viernes, 15 de febrero de 2019

Dos citas negras


Publicado en Levante de Castellón, con el título "Un mundo literario" el 15 de febrero de 2019
Cuando uno viaja a la comarca de Els Ports de Castellón desde la costa tiene la sensación de haber hecho una travesía en el tiempo y en el espacio. Parece mentira que en unas decenas de kilómetros, dos territorios puedan ser tan diferentes, y sin embargo, estar tan cerca. Porque Els Ports, capitaneado por esa maravillosa localidad llamada Morella, que al igual que la Morella mística de Edgar Allan Poe, ha sabido inmortalizar su alma para deleitar nuestros sentidos con la preservación de un mundo, que aceleradamente se trata de olvidar en otros territorios. Pero hay más, porque en contra de la Morella de Poe, que vio como su cuerpo se deterioraba con el tiempo, la Morella villa, es un faro sobre su elevada atalaya de civilización, en un territorio de altos penachos, profundos barrancos, espesos bosques e inviernos tiritados por el frío y la nieve, que ha sabido conservar su belleza urbana de arquitecturas en diálogo con la naturaleza que la rodea, desde un tiempo en el que fue esplendorosa, desde que Jaume I dijera, para consternación de Blasco de Aragón: Morella no es lugar para ningún hombre de mundo, sino para un rey, porque valía tanto como un condado con sus posesiones. Y quedó para siempre como villa de realengo, convirtiéndose en la tercera ciudad medieval del reino de Valencia, tras Xátiva y la misma Valencia. Importancia que duró hasta casi el siglo XX, como se puede ver en sus magníficos edificios, tanto civiles como religiosos.
                Esa historia, ese territorio compartido con Vilafranca del Cid, Cinctorres, Forcall, Sorita y muchas otras localidades, que forman una geografía de montaña vivida por ese espíritu de supervivencia que tienen los habitantes de las sierras y los valles apretados, ha encontrado en un pequeño fruto que se esconde bajo la tierra una de sus señas de identidad: la trufa negra, uno de los manjares más preciados que nos ofrece la naturaleza, por su gran valor culinario y sus propiedades medicinales.
                Todos los años, desde hace dieciséis, entre enero y marzo,  la trufa negra se convierte en el centro de las miradas de Morella y su comarca. Como unos de los grandes productores del mundo han sabido crear una identidad desde sus fogones, que bascula entorno a la trufa negra y la sabia reinvención de un  sinfín de platos, que están haciendo de la gastronomía de la comarca un paraíso para los amantes del buen gusto culinario y el apetito cultural. Una buena combinación: cultura y pitanza, como diría Sancho, acompañada de un entorno geográfico envidiable. 
                Dentro de la magia culinaria de estas semanas, en Morella, haciendo honor a ese espíritu de hermanamiento entre cultura y gastronomía, se celebran las jornadas gastroliterarias Morella Negra con la Trufa. Un fin de semana en el que la literatura va a ser protagonista a mesa y mantel con la trufa negra. Un fin de semana en el que la novela negra va a acompañar a la trufa negra, en un aventura cultural digna de un a mención en el Olimpo de las Letras. Escritores, lectores, hombres y mujeres de la cultura y el buen vivir, se dan cita entorno a un género literario más vivo que nunca: el género negro, que con el aroma de la trufa negra, son capaces de crear un ambiente único, que se va a vivir entre el 22 y 24 de febrero en Morella.
                Además, las jornadas son el colofón de un premio literario digno de mención, por los pocos premios que existen en España en esa categoría. Se premia una novela ya publicada, de un  escritor o escritora novel. No creo que existan muchos premios en España que se concedan a obra primeriza publicada. Chapó por la iniciativa del Ayuntamiento de Morella. Porque la vida sin literatura es demasiado gris y fútil. Y porque quien fomenta la creación literaria, está apostando por un futuro vacunado contra la banalidad. Y si está acompañada de un manjar puesto por los dioses bajo la tierra para nuestro deleite:  miel sobre hojuelas. 

