresa inmortal (una Catehrine Deneuve guapísima), hasta que se cruza en el camino de ambos la sensual Susan Sarandon y el amor cimentado durante siglos gira como una veleta movida por un viento irrefrenable y la Deneuve encuentra en la Sarandon un  nuevo amor en el que volcar su inmortalidad, que provoca que la máquina del tiempo empiece a funcionar y Bowie a envejecer. Película rompedora de ambiente algo gótico que introduce un tema casi tabú para principios de los años 80, como es el amor lesbiano, que no cayó muy bien a la crítica biempensante de la época. Y es que Bowie, siempre fue rompiendo moldes y señalando el camino por donde se transita con una mayor libertad.
“Mira aquí arriba, estoy en el Cielo/Tengo cicatrices que no pueden ser vistas/Tengo drama, no puede ser hurtado/todos me conocen ahora”. Es su despedida. El adiós de un genio que marcó toda una época en la música y la manera de entender la vida de una generación. Se va de la única manera posible, con el legado de un nuevo disco: “Blackstar”, para que siempre perdure en nuestra memoria, al igual que otro genio de la música: WA Motzar, se despidió escribiendo El Requiem más famoso de la historia. Sólo el tiempo dirá si su obra perdurará o desaparecerá devorada, como Saturno devoró a sus hijos, en la vorágine de una época que muere y otra que empieza. Por eso, sigo con la duda de intuir que nos encaminamos a un tiempo donde todo va a ser distinto, pero que David Bowie, emblema de un pasado reciente, nos ha enseñado que los cambios pueden ser a mejor, si nosotros creemos en ellos y tomamos las riendas de nuestro destino.
“Estoy cayendo/No piensen ni por un segundo que los olvidaré/Lo estoy intentando/Muero por hacerlo” (Dollar day), de su último, y casi póstumo, disco Blackstar.

miércoles, 13 de enero de 2016

El Pacto de Progreso, cada vez más lejos

                                                                                                 Foto; Autor desconocido

Pacto de Progreso. La primera en la frente. Parece que el Pacto a la portuguesa de Sánchez, pasa primero por Berlín. No sabemos si Susana Díaz le ha cambiado los billetes de tren. Esta´ claro que el PSOE no tiene interés alguno en llegar a un acuerdo con PODEMOS. La excusa de que el Reglamento del Congreso impide crear los grupos parlamentarios que solicita PODEMOS es una milonga, pues el Reglamento es tan flexible como los Partidos quieran que sea. Lo que sí se empieza a barruntar, es que la intención es aislar a PODEMOS como un patógeno peligroso. Al final van a ser verdad lo de la casta.
No entender que España ya no es la unidad de destino universal que tanto gustaba proclamar a franquistas y falangistas, sino un país de diversidad nacional, que hay que respetar, porque en ella está su grandeza, es seguir instalados en un ceguera histórica, que sólo tiene que ver con el aferramiento al poder de las élites centralistas, por miedo a perder parte de él, y quizá, desde su lógica, de los privilegios que este aporta.
Tengo la sensación de que las elecciones están a la vuelta de la esquina. Está claro que, al final, el pacto por la izquierda, que daría un gobierno tan estable como por la derecha (otra cosa es que sea una estabilidad que no guste en los círculos que llevan años manejando este país), no va a ser, porque el PSOE está instalado en la lógica de alejarse de PODEMOS, entrando en el juego de la derecha, de dentro y de fuera del Partido. O bien, el Pacto de Estabilidad PP-PSOE, con Ciudadanos de monaguillo, está más avanzado de lo que creíamos.
No me extraña que Rajoy siga fumándose un veguero de medio metro, porque al final, con a sin elecciones, todo indica que va a volver a ser presidente del gobierno.


