domingo, 17 de noviembre de 2013

Fragmento presentación de la novela "Novienbre"en Benicasim

Fragmento en vídeo de la presentación de la novela"Novienbre" de Luis Rodríguez en la librería L'Ambit" de Benicasim, el 16 de Noviembre. En el vídeo aparecen Álvaro Colomer, crítico literario, que hizo de presentador y Luis Rodríguez, autor de la novela.

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sábado, 26 de octubre de 2013

Sin literatura no hay libertad

                                                                                                Imagen: Autor desconocido

Escrito por González de la Cuesta

A principios de esta semana se ha celebrado el VI Congreso Internacional de la Lengua Española, en Panamá. Una reunión, en la que al margen de las fotos de altos mandatario y los discursos engolados sobre lo grande que es el español en un mundo globalizado, se va a discutir sobre los problemas reales que tiene el castellano en las diferentes partes del globo donde se habla, con una variedad lingüística, dentro de la unión de pertenecer a una misma lengua, marcada por la dispersión geográfica, y ese gran caladero del castellano que es Suramérica. Panamá es el anfitrión, y como muestra del interés que suscita la literatura en el continente americano de habla hispana, es su gobierno el que va a correr con todo el gasto del Congreso e incluso el de los 1.200 profesores a los que ha invitado, para que las discusiones sean un debate vivo, con los pies en la realidad.
                La celebración de este Congreso debería hacernos reflexionar sobre cuál es el estado de la literatura y el nivel lector en nuestro país, que presume de ser la madre de la lengua castellana, pero que poco hace por promocionar su literatura entre nosotros. Resulta paradójico, que cualquier revista digital dedicada a la literatura, que se edite en Suramérica, alcance miles de visitas, cuando no cientos de miles, y que en España su supervivencia sea poca más o menos que una quimera, no por la falta de colaboraciones, sino por la ausencia clamorosa de lectores o visitantes. Este es el quid de la cuestión: el bajo nivel lector que tenemos en España y el desinterés de los poderes públicos, ya sean estatales, autonómicos, provinciales o locales, por fomentar la lectura. Aquí se piensa que vale con sacar pecho por el Instituto Cervantes, al que luego se le tiene sometido a un régimen de adelgazamiento económico; o convocando premios literarios por doquier, controlados en su mayoría por el afán mercantil de las grandes editoriales; o leyendo con gran fasto El Quijote, todos los años, el día del libro, con un aparatoso desfile de personalidades y famosos ansiosos de quedar plasmados en un fotografía para la eternidad. Todo eso está muy bien, y no soy yo quien vaya a criticar lo poco que se hace, ya que todo en esta vida siempre tiene un lado positivo. Pero lo cierto, es que más allá de los fastos, se encuentra el vacío, o mejor dicho el casi vacío, porque aquí entramos en un terreno plagado de pequeñas iniciativas surgidas de la voluntad de grupos amantes de la lectura, escritores y/o profesores que, al igual que caballeros andantes, tratan de inocular el espíritu de las letras entre sus alumnos.
