viernes, 23 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad

                                                                                                  Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 23 de diciembre de 2016
A mediados del siglo XIX Charles Dickens publica su famoso “Cuento de Navidad”, celebérrimo libro que hoy todavía se sigue publicando y leyendo. En él, un viejo avaro que desprecia la Navidad y sólo muestra interés por el dinero, es visitado por un fantasma que le hace embarcarse en un extraño viaje para mostrarle lo felices que somos celebrando la Navidad, hasta que el corazón de hierro del viejo se ablanda y hace brotar en él sentimientos de bondad y amor hacia los demás. Dickens, lo que nos quiere contar, en el fondo, es que la galopante industrialización que se está produciendo en Inglaterra, ha deshumanizado a la gente, y que volver a celebrar valores tan tradicionales como la Navidad, puede ser un antídoto a tanto egoísmo y olvido de los que más sufren. Es, en definitiva, un aviso contra los malos vicios del progreso, si este se deshumaniza. Lo cierto, es que en el mundo anglosajón sobre todo, el libro fue un éxito total, que llega hasta nuestros días, al poner a la gente delante de un espejo que le muestra lo peor de sí misma, cuando se deja llevar por el becerro de oro del dinero y el individualismo, que convierte a la sociedad en un selva, donde sólo sobrevive el más fuerte, provocando mucha miseria y desigualdad.
                Si el “Cuento de Navidad” de Dickens fue escrito en pleno apogeo de la Primera Revolución Industrial, hoy, que estamos en la era postindustrial, y el mundo que ha sobrevivido durante más de dos siglos se desmorona, me pregunto cuál sería nuestro cuento de navidad. Qué viaje tendría que hacer cualquier avaro del siglo XXI, especialista en acumular grandes cantidades de dinero a causa del empobrecimiento de la población y la explotación de una gran parte de la sociedad; qué habría de ver el hacedor de injusticias, para que su corazón se reblandeciera y recobrara la cordura de la equidad y la felicidad en el bienestar de todos.
                Se me ocurren tantas cosas que mostrarle en ese viaje ficticio por los vericuetos de la miseria humana que él ha colaborado a extender, que ni siquiera, en mi papel de fantasma errante, sabría por dónde empezar. Sería muy sencillo llevarle por las zonas devastadas por la guerra en Siria u otras partes del mundo, donde la vida ha quedado reducida a una silenciosa espera de la muerte, pero no lo sería tanto hacerle sobrevolar por barrios donde, tan cerca de nuestra casa, incluso de la suya, el hambre y la pobreza son los compañeros de juegos de muchos niños y  niñas; infantes y familias en proceso de exclusión social, con lo que supone entrar en ese agujero negro del que es tan difícil salir. Porque la pobreza, gracias a nuestro avaro, se hereda y pasa de generación en generación, sin solución de continuidad. Decía Pablo Milanés en su canción “Día de Reyes”: Queriendo despertar pronto/y buscar bajo la cama/encuentras llorando a tu hermana/y a tus zapatos viejos y rotos/Así, aun con esa edad,/no te permitas soñar/porque vas a despertar/con tu triste realidad. Esa tristeza de un niño y la desolación de sus padres por ver llorar a su hija porque los Reyes Magos han pasado de largo, es lo que le enseñaría.
                Aunque quizá, a él todo esto le diera igual, como le resbala la desigualdad, la violencia de género, la destrucción del medio ambiente o la pobreza energética. Los avaros del siglo XXI tienen el corazón hecho de una aleación forjada con la desesperación de los demás, y  no creo que un simple Cuento de Navidad les fuera a derretir los sentimientos, por muy navideños que sean. Quizá, lo que necesitan para no convertir este siglo en una regresión al siglo XIX es algo más persuasivo: un rayo de esperanza, una estrella fugaz que acompañe los sueños de tantos afrentados en su dignidad como personas por el individualismo salvaje. “Quiero que cantes y juegues/para lo que va a pasar,/es algo que hay que buscar/sin esperar a que llegue”, sigue cantando Pablo Milanés. Una buena dosis de kriptonita, capaz de debilitar hasta el corazón de Superman, que ponga a cada uno en su sitio y haga que la celebración de la Navidad sea, realmente, un tiempo de paz, amor y justicia.

                Feliz Navidad a todos y todas, incluso a quienes no se lo merecen, porque son el avaro del “Cuento de Navidad del Siglo XXI”.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Y el franquismo se inmoló

               
                                                                                              Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 16 de diciembre de 2016
Fue tal que ayer hace cuarenta años y casi ha caído en el olvido su celebración. La historia se alimenta de aquellos acontecimientos que construyen el relato que las clases dominantes hacen. Así, sucesos que han marcado la historia de España quedan sepultados en el “vertedero de los recuerdos” (esto lo he tomado de esa maravillosa película de animación titulada “Del revés”), sin que haya una explicación lógica del por qué, simplemente, por alguna razón, interesa que se olvide.
                Es lo que sucede con el referéndum que se hizo en España el 15 de diciembre de 1976, para ver si los españoles aprobábamos la Ley para Reforma Política, que suponía el harakiri de las Cortes franquistas, ni más ni menos, y el momento en que empezó todo lo que vino después, hasta la fecha. Porque sin esa Ley y sin ese refrendo de la población, quedaba con el culo al aire hasta la propia coronación de Juan Carlos I, proclamado rey un año antes, por la gracia de Franco y de Dios y quién sabe si no se hubieran abierto las puertas de una república.
                Recuerdo la agitación que se vivió en el país desde su convocatoria el 18 de noviembre de 1976 (otra fecha en el baúl de olvido), día que los procuradores a Cortes votaron su autodisolución, al aprobar una Ley Fundamental, como era la de la Reforma Política, con el 81% de votos a favor. Aunque claro, esto no tiene un valor extraordinario, teniendo en cuenta que aquellos procuradores a Cortes estaban acostumbrados a votar lo que se les decía desde el Régimen (sustituyan Régimen por dirección del Partido y es más o menos lo que sucede ahora, que los señores y señoras diputados/as, votan lo que les dice su Partido), y porque es posible que ninguno fuese capaz, en ese momento, de ver en el horizonte que lo de democracia, el pueblo español, incluido el catalán, se lo tomaba en serio.
                ¿Pero por qué este deliberado olvido? Vayan ustedes a saber, qué razones tiene el poder actual, para ello. A mí se me ocurren al menos tres motivos. El primero tiene que ver con el borrado de memoria y silencio sobre la república, el franquismo y todo lo que tenga que ver con ambos, al que se está sometiendo a la sociedad desde hace cuarenta años. Es como si echándole grandes capas de olvido nunca hubieran existido y la monarquía actual entroncara directamente con Alfonso XIII, en una pirueta histórica. Algo compresible para el postfranquismo, ya que nunca se les podría señalar con el dedo, si nos olvidábamos del franquismo. Cuando, además, la Transición garantizaba la liquidación política del régimen dictatorial, a cambio de seguir manteniendo un gran poder económico y social. Además, la Ley para la Reforma Política es la última Ley que aprueba las Cortes de Franco, por eso, participa del velo de desmemoria colectiva.
                En segundo lugar la actitud de los Partidos izquierda no deja de ser paradójica. Ningunear para la historia una Ley que supuso abrir la puerta a la liquidación de franquismo, no se pude justificar, salvo que traten de esconder una realidad non grata para sus currículos: que el franquismo no se acabó por efecto de su capacidad opositora, sino por muerte natural. Además, hay otro factor que índuce a que no se hable de aquel referéndum, cuando la oposición cantaba por la calle: “Abstención, abstención, es el voto de la oposición”, que es precisamente esto, la abstención que mayoritariamente propuso la izquierda, salvo despistes como el ERC, que dio libertad de voto, o del PSOE (h), que abogó por el Sí. Porque a la izquierda, soñadora con derribar el franquismo por acción de las masas obreras, dirigidas por ellos, claro está, el referéndum les pilló a traspié; la descolocó que fuese el propio franquismo quien decidiera auto inmolarse, probablemente para que no lo hicieran otros, y, entonces, no se supo qué hacer. Por ello, a algunos Partidos de izquierda, instalados en el engranaje del sistema que surge de aquel referéndum, no les resulta muy agradable que se les recuerden que se lavaron las manos, cuando deberían haber defendido una democracia menos tutelada por el franquismo. Claro, que decir estoy hoy es mucho más fácil que verlo en aquel momento de diciembre de 1976.