domingo, 10 de enero de 2016

20-D. El cambio ha llegado

                                                                 Imagen: El descubrimiento de Eduardo Úrculo
Parece que tras las elecciones del 20-D, el panorama político en España se ha complicado en exceso, con un Congreso fragmentado, que obliga a pactar para formar gobierno. O eso es lo que los poderes fácticos quieren hacernos creer, pintando un escenario en el que sólo puede caber la reagrupación de aquellas fuerzas que van a seguir respetando el status quo actual, que como hemos podido comprobar sólo les beneficia a ellos, a costa de una gran desigualdad e injusticia social. De ahí la insistencia en presentar una coalición de izquierdas como un galimatías imposible de controlar que, además, puede atentar contra la unidad de España. Está claro que han puesto a toda su maquinaria mediática a funcionar, para que nada, ni nadie, les agüe la fiesta del poder y el enriquecimiento en la que viven desde hace años, y para ello, ya han buscado un nuevo chivo expiatorio de todos los males de esta país, en PODEMOS. Sorprende que pocos días después de las elecciones, todos, incluidos reputados miembros de la izquierda, señalen a este Partido como el culpable de la ingobernabilidad de España y promotor de la ruptura de la unidad patria. Es obvio que ellos si se han dado cuenta, antes que nadie, del cambio que se está fraguando en España, y tratan de impedirlo como sea, incluso con esa Gran Coalición, con partido bisagra en medio, que lo único que ofrece es que todo siga igual como hasta ahora, reforzando el bipartidismo, como tabla de salvación de sus intereses, y conjuro contra las fuerzas que empujan para que se produzca un cambio, que pasaría, ineludiblemente,  por una pérdida de poder del establishment actual, que cada vez se comporta más como una casta en defensa de sus intereses estamentales. En el fondo, seiscientos años de historia no han cambiado mucho las cosas y resabios feudalistas siguen aflorando en nuestra sociedad.
                En el delirio político que vive este país, a veces uno tiene la sensación de haber vuelto a los años setenta, por la recuperación de términos lingüísticos que tanto gustaban al franquismo, y la propuesta de medidas sobre territorios que conforman el Estado que huelen demasiado a la España, Grande y Libre, unidad de destino en lo universal, que estudiábamos en el colegio bajo la foto de Franco y Jose Antonio. Escucho hablar a algunos líderes políticos de “separatismo”, o de “unidad inquebrantable”, y de toda una parafernalia  ultranacionalista española, que últimamente se utiliza desde Génova al Palacio de San Telmo, sin entender que España es un país plurinacional, y que si no se reconoce este hecho, seguiremos con la misma matraca nacionalista periférica que tiene secuestrado a este país desde hace décadas.
                Claro, que decir que no entienden es otorgarles el beneficio de la duda. El nacionalismo ya sea español, catalán o de cualquier otra región es una fantástica coartada para disimular la perfidia de gobernantes que tienen que ocultar ante la opinión pública sus malas gobernanzas. Da igual de dónde sea. El nacionalismo les va igual de bien a Mas, a Rajoy, o a Susana Díaz; todos tiene algo que esconder. Por ello, a quienes tratan de reconducir el error histórico de la Transición de no reconocer la plurinacionalidad de España, hay que desprestigiarlos políticamente. Y si encima proponen un cambio de ciclo y modelo de sociedad, aplastarlos. Cómo cantaba Rafael Amor en esa maravillosa canción titulada “El loco de la vía”: “Y  vinieron veinte carros de asalto…/carros autobomba, sesenta mil mangueras/ para aplacar el humo blanco de su blanca bandera./ Aplastaron su casa barata y chata/ le expropiaron al perro puntiagudo con alma de felpudo.”
                Pero volviendo a la situación postelectoral. ¿Qué está sucediendo en los Partidos? Sinceramente creo, que están interpretando la situación en clave interna, y no en la solución de los graves problemas que tiene el país. Aunque a fuer de ser sinceros, habría que decir que unos más que otros. Veamos sólo aquellos de representación estatal. El PP lleva varios meses en crisis, por el cuestionamiento que desde muchos sectores están haciendo del liderazgo de Rajoy. El resultado electoral ha supuesto ahondar más en la herida, ya que por mucho que lo disimulen han tenido una sangría de votos y diputados de muy difícil digestión. Creo que si Mariano Rajoy no consigue formar gobierno, la guerra va a ser total. Y es posible que muchos están jugando a esa carta.
                Si la hemorragia del PP no ha sido mayor, se debe a que la debacle del PSOE es para llorar. No sé qué esperaban sacar, si el resultado les parece aceptable. Hay que tener en cuenta que en las elecciones del 2011 la derrota fue épica, y ahora todavía han perdido millón y medio de votos más. Pero este no es el problema más grave que tienen. La guerra interna ya es tan grande, que los gritos se oyen en toda la escalera. Aquí no hay tregua. Pedro Sánchez se ha interpuesto en medio de las ambiciones de Susana Díaz, como valedora de los intereses de la vieja guardia del Partido, con Felipe González en la sombra, y no va a para hasta acabar con él. Por eso, le niegan el pan y la sal para cualquier negociación que pudiera darle la presidencia del gobierno, que dinamitaría las aspiraciones de la andaluza para convertirse en la lideresa del socialismo casposo español, y le urgen a que convoque un Congreso para defenestrarle. Parece que los españoles tengamos un gobierno de izquierdas y progresista les importa menos que su posición de poder en el Partido y defensa del establishment de poder actual, léase casta.

                Ciudadanos se ha demostrado que es un Partido inútil, sino puede ser bisagra, ya que sus planteamientos políticos e ideológicos se diferencian bien poco de los del Partido Popular. De ahí si empeño en un gobierno PP-PSOE, que les incluya a ellos en medio. Al final, la única tabla de salvación de este Partido es servir de refuerzo al bipartidismo. En el caso de PODEMOS, la situación es diferente. No necesitan ser bisagra de nadie y programa de cambio, en la medida que recoge las aspiraciones del 15-M, está bastante diferenciado del resto. Ahora bien, va a tener que elegir, si al final Pedro Sánchez se impone a los inmovilistas de su Partido, entre políticas que acaben con la desigualdad y la injusticia, y/o el referéndum en Cataluña. Personalmente soy partidario de ese referéndum, pero las cosas hay que hacerlas cuando están maduras, y un punto de programa electoral no puede hipotecar el resto, sobre todo cuando no se ha ganado para gobernar y hay que negociar. En cuanto a IU, creo que debe reflexionar sobre su papel en la izquierda.

Resposabilidad vs. culpa

  Si en una cosa somos campeones los españoles, es en buscar culpables por encima de todo. Nos resulta más interesante señalar con el dedo, ...