                Es difícil que un país pueda avanzar si no se lee. En los libros se encuentra el conocimiento universal, todo lo que pueda ayudarnos a sentir, a aprender, a emocionarnos y a ser personas más sabias y humanas. Si un país no lee caerá bajo una de las peores dictaduras que existen, no tanto por violentas, sino por destructoras de la dignidad que da el conocimiento; cae en la información manipulada por el poder y la educación al servicio de los grupos dominantes. Un país que no lee pierde su capacidad de autocrítica y de ver las cosas desde diferentes ángulos, haciéndose menos tolerante y más proclive a la imposición de lo que cada uno piensa. Porque en la literatura encontramos uno de los últimos reductos de libertad que existen en la sociedad, donde el escritor se puede expresar sin la coacción florentina del poder, que todo trata de abarcarlo, incluso hasta nuestros pensamientos. Ejemplos de escritores que han conseguido engañar a la censura o burlar el cerco que sobre ellos o su obra han puesto regímenes de pensamiento único, hay muchos a lo largo de la Historia. La novela de Vasili Grossma “Vida y destino” sufrió la persecución de las autoridades soviéticas porque hacía un relato muy crítico de la vida de los soviéticos durante la época de Stalin. La KGB de Nikita Jrushchov destruyó todas las copias existentes en su apartamento moscovita y aventuró que no se publicaría ni en doscientos años. Era la década de los cincuenta en la URSS y el control del poder sobre las conciencias de los ciudadanos no había disminuido con la muerte de Stalin. Sin embargo, una copia de la novela pudo sortear la vigilancia de la KGB y en 1980, sacada de la Unión Soviética por disidentes, pudo publicarse en Suiza. Es el triunfo de la libertad de un escritor sobre el poder. Bertolt Brecht sufrió una vida de persecución por mantener la libertad de su obra. Escritor de pensamiento marxista, tuvo que abandonar Alemania cuando en 1933 los nazis irrumpieron violentamente en la representación de una de sus obras de teatro y quemaron, posteriormente, toda su obra en un acto de barbarie que trataba de situar el pensamiento único sobre la literatura. También tuvo que abandonar los EE.UU. cuando el Comité de Actividades Antiamericanas, presidio por el senador republicano MacCarthy, comenzó a perseguirle. Son muchos los escritores que han sufrido persecución o muerte por la intolerancia: García Lorca, Shalman Rhusdie, Ana Politóvskaya, Roberto Saviano, y muchos los que sin haberla sufrido han aguantado los embates del poder tratando de ningunear su obra o de impedir su difusión.
                Quizá sea por eso que en España, país de tradición censora desde la Inquisición hasta la dictadura franquista, que todavía no nos hemos podido desempolvar, la lectura, en la actualidad, sea un bien inútil o un mal menor, dependiendo desde la ventana de donde se mire. Y por ello, a nadie le preocupan los bajos niveles lectores que tenemos, que están haciendo de la supervivencia del libro una quimera y de los escritores un acto de fe en su obra y sus ganas de seguir escribiendo, a pesar de que en lugares como en Castellón estemos asistiendo a un momento de esplendor literario, con escritores de todos los géneros, sin que en los ámbitos culturales se les esté haciendo el menor caso.