                Por último, en el presente nos topamos con una palabra luciferina: referéndum. Cuando la gran mayoría de Partidos están renegando que la ciudadanía pueda decidir sobre cosas que le afectan muy directamente, invocar a un referéndum como inicio de la democracia que hoy tenemos, es tentar al diablo, y quedar en mal lugar. Así que, mejor olvidarse de aquel 15 de diciembre de 1976, y pelillos a la mar. Total, son tantos los recuerdos que estamos dejando que se lleve la marea del olvido político, que uno más ni se nota. 

lunes, 12 de diciembre de 2016

Diario esférico 12.12.2016

Nos hemos quedado con las ganas de saber cuántas veces se masturba Juan Luis Cebrián. Este personaje, al igual que su amigo Felipe González, se están convirtiendo en una patética caricaturara de sí mismo.
Hace mucho años fui a un curso sobre sindicalismo que daba el todavía sindicato vertical en el Casa de Campo de Madrid. Uno de los profesores, de bigote falangista y brazo en alto, no sé a cuento de qué, empezó a hablarnos de la masturbación, por supuesto muy amablemente invitó a las mujeres que asistían al curso a abandonar el aula, no era para menos, pues tenía que hablar con los hombres de un tema excesivamente delicado, del que ellas probablemente no sabían nada. Y menos mal, porque lo que nos dijo fue terrible, después de darle muchas vueltas dialécticas, estaba claro que no le resultaba agradable hablar de ello. El susodicho nos soltó: “cuando un hombre se masturba, es como si tirara dos litros de sangre por la taza del wáter, con graves consecuencias para nuestro cerebro”, tal cual. Yo me miraba la entrepierna y sólo veía una caño roto por donde inexorablemente me desangraba.
Nunca supimos qué tenía que ver aquello con el sindicalismo, pero ahora, con los años, después de haber escuchado las entrevistas que se le han hecho a Juan Luis Cebrián, en dos medios de comunicación, me llego a preguntar si  no tendría razón aquel buen hombre de bigotito, último rescoldo de una mentalidad que se marchitaba.
Parece que la Gran Vía se está convirtiendo en un problema de aparcamiento grave para los dirigentes del PP. Cuando todavía no se han apagado los rescoldos de la huida de Esperanza Aguirre, tras aparcar en doble fila, llega la vicepresidente y con todo el boato del poder hace que los varios coches que la acompañan aparquen en el carril bus. Ahora entendemos por qué la Espe medía el otro día tan afanosamente, dando zancadas, los metros de acera: estaba explorando el terreno para que Soraya pudiera ir a Primark a comprar un regalito; ella que de aparcar indebidamente en la Gran Vía tiene experiencia.


domingo, 11 de diciembre de 2016

1978 queda muy lejos

                                                                                                  Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 9 de noviembre de 2016
La mañana del 22 de noviembre de 1975 se había levantado luminosa, pero fría; un día típico de otoño en Madrid, con un sol engañoso. Una pequeña multitud se agolpaba en la acera de enfrente al Congreso de los Diputados, por aquel entonces Cortes Españolas, a un lado y a otro de la Carrera de San Jerónimo. Algunos llevaban allí desde primeras horas de la mañana  por motivos diferentes. Con un amigo estadounidense que se llamaba Frank, y estaba en España por intercambio cultural, yo me encontraba situado en la plaza de las Cortes, pues desde allí, mi amigo, que era un bigardo de talla XL norteamericana, quería tirar algunas fotos y a buen seguro que lo consiguió, teniendo en cuenta que sacaba la cabeza a todos los presentes en la plaza.
                La verdad es que siempre me ha gustado asistir a este tipo de acontecimientos históricos, por eso, cuando mi amigo el yankee me propuso que fuéramos, no lo dudé, y allí nos presentamos, convencidos de que estábamos siendo testigos de un acontecimiento que seguro iba a tener un hueco en los libros de historia. A pesar del frío, todo iba según lo previsto: la llegada del príncipe, a punto de ser rey, y su familia, levantó bastante revuelo entre autoridades, policía y público asistente, pitos (aseguro que los hubo) y aplausos. Pero la estrella indiscutible fue otro. Unos minutos antes de la llegada de Juan Carlos, creo recordar, un coche negro, de esos que se utilizaban para la visita de jefes de estado extranjeros, paró unos metros más abajo de la escalinata de entrada al edifico de las Cortes, engalanada para las grandes ocasiones. Del  mismo, rodeado de guardas espaldas, bajó Pinochet y entonces el griterío se hizo ensordecedor: ¡Pinochet! ¡Pinochet!, gritaba gran parte del público asistente, como si quisieran encontrar en él refugio a su frustración por la pérdida de su amado dictador. El chileno, sabedor de las simpatías que despertaba, saludaba feliz, en ese improvisado, pero a todas luces preparado, paseíllo, que sólo tenía por objeto una demonstración de fuerza de los defensores más acérrimos del franquismo, como aviso a navegantes.
                Esa era la España quedaba tras la muerte de Franco. Con un rey nombrado a dedo por el dictador y una sociedad dividida entre quienes lloraban la muerte de su caudillo y quienes anhelaban que esa muerte fuese el final de una feroz dictadura que había durado cuatro décadas, dando paso a la democracia, esa que tomó carta de naturaleza jurídica cuando tres años más tarde se aprobó en referéndum la  Constitución, que cumple ahora treinta y ocho años.
                No fue un camino fácil, sobre todo para la izquierda, que tuvo que hacer muchas renuncias y concesiones a un franquismo descabezado, pero que supo transitar hacia la legalidad democrática, conservando las élites de la dictadura gran parte de sus privilegios. Es posible, que en aquellos años, la Constitución que se aprobó fuese la única posible para embocar al país por la senda de la democracia, eso no lo voy a poner yo aquí en cuestión. Pero no es menos cierto, que se diseñó una democracia muy tutelada por la derecha franquista, de baja calidad y blindada para que el sistema que se ponía en marcha hiciese muy complicado hacerle cambios.
                En los años de la Transición no teníamos perspectiva histórica para darnos cuenta de todo esto y mucho menos, cegados por la idea de poner tierra de por medio con el franquismo. Obviamos poder decidir entre la monarquía impuesta por Franco o la república; aparcamos en la cuneta de la historia el reconocimiento de todos que sufrieron represión y muerte por la dictadura; nos olvidamos de blindar el estado de bienestar en la Constitución, y dejamos que el franquismo impusiera su visión unitaria del Estado, quedando abierta la herida del no reconocimiento de las nacionalidades históricas, con las consecuencias que hoy y a los largo de estos años hemos padecido.
                Son muchas las lagunas que dejó el sistema nacido en 1978 y que la confortabilidad de la élite del país no ha tratado de solucionar. ¿Para qué si a ellos les ha ido bien?  Pero en el siglo XXI, con una sociedad totalmente diferente a la que había cuando el dictador Franco murió, las reformas son urgentes. Y no cambios que sólo supongan una operación cosmética para que todo siga igual; se necesita una revisión profunda, de la que surja una Constitución respetuosa con las cosas buenas de la actual, pero alejada de ese postfranquismo tan vigente en estos años. Hace falta diseñar un país con mayor calidad democrática, mejoras garantías sociales y reconocimiento de derechos incuestionables en un estado de bienestar, que ensanchen los límites de la libertad; un país de igualdad de oportunidades y de género, que posibilite un mejor reparto de la riqueza. En definitiva, una Constitución abierta a toda la sociedad española y a todos los pueblos que la integran, para que nadie se pueda sentir excluido, porque si no se hace así, el país se irá deteriorando poco a poco y caeremos en manos de esos populismos de tufo fascistoide, que están surgiendo en la mayoría de los países occidentales. No me gustaría volver a ver cómo se jalea a un dictador en las calles de nuestras ciudadades.    

