jueves, 28 de noviembre de 2013

Luis Rodríguez


Escrito por González de la Cuesta

Luis Rodríguez es un escritor de trago corto, que no utiliza muchos ingredientes, aunque alguno de ellos de alto contenido alcohólico, por el impacto emocional que provoca en nuestras conciencias al leerlos. Entra en el texto sin concesiones a la floritura. Directo. ¿Para qué andarse por las ramas? Como si un bisturí diseccionara nuestra alma y vertiera un cóctel de palabras precisas, que como cuchillas rasgaran nuestros buenos y decentes pensamientos. Porque Luis Rodríguez, lector insaciable, que nació en Santander hace más de medio siglo y ha ido bebiendo como una libación lo que le ofrecían los distintos lugares en los que ha vivido, hasta que se afincó, definitivamente, en Benicasim, nos sirve en dosis muy elaboradas literatura en estado puro, que entra como un chute en nuestras venas hasta que alcanza el cerebro y ya nuestra mirada del mundo no vuelve a ser igual. Es un ser peligroso, no porque sea violento o maquiavélico, sino porque utiliza el arma de destrucción masiva de las ideas bien pensantes más poderosa que se haya inventado jamás: la palabra. Y además lo hace sin ninguna intención de provocar terremotos ni incitar a revoluciones. La sacudida que provocan las novelas de Luis Rodríguez proviene de hablarnos, con toda naturalidad, de la vida misma, sin celosías que la oculten, ni espejos que la deformen.
                Así es su primera novela “La soledad del Cometa”, un ejercicio de vivisección del comportamiento humano, que muestra unos personajes viviendo experiencias que pueden parecernos irreverentes o rebuscadas, pero que, sin embargo, nos cuentan una parte de la realidad que deliberadamente no queremos ver, y lo hace con tanta naturalidad que no deja concesiones al regateo intelectual. Los personajes de esta novela, que transitan por la vida de una soledad a otra, en busca de nada, o en el mejor de los casos de una conformidad que les hace sobrevivir, no son ni siquiera ácidos, ni subversivos, ni sucios. Son gente normal que aceptan el papel que les ha tocado vivir, sin cuestionarse si lo que hacen está bien o mal. Lo hacen porque tiene que ser así.           
                En su segunda novela, “Novienvre”, hay una intencionalidad provocativa ya desde el título, que deliberadamente transgrede las normas ortográficas, para agitar nuestra comodidad, cuando no abulia, intelectual. No puede ser de otra manera cuando esta incorrección gramatical viene de un escritor muy cuidadoso con el lenguaje y pulcro en su escritura. Lo que nos hace pensar que estamos ante una provocación del autor. Sin embargo “Novienvre” es una novela más amable, a pesar de que hurga en el lado oscuro de nuestra conciencia forjada en siglos de judeocristianismo. Pero es mucho más peligrosa, porque ahora la amabilidad del personaje, que vuelve a transitar por la soledad como elemento de cohesión de su trayectoria vital, nos seduce. Y no porque tenga una vida de película. Esto es lo verdaderamente transgresor, sino porque es un individuo corriente, que se enfrenta a los acontecimientos que la vida le va poniendo delante, otra vez, con una naturalidad que te deja impávido. Luis Rodríguez, esta es otra provocación, llamar al personaje con el nombre del autor, sin ser una novela autobiográfica, es un ser que, al igual que los personajes de la “Soledad del Cometa”, no se plantea si lo que hace está bien o mal, un rasgo literario que empieza a ser distintivo de Luis Rodríguez, el otro, el escritor y autor de estas novelas, lo hace porque así viene dado.

                Cuando un personaje te dice ante una persona que piensa que está muerta, que le tomó el pulso por hacer algo, hay un mensaje que está produciendo un cortocircuito en nuestras neuronas, lo peor de todo, sin saberlo. Esta es la literatura tal como la escribe Luis Rodríguez: una provocación ante el lector, sin que este sea consciente de ello. Algo así como cuando en una aglomeración alguien te empuja discretamente, te pide perdón con toda naturalidad, y después te das cuenta que te ha robado la cartera. Esa cartera vieja, que tanto detestabas, y que nunca te atrevías a cambiar, por el rancio valor sentimental que tenía. Por eso, a las novelas de Luis Rodríguez hay que enfrentarse sin miedos, libre de ataduras mentales, y dejar que nos robe la cartera con naturalidad, para que las palabras cuando circulen por nuestras venas no provoquen demasiados desgarros. Un imprescindible. 

martes, 19 de noviembre de 2013

A ti Mateo, es a ti.