   

viernes, 8 de febrero de 2019

Honestidad y mediocridad


Publicado en Levante de Castellón el 8 de febrero de 2018
¿Puede una ciudad permitirse el lujo de prescindir de uno de sus mejores concejales por una asunto que nada tiene que ver con su acción política? ¿Vivimos en una sociedad tan desnortada que cualquier cosa vale para desacreditar al adversario político, cuando este ha sido el artífice de una buena gestión, reconocida por todos, menos por quienes tienen en el cerebro una  urna electoral?
                Podríamos plantearnos muchas preguntas sobre cuál es el nivel de desprecio que tenemos los ciudadanos hacia la actividad política, y quiénes se aprovechan de ello para esconder su mediocridad y ascender en el escalafón, que les permita convertirse en dirigentes. Porque cuando esto sucede, entonces, todos nos convertimos en culpables de que la actividad política esté ocupada por personajes que van a estar muy lejos de gobernar pensando en la necesidades de la sociedad. La mediocridad sólo puede alcanzar cotas de mezquindad, y el mediocre, siempre, va a anteponer sus intereses a los de los ciudadanos.  Ha sido así a lo largo de la historia y parece que va a seguir siendo in secula seculorum.
                Deberíamos empezar a saber distinguir lo que es un comportamiento corrupto, que implica una voluntad consciente del corruptor y el corrompido, es decir, que saben lo que están haciendo y lo hacen; algo que está presente en la gran cantidad de casos de corrupción que han aflorado estos años en España, y lo que son negligencias administrativas o actos ignorantes, es decir, sin voluntad lesiva, derivados de la confianza o la mala fe de los corruptos. Porque si no es así, podríamos caer en la falsa moralidad de que todos roban y por tanto todos son iguales. Y no hay nada más falso que eso ni menos acertado que caer en la aceptación de que si creemos que todos roban, los que lo hacen de verdad, parece que son menos ladrones.
                Estos días la ciudad de Castellón ha vivido una pequeña convulsión al presentar su dimisión el concejal de hacienda y seguridad del Ayuntamiento, por un asunto lejano en el tiempo, de su etapa como subdelegado del gobierno, del que todo los que le conocen/conocemos saben que no se trata de un hecho voluntario ni ha existido ánimo de delinquir. Todos saben que el hombre que ha dotado a la ciudad de una mayor seguridad, que ha reducido la deuda municipal heredada del equipo de gobierno anterior, que ha ejercido de jefe de personal con mesura y sentido común y que ha sido la persona que ha promovido consensos con unos y otros, es incapaz, como decía la semana pasada Emilio Regalado en un artículo acertadísimo, de llevarse un bolígrafo si no lo ha pagado él.
                Su dimisión, para no manchar la política ni su honorabilidad mientras el asunto se esclarece (en este país esto puede durar años), es una acto de dignificación de la política a la que no estamos acostumbrados, viendo como vemos a corruptos de adarga y armadura aferrarse al sillón aunque truene Santa Bárbara. Sin embargo, los mediocres a los que aludía más arriba, no han tardado en sacar la guadaña de cuestionar lo que ellos saben que no tiene doblez, aún a sabiendas de que están cometiendo un acto de estupro verbal y político. Para ellos, la moralidad se sitúa en el quicio de sus intereses, ladrando más que aportando sentido común, porque así, piensan, se les oye más.
Han perdido una oportunidad de oro de apuntarse a la dignificación de la política. De ser merecedores de nuestro respeto, haciéndonos ver que más allá de sus intereses partidistas y electorales deberían prevalecer los principios de la ética y buen sentido en la vida y la política. Y lo más triste, es que algún día podrían llegar a gobernar la ciudad, y no me refiero a su Partido, que lo haría legítimamente si gana unas elecciones, sino a quienes han de mostrado con su poca altura en este asunto, que nunca deberían gobernar.