                No será fácil, tampoco lo fue hace cuarenta años. Pero es la oportunidad de volver a diseñar una España en la que la gran mayoría nos reconozcamos.   

martes, 6 de diciembre de 2016

Diario esférico 6.12.2016

               
                                                                                                Foto: Autor desconocido
Leo en diferentes medios de comunicación las razones que la derecha nueva y vieja da para no acometer la reforma Constitucional. Parece que se han abonado a la falta de consenso, como argumento más sólido, para dejar las cosas como están, es decir, que los problemas que se quedaron sin cerrar en la Constitución de 1978, sigan pudriendo la convivencia y deteriorando el estado de bienestar. Empiezo a pensar que a los santos barones de la derecha y a algunos de la izquierda les viene bien “el cuanto peor mejor”, así pueden seguir manejando a su antojo los designios del país.
                Lo que no logro entender es a qué consenso se refieren. O no tiene ni idea de cómo se fraguó la Constitución actual o están tratando de construir un relato muy alejado de la realidad del momento. Pues nada hay más disparato que hacernos creer que  antes de empezar la negociación constituyente había un consenso previo. Ni mucho menos. En lo único que estaban de acuerdo era en que había que elaborar una Constitución, pero esto era casi un imperativo político, una vez disuelto el franquismo, el fuero de los españoles y los principios fundamentales del movimiento. Difícilmente se podía dar la imagen en el mundo de que España caminaba hacia una democracia, si no se aprobada una Carta Magna que así lo hiciese parecer. Hasta ahí el consenso.  El resto fue una dura, larga y tensa negociación, que estuvo en algunos momentos a punto de estallar, hasta que Alfonso Guerra y Abril Martorell se encerraron en el restaurante José Luis de Madrid, sine die, hasta que llegaron a un acuerdo de mínimos, que trasladaron al resto de los Partidos y sus ponentes en la negociación.  Porque, la Constitución de 1978, fue eso: un acuerdo de mínimos, pactado entre la UCD y el PSOE. Así que, de consenso poco, y sí mucha negociación a cara de perro.

                Pero eso no se sostiene que ahora nos vengan diciendo que no hay consenso para iniciar su reforma. Si la sociedad está convencida que se debe reformar hay que iniciar las negociaciones ya, sin tanta demagogia y a cara de perro si es necesario, como se hizo en 1978. Lo importante es que al final se llegue a un acuerdo que no satisfaga a ningún Partido, pero que puedan asumirlo todos, y que nosotros podamos refrendarlo.  

viernes, 2 de diciembre de 2016

Y Fidel se murió

                                                                                                  Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 2 de noviembre de 2016
La muerte de Fidel Castro me ha dejado sentimientos encontrados. No es de extrañar, teniendo en cuenta que pertenezco a esa generación que se considera heredera del Mayo 68 francés, que tuvo en la Revolución Cubana una fuente de inspiración espiritual y emocional, mucho más que política. Para todas las generaciones, los símbolos son la sal de nuestras emociones, el pegamento que une a millones de personas y les da sentido de pertenecía a algo, y qué duda cabe, que Fidel Castro, junto al Che Guevara, fueron la imagen de esa revolución soñada en la juventud, que tan bien asimiló el mayo francés.
                Por eso, tengo emociones enfrentadas. Por un lado, se ha muerto el símbolo todavía no prostituido en poster por la industria de la mercadotecnia, como ha pasado con el Che, colgado en miles de paredes, despojado de cualquier significado político. Fidel Castro era el hombre que se enfrentó a la gran potencia de occidente, a la metrópolis del imperio occidental, y aguantó contra viento y marea todas las embestidas sufridas durante décadas por las democracias occidentales; y la tuvo en jaque, sorteando todo tipo de obstáculos, embargos e intentos de asesinato (¿calificarían esto de terrorismo los actuales gurús mediáticos del pensamiento neoliberal?), colocando en una posición casi de ridículo a unos cuantos presidentes estadounidenses, que nada pudieron hacer por acabar con él y su revolución a ciento cincuenta Kilómetros de sus costas.
                ¿Cómo no iba a seducir a la juventud del “yankees go home”  esa fuerza capaz de pararle los pies al gigante americano? ¿Cómo no íbamos a creer que en Fidel Castro estaba la energía que necesitábamos para hacer nuestra revolución particular? Difícil no convertirle en el símbolo que toda juventud necesita para sentir que puede cambiar el estatus quo social heredado de sus mayores. Fidel Castro, aunque hoy muchos renieguen de su figura, ha sido y sigue siendo un referente revolucionario, incluso cuando ya hemos dejado de serlo, de esa revolución romántica con la que muchos nos hemos emocionado en canciones, películas, libros e interminables tardes de café planificando como íbamos a redimir el mundo de sus pecados. Fidel Castro iluminó nuestra juventud, hasta a aquellos que nunca nos sentimos comunistas, porque él era la Revolución personificada, y por eso hoy lloramos su muerte, porque con ella el cordón umbilical con nuestros sueños políticos de juventud ha quedado definitivamente roto.
                Pero hay otro Fidel Castro, al que la historia no va a redimir, a pesar de los logros sociales de la revolución cubana. Esa es la otra parte del sentimiento contradictorio que me ha dejado su muerte. Con los años, uno se va dando cuenta que una sociedad no pude vivir en paz consigo misma si no hay libertad y de esta, en Cuba, ha habido muy poca en estas décadas de revolución. La Revolución Cubana, esa que tanto se ha admirado por distintas razones, como todos los regímenes autoritarios tiene un revés muy triste y muy negro. Caer en la cuenta de que el castrismo siempre se ha sostenido sobre unos aparatos de represión policial y civil, que ha asfixiado cualquier atisbo de libertad, encarcelando, reprimiendo, controlando la información, dirigiendo al cultura y la educación, etc., no fue, en su momento, un plato fácil de digerir para muchos. Pero la realidad siempre es peor que nuestra imaginación y muy tozuda. Y un dictador, al final es un dictador, que trata de perpetuarse en el poder, y esto sólo se puede hacer mediante la eliminación de cualquier disidencia, por pequeña que sea.

                Decía más arriba, que la política, para todos nosotros, está más vinculada a las emociones que a la razón (últimamente tenemos bastantes ejemplos que confirman esta afirmación) y Cuba, los habitantes de la isla y los exiliados, van a despertar de un sueño marcado por los sentimientos, por la percepción que cada uno ha tenido del castrismo, que por otro lado, con la muerte de Fidel queda para la revisión de la historia. Ciertamente, al igual que pasó en España cuando otro dictador llamado Franco murió en la cama, en Cuba se ha pasado un página, que quieran o no va a determinar su futuro, pero ha llegado el momento de buscar nuevos líderes, que no sean tan universales, pero que puedan abanderar y emocionar a los cubanos, porque entre todos van a tener que escribir el libro de su país en los próximos años. Que la suerte les acompañe.  

martes, 29 de noviembre de 2016

Diario esférico 29.11.2016

                Manuel Fraga dio en el clavo con el slogan que mejor ha definido a España: “Spain is different”. Y es que aquí nunca pasa nada, si los autores de las fechorías pertenecen a la élite del poder.  Pero ¡ay! si eres del vulgo, agárrate que cualquier nimiedad te costará un disgusto. Viene a cuento esto por los tejemanejes que se ha traído entre manos el rector de la Universidad Rey Juan Carlos con su tesis, que parece ha plagiado a todo el que se le ha puesto a tiro. Vamos que en vez de una tesis debe parecer un trampantojo de corta y pega. Pero al sesudo intelectual, que es uno de los favorecidos por la presidente de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ni se la he pasado por la imaginación (aunque de esta debe tener poca si todo lo copia) dimitir. En Alemania, por lo menos han tenido que dimitir tres ministros acusados de plagio en sus tesis doctorales. ¿Se dan cuenta como Spain is different?
                Se van aclarando las cosas en el PSOE. Ya tenemos dibujado el mapa de los apoyos. Mientras Pedro Sánchez empieza a fajarse en el cuerpo a cuerpo con los militantes, carretera arriba carretera abajo, buscando apoyos;  Susana Díaz sólo habla con la nobleza del Partido para asegurarse que estos la va a apoyar en su carrera a Ferraz. Como verán, sí que hay dos modelos de Partido, el de la participación de los militantes, y el cortesano, en una readaptación del primus inter pares feudal.