                Pero no pasa nada, la literatura sobrevivirá a este momento de miopía cultural y ceguera literaria. Mientras tanto fijémonos en Panamá, ese pequeño país centroamericano que, por cierto, muchos conocen por la novela de John Le Carré “El sastre de Panamá”, que no duda en poner los recursos necesarios para la promoción de la lengua española y su literatura.

miércoles, 31 de julio de 2013

Cosecha de Verano


Prólogo de González de la Cuesta para el libro de relatos "Cosecha de Verano", publicado por Unaria Ediciones.

Imagínense ustedes la siguiente escena: Estamos en Atapuerca, una noche de hace quince mil años. En el interior de una cueva un grupo familiar extenso, quince o veinte personas, está reunido alrededor de un fuego, que más que calentarles, es verano y afuera hace una noche cálida, ilumina sus rostros y les da la seguridad de verse y sentirse protegidos ante posibles peligros nocturnos. Escuchan embelesados a una mujer mayor, quizá la matriarca del grupo, que va desgranando con palabras sencillas una historia que hace volar su imaginación muy lejos de su cueva. La anciana habla despacio, para que ninguna de sus palabras se pierda en la oscuridad de la caverna y queden concentradas en ese momento mágico que está absorbiendo la atención de todos los que la escuchan, porque sencillamente lo que está haciendo en relatarles un cuento, que quizá no sea la primera vez que lo oyen, pero que siempre surte el mismo efecto revelador, provocando un torrente de emociones.
                Como verán es el cuento la más antigua manera de narrar historias que ficcionan la realidad, convirtiéndola en algo mágico, a veces imposible, inalcanzable más allá de la imaginación del cuentista y del que escucha. Y digo bien del que escucha, porque durante muchos miles de años, la única forma de disfrutar con una historia era escucharla. Bardos, juglares, trovadores, cuentacuentos, abuelas… incluso todavía hoy en lugares donde existen personas que aún no sabe leer ni escribir, existen contadores de cuentos que van por las plazas, llevando magia e ilusión a las gentes, como los halakis de Marrakech, que siguen siendo fieles a una tradición antigua, desgraciadamente hoy en peligro de extinción.
                Los cuentos, que según la RAE son una “relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención” siguen ocupando hoy, en la era tecnológica del siglo XXI, una posición privilegiada en el acervo cultural de la sociedad, aunque bien es cierto que la escritura ha sustituido a la palabra contada, pero no por ello dejan de ser igual de asombrosos que siglos atrás. Aunque si es cierto que el acto individualizador que significa la lectura de un texto, haya aparcado la magia de compartir las historias en grupo, y cruzar nuestras emociones con las de los que nos rodean. Pero no por ello, cada vez que leemos un cuento, nos estamos alejando de nuestros ancestros. Muy al contrario, participamos de esa tradición antigua de disfrutar de la revelación extraordinaria de unos sucesos que siendo, tal como define la RAE, “una narración breve de ficción” acaban colmando nuestra necesidad de volar con la imaginación a otros lugares y a unos acontecimientos que nosotros no vivimos.

                Con esta tradición tan antigua ha conectado, excelentemente, Unaria Ediciones, publicando ya su segundo libro de cuentos con el título de Cosecha de Verano, bajo el cual, al igual que en Cosecha de Invierno, podemos leer y disfrutar de una amplia selección de cuentos de autores de todo el país, que si bien muchos de ellos y ellas pertenecen a otros ámbitos literarios, como la poesía o la novela, no desmerecen con estos trabajos la calidad de sus obras. Esta segunda “cosecha” del año, son cuarenta y un cuentos marcados casi todos por la soledad, el amor y el desamor, la desesperanza que genera la crisis profunda que está viviendo nuestra sociedad, la denuncia de la injusticia, que si bien es un mal universal e inmemorial, no por ello deja de sacudir las conciencias de las personas justas. Pero también hay luz en los relatos, fogonazos de esperanza, que nos animan a seguir, a no caer en el desencanto por la vida. Estamos ante literatura muy anclada a la realidad que nos rodea, que por estar bien ficcionada no elude su compromiso con los valores eternos de la humanidad, ni con los sentimientos y las emociones que todos llevamos pegados en nuestro ADN. Literatura bien escrita, cuidada, arrancada de la sabiduría interior que todo escritor lleva dentro, para hacernos llorar, reír, maldecir, soñar y vivir. Qué más se le puedo pedir a esta nueva cosecha, escrita para que en las tardes calurosas del estío, o en las noches en las que buscamos el fresco de la Luna, podamos perdernos entre sus palabras, al igual que hace quince mil años, en una cueva de Atapuerca, ancestros muy lejanos nuestros apenas respiraban, para que el sonido del aire saliendo de sus pulmones no desviara la magia del cuento que la gran madre les estaba relatando.