Escrito por González de la Cuesta

                 Escribir una novela sobre pinturas robadas, con Roma como escenario y la Iglesia como tenedor de arte, es un riesgo hoy en día, pues se puede caer en esa corriente de misterios vaticanistas y sectas de origen oscuro que tratan de preservar la verdad del universo, que tan al uso están en la literatura desde hace años, y que, todo hay que decirlo, ha dado algunas obras esplendidas y muchas más prescindibles. Por eso a Juanma Velasco (Castellón, 1963) autor de la novela “Sólo los hombres sin patria pintan lobos”, hay que reconocerle que haya sabido dar el tono adecuado a su nueva novela A ti Mateo, es a ti, sin dejarse llevar por ese torrente editorial que ha colonizado los estantes de las librerías en los últimos años.
                A ti Mateo, es a ti, es una novela muy bien trazada, que nos habla de la ambición del poder, la glotonería de la riqueza y el triunfo del amor, con un cuadro de Caravaggio, La vocación de San Mateo, exhibido en la iglesia de San Luis de los Franceses en Roma, que sin pretenderlo se convierte en el verdadero personaje principal de la trama, haciendo girar al resto alrededor de él. Una historia contada con maestría que tiene un argumento muy bien estructurado de intriga policiaca, pero que no se resuelve dentro de los cánones habituales de este género. Porque aunque la sucesión de capítulos platean una trama policial, salpicada de retrospectivas históricas que nos cuentan cómo se gestó la pintura del cuadro, el fondo de la historia tiene más que ver con la realidad de la vida, cargada de matices, en donde los personajes no aparecen como buenos o malos, sino simplemente como deudores de sus propios actos.
                Hay varias intrigas en la novela que se superponen con la habilidad suficiente para que no se entorpezcan unas a otras, y para que las resoluciones de todas lleven una secuencia que nos haga ver que el final de la historia es la suma de todas ellas. Pero también hay una pulsión de deseo sexual que atraviesa gran parte de la narración, convirtiéndola, en algunos momentos, casi en una novela erótica.
                Por todo ello, Juan Velasco ha acertado en esta su segunda novela, haciendo de A ti Mateo, es a ti, una lectura recomendable, en la que podremos disfrutar y darnos cuenta que detrás de cada cosa, siempre hay una trastienda en la que se esconde otra realidad menos visible.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Fragmento presentación de la novela "Novienbre"en Benicasim

Fragmento en vídeo de la presentación de la novela"Novienbre" de Luis Rodríguez en la librería L'Ambit" de Benicasim, el 16 de Noviembre. En el vídeo aparecen Álvaro Colomer, crítico literario, que hizo de presentador y Luis Rodríguez, autor de la novela.

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sábado, 26 de octubre de 2013