                El gran gobierno neoliberal del mundo ya lo tiene decidido: en Francia será próximo presidente François Fillón. ¿Para qué elecciones? 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Y Franco se murió

                                                                                                Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 25 de noviembre de 2016
Hace cuarenta y un años el país pasó el mes de noviembre en vilo. La televisión, única e indivisible por la gracias de Dios, entonces acababa a las doce de la noche, con el himno nacional y la bandera con el águila imperial de fondo. Pero antes del fin de emisión llegaba el parte del equipo médico habitual, desde donde se nos informaba que el inmortal Francisco Franco había tenido una ligera mejoría o permanencia estable en su estado de salud precario, aunque esto nos era ocultado con la verborrea de la propaganda típica de las regímenes totalitarios. Hasta que el laconismo, dadas las circunstancias, se impuso y el último parte, fechado el 20 de noviembre a las 5,30 de la madrugada, con Franco ya muerto, fue toda una relación de alteraciones fisiológicas, sin mención a la muerte del enfermo, cuando el teletipo anunciándola  ya había llegado a la redacción de Europa Press a las 4,58  horas.
Las radios, todavía sujetas al “Parte” informativo, que no era otra cosa que la obligación de dejar en manos de la propaganda oficial las noticias que se transmitían, tenían más margen de maniobra, eso sí,  fuera de las horas reservadas para la conexión con Radio Nacional, y de vez en cuando, se les escapaba algún indicio de que el “Generalísimo” se encontraba peor de lo que nos decía la propaganda controlada por los próceres del ministerio de Información y Turismo. Qué cosas tan raras se hacían entonces, meter la información y el turismo bajo la misma cartera ministerial, aunque quizá se hiciese para lavar la imagen de la dictadura ante los turistas.
En honor a la verdad, así pillados en caliente, a la mayoría de los españoles la muerte de Franco les dejó en estado catatónico: estupor, rigidez y excitación. Estupor,  por la pérdida de quien durante cuarenta años había dirigido sus vidas, con el síndrome de Estocolmo que gran parte de la población tenía, que produjo una especie de rigidez mental que impedía ver el futuro más allá del miedo que durante tantos años se había inoculado a la población, de que sin Franco España se despeñaría por un abismo; y excitación, porque en el fondo, la muerte de Franco, podría acabar con el aburrimiento de la sociedad española, y nos acercaríamos a la feliz y rica Europa –ya no habría que ir a Perpignan a ver “El último tango en París”- y la democracia, esa palabra tabú que pertenecía a quienes vivían más allá de los Pirineos, empezaba a encenderse en al fondo de los corazones de millones de Españoles.
Aunque esto de la democracia fue después. Primero hubo que enterrar al Generalísimo con honores de caudillo, qué cabía esperar de un hombre que se portó como tal durante todo el tiempo de su reinado sin corona, con colas interminables para verle córpore in sepulto, que no dejaban de levantar admiración allende nuestras fronteras -al menos eso es lo que nos contaba la propaganda mediática del régimen-  bien guardadas a las influencias judeomasónicas, anticristianas, que nos amenazaban desde el exterior. Recuerdo el llanto de mucha gente, no se sabe si impostado o sincero;  el frío que caía sobre Madrid en aquellos días que estaban llamados a cambiar el futuro del país; sobre todo el frío empático que nos hacían pasar esos gallardos jóvenes falangistas, a pecho descubierto, haciendo guardia para que su querido régimen fascista no se escurriera por las alcantarillas de la historia, como había pasado en Europa cuarenta años antes.

Pero como la vida tiene un bies de sardónico, después de tanto esperar la muerte de Franco; de pensarla como un momento glorioso en la imparable marcha de los trabajadores hasta la victoria final, el que esto escribe, se enteró del óbito del dictador por la portada del diario AS; que poco glamour para tan importante acontecimiento. Eso sí, me enteré por el medio más leído entre la clase obrera, que ese día no puso la chica en bikini de la penúltima página. En algo no me equivocaba: la prensa de los trabajadores se haría eco de la muerte del dictador a toda portada.    

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Diario esférico 23.11.2016

No voy a entrar en la trayectoria política de Rita Barberá, ni en sus cuitas con la justicia; de eso no es ahora el momento de hablar. Tiempo habrá. Hoy es el día de las condolecías a familiares, amigos y compañeros, y las muestras de pesar por la muerte de una persona pública con sólo 68 años. Nadie debe morirse tan joven.
Pero no me gustan los minutos de silencio impostados. Los que se hacen para quedar bien ante la galería, o para tapar miserias propias y ajenas. Y sobre todo, cuando están fuera de lugar. Por eso no entiendo el minuto de silencio de hoy en el Congreso  de los Diputados. Puedo entenderlo en el Senado, Rita Barberá era senadora, y que sus compañeros institucionales le rindan un pequeño homenaje por su inesperada muerte, es comprensible. Que el Ayuntamiento de Valencia dicte tres días de luto, lo veo razonable por tratarse de una exalcaldesa, que recientemente abandonó el cargo después de veinticuatro años. ¿Pero que guarde un minuto de silencio el Congreso? ¿Cuál es el motivo para tamaño honor?
Hace dos años y medio murió Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao, a quien la City Maiors Foundation nombró en 2012 Mejor Alcalde del Mundo. Un dato objetivo que colocaba a exalcalde Azkuna en un pedestal del buen gobierno municipal y la honestidad. ¿Hizo un minuto de silencio el Congreso de los Diputados? Que yo sepa no. ¿Significa que a partir de hoy, cada vez que un alcalde o alcaldesa fallezca, el congreso va a hacer un minuto de silencio? Me van a perdonar sus señorías, pero creo que hoy han metido la pata; cada uno tendrá sus razones, pero la han medito. Y en vez de reconocer su error, respetando a quienes no les han seguido en su despropósito institucional, se han lanzado como hienas a descarnar al enemigo. Me llama la atención las declaraciones de algunos diputados de los autodenominados “partidos constitucionalistas”, despellejando al único grupo parlamentario que ha sabido guardar las formas institucionales. 
No se han equivocado ellos, señores, sino todos ustedes. Sin embargo, no han tardado en lanzarse a una carrera de desprestigio tan sucia como fea, con el único fin de tapar sus vergüenzas, mejor dicho equivocaciones. Lo expresa muy claro el refranero español: “Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Pero ustedes errequerre: que si es una falta de respeto, que si la cortesía parlamentaria, etc.  ¿Alguno de ustedes nos puede explicar cuáles son las razones para ese minuto de silencio? ¿Por qué tratan de esconder la verdad, haciéndonos creer que un minuto de silencio no es un homenaje? ¿Entonces qué es? Ustedes lo saben perfectamente y ahora tratan de escribir un relato del acontecimiento, torticero, por no decir otra cosa, que enmascare su decisión de esta mañana.
Minutos de silencio, que cada uno los haga cuando quiera. Pero que no arrastre a las instituciones a un esperpento como el de esta mañana, que sólo han tenido como objetivo lavar la imagen pública de quien la tiene sucia por sus actuaciones, y si no, a las declaraciones de destacados miembros del Partido Popular y del gobierno me remito; los mismos que hace unos días la han tratado como a una apestada. La política es así.

Que descanse en paz Rita Barberá y sus homenajeadores de última hora dejen de montar numeritos innecesarios, que ponen en ridículo a las instituciones con tanta impostura.



sábado, 19 de noviembre de 2016

Pedro Sánchez

                                                                                                 Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 18 de noviembre de 2016
¿Cuántos sapos tiene que tragarse un político para mantenerse en el poder? No recuerdo si fue Adolfo Suárez o Fernando Abril Martorell (para los más jóvenes este fue vicepresidente de Suárez en la Transición), quién dijo, en cierta ocasión, que todas las mañana se tenía que comer un sapo. Y no me extraña, dadas las circunstancias de la época, que no fueron más fáciles que las actuales. Y es que, el poder exige seguir una dieta muy difícil de tragar, incluso a veces, excesivamente repugnante
                Hago esta pequeña reflexión, porque tengo la sensación que Pedro Sánchez se ha tenido que comer demasiados sapos en estos dos años que ha dirigido el PSOE, incluso alguno demasiado indigesto. Porque al ex secretario general de los socialistas no le han venido nunca las cosas de cara, desde que fue elegido por la militancia, para dirigir un Partido en descomposición, manchado por la conciencia de la culpa de haber sido el que inició el desmantelamiento del estado de bienestar, eso sí, por mandato de Bruselas.
                Me consta, porque así me lo han transmitido personas de su entorno político, y por lo que he podido ir leyendo sobre su figura, que él, cuando se presentó a la secretaría general, ya tenía intención de darle una vuelta y media al Partido, para poner tierra por medio de un PSOE abotargado y acomodaticio, y hacerle resurgir de sus propias cenizas como un partido socialista renovado y adaptado a los  nuevos tiempos. El problema es que el incendio ha acabado abrasándole a él.
                Pedro Sánchez no contaba, cuando la vieja guardia le da su bendición para las primarias, que la operación Susana ya estaba en marcha y él sólo era  la imagen de una maniobra estética, la carnaza de renovación que las bases exigían, con el fin de que las cosas cambiaran para que todo siguiera igual -¿Cuántas veces se habrán leído las baronías del PSOE la novela de Guiseppe Tomasi di Lampedusa: El Gatopardo”, para llevarla a la pantalla de la política con tanta fidelidad? Pero el compañero Sánchez tenía otras ideas, y sabía muy bien que para llevarlas a la práctica sólo había un camino: ser candidato presidencial para intentar alcanzar la jefatura del gobierno. Y hay empiezan sus problemas, que se resumen en una idea muy simple: Susana Díaz y sus amigos tiene que sacarse del zapato el grano de arena que se les ha metido por pasear por zonas pedregosas. La batalla está servida, y como los grandes generales, han ido secuenciando los tiempos de ataque, hasta la carga de caballería final, puesto que la infantería no les secundaba.
                 No ha tenido suerte Pedro Sánchez en estos dos años, porque a las zancadillas que su Partido le ha ido poniendo, le estalla en la cara el crecimiento mediático y electoral de Podemos, lo que le obliga a tener que compartir la izquierda con la formación de Iglesias/Errejón, y sirve a sus enemigos internos para orquestar todo un discurso “antipopulista”, que sólo tiene como fin poner contra las cuerdas a Pedro Sánchez, para que no pueda nunca formar gobierno. Lo que le hace cometer muchos errores y desviarse de su intención inicial de cambiar el Partido. Desde esta perspectiva, no es difícil entender las declaraciones de estos años por parte de él y sus enemigos internos, en las que Podemos siempre es protagonista. En esa clave interna se producen las declaraciones de “una gran victoria” después del 20-D y las alegrías tras el 26-J, porque estas están dichas para frenar a quienes le acusaban de estar llevando al Partido a la debacle electoral, cuando la hecatombe ya se había producido antes, por las políticas que quienes han querido defenestrarle han practicado.
                Aunque he criticado a Pedro Sánchez por su falta de autoridad y valentía en el Partido, para desactivar a quienes han preferido abstenerse ante un gobierno de Rajoy antes que alentar un gobierno de cambio alternativo, creo que es un hombre honesto, y que en la famosa entrevista de Jordi Évole, dice verdades como puños, haciendo un acto de contrición por sus errores. ¿Por qué tiene que callarse lo que todo el mundo percibimos, si esos a quienes acusa han tratado y conseguido, de momento, destruirle? ¿Es esto más deshonesto que callarse? ¿Es más decente rendirse a los intereses del poder postfranquista que impera en España, que mantener el famoso “NO es no” a un gobierno de Rajoy?

