viernes, 22 de julio de 2016

Solidaridad con la República. L’Hospital Sueco-Noruec d’Alcoi

                                                                                                 Imágenes: Antonio Miró
Continuamos con el aniversario del golpe de estado que en el año 1936 puso en jaque a la República, metiendo a España en una guerra civil,  que tras la victoria de los golpistas, la sumió en una dictadura fascista, nacional católica, que duró cuarenta años, y aún hoy, todavía, permanecen secuelas de todo orden en la sociedad española.
                Coincidiendo en el tiempo de este aniversario, Comisiones Obreras ha inaugurado en Castellón una exposición que tiene que ver con la Guerra Civil y la ola de solidaridad internacional que se puso en marcha en medio mundo, que interpretó, acertadamente, que en España se estaba libando la primera gran batalla entre la democracia y el fascismo.
                Son muchos los actos de solidaridad que la República recibió durante el periodo de la guerra. Ahí estuvieron la Brigadas Internacionales, en las que miles de voluntarios de muy diversos países se alistaron, muchos de ellos perdiendo la vida, para defender la libertad que se había puesto en solfa en España, tras el golpe de Franco. Dentro de estas destacó la Brigada Lincoln, que llegó a convertirse en un importante cuerpo de ejército, con más de 2.500 soldados en varios de los frentes de guerra abiertos durante la contienda. La Brigada Lincoln, abrió un gran movimiento de solidaridad en Norteamérica con la República, que se tradujo en aportaciones económicas y la creación de los Comités de apoyo a la República y las Sociedades Hispánicas Confederadas de Ayuda a España,  hasta que el senador MacCarthy consideró que brigadistas y quienes les apoyaban eran simpatizantes comunistas, e inició una verdadera caza de “rojos” por todo el país.
     Ese espíritu de solidaridad internacional con los republicanos es el que recoge la exposición: “L’Hospital Sueco-Noruec d’Alcoi”, con una magnifica colección de obras del artista valenciano Antoní Miró. Una iniciativa que saca a la luz muchas de esas acciones solidarias que se pusieron en marcha en países aparentemente tan ajenos al nuestro en aquellos años, como eran los nórdicos, que fueron capaces de movilizar a miles de personas con aportaciones económicas, y  crear comités de apoyo en la gran mayoría de los municipios de suecos y noruegos.
                 L’Hospital Sueco-Noruec d’Alcoi, fue una iniciativa de Georg Branting, presidente del Comité de Ayuda Sueco, que tuvo la feliz idea de destinar una parte del dinero que se estaba recogiendo en su país a la creación de un hospital para atender a los soldados republicanos heridos en el frente. Para ello convenció a sus vecinos del Comité de Ayuda Noruego, y en la primavera de 1937, gracias al apoyo de la ministra de Sanidad española Federica Montseny, que donó la sede, aún por inaugurar, de la Escuela Industrial de Alcoy, se abrió el hospital con 100 camas.
                Esta gran iniciativa de solidaridad con la República, se puede leer perfectamente en la obra que Antoni Miró ha pintado para le exposición. Son cuadros con un fuerte sentido social e histórico, en donde el blanco y negro de las imágenes, que nos relatan el proceso de solidaridad de la ciudadanía nórdica y la puesta en marcha del hospital, como un todo unitario, se funde con gran belleza plástica con los colores de la bandera republicana.

                El conocimiento de aquellos acontecimientos tan tristes y luctuosos, tan necesario para que nos reconciliemos como país y como sociedad, tiene que venir también de la movilización de la sociedad y la cultura, mediante pequeños actos y/o eventos que nos den cuenta de lo que sucedió en aquellos años. Y esta exposición es una muestra muy acertada de CC.OO. con el apoyo de Ayuntamiento y la Diputación de Castellón, de cómo a través del arte también podemos llegar a saber que la solidaridad humana no tiene límites cuando se pone en marcha, como sucedió durante la Guerra Civil. 