Sin literatura no hay libertad

                                                                                                Imagen: Autor desconocido

Escrito por González de la Cuesta

A principios de esta semana se ha celebrado el VI Congreso Internacional de la Lengua Española, en Panamá. Una reunión, en la que al margen de las fotos de altos mandatario y los discursos engolados sobre lo grande que es el español en un mundo globalizado, se va a discutir sobre los problemas reales que tiene el castellano en las diferentes partes del globo donde se habla, con una variedad lingüística, dentro de la unión de pertenecer a una misma lengua, marcada por la dispersión geográfica, y ese gran caladero del castellano que es Suramérica. Panamá es el anfitrión, y como muestra del interés que suscita la literatura en el continente americano de habla hispana, es su gobierno el que va a correr con todo el gasto del Congreso e incluso el de los 1.200 profesores a los que ha invitado, para que las discusiones sean un debate vivo, con los pies en la realidad.
                La celebración de este Congreso debería hacernos reflexionar sobre cuál es el estado de la literatura y el nivel lector en nuestro país, que presume de ser la madre de la lengua castellana, pero que poco hace por promocionar su literatura entre nosotros. Resulta paradójico, que cualquier revista digital dedicada a la literatura, que se edite en Suramérica, alcance miles de visitas, cuando no cientos de miles, y que en España su supervivencia sea poca más o menos que una quimera, no por la falta de colaboraciones, sino por la ausencia clamorosa de lectores o visitantes. Este es el quid de la cuestión: el bajo nivel lector que tenemos en España y el desinterés de los poderes públicos, ya sean estatales, autonómicos, provinciales o locales, por fomentar la lectura. Aquí se piensa que vale con sacar pecho por el Instituto Cervantes, al que luego se le tiene sometido a un régimen de adelgazamiento económico; o convocando premios literarios por doquier, controlados en su mayoría por el afán mercantil de las grandes editoriales; o leyendo con gran fasto El Quijote, todos los años, el día del libro, con un aparatoso desfile de personalidades y famosos ansiosos de quedar plasmados en un fotografía para la eternidad. Todo eso está muy bien, y no soy yo quien vaya a criticar lo poco que se hace, ya que todo en esta vida siempre tiene un lado positivo. Pero lo cierto, es que más allá de los fastos, se encuentra el vacío, o mejor dicho el casi vacío, porque aquí entramos en un terreno plagado de pequeñas iniciativas surgidas de la voluntad de grupos amantes de la lectura, escritores y/o profesores que, al igual que caballeros andantes, tratan de inocular el espíritu de las letras entre sus alumnos.
                Es difícil que un país pueda avanzar si no se lee. En los libros se encuentra el conocimiento universal, todo lo que pueda ayudarnos a sentir, a aprender, a emocionarnos y a ser personas más sabias y humanas. Si un país no lee caerá bajo una de las peores dictaduras que existen, no tanto por violentas, sino por destructoras de la dignidad que da el conocimiento; cae en la información manipulada por el poder y la educación al servicio de los grupos dominantes. Un país que no lee pierde su capacidad de autocrítica y de ver las cosas desde diferentes ángulos, haciéndose menos tolerante y más proclive a la imposición de lo que cada uno piensa. Porque en la literatura encontramos uno de los últimos reductos de libertad que existen en la sociedad, donde el escritor se puede expresar sin la coacción florentina del poder, que todo trata de abarcarlo, incluso hasta nuestros pensamientos. Ejemplos de escritores que han conseguido engañar a la censura o burlar el cerco que sobre ellos o su obra han puesto regímenes de pensamiento único, hay muchos a lo largo de la Historia. La novela de Vasili Grossma “Vida y destino” sufrió la persecución de las autoridades soviéticas porque hacía un relato muy crítico de la vida de los soviéticos durante la época de Stalin. La KGB de Nikita Jrushchov destruyó todas las copias existentes en su apartamento moscovita y aventuró que no se publicaría ni en doscientos años. Era la década de los cincuenta en la URSS y el control del poder sobre las conciencias de los ciudadanos no había disminuido con la muerte de Stalin. Sin embargo, una copia de la novela pudo sortear la vigilancia de la KGB y en 1980, sacada de la Unión Soviética por disidentes, pudo publicarse en Suiza. Es el triunfo de la libertad de un escritor sobre el poder. Bertolt Brecht sufrió una vida de persecución por mantener la libertad de su obra. Escritor de pensamiento marxista, tuvo que abandonar Alemania cuando en 1933 los nazis irrumpieron violentamente en la representación de una de sus obras de teatro y quemaron, posteriormente, toda su obra en un acto de barbarie que trataba de situar el pensamiento único sobre la literatura. También tuvo que abandonar los EE.UU. cuando el Comité de Actividades Antiamericanas, presidio por el senador republicano MacCarthy, comenzó a perseguirle. Son muchos los escritores que han sufrido persecución o muerte por la intolerancia: García Lorca, Shalman Rhusdie, Ana Politóvskaya, Roberto Saviano, y muchos los que sin haberla sufrido han aguantado los embates del poder tratando de ningunear su obra o de impedir su difusión.
                Quizá sea por eso que en España, país de tradición censora desde la Inquisición hasta la dictadura franquista, que todavía no nos hemos podido desempolvar, la lectura, en la actualidad, sea un bien inútil o un mal menor, dependiendo desde la ventana de donde se mire. Y por ello, a nadie le preocupan los bajos niveles lectores que tenemos, que están haciendo de la supervivencia del libro una quimera y de los escritores un acto de fe en su obra y sus ganas de seguir escribiendo, a pesar de que en lugares como en Castellón estemos asistiendo a un momento de esplendor literario, con escritores de todos los géneros, sin que en los ámbitos culturales se les esté haciendo el menor caso.

                Pero no pasa nada, la literatura sobrevivirá a este momento de miopía cultural y ceguera literaria. Mientras tanto fijémonos en Panamá, ese pequeño país centroamericano que, por cierto, muchos conocen por la novela de John Le Carré “El sastre de Panamá”, que no duda en poner los recursos necesarios para la promoción de la lengua española y su literatura.

miércoles, 31 de julio de 2013

Cosecha de Verano


Prólogo de González de la Cuesta para el libro de relatos "Cosecha de Verano", publicado por Unaria Ediciones.