                Ignoro cuál va a ser el futuro de Pedro Sánchez. Si acabará imponiendo sus tesis de que el Partido debe ser de los militantes, frente a los que piensan que debe ser de las élites, siempre que ellos pertenezcan a ese grupo de elegidos. Su idea de ponerse al frente de la trasformación del PSOE, empezando desde abajo, a algunos les puede parecer suicida, incluso puede dar pie a la risa de dirigentes que se creen omnipotentes en sus eternos sillones, pero si al final tiene éxito, y su reflexión acerca de que para ganar el gobierno tiene que haber entendimiento entre la izquierda, sigue siendo la opción, habrá redimido al PSOE de sus pecados, y es posible, si la contraparte en la izquierda no sigue escondida tras las barricadas, que en un futuro no muy lejano tengamos ese gobierno de cambio que ahora, los intereses nobiliarios de su Partido han impedido.  

domingo, 13 de noviembre de 2016

Diario esférico 11 noviembre 2016


Hay días que uno tiene la sensación de estar en batalla con la muerte. No porque te sientas aludido por ella, que eso es cosa que mejor no saber, sino porque desaparecen aquellos que han convivido contigo a lo largo de tu vida, o en una parte de ella.Es como si se desmoronaran a tu alrededor los referentes que te han hecho ser lo que eres, disolviéndose en el vacío que te queda cuando desaparecen. Sentir que tu mundo, el que has conocido, al que has ayudado a construir, con el que te identificas, se desvanece, por el paso implacable del tiempo convertido en señora vestida de negro y guadaña, te deja una sensación de ingravidez líquida, que ya no vas a recuperar nunca.
Hoy Leonard Cohen, el poeta que se metió a trovador, porque la poesía no le daba para comer, y Paco Nieva, el hombre que no revolucionó el teatro, pero que nos enseñó otra maneras de verlo y entenderlo, han desparecido. Cierto que queda su obra, pero eso no me quita la sensación de que nos vamos quedando solos, y de que el mundo, para toda una generación, la mía, era mucho mejor con ellos vivos. La muerte, siempre se lleva lo mejor de nosotros mismos, y lo peor; el recuerdo de una persona es una imagen distorsionada que proyectamos sobre nuestra imaginación, hasta que la borra el olvido. 
Para más regocijo fúnebre, hoy también a muerto Perico Fernández, aquel peso superligero, que en nuestra adolescencia de ídolos secuestrados por el franquismo, nos hizo soñar con que era posible salir del fondo de la sociedad y llegar a la cima, aunque fuera del boxeo. Perico Fernández, a diferencia de Cohen y Nieva, fue un ídolo de papel, de esos de usar y tirar, cuando a quienes le auparon ya no le interesó, y le dejaron caer, en un viaje de vuelta a la miseria. Por eso, quiero rendirle homenaje, aunque no pertenezca a ninguna aristocracia conocida, porque él también pertenece a ese mundo que se desvanece, y sería injusta dejarlo en el olvido.

Los ministros juran por Dios

                                                                                                    Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 10 de noviembre de 2015
Al fin llegó la tan deseada toma de posesión del gobierno, con todo atado y bien atado, como Dios y los poderes postfranquistas del Estado mandan.  Y a mí que estos actos de boato institucional me recuerdan a la Jura de Bandera que hacíamos en la mili. Sólo falta que los ministradores hagan un breve desfile por el salón palaciego de su majestad y con cara circunspecta pasen bajo la bandera y la besen. No me mal interpreten, no estoy, ni pretendo hacer una crítica al acto de rendir homenaje a la bandera (aunque personalmente me apunto más a la letra de la canción “La mala reputación”, escrita por George Brassens, y cantada en España por Paco Ibáñez). Además, cuando la mayoría de los ministros juran su cargo ante la Biblia, uno sólo puede interpretar que su gobernanza va a estar supeditada a los textos del libro sagrado, por lo que no estaría mal, como acto de respeto a los poderes civiles que, por lo menos, rindan obediencia a la bandera de la España constitucional, incluidos catalanes, vascos, y demás defensores del derecho a decidir. 
                Porque ya huele demasiado a incienso, que todavía hoy, en pleno siglo XXI de democracia liberal,  los ministros sigan jurando bajo el crucifijo y con la mano en la Biblia. Claro, que ustedes pueden decir, que tienen la opción de no hacerlo, pero ese no es el asunto. Primero, porque no quiero ni imaginarme la que se liaría si un ministro llegara y pidiera que retiraran el crucifijo y cerraran la Biblia, para prometer su cargo; las horas de tertulia y papel escrito que se gastarían en señalarle con el dedo acusador, por haber pecado en público contra la España de cerrado y sacristía que clamaba Antonio Machado. Segundo, porque jurar ante la Biblia, bajo la atenta mirada de un crucifijo, es un desprecio al Estado aconfesional que el artículo 16.3 de la Constitución Española recoge: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal…” Si el Estado no tiene religión, tal como parece, y queda garantizada como un derecho individual, que los ministros juren ante símbolos sagrados de una confesión religiosa, en este caso la católica, supone supeditar los derechos colectivos, que garantiza la constitución, a las creencias religiosas individuales, y eso en un ministro, que es un servidor público al servicio de la sociedad, es empezar con mal pie. A no ser que, como viene siendo en estos cuarenta años de democracia tutelada, la Iglesia Católica siga haciendo marcar el paso, no militar, sino procesional, al Estado.
                Dicho esto con todos mis respetos hacia las creencias religiosas de los señores y señoras titulares de ministerios u otros cargos públicos. Dios me libre a mí de criticar la fe religiosa de cada uno. Pero convendrán conmigo, algunos por supuesto, que ya va siendo hora de tomarse en serio ese artículo 16 de la Constitución y dotar al Estado de un protocolo aconfesional, que hoy no tiene, más acorde con la nueva sociedad laica  que existente en España.