viernes, 1 de febrero de 2019

Un mundo literario


Publicado en Levante de Castellón el 1 de febrero de 2018
No todo son malas noticias en esta España dual que vivimos, donde sempiternamente conviven dos almas muy distintas y a veces cainitas. Según el barómetro de hábitos de lectura de 2018, presentado por la Federación de Gremios de Editores de España y el Ministerio de Cultura, el número de lectores frecuentes que hay en España ha crecido más de un 2%, situándose en casi el 62% de la población. Claro, habría que saber si para los editores ese número tiene que ver con quienes compran libros o con los que lo leen. En cualquier caso, es una buena noticia, porque quien compra acaba leyendo o regalándolo a alguien que lee.  Y cuando una  sociedad lee más, es más culta y menos susceptible a dejarse engañar. Además, la lectura, es una fuente increíble de diversión y de vivencias.
                Mantener viva la costumbre de leer es tarea, entre otros actores, de los escritores, de todos aquellos y aquellas que se lanzan a la aventura de imaginar historias, de acercarnos un poco al conocimiento, de provocar sensaciones. Y de ello, en Castellón sabemos mucho, porque hay toda una pléyade de escritores y escritoras, que en los últimos años están haciendo las delicias de  mucha gente, de dentro y de fuera de la provincia. 
                Decía que Castellón está viviendo un momento mágico para la literatura. Se escribe mucho y bien, casi sin tregua para poder leerlo todo, dada la gran cantidad de publicaciones que se ofrecen, haciendo que el mundo literario de la provincia esté muy vivo y muy sano. Premios, certámenes, ciclos, presentaciones, recitales poéticos, festivales… están presentes casi a diario en la provincia. Precisamente, ahora en febrero, se pone en marcha la décima edición del Festival Castelló Negre, que se va a celebrar en varias sedes distribuidas por distintas localidades de la provincia.    
                A  modo de ejemplo, y sin ser todo lo que se ha editado por escritores y escritoras castellonenses desde el verano pasado, Maribel Escrig, publicó en septiembre “La pureza de las mariposas” (1968 Ediciones), un thriller policiaco con tintes eróticos que forma parte de la trilogía "Las margaritas blancas". Casi a la vez, Benjamín  Collados, vuelve a ilustrarnos sobre el  mundo de los Íberos, con la publicación de “Guerreros de Iberia” (La Esfera de los libros), un ensayo sobre la guerra entre los pueblos prerromanos de la península Ibérica y su enfrentamiento contra cartagineses y romanos.
                En octubre, Javier García publicó “Génesis” (Unaria Ediciones), un relato erótico-romántico, ambientado en los años setenta en La Plana Baja; y González de la Cuesta, “Hotel Voramar” (Editorial Sargantana), una novela en la que el hotel Voramar se convierte en el escenario perfecto para una historia que comienza en 1957 y termina en la actualidad, pasando por la Alemania nazi y el Madrid de los años 50. Roberto Monzó, en noviembre, nos sumerge en una historia de anónimos mensajes de color azul celeste, que provocan el caos del receptor y de sus más allegados, con su novela “Azul celeste” (Group Edition World). Y en poesía, María José Sangorrín, con su poemario “Lágrimas de mar” (Verba Manent), nos invita a un viaje onírico, reflejo de la madurez de la mujer, cargado de emociones y vivencias.
                No paran los escritores de Castellón, y en los próximos meses un buen número de nuevas publicaciones van a llenar las librerías. Luis Rodríguez presenta entre febrero y marzo “8.38” (Editorial Candaya),  un homenaje a la literatura; una vuelta a la ficción y a la realidad. En febrero también, Julio Cesar Cano publica su nueva entrega del inspector Monfort “Flores  muertas” (Ediciones Maeva), en la que de la mano del ya afamado inspector, se dan cita la música y el crimen.
Entre lo que viene en marzo, también está la  nueva novela de Rául Ariza: “Antes. Entonces, Nunca” (Talentura Libros), memorias de un hombre obsesionado con su belleza, que nos aproxima al mito de Narciso. Y la obra ganadora de la I Bienal de Novela AEPC: “Cuando Azota el olvido·” (La Pajarita Roja) de Juanma Velasco, un entramado de lujurias y obsesiones, donde afloran algunos de los comportamientos más oscuros de la condición humana.
Por último, para no hacer la lista interminable, Luis Aleixandre publicará en abril “Mil ramos de flores no son suficientes” (Unaria Ediciones), novela donde se narra el viaje de un alcohólico a Valencia en su última fase de rehabilitación, para intentar recuperar a su mujer y su hija.   
No están todos ni todas, y pido perdón por ello, pero como se puede ver, si la literatura es una señal de vida, Castellón está más vivo que nunca.