Imagínense ustedes la siguiente escena: Estamos en Atapuerca, una noche de hace quince mil años. En el interior de una cueva un grupo familiar extenso, quince o veinte personas, está reunido alrededor de un fuego, que más que calentarles, es verano y afuera hace una noche cálida, ilumina sus rostros y les da la seguridad de verse y sentirse protegidos ante posibles peligros nocturnos. Escuchan embelesados a una mujer mayor, quizá la matriarca del grupo, que va desgranando con palabras sencillas una historia que hace volar su imaginación muy lejos de su cueva. La anciana habla despacio, para que ninguna de sus palabras se pierda en la oscuridad de la caverna y queden concentradas en ese momento mágico que está absorbiendo la atención de todos los que la escuchan, porque sencillamente lo que está haciendo en relatarles un cuento, que quizá no sea la primera vez que lo oyen, pero que siempre surte el mismo efecto revelador, provocando un torrente de emociones.
                Como verán es el cuento la más antigua manera de narrar historias que ficcionan la realidad, convirtiéndola en algo mágico, a veces imposible, inalcanzable más allá de la imaginación del cuentista y del que escucha. Y digo bien del que escucha, porque durante muchos miles de años, la única forma de disfrutar con una historia era escucharla. Bardos, juglares, trovadores, cuentacuentos, abuelas… incluso todavía hoy en lugares donde existen personas que aún no sabe leer ni escribir, existen contadores de cuentos que van por las plazas, llevando magia e ilusión a las gentes, como los halakis de Marrakech, que siguen siendo fieles a una tradición antigua, desgraciadamente hoy en peligro de extinción.
                Los cuentos, que según la RAE son una “relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención” siguen ocupando hoy, en la era tecnológica del siglo XXI, una posición privilegiada en el acervo cultural de la sociedad, aunque bien es cierto que la escritura ha sustituido a la palabra contada, pero no por ello dejan de ser igual de asombrosos que siglos atrás. Aunque si es cierto que el acto individualizador que significa la lectura de un texto, haya aparcado la magia de compartir las historias en grupo, y cruzar nuestras emociones con las de los que nos rodean. Pero no por ello, cada vez que leemos un cuento, nos estamos alejando de nuestros ancestros. Muy al contrario, participamos de esa tradición antigua de disfrutar de la revelación extraordinaria de unos sucesos que siendo, tal como define la RAE, “una narración breve de ficción” acaban colmando nuestra necesidad de volar con la imaginación a otros lugares y a unos acontecimientos que nosotros no vivimos.

                Con esta tradición tan antigua ha conectado, excelentemente, Unaria Ediciones, publicando ya su segundo libro de cuentos con el título de Cosecha de Verano, bajo el cual, al igual que en Cosecha de Invierno, podemos leer y disfrutar de una amplia selección de cuentos de autores de todo el país, que si bien muchos de ellos y ellas pertenecen a otros ámbitos literarios, como la poesía o la novela, no desmerecen con estos trabajos la calidad de sus obras. Esta segunda “cosecha” del año, son cuarenta y un cuentos marcados casi todos por la soledad, el amor y el desamor, la desesperanza que genera la crisis profunda que está viviendo nuestra sociedad, la denuncia de la injusticia, que si bien es un mal universal e inmemorial, no por ello deja de sacudir las conciencias de las personas justas. Pero también hay luz en los relatos, fogonazos de esperanza, que nos animan a seguir, a no caer en el desencanto por la vida. Estamos ante literatura muy anclada a la realidad que nos rodea, que por estar bien ficcionada no elude su compromiso con los valores eternos de la humanidad, ni con los sentimientos y las emociones que todos llevamos pegados en nuestro ADN. Literatura bien escrita, cuidada, arrancada de la sabiduría interior que todo escritor lleva dentro, para hacernos llorar, reír, maldecir, soñar y vivir. Qué más se le puedo pedir a esta nueva cosecha, escrita para que en las tardes calurosas del estío, o en las noches en las que buscamos el fresco de la Luna, podamos perdernos entre sus palabras, al igual que hace quince mil años, en una cueva de Atapuerca, ancestros muy lejanos nuestros apenas respiraban, para que el sonido del aire saliendo de sus pulmones no desviara la magia del cuento que la gran madre les estaba relatando.