                Aunque, realmente, lo que necesita este país es poner en orden su relación con la Iglesia Católica y con el resto de las religiones. Se habla de abrir el libro de la Constitución, cerrado con las siete llaves del inmovilismo postfranquista que controla España, para modificarla, adaptándola a los nuevos tiempos políticos. Cabe esperar, que si esto se produce, el nuevo redactado constitucional afine más en la definición de España como un Estado laico, por su puesto, respetuoso con las creencias religiosas de cada uno. Además de ahorrarnos los españoles una pasta (sólo en exenciones fiscales, 11.000 millones en 2015) y utilizar la clase de religión para otras materias, por ejemplo filosofía, entre otras muchas cosas, para que no tengamos que volver a ver a un ministro jurar con la mano puesta en la Biblia, algo que a muchos nos produce sonrojo y pena, al ver que los versos que Antonio Machado escribió en 1913 en su poema “El mañana efímero”, siguen tan vigentes como hace 80 años. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

A su señoría Gabriel Rufián

                                                                                                 Foto: autor desconocido
Publicado el Levante de Castellón el 4 de noviembre de 2016
Sr. Rufián:
                Su intervención de la semana pasada en el Congreso de los Diputados ha levantado muchas ampollas y caras de indignación en la clase política bien pensante de este país, incluida Cataluña. No es de extrañar, pues a muchos les duele que les digan la verdad que ellos tratan de disimular. Tengo que decirle, que comparto algunas razones del fondo de su intervención, pero ya no tanto los modos, que me parecen impropias de un diputado que debe guardar unas mínimas formas de cortesía política hacia sus adversarios. Son las reglas, no escritas, del juego democrático, aquellas que hacen posible que la política no sea un lugar para esgrimir a garrotazos nuestras ideas o nuestros posicionamientos tácticos. Lo demás es matonismo verbal, de ese que los españoles, también los catalanes, estamos tan acostumbrados a hacer gala, ya sea en la barra del bar o con los amiguetes en animada charla privada. Los grandes parlamentarios que ha habido en nuestra historia común, lo han sido porque fueron capaces de saber que la tribuna del Congreso no era un púlpito desde el que arengar a los afines, y siempre expresaron sus ideas bajo la premisa del respeto y las buenas formas parlamentarias.

                Tengo la sensación de que usted se está convirtiendo en un títere de sí mismo, que ni siquiera le hace gracia lo que dice, al igual que aquellos antiguos izquierdistas que no hablaban, sino que dogmatizaban cada vez que lo hacían, eran incapaces de reírse agobiados por su propia fe en la verdad que ellos hacían única e indivisible. Y le tengo que decir una cosa, con todos mis respetos, cuando uno repite en público el mismo lenguaje no verbal, las mismas palabras, aunque con otra semántica, acaba aburriendo y convirtiéndose en un pesado, a no ser que, y esto es todavía peor, sólo se le preste atención para alimentar el morbo que todos llevamos dentro, es decir, se convierta en un histrión de la palabra, al que se le escucha la forma de expresarse y nunca el fondo de lo que dice.   
                El problema, sr. Rufián, es que usted no estaba hablando la semana pasada con los colegas, o en una reunión de su Partido, donde uno se explaya con la mejor verborrea que tiene para descalificar a los otros, que es también una manera de esconder nuestras propias miserias. Porque todos tenemos algo que esconder. Por ejemplo, usted acusa al PSOE de traidores, no le falta razón, si nos atenemos a uno de los significados que a la palabra da la RAE: “Falta que se comete quebrantando la fidelidad o  lealtad que se debe guardar o tener;, está usted en lo cierto, porque el PSOE ha cometido una deslealtad hacia sus votantes en nombre de la “ética de la responsabilidad”, según expresión de su portavoz parlamentario Antonio Hernando, que es como decir que la ética es una veleta que se mueve según la responsabilidad que a cada uno le conviene.
                Como ya le he dicho estoy de acuerdo en el fondo de su denuncia, aunque yo lo llamaría deslealtad hacia sus votantes; la palabra traición tiene unas connotaciones de rancio nacionalismo: “Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria”,  otra vez en definición de la RAE, que no me gusta, y no creo que sea este el caso, pues ningún Partido es una patria, ni siquiera un Estado es una patria, salvo que queramos convertirlo en un templo sacrosanto de adhesiones inquebrantables. Pero claro, usted es un nacionalista convencido, de esos para los que la patria y la bandera están por encima de las personas.      
                Por eso me llama la atención que llame traidores y otras lindezas ofensivas a los diputados del PSOE, cuando usted y su Partido han cometido un acto de “traición” –permítame que utilice sus mismas palabras- hacia los valores de la izquierda en Cataluña, al supeditarlos a un  nacionalismo más propio del siglo XIX, lo que les ha llevado a creer o hacernos creer que con la independencia de Cataluña, los catalanes alcanzarían la arcadia feliz, esa que nos han prometido tantas veces a lo largo de la historia, y que sólo ha servido para que una clase dominante sea sustituida por otra.
                Luego entonces, sr. Rufián, lecciones de ética puede dar pocas, porque el que esté libre de pecado que tira la primera piedra. Más le habría valido denunciar cuáles son las consecuencias que va a tener la abstención del PSOE para la mayoría de la población, incluida la catalana, aunque quizá usted piense que los catalanes, gracias a la hoja de ruta independentista van a estar a salvo de cualquier cosa que suceda en España.

Atentamente.

martes, 1 de noviembre de 2016

La ciudad como espacio de convivencia y bienestar

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                                                   Foto: González de la Cuesta

Artículo publicado en Levante en el año 2005


sábado, 29 de octubre de 2016

Investidura. Todo en orden

                                                                                                  Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 28 de octubre de 2016
Al final se ha consumado lo que la derecha quería: que Rajoy, por activa o por pasiva, fuese presidente del gobierno. Han sido meses de presiones, engaños y falsas acusaciones, para desmontar cualquier iniciativa que pretendiera formar un gobierno de cambio, desde todos los ámbitos del poder que en España se han establecido desde la Transición. Nunca una campaña ha sido tan sucia y tan vergonzosa como la que hemos sufrido los españolitos de a pie, incluidos los catalanes, para que nos olvidemos de los últimos años de recortes, desmantelamiento del estado de bienestar, desigualdad y crecimiento de la pobreza. Y es tanta la soberbia, que incluso la vicepresidente del gobierno, sabedora ya, desde el golpe de mano en el PSOE, que Rajoy volvería a ser investido Presidente, con la posibilidad de unas terceras elecciones alejada,  se ha permitido el lujo de amenazarnos con duros recortes para el año que viene.
                El mensaje que se nos ha trasmitido durante meses es que había que formar gobierno, muy inteligentemente hurtando el debate de si valía cualquier gobierno, porque la derecha no le interesaba entrar en él. GOBIERNO con mayúsculas, elevado a  una categoría superior, donde no importa quién sea el que lo ocupa. Así, desnaturalizando la sustancia de para qué sirve un gobierno, la derecha, que sabe cómo nadie disfrazar su ideología con  cantos de sirena, tendría más fácil quedarse en él.
                Y yo digo, ¿si era tan urgente formar gobierno, por qué el PP y su entorno mediático y financiero no apoyaron la candidatura de Pedro Sánchez, y nos habríamos evitado las segundas elecciones y el “drama nacional” de unas terceras? No es eso lo que se ha pretendido desde el principio, sino que fuese Marino Rajoy el que volviese ser presidente, incluso llevando al país a unas terceras  o unas cuartas elecciones, si fuese preciso.
                ¿Qué es lo que tienen que ocultar o proteger para que no hayan escatimado recursos para que la derecha vuelva a formar gobierno? ¿Por qué los dirigentes del PSO, afines al golpe de mano, han entrado en ese juego, incluso en contra de sus bases? Se me ocurre, que si no hay intereses económicos en juego, el poder es muy goloso, hasta el punto de desfigurar el rostro de un partido centenario como el socialista.
                Lo que me lleva a plantear otra pregunta ¿Quién teme unas terceras elecciones? Parece que todo el establishment nacional, porque nadie tiene claro que podría pasar, con los juicios por corrupción que afectan directamente al PP abiertos, y el PSOE en plena guerra civil. Mientras, PODEMOS y CIUDADANOS no dejan de ser una incertidumbre, pero todos temen  que estos Partidos pudieran subir, consolidando así el fin del bipartidismo. Por lo que en la lógica de los poderes que se aferran al estatus político de la Transición, es mejor consolidar lo que existe, sin correr nuevos riesgos. Además, un gobierno de Mariano Rajoy daría tiempo a la vieja guardia del PSOE, que es más de lo mismo, la que ha llevado al Partido a la situación actual,  a consolidarse y llegar en cuadriga a la próximo Congreso

                Nada me hace pensar que va a suceder lo que nos están diciendo: que el gobierno de Marino Rajoy va a estar secuestrado por el Congreso. Eso es una mentira más de las muchas que escuchamos sin parar. El gobierno tiene mecanismos para gobernar y si se encuentra muy atado, convocará elecciones. Volvemos a dar tiempo, para que PP y PSOE cuelen toda la porquería que se está cociendo en su seno, y después, volver a las urnas. En definitiva, están hurtando a los ciudadanos ser actores principales de esta deficiente democracia que tenemos, para que el bipartidismo tenga tiempo de recomponerse.  