domingo, 27 de enero de 2019

Confusión

Publicado en Levante de Castellón el 25 de enero de 2019
         “Confucio fue el que inventó la confusión”. Esta frase rotunda, pronunciada por una miss hace varios años, cuando los concursos de belleza empezaban a ser un examen de cultura general, parece que ha sido copiada en su literalidad por la clase política y el establishment  de poder en España.  Nuestros políticos se han hecho fervientes seguidores de aquella mujer, que posiblemente pasó uno de los peores momentos de su vida, no poniendo freno a su descaro a la hora de jugar a la confusión y el enredo con sus ideas y sus actos. Lejos de parecerse a Confucio, que predicó el buen gobierno y la buena conducta en la vida, son más fans, por sus comportamientos, de Lope de Vega y las comedias de enredo, que llenaron los corrales de comedia en el Siglo de Oro, con sus diálogos ingeniosos, situaciones enmarañadas  y finales inesperados.
                Sólo tenemos que echar un vistazo a los medios, para darnos cuenta que España se ha convertido en un gran vodevil, degeneración histriónica de las comedias de enredo, en donde nada de lo que se dice es cierto, todo lo que se hace es una incongruencia y siempre el final es el que nunca esperamos. Todo vale en nombre del cambio, nuevo eufemismo utilizado para conseguir llegar al poder, aunque eso signifique aparcar en la cuneta la ética y los principios.
                En ese juego de la confusión y las permanentes noticias falsas, la nueva política a la que muchos se están apuntando, nos regala cada día un disparate nuevo. Veamos por encima, lo que ha pasado en Andalucía, como aviso de navegantes de lo que puede pasar en otros lugares.
                El partido de la regeneración democrática, para fortalecer la democracia se alía con la extrema derecha, enemiga histórica de ésta, en nombre de un cambio, que si la providencia no lo remedia, va a suponer una involución en Andalucía. Esto es así. Que no traten de engañarnos con declaraciones pomposas de que ellos no tienen nada que ver con quienes han facilitado que estén en el gobierno andaluz. Ciudadanos, a la primera de cambio que ha tenido oportunidad de rascar poder, ha firmado un pacto tácito con la extrema derecha para estar en un gobierno. Blanco sobre negro.
                Que la derecha clásica española se alíe con la extrema derecha, como ha hecho la dirección del Partido Popular, no nos debe extrañar. A fin de  cuentas, una parte de su electorado ha sido tradicionalmente afín a los postulados fascistas. Pero lo que tiene gracia, es que su líder se presente como el adalid del cambio en España; como el que va a limpiar de corrupción el país. El hombre de la nueva y joven política, para afrontar esa misión regeneradora, sólo tiene como idea central rescatar las viejas esencias de su partido, desempolvando del cajón de la historia a los dirigentes que convirtieron este país en el Patio de  Monipodio. Eso es todo lo que puede ofrecer. Por ello, su objetivo es volver a fagocitar a la extrema derecha y si no, aliarse con ella sin complejos.
                En esa ceremonia de la confusión, a la que se aferran los líderes de los partidos, la excelsa campeona electoral, la que nos presentaron como la gran esperanza blanca del socialismo español, porque era una yegua ganadora, va y pierde las elecciones. ¡Vaya, qué fatalidad! Ahora tendrá que estar en la oposición, igual que lo está en su partido, tras su intento de  asalto al poder por la puerta de atrás. Porque ella no dimite, aunque las Trompetas de Jericó hagan caer los muros del socialismo patrio.  Sus camaradas socialistas la necesitan (no está tan claro que la necesiten los andaluces) más que nunca. Como si la culpa de su fracaso la tuvieran otros y no ella, que representa a una casta de dirigentes socialistas demasiado turbia, cada vez más alejada de los electores.
                He dejado para el final  a la izquierda de las izquierdas.  A los mesías del gran cambio que va a redimir a la humanidad de sus errores. A aquellos ungidos por la razón de la historia. Los he dejado para el final, porque estos no tienen que jugar a la confusión. Ellos mismos son la reencarnación de Confusio, no confundir con Confucio, y nunca se sabe si en el tiempo de escribir este artículo no se han hecho ya el harakiri, como aquel escuadrón de suicidio del Frente del Pueblo Judaico, que en la película “La vida de Brain”, se quitó la vida para dar ejemplo de su abnegación militante, al grito mortecino de “así…, así aprenderán estos romanos”.  