martes, 25 de junio de 2013

novienvre


Escrito por González de la Cuesta

LITERATURA. Es el único adjetivo que se me ocurre para calificar la nueva novela de Luis Rodríguez “novienvre”. Literatura con todas sus letras y en mayúscula, para un texto que trasciende lo puramente novelesco, para adentrarnos en un terreno en el que lo anecdótico es la historia que Luis Rodríguez nos cuenta, porque brilla con luz propia su capacidad para transmitirnos ideas y un concepto de la escritura que raya la magistratura de la insubordinación intelectual y gramatical. Porque en “novienvre” encontramos un ejercicio de concisión mental que no deja lugar a la interpretación subliminal de la palabra escrita, ni a ningún rodeo semántico; no hay, ni siquiera, espacio para la subordinación gramatical, mediante la encadenamiento de oraciones que se subordinan en explicaciones innecesarias de lo que se quiere decir. Lo dicho se escribe con tal rotundidad, que a veces pude herir alguna sensibilidad. Una crudeza que ya se pudo leer en su anterior novela “La soledad del cometa”, que ahora, si es cierto que se suaviza en beneficio de una historia mejor construida y muy bien narrada, no deja de tirar para atrás a las mentes bien pensantes y algunas de las políticamente incorrectas. Y aquí está la gracia de esta maravillosa novela, que no por breve desmerece su calidad, al contrario, es tanta la que tiene que una dosis mayor acabaría dopándonos a una adicción de la que sería difícil desengancharse. La gracia reside en que una literatura tan políticamente incorrecta esté tan pegada a la realidad, que nos duele al situarnos ante el espejo de nuestra hipocresía intelectual. Todavía más cuando sus personajes nos resultan tan cercanos y familiares, que podríamos ser cualquiera de nosotros. De hecho somos cualquiera de nosotros al otro lado del espejo. No es gratuito que el personaje principal se llame Luis Rodríguez, igual que el autor, y que el narrador sea un híbrido entre ambos seres, el real y el ficticio. Porque aun ignorando cuánto de autobiográfico tiene la novela, los tres están íntimamente ligados en una simbiosis que les hace entender la vida de la misma manera, con esa mirada que todo lo disecciona y lo reduce a esencia mordaz, de quien hace lo que hace sin remordimientos morales. Lo que no significa que personaje, narrador y autor, sean seres amorales, que viven en un mundo de libertinaje e indecencia. Simplemente que el libre albedrío está condicionado por la irremediable huella del destino que cada uno transita, y así se acepta sin necesidad de remordimiento. La lectura de “Novienvre” no deja indiferente, pues detrás de una espléndida literatura, se esconde la irreverencia de la palabra frente a la mojigatería de la sociedad actual. LITERATURA.

martes, 11 de junio de 2013

EL AMOR A DESHORA

             
  Antonio Arbeloa es un hombre de la cultura, también de gran cultura, que ya ha publicado varios libros de poesía, ensayos y obras teatrales, además de ser el director del programa cultural de Televisión de Castellón“Página en blanco”. Era irremediable, por tanto, que se decidiera a escribir una novela, y entrar en ese mundo fantástico en el que las palabras construyen historias, que nos transportan por lugares ignotos de nuestra imaginación, en donde la vida sucede de una manera ajena a nuestra realidad, convirtiéndonos en espectadores, a veces cómplices, de acontecimientos y personajes con los que empatizamos, amamos, odiamos y nos emocionamos.
                Es en ese fabuloso mundo de la novela donde Antonio Arbeloa ha entrado sin miedos ni contemplaciones de novelista primerizo, con una novela, “El amor de deshora”, bien armada, que sigue una estructura in crescendo hacia la resolución final; escrita con una prosa cuidada y de lectura ágil. En torno a una trama de novela policiaca, en la que unos asesinos, que actúan movidos por un honor muy primario, ponen en jaque a la policía de España e Italia, va desgranado, magistralmente, como influye el amor en la vida de los personajes, que transitan por la novela marcados por amores eternos, inquebrantables, de esos que se instalan a primera vista en el corazón y ya no vuelven a desocuparlo jamás; y amores que llegan inesperadamente, a deshora, cuando ya a la vida sólo se le pide el olvido de pasiones pasadas, o que la rutina del actual no se haga insoportable.
                Es, por tanto, “El amor a deshora” una novela coral, en la que los personajes se van moviendo, sabiamente, de la mano de Antonio Arbeloa por distintas ciudades europeas entre el crimen ,el honor, el amor y el desamor, cada uno con su historia acuestas, con la vida que les ha tocado vivir, para lo bueno y para lo malo. Personajes que no creen en la salvación por sus actos, sino que transitan por la vida con las cartas de su destino ya echadas, intentando jugarlas lo mejor posible. Una lectura que no defrauda y mantiene el impulso de seguir leyendo, sin cansancio, trufada de un enorme despliegue de referencias culturales.

                

Bajas laborales

                   Núñez Feijoo vuelve a liarla con una de sus ocurrencias, que, si bien, está en su ideario político, no quita para que int...