miércoles, 26 de octubre de 2016

Entrevista a Sergi González (Cineasta)

                

Cuando uno habla con Sergi González tiene la sensación de estar haciéndolo con un hombre de la cultura, pero no de los que entienden esta para redimir a la humanidad de sus desatinos, sino de quien la entiende como la mayor expresión de civilidad que hemos construido los humanos para comunicarnos. Se inicia como gestor cultural en un grupo de teatro de Vila-real, para más tarde convertirse en programador cultural del Auditorio Municipal de esta localidad. Pero será con el teatro cuando se sumerja en el mundo dela creación y al dirección, con la creación de la compañía Teatro de la Saca, y el estreno de su primera obra teatral “Fhürer”, con la que estuvo de gira por España y el mundo durante cuatro años. Sin embargo será con su salto al cine cuando desarrolle toda su capacidad como creador, convirtiéndose en uno de los principales directores de cortos de este país, cuatro veces premiado con un “Roel” en la Semana de Cine de Medina del Campo, uno de los más importantes de España, entro otros galardones y menciones recogidos estos años. Actualmente, desde ha ya cuatro años, dirige el Festival Cortometrando que se realiza bajo los auspicios de la Diputación de Castellón.
               
1.- Desde hace más de una década eres un dinámico emprendedor cultural en diferentes ámbitos, sobre todo en el teatro y el cine. ¿En estos años, cómo y en qué ha cambiado la vida cultural en España?
Cuando yo empecé a trabajar en el mundo del teatro todo era más fácil porque los ayuntamientos disponían de más presupuesto para las programaciones. La crisis todavía no había llegado, se tenía más dinero y todo era más fácil. Imagino que esto se puede extrapolar a todos los sectores, pero había más alegría y, la gente tenía más ganas de ir a sitios.
Por ejemplo, “Führer”, el espectáculo que escribí para Teatro de la Saca, recorrió distintos países con un elenco de 16 personas de gira, un caché que, a día de hoy, es casi inimaginable.
Quizá esa sea la principal diferencia.
También entiendo que la gente lo ha pasado o lo está pasando mal, y esa alegría ha desaparecido en algún modo y con ella las ganas de ir al teatro, al cine o a eventos culturales.
Cierto es que se percibe un despertar, que las cosas parecen volver a su sitio poco a poco, aunque me temo que nunca regresaremos a aquel punto del que partimos hace ya muchos años.
Por otro lado, y viendo cómo está el patio, entiendo que para una entidad pública (llámese ayuntamiento, por ejemplo) sea más importante atender las necesidades de las personas que viven en situaciones precarias que subvencionar un cortometraje, o una obra de teatro. Las necesidades de la población marcan, en este caso, las obligaciones municipales. Es más importante que nadie pase hambre, que rodar un cortometraje, evidentemente.
No soy un activista de la cultura, ni entiendo que los organismos públicos deben pagar todos nuestros proyectos. La mayor parte de mis cortos me los he financiado yo, a veces con alguna ayuda simbólica de ayuntamientos o diputaciones, pero siempre he sido yo el que se ha jugado el dinero. Creo que forma parte de mi trabajo, y que no puedo vivir a expensas de ayudas públicas.
Los nuevos tiempos nos han reeducado en muchas cosas. El apoyo institucional se ha quedado en un segundo plano, y tenemos que aceptar que las prioridades ahora son distintas.
2.- Dices que no eres un activista de la cultura, sin embargo, renuncias a una cultura sustentada en subvenciones, y te enfrentas al reto de financiar tus proyectos. Eso te da más libertad a la hora de programar tu actividad ¿Crees que si la cultura no fueses tan clientelar del poder sería más dinámica?
Por supuesto, el dinamismo reside en la libertad para crear. No se crea igual cuando dependes del “visto bueno” de quien te da la pasta. La libertad tiene un precio. El comúnmente conocido como “cine independiente”, sin cánones, sin sistemas, hace lo que les da la gana porque no deben explicaciones a nadie. Y no se trata de transgredir ni de ir en contra de ningún sistema, se trata de libertad creativa. Se juegan su dinero, sólo el suyo, para bien o para mal. Hay un poco de locura en todo esto, por fortuna.
Yo hago publicidad, videoclips, bodas, todo lo que me pidan audiovisualmente hablando. Mantengo a flote mi empresa y, cuando consigo ahorrar algo de dinero, dirijo un corto, o un documental… A veces pido algo de ayuda, otras no. Depende de proyectos.