martes, 25 de junio de 2013

novienvre


Escrito por González de la Cuesta

LITERATURA. Es el único adjetivo que se me ocurre para calificar la nueva novela de Luis Rodríguez “novienvre”. Literatura con todas sus letras y en mayúscula, para un texto que trasciende lo puramente novelesco, para adentrarnos en un terreno en el que lo anecdótico es la historia que Luis Rodríguez nos cuenta, porque brilla con luz propia su capacidad para transmitirnos ideas y un concepto de la escritura que raya la magistratura de la insubordinación intelectual y gramatical. Porque en “novienvre” encontramos un ejercicio de concisión mental que no deja lugar a la interpretación subliminal de la palabra escrita, ni a ningún rodeo semántico; no hay, ni siquiera, espacio para la subordinación gramatical, mediante la encadenamiento de oraciones que se subordinan en explicaciones innecesarias de lo que se quiere decir. Lo dicho se escribe con tal rotundidad, que a veces pude herir alguna sensibilidad. Una crudeza que ya se pudo leer en su anterior novela “La soledad del cometa”, que ahora, si es cierto que se suaviza en beneficio de una historia mejor construida y muy bien narrada, no deja de tirar para atrás a las mentes bien pensantes y algunas de las políticamente incorrectas. Y aquí está la gracia de esta maravillosa novela, que no por breve desmerece su calidad, al contrario, es tanta la que tiene que una dosis mayor acabaría dopándonos a una adicción de la que sería difícil desengancharse. La gracia reside en que una literatura tan políticamente incorrecta esté tan pegada a la realidad, que nos duele al situarnos ante el espejo de nuestra hipocresía intelectual. Todavía más cuando sus personajes nos resultan tan cercanos y familiares, que podríamos ser cualquiera de nosotros. De hecho somos cualquiera de nosotros al otro lado del espejo. No es gratuito que el personaje principal se llame Luis Rodríguez, igual que el autor, y que el narrador sea un híbrido entre ambos seres, el real y el ficticio. Porque aun ignorando cuánto de autobiográfico tiene la novela, los tres están íntimamente ligados en una simbiosis que les hace entender la vida de la misma manera, con esa mirada que todo lo disecciona y lo reduce a esencia mordaz, de quien hace lo que hace sin remordimientos morales. Lo que no significa que personaje, narrador y autor, sean seres amorales, que viven en un mundo de libertinaje e indecencia. Simplemente que el libre albedrío está condicionado por la irremediable huella del destino que cada uno transita, y así se acepta sin necesidad de remordimiento. La lectura de “Novienvre” no deja indiferente, pues detrás de una espléndida literatura, se esconde la irreverencia de la palabra frente a la mojigatería de la sociedad actual. LITERATURA.

martes, 11 de junio de 2013

EL AMOR A DESHORA

             
  Antonio Arbeloa es un hombre de la cultura, también de gran cultura, que ya ha publicado varios libros de poesía, ensayos y obras teatrales, además de ser el director del programa cultural de Televisión de Castellón“Página en blanco”. Era irremediable, por tanto, que se decidiera a escribir una novela, y entrar en ese mundo fantástico en el que las palabras construyen historias, que nos transportan por lugares ignotos de nuestra imaginación, en donde la vida sucede de una manera ajena a nuestra realidad, convirtiéndonos en espectadores, a veces cómplices, de acontecimientos y personajes con los que empatizamos, amamos, odiamos y nos emocionamos.
                Es en ese fabuloso mundo de la novela donde Antonio Arbeloa ha entrado sin miedos ni contemplaciones de novelista primerizo, con una novela, “El amor de deshora”, bien armada, que sigue una estructura in crescendo hacia la resolución final; escrita con una prosa cuidada y de lectura ágil. En torno a una trama de novela policiaca, en la que unos asesinos, que actúan movidos por un honor muy primario, ponen en jaque a la policía de España e Italia, va desgranado, magistralmente, como influye el amor en la vida de los personajes, que transitan por la novela marcados por amores eternos, inquebrantables, de esos que se instalan a primera vista en el corazón y ya no vuelven a desocuparlo jamás; y amores que llegan inesperadamente, a deshora, cuando ya a la vida sólo se le pide el olvido de pasiones pasadas, o que la rutina del actual no se haga insoportable.
                Es, por tanto, “El amor a deshora” una novela coral, en la que los personajes se van moviendo, sabiamente, de la mano de Antonio Arbeloa por distintas ciudades europeas entre el crimen ,el honor, el amor y el desamor, cada uno con su historia acuestas, con la vida que les ha tocado vivir, para lo bueno y para lo malo. Personajes que no creen en la salvación por sus actos, sino que transitan por la vida con las cartas de su destino ya echadas, intentando jugarlas lo mejor posible. Una lectura que no defrauda y mantiene el impulso de seguir leyendo, sin cansancio, trufada de un enorme despliegue de referencias culturales.