domingo, 20 de enero de 2019

El país del olvido


Publicado en Levante de Castellón el 11 de enero de 2019
La memoria de los humanos es más corta de lo que creemos y olvidamos con demasiada facilidad aquellos sucesos que marcaron nuestra sociedad y convirtieron la vida en un infierno. Así, los europeos parece que hemos olvidado el pasado de fascismo y totalitarismo que asoló el continente durante el siglo pasado. Y qué decir de los españoles, que preferimos abrazar otra vez discursos envueltos en banderas y misas a la virgen, en un retorno funesto a los años de la dictadura, que apoyar medidas dirigidas a mejorar nuestro estado de bienestar, por otro lado, bastante tocado por las políticas de aquellos que ahora se codean con el resurgido fascismo patrio, como si de un hijo pródigo se tratara.
                Suzzane Collins, la autora de “Los Juegos del Hambre”, en una ocasión dijo que “somos seres inconstantes y estúpidos con mala memoria y un don para la autodestrucción”. No hay frase más acertada para definir lo que está sucediendo en España, a tan solo cuarenta años de la muerte de uno de los dictadores más sangrientos habidos en el mundo durante el siglo XX. Quizá por eso, se ha tratado de ocultar la verdadera cara del franquismo, y quizá por eso, la derecha ha procurado taparla con un velo de demagogia, y la extrema derecha, directamente, niega la mayor de la brutalidad de la dictadura.
Porque parece que los españoles estamos llegando, una vez más, a ese puerto de estupidez y autodestrucción en el que tanto nos gusta regodearnos, como si encontráramos  nuestra identidad en el fango oscuro de la historia y no en la lucidez de la libertad, el bienestar y la confianza en nosotros mismos. Aunque todavía es pronto para extrapolar intenciones y hacer generalizaciones sobre lo que va a pasar en el futuro, el entusiasmo del poder en jalear a la extrema derecha, no nos hace barruntar nada bueno en los próximos meses, y quién sabe si años.
Así, de la misma manera que se inventaron el partido de Rivera para contrarrestar a Podemos cuando el poder se vio amenazado (en palabras del presidente del Banco de Sabadell en el Círculo de Empresarios en 2014: “El Podemos que tenemos nos asusta un poco, habrá que inventarse un Podemos de derechas”), el nacionalismo/catetismo catalán, también está asustando al poder, haciendo que se saquen de la manga un partido ultranacionalista español, con claras intenciones de vuelta al pasado, ese que parece hemos olvidado.
Olvidamos, porque nos resulta más fácil vivir en la desmemoria. Nos dejamos llevar, porque pensar exige un esfuerzo que no estamos dispuestos a realizar, en una sociedad en donde el dame pan y dime tonto, se ha convertido en una filosofía de vida. Por eso aceptamos la mentira como moneda de cambio en las relaciones sociales; la mentira como discurso edulcorado de hacer política. Y eso el poder lo sabe. Por ello los medios de comunicación se han llenado de noticias falsas, que la mediocridad de algunos, ni siquiera se molesta en contrastar; y qué decir de las redes sociales, convertidas en los grandes mentideros del siglo XXI.
Consentimos, entonces, que el olvido inunde nuestras mentes, porque así, con la ignorancia instalada en cada rincón de nuestra existencia, nunca tendremos mala conciencia de las cosas que suceden a nuestro alrededor y toleramos. Por eso vemos la irrupción de la extrema derecha como una cosa natural a la democracia, cuando esto es contra natura; y que la derecha tradicional se alíe con ella para alcanzar el poder, como algo normal, como si la derecha democrática y la extrema derecha no debieran actuar como el agua y el aceite. Porque deberían ser incompatibles, a no ser que en España, todavía, las derechas en su conjunto sigan bebiendo de la dictadura el néctar de su ideología, y eso las empareja.
En definitiva, olvidamos lo que queremos y lo que no queremos, porque es más fácil vivir en la desmemoria, que en el pleno conocimiento de nuestros actos y sus consecuencias. Olvidamos tanto, que puede llegar hasta dolernos en la vida  y en el amor: “Y cuanto de mi amor puedas, memoria, cuanto puedas, tráemelo de nuevo esta noche”, rogaba el poeta griego Kavafis, temeroso de que el olvido no tuviera vuelta atrás.