3.-¿En qué medida las instituciones públicas y privadas deben ser agentes económicos para el fomento de la cultura?
Siempre he pensado que los ayuntamientos, el de Vila-real por ejemplo, deberían tener una partida anual para colaborar con toda la producción audiovisual que se haga en su ciudad. Hablo de colaborar, no de subvencionar. Sería muy sencillo recibir los proyectos y dotarlos con una cantidad simbólica que ayudase a arrancar. Ninguna cantidad en concreto, una parte del presupuesto demostrable, una manera de colaborar y de ayudar a que su ciudad crezca culturalmente.
Respecto a la empresa privada, tan solo hay que hacerles ver que la cultura es un maravilloso medio publicitario. No siempre es dinero lo que necesitamos. Un vehículo para el rodaje, vestuario, maquillaje, una casa donde poder rodar… Hay mil maneras de que se involucren de manera coherente. Un trueque, a veces, puede resultar más beneficioso que una aportación económica.
Mi experiencia con la empresa privada ha sido muy positiva hasta el momento. Con el apoyo de diferentes firmas, ninguna llega a tener tanto poder como para  imponer ningún tipo de criterio. Claro, así es difícil conseguir el 100% de financiación, pero ya te he dicho que soy más de jugármela yo…
En definitiva, tanto la empresa pública como la privada tienen en la cultura un medio de rentabilizar social o publicitariamente su inversión. Creo que deben “estar” en ciertos proyectos, de manera simbólica, pero estar.
Como ejemplo, el Festival Cortometrando premia a los seis equipos de rodaje con 900 euros por equipo. Evidentemente con ese dinero no se rueda un corto, pero les da ese primer empujón. Luego les ayuda publicitariamente y les permite estrenar sus cortos en una Gala frente a cientos de personas. Es una pequeña ayuda, pero muy importante para los cortometrajistas. Los cortos finales, con el sello de la Diputación impreso, recorren varios países del mundo y te aseguro que rentabilizan cada uno de los euros que han recibido de ayuda para comenzar a rodar.
4.- Durante unos años estuviste trabajando en el mundo del teatro ¿Qué te llevó a cambiarlo por la producción audiovisual?
Me atrevería a decir que fue un proceso natural, una evolución hacia aquello que siempre me había entusiasmado. Siendo todavía programador del Auditorio de Vila-real, allá por el 2000, hice amistad con el programador del Auditorio de Medina del Campo, y un año me invitó a su Semana de Cine. Eso fue suficiente para darme el empujón que necesitaba. Yo ya había escrito varios relatos cortos y había ganado algún que otro premio menor. Pensé que un relato corto podía ser también el guion para un cortometraje.
Al regresar de Medina, todavía fascinado por todo lo que allí había vivido, y por la gente a la que había conocido, me puse a leer guiones de pelis, de cortos, de todo lo que caía en mis manos. Tiempo después trabajaba para pulir “Éxodo, 23:20”, que a la postre sería mi primer cortometraje. Estrenado en la Semana de Cine de Medina del Campo (en el fondo soy un romántico) y premiado con el Premio del Jurado Joven.
Muchos de mis amigos del teatro me ayudaron en aquellos inicios, al fin y al cabo muchos actores de teatro también hacen cine. No fue fácil, pero fue como si de repente todo tuviera sentido en mi vida y hubiese encontrado un camino escondido entre la maleza.
Se puede decir con la voz bien alta que dirijo cortos por culpa de la Semana de Cine de Medina del Campo y de Eduardo López, su coordinador. De hecho, tengo una promesa con ellos. Si algún día recojo un Goya, cosa poco probable (seamos realistas que la cosa está muy jodida) me pondré debajo del traje la camiseta de la Semana de Cine de Medina del Campo.
5.- Vemos que Medina del Campo y su festival de cortometrajes ha sido muy importante en tu carrera profesional ¿Es este festival el culpable del Festival Cortometrando que se celebra en Castellón desde hace cuatro años?  
No de manera directa. Más bien diría que Cortometrando es el resultado de muchos otros festivales. Me explico. Tras recorrer festivales de toda España me di cuenta de que hay muchos festivales que premian el cortometraje acabado, el resultado final, pero que había muy pocos que premiaban el proyecto, el guion. Lo realmente difícil no es mover un cortometraje por festivales, lo realmente difícil es rodar un cortometraje con presupuestos ridículos la mayor parte de las veces.
Quisimos poner en marcha un festival diferente, un festival donde se ayudase desde la base, desde el origen, que es lo más difícil. Queríamos ayudar a arrancar, pegar ese primer empujón para que la producción audiovisual de nuestra provincia creciese.
Héctor Folgado, diputado de Cultura de la Diputación de Castellón hace cuatro años, también quería hacer algo con los cortometrajistas, un festival… Le propuse Cortometrando, le añadimos el factor turístico al rodarlo en pueblos de interior… Y aquí estamos, cuatro años después con 25 cortos ya rodados en estos años y con una aceptación social en aumento.
Aun así, Eduardo López, coordinador de la Semana de Cine de Medina del Campo, fue jurado en la primera edición de Cortometrando y estuvo acompañándonos y entregando un premio en la primera edición de nuestro festival.
6.- Cortometrando, entonces, es un festival que trata de poner en valor la fuerza del cortometraje uniéndola con la promoción de Castellón, desde una mirada cinematográfica. Te pregunto como cineasta ¿Qué tal casan turismo y cine?
Pues a las mil maravillas siempre y cuando el guion exija o permita localizaciones “turísticas”.
“La venus de las pieles” (2013), de Polanski, por ejemplo, sucede dentro de un teatro, poca promoción turística se puede hacer con ese guion.
Sin embargo, hay millones de personas que acuden anualmente a Nueva Zelanda tan solo para visitar los lugares donde se rodó “El señor de los anillos”. Nueva York, tiene diferentes rutas turísticas siguiendo el recorrido de cientos de películas míticas. Incluso en París puedes seguir los pasos de Robert Landon (Tomk Hans) en el Código Da Vinci.
El cine es una maravillosa herramienta de promoción turística siempre y cuando esté justificado. Cortometrando exige a los directores que sus guiones estén basados en pueblos pequeños del interior de nuestra provincia, y en la selección previa se descartan todos los que no reúnan ese requisito indispensable.
Tenemos lugares realmente bellos, atractivos para los que no los conocen.
Hasta ahora hemos rodado 25 cortometrajes, gran parte de los cuales han recorrido varios festivales de España, incluso del mundo, llevando con ellos los paisajes de nuestro interior.
El propio José Luis Cuerda (Amanece que no es poco, entre otras muchas) bromeaba conmigo hace menos de un año en la Semana de Cine de Medina del Campo, donde coincidimos en una comida. Le hablé de Cortometrando y me dijo que se venía a Morella a rodar su próxima peli, que le encantaba el pueblo… Lo de venir a rodar era una broma, pero lo de que le encantaba el pueblo no lo era.
Otros directores, menos conocidos, también me han preguntado en ocasiones por posibles localizaciones en nuestra provincia. Creo que Cortometrando está abriendo muchos caminos en ese aspecto.
7.- Estamos en la IV Edición de Cortometrando ¿Cómo director del Festival qué tiene de nuevo este año?
Cada año vamos sumando. Recuerdo el primer año cuando nadie sabía ni siquiera qué era Cortometrando. Algunos ayuntamientos no sabían ni que se iba a rodar en su pueblo.
Ahora ya nos conocen. Los ayuntamientos se involucran más porque se han dado cuenta de que Cortometrando es un auténtico regalo para ellos. Un cortometraje rodado en sus calles que guardará para siempre sus imágenes, y que las llevará por diferentes partes del mundo.
Como ejemplo significativo siempre tomo el día de la Gala Final, que es cuando se proyectan públicamente los seis cortos y se entregan los premios. El primer año la hicimos en el Paraninfo de la UJI. Esa misma mañana me llamó Héctor Folgado (Diputado de Cultura por aquel entonces) y me preguntó que íbamos a hacer si no se presentaba nadie, si no venía público… Al llegar a la sala por la mañana, el técnico me preguntó cuánta gente esperábamos. “Lleno”, le dije yo… No voy a reproducir sus palabras, por educación, pero se rió en mi propia cara… Llenamos, hasta la bandera.
Ante el tremendo éxito de público, la segunda edición se hizo en el Teatro Principal, con más capacidad. También lo llenamos, creo recordar que quedaron cinco o seis butacas libres en todo el teatro. La tercera edición repitió en el Principal, pero esta vez nos desbordaron y dejamos fuera a más de 200 personas porque el teatro estaba lleno y ya no cabía nadie más. Exitazo ¡!!! Y este año nos vamos al Auditorio, con capacidad para más de 1.000 personas.
Creo que es un buen referente para valorar el crecimiento del festival. Que 25 localidades hayan quedado reflejadas en algún corto y 25 directores hayan recibido un primer empujón para sacar adelante sus proyectos.
Y nos hemos convertido en un referente a nivel nacional en cuanto a la gestión de un festival, por lo novedoso y por lo peculiar del mismo.
8.- Está claro que Cortometrando se está consolidando como un Festival importante en el mundo del cortometraje y el crecimiento exige mayor planificación ¿Cómo va a afrontar el Festival el futuro?
Pues de la misma manera que hasta el momento. Por fortuna, Diputación está muy comprometida con el proyecto, y hasta ahora se ha ido incrementando el presupuesto cada año, y se ha ido subiendo la dotación de los premios.
La primera edición incluso llegó a costarme dinero, porque no había presupuesto y queríamos sacarlo adelante. Necesitaba demostrarles que era un formato que podía funcionar, y no me importó arriesgar hasta ese punto.
Ahora se trabaja más a gusto. El festival forma parte habitual de los presupuestos y los pagos son fluidos. Eso permite que todo sea más ágil. Piensa que es un festival que implica muchos desplazamientos, muchas horas de lectura de guiones, muchas reuniones, controlar seis rodajes en seis localidades distintas y casi todos a la vez. Es una locura, pero la implicación desde Diputación lo hace todo muy fácil.
Creo que ya nos hemos convertido en un habitual para los cortometrajistas de la provincia, ya esperan que salgan las bases hacia febrero para ir enviando sus trabajos, cada año más y con mayor calidad.
Los ayuntamientos, ahora, incluso piden que vaya el festival a su pueblo. Miro hacia delante con la tranquilidad de que el festival se ha construido con muy buenos cimientos, y que dentro de poco funcionará casi por inercia. Algo impensable cuando arrancamos hace ya casi cinco años.
9.- Para finalizar ¿Qué proyectos cinematográficos tienes  en mente, después de tu exitoso último corto en Festivales: “Ni dos, ni cuatro”?
Ahora toca comenzar a disfrutar un poco de “Ni dos, ni cuatro”. Estrenamos hace un mes y ya tenemos tres selecciones importantísimas (una internacional, en el mejor festival de Bolivia y dos festivales nacionales que pre-seleccionan ambos para los Goya) Algo impensable en tan poco tiempo. Con este arranque todo hace esperar que las selecciones continúen llegando y, con suerte, algún premio que consolide la trayectoria del documental.
Tener un corto en el circuito de festivales, “Ni dos, ni cuatro” en este caso, implica una serie de desplazamientos que te permiten conocer distintos festivales, y aprender de todos ellos. Vamos a estar en Arnedo (La Rioja), donde proyectarán el corto dentro de su festival Octubre Corto. Después se proyecta en el FENAVID de Bolivia, ahí no puedo ir porque me pilla un poco lejos y el vuelo debe ser carísimo. Y a finales de mes, el 28 de octubre (un día después de la Gala de Cortometrando) debo estar en Albacete, donde “Ni dos, ni cuatro” participa en el festival Abycine.
Por otro lado, uno de mis últimos guiones ha sido seleccionado este año en el festival “Navarra: Tierra de Cine”, un festival que funciona un poco como Cortometrando, pero a nivel internacional. Este año se recibieron unos 60 guiones de distintas partes del mundo y seleccionaron 10, entre los cuales está “Ya no quedan domingos”, que será mi próximo corto.
Ya estuve la semana pasada en Viana (Navarra) para hacer un pequeño casting y localizar los exteriores donde vamos a rodar. Tenemos previsto regresar el fin de semana del 4, 5 y 6 de noviembre para completar el rodaje y ponernos en seguida con la edición del corto, porque debe estar entregado antes del 30 de noviembre. El corto se estrenará a mediados de diciembre en el teatro de Tudela. Habrá un jurado que dictaminará un total de cinco premios para los diez cortos finalistas.



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