                

sábado, 1 de junio de 2013

ÁNGEL

Poema de Amelia Díaz Benlliure

Eres bello
pluma de ángel erguido
baile de laurel y máscara
ya vencedor

ojeas con mirada nueva
los cuerpos oscuros de las ninfas
que merodean bulliciosas
tu desnudez

eres bello
ojos-flecha penetrantes
verbo-azul desembocado
bosque-fuego en precipicio
arrasando la maleza que parasita la luz

ese no saber de bambalinas
donde se esconden los huesos
y los fantasmas sin brazos
ya no pueden atrapar
tus palabras de follaje

y tú
ángel-efigie de mármol cálido
rostro-grito que abre el mar

cantas por encima de todas las olas.

domingo, 19 de mayo de 2013

Día Internacional de los Museos



Escrito por José Manuel González de la Cuesta

Hace aproximadamente 10.000 años un grupo de cazadores que se habían asentado al borde de lo que hoy conocemos como Barranco de la Valltorta, se internaban por un estrecha angostura entre dos altas rocas, que daba acceso a las profundidades del barranco donde habitualmente cazaban, para alcanzar un abrigo que colgaba del farallón vertical que cerraba, por uno de los laterales, el barranco. Su asombro fue casi reverencial al encontrarse dibujadas en la pared las escenas de caza que ellos protagonizaban habitualmente. Estaban maravillados al ver que la vida cotidiana que les obligaba a cazar para subsistir se pudiera plasmar sobre una roca de forma tan bella.  Ellos no sabían, por supuesto, aunque algo sí podían intuir, que se encontraban ante una manifestación artística; una forma de arte, que hoy podemos considerar primitivo, pero que era, sin lugar a dudas para aquellos hombres a caballo entre el paleolítico y el neolítico, una obra de arte. Y mucho menos que se hallaban ante uno de los museos más antiguos de la historia, que les hacía tener las mismas experiencias sensoriales, que las que hoy en día pueda tener cualquier urbanita del siglo XXI.
                Desde ese abrigo al aire libre lleno de pinturas de escenas de caza en el Barranco de la Valltorta, hasta nuestros días, han pasado miles de años y la cultura se ha ido refinando y subvertido nuestras conciencias; ha sido uno de los motores sin el cual la humanidad se habría quedado anclada en la Edad de Piedra. Y en esa evolución que nos ha hecho pasar de sofisticados depredadores prehistóricos a sofisticados consumidores de la era cibernética, han tenido mucho que ver los museos. Esos lugares que durante siglos han ido atesorando nuestro patrimonio cultural y científico,  si bien hasta el siglo XVII eran sólo accesibles a las elites sociales y religiosas, hasta que la Universidad de Oxford decide exponer al público la colección que le había donado el anticuario Elías Ashmole, inaugurando el primer museo del mundo, en la idea que hoy tenemos de lo que es un museo. En los dos siglos siguientes los grandes museos que hoy conocemos en Europa: Louvre, Británico, Prado, etc. abrieron sus puertas mostrando colecciones, que en gran parte pertenecían a las monarquías de cada país.
                El mueso, como contenedor de arte o conocimiento, es imprescindible para la divulgación de la ciencia o la cultura. Esa democratización pedagógica que después de la Segunda Guerra Mundial han experimentado los muesos, ha contribuido a convertirlos en actores fundamentales para la transmisión de valores, situándolos en el epicentro de la vida cultural de un país, una región o una localidad. Sin embargo, en los últimos años están sonando demasiadas alarmas, que deberían hacernos reflexionar, aprovechando el Día Internacional de los Museos. El mercantilismo pujante y depredador de la sociedad actual está convirtiendo a los museos en objetos de consumo en sí mismo; no es raro ver que la mercadotecnia y la tienda del museo tienen un valor tan importante como la obra que se expone. Esto