domingo, 13 de enero de 2019

El machismo bien vale una misa


Publicado en Levante de Castellón el 11 de enero de 2019
Empezamos por decir que los hombres somos víctimas de tanto feminismo, radical o no. Continuamos por creer que las mujeres son unas quejicas, que no aguantan nada. Seguimos culpando a las mujeres de utilizar los malos tratos como venganza contra los hombres. Y acabaremos borrando de los medios la violencia de género, que si no se sabe, parece que no existe y, además, resulta cansino todo el rato hablando de las mujeres, como si los hombres no existieran.
                Esa es la lógica del nuevo/viejo fascismo. Esa y la reivindicación del hombre, del macho, para ser más exactos, como el ser elegido por la divinidad para hacer de su capa un sayo. Una lógica que ha imperado a lo largo de la historia, en donde las mujeres han ocupado un papel subalterno, cuando no subsidiario del hombre. No hay frase más ilustrativa del machismo histórico, que aquella que decía: “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”. Y eso es lo que no pueden soportar los hombres que entienden el machismo como un valor de poder sobre la mujer y todo lo que nos rodea. Porque detrás del machismo que muchos están intentando volver a poner en alza, sólo existe la intención de dominio, de fuerza sobre el “hipotéticamente” más débil, y así, trasladar ese pensamiento de dominación al resto de la sociedad. El hombre domina a la mujer; el hombre domina la naturaleza; el hombre domina a otros hombres que considera inferiores.
                Dicen que el feminismo es cansino. No digo que algunas mujeres no lo sean, como siempre que se da voz a un exaltado. Pero es un  cansancio que debemos sufrir, aunque sólo sea para darnos cuenta de que las mujeres tienen razón en sus reivindicaciones de igualdad y seguridad. A fin de cuentas, a pesar de los discursos facciosos, las víctimas de la violencia y la desigualdad son ellas.
                ¿Y el machismo? ¿No es cansino? ¿No cansa tener que ser siempre el gallo del corral? ¿No es aburrido parecer que lo controlamos todo? ¿No es triste tener que ocultar nuestros sentimientos, para que no parezca que somos “nenazas”? Quizá, si los hombres hiciéramos una reflexión sobre este asunto, muchas cosas cambiaría, y los discursos del nuevo machismo conservador serían  una anécdota y no una categoría. Además, si abandonáramos ese concepto erróneo de masculinidad que tenemos, tan ridículo y destructivo, ¿nos hemos planteado si no seríamos más felices?
                Decía Betty Friedan, una mujer nada sospechosa de feminismos radicales, que ninguna mujer tiene un orgasmo abrillantando el suelo de la cocina. Sin embargo, durante décadas, eso es justo lo que nos ha hecho creer toda la propaganda machista, mostrándonos mujeres felices en el hogar, atendiendo a su marido y a sus hijos, como abnegada, pero contenta, madre y esposa. Justo lo que la propaganda nazi decía sobre la nueva mujer en Alemania, en donde no podían fumar o maquillarse, porque eso perjudicaba su tarea primordial de tener hijos. O como aconsejaba aquel famoso consultorio de Elena Francis, que destrozó la vida a tantas mujeres en España, con sus exhortaciones de sumisión y buena esposa alejada de los placeres mundanos. En un caso y otro, las vanidades femeninas, los gustos por el placer,  la libertad de sentirse persona, se asociaba a las mujeres de mala vida, que nada tenían que ver con esa fémina hecha para la procreación y el servicio a los hombres.
                Eso es, ni más ni menos, lo que está desempolvando la extrema derecha en España, con el debate manido y vergonzoso sobre la mujer y la violencia estructural que sufren todas, y la violencia particular que muchas de ellas padece. Pero que un partido de extrema derecha, heredero ideológico del franquismo y su cruzada nacional católica, diga las barbaridades que está diciendo, está dentro de lo previsible. Lo que no es de recibo es el papel que está jugando en este asunto la otra derecha, la supuestamente democrática y defensora de la igualdad, que es capaz de aliarse con el diablo si, cómo a Fausto, le garantiza el poder y la gloria. A no ser que piensen que Elena Francis daba buenos consejos a las mujeres, y no se atrevieran a confesarlo.
                París bien vale una misa, dijo el príncipe hugonote Enrique de Borbón, cuando la única alternativa que tenía para hacerse con el trono francés era convertirse al catolicismo.