representa un problema grave que puede acabar con la propia supervivencia de muchos museos, que al no estar a la altura económica que los poderes públicos y privados consideran, puedan ver en peligro su continuidad, lo que estaría provocando un excesivo protagonismo de exposiciones itinerantes que, gracias a enormes operaciones propagandísticas en los medios, atraen público, con el único fin de la rentabilidad económica. Desde este criterio que asocia museo con consumo cultural y negocio, se está dejando de lado el valor artístico de muchas obras y la apuesta por la función de pedagogía que todo museo debe tener, como instrumento de transmisión de conocimiento. Pero es que también pueden estar en peligro numerosos museos locales o regionales que no entran en ese circuito de negocio museístico, capaz de proporcionar pingües beneficios al capitalismo imperante. No es una suposición este peligro. Ya estamos viendo como los presupuestos dedicados a museos se reducen año a año, por la miopía de los dirigentes políticos, rendidos a la lógica del beneficio económico que el capitalismo y sus tiburones están imponiendo en el mundo.
                Es nuestra obligación denunciar esta situación que puede acabar con el patrimonio cultural y científico condenado a la soledad fría de un sótano, una vez que ya no sea soportable para el capitalismo mantenerlos en esos contenedores, que denominamos museos, que no visitan nadie. Ese es el drama que deberíamos reflexionar en este Día Internacional de los Museos, para que la falta de interés que los poderes públicos muestran hacia la promoción de los museos, se torne en políticas de dinamización cultural y artísticas, que transciendan al beneficio económico. El museo debe ser uno de los ejes en torno al cual gira la cultura de una localidad, fomentando sus colecciones y animando a la participación  de la sociedad, para hacerla ver que el museo es también parte de su acervo vital. No podemos dejar que los museos se conviertan en objetos de depredación capitalista, que sólo tiene como binomio de su interés rentabilizar o liquidar.
                En Castellón tenemos magníficos museos que debemos cuidar y exigir a los poderes públicos su puesta en valor cultural. El Museo de Bellas Artes, con una obra expuesta que todavía no está a la altura de su brillante edificio;  el EACC, que debería volver a recuperar el prestigio de los primeros años, antes de que el puritanismo de cierta derecha regional lo pusiera en cuarentena;  el Museo de Ciencias Naturales de Onda, un museo que es un museo en sí mismo, por ser una muestra del concepto decimonónico de museo de ciencias;  el Museo de Arte Rupestre Levantino de Tirig, que se beneficia de estar enclavado junto a una de las mayores concentraciones de arte rupestre de la Comunidad Valenciana;  el Museo de Arte Contemporáneo de Vilafamés, que es uno de los mejores museos de arte contemporáneo de España y quizá de Europa, un lujo que debemos conservar y dinamizar; y otros muchos que representan el patrimonio cultural de la provincia, y que bien puestos en valor son un reclamo de visitantes nativos y foráneos.
                El arte, la cultura, la ciencia, son elementos sustanciales para nuestra formación como ciudadanos libres y de pensamiento crítico, y los museos ponen a nuestra disposición muchos de los instrumentos necesarios para ello. Pero si dejamos que se conviertan en contenedores de consumo, los habremos transformado en transmisores de valores de la ideología dominante, y si esto es así, acabaremos transfigurados en nuevos androides manipulados a su conveniencia. 

Díaz Ayuso en el república Bolivariana de Madrid

¿Y si el centro de la República Bolivariana estuviera en la Puerta del Sol de Madrid? Parece una paradoja, que siendo el gobierno de la Comu...