martes, 8 de enero de 2019

2019. Democracia o nacionalismo


Publicado en Levante de Castellón el 4 de enero de 2019
Nos creíamos invulnerables. Protegidos de quienes hicieron de Europa hace décadas una geografía marcada por el odio y la destrucción de nosotros mismos. Pensábamos que estábamos vacunados contra el virus del fascismo, sólo porque el recuerdo del daño que hizo en el continente, nos había vuelto inmunes. El triunfo de la democracia después de la Segunda Guerra Mundial, hizo que los europeos nos pusiéramos a construir una sociedad menos violenta y más justa; asentada en la solidaridad y la paz, en la convivencia y el estado de bienestar. Y lo cierto, es que durante muchos años funcionó. Hicimos que  Europa occidental fuera un lugar donde sus ciudadanos estaban en el centro de las políticas, y la libertad y el reparto equitativo de la riqueza, eran las máximas de cualquier gobierno democrático. Un espacio, donde los conflictos se solucionaban mediante la negociación y el acuerdo.
                Sin embargo, todo se ha ido viniendo abajo desde que el neoliberalismo  más salvaje, el que pone la economía por encima de las personas; el que sólo piensa en acumular ganancias para el beneficio de unos pocos; ese liberalismo que se sustenta en el miedo de la gente a perder lo que tiene, por lo que nos atenaza y convierte en sociedades débiles, se ha ido imponiendo como una plaga bíblica por todo el continente, convirtiendo a los europeos en mercancías de usar y tirar, siempre en nombre de la optimización económica en manos de las grandes multinacionales; haciendo que los estados hayan perdido protagonismo en la regulación de las relaciones sociales y económicas. En definitiva, el neoliberalismo que todo lo controla, hasta nuestra voluntad de voto, ha sustituido la economía social de mercado que regía la Europa comunitaria, por la economía de mercado del sálvese quien pueda; de la libertad como principio inalienable de la sociedad y las personas que la forman, a la libertad manipulada por los medios de comunicación, que, curiosamente, están en manos de los grandes capitales europeos y mundiales.
                No nos ha de extrañar, entonces, que el nuevo/viejo fascismo esté irrumpiendo en diferentes países europeos, convirtiendo el pasado más reciente en papel mojado, con discursos muy parecidos a los que se escucharon en Europa durante la primera mitad del siglo XX y en España durante los cuarenta años de dictadura. Discursos basados en el nacionalismo xenófobo; en la vuelta a la religión como seña de identidad, tratando de ocultar que es en la laicidad de la sociedad, cuando los europeos más hemos avanzado en derechos, libertades y  bienestar. Discursos que niegan la igualdad de género y oportunidades y los avances en protección del medio ambiente.  Un fascismo, que siempre ha ido de la mano del capitalismo liberal (que no es lo mismo que el capitalismo social que ha pervivido en Europa durante varias décadas), cuando éste ha necesitado un brazo ejecutor, un poli malo, para anular las reivindicaciones y movimientos sociales que tratan de impedir su expansión desmedida. A ese capitalismo, el fascismo le viene como un guante para controlar a la ciudadanía, anestesiándola con nacionalismos impropios de una sociedad democrática.
                Por todo ello, los europeos, los españoles, nos jugamos mucho en este año 2019 que ahora empieza, plagado de elecciones que van a ser vitales para la supervivencia del proyecto de una Europa social, democrática y solidaria. El avance del fascismo se puede frenar en las urnas. No sólo dejando de votar a los partidos de extrema derecha, que están proliferando por todo el continente. También, castigando a aquellos, que como en España, en su ansia por conseguir el poder están dando alas y carta de legalidad al fascismo.
                Estamos a pocos meses de unas elecciones europeas, municipales y autonómicas, en las que el olvido no puede ser la moneda de cambio del ascenso del fascismo.  Está en juego la supervivencia de la democracia, un concepto que no tiene nada que ver con la xenofobia, el nacionalismo, la desigualdad y la injusticia. De nosotros depende que miremos al futuro con esperanza o que regresemos a un pasado de oscuridad y miedo.

Dos citas negras

Publicado en Levante de Castellón, con el título "Un mundo literario" el 15 de febrero de 2019 Cuando uno viaja a la comarca...