lunes, 18 de julio de 2016

La pérdida de la viriginidad

                                                                                                    Foto: Autor desconocido
     Artículo publicado en el suplemento XXV Aniversario de Levante de Castellón
Hace cinco años escribía para el XX Aniversario de Levante de Castellón.  Hacía un retrato de los cambios que la ciudad/capital había tenido en esas últimas dos décadas, desde la mirada de alguien que llegó a Castellón cuando la ciudad empezaba a despertar de su sueño provinciano y ha evolucionado con ella. Ahora la pregunta que me haría es ¿Qué ha pasado en estos últimos cinco años? Cinco años, comparados con veinte son pocos, por lo que hacer una reflexión sobre lo sucedido pudiera parecer fácil. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, porque en este lustro, Castellón ha perdido la virginidad, y ya saben ustedes, eso marca. Además lo ha hecho de forma dolorosa, que es como si te quedara un trauma de por vida. Cuando alguien pierde la virtud entregado a una pasión amorosa correspondida, o a una pasión loca cargada de sexualidad, el recuerdo será siempre un mariposeo en el epigastrio, que nos hará sentirnos bien. Pero cuando uno pierde la honra en un callejón oscuro y maloliente, así de golpe, sin pretenderlo, la memoria de aquello siempre será traumática y nos dejará un regusto amargo difícil de quitar.
                Algo así le ha pasado a Castellón en esto últimos cinco años. Hemos pasado de la placidez de una vida sin sobresaltos, a no parar de dar botes en el sillón. El baño de realidad ha sido tan grande que un poso de desconfianza se ha instalado entre nosotros, haciéndonos más descreídos y taciturnos.
                Hace unos años, cuando teníamos unos niveles de paro que provocaban la envidia del resto del país y nuestros políticos anunciaban grandes proyectos que iban a convertir la provincia en un gran parque temático para el ocio y la diversión, la vida nos parecía de color de rosa, y muy pocos se percataron que estábamos construyendo un ídolo con pies de barro; un tótem al que adorar, que se había levantado sobre una burbuja de prosperidad, que podía explotar de un momento a otro. Íbamos a tener pistas artificiales de esquí, selvas tropicales, campos de golf, casinos que traerían al puerto de Castellón yates de lujo, para que sus dueños millonarios de la jet set se gastaran los dineros sin miramientos. Nos anunciaron ciudades para todo: de la magia, de las lenguas…;  cruceros que arribarían al puerto como grandes naves interoceánicas cargadas de cofres de plata y oro; y hasta un aeropuerto. El acabose: un aeropuerto en Castellón, que nos conectara con el mundo, sin tener que pasar por Valencia, un derroche de lujo e independencia. Sin embargo, como dicen el refrán: todo ha acabado en aguas de borrajas.  
                Sancho Panza decía que “aventuras y desventuras nunca comienzan por poco”. Y aquí se ha hecho todo a lo grande. Nos dijeron que íbamos a vivir en el Jardín de las Hespérides, rodeados de felicidad y manzanas de oro, y hemos acabado dando vueltas al Parque Ribalta, con una mano delante y otra detrás, intentado comprender que ha pasado, por qué ahora somos una de las provincias con más desempleo, y el riesgo de pobreza se sitúa entre el 20% y el 30%, dependiendo de la localidad de la provincia en que nos fijemos. Miramos a nuestro alrededor y no vemos, ni parques temáticos, ni cruceros, ni pistas de esquí, ni nada de lo que prometieron. Sólo queda un aeropuerto, en el que ya hemos perdido la cuenta de lo que llevamos gastado, pero que ha conseguido en estos últimos cinco años que Castellón fuera el hazmerreír del país. Aunque algo positivo hemos sacado de ello, ya saben: lo importante es que hablen de uno aunque sea mal, o como decía Oscar Wilde: “Hay solamente un cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que  no hablen de ti”. No quería el director comercial de AirBerlin que Castellón estuviera en el mapa, pues ya lo tiene, ahora sólo falta que todo el atractivo y potencial turístico y cultural que tiene la provincia se ponga en valor y haga rentable al aeropuerto
                Muchos castellonenses han podido comprobar que lo más parecido al infierno que hay en la tierra es entrar en el lado oscuro de la realidad. Ese que tratan de ocultarnos, porque estéticamente no es atractivo. Pero ahí están, en cifras que nos asustarían hace unos años. Personas de carne y hueso, que están pagando el derroche que se ha hecho, mientras todos, la sociedad en su conjunto, mirábamos para otro lado. Políticos y no políticos hemos consentido que unos cuantos facinerosos hayan estropeado el sueño de vivir en una tierra de promisión. Decía Sancho, siempre volvemos a la sabiduría de Cervantes, puesta en boca de Sancho Panza: “El bien que viniere, para todos sea, y el mal para quien lo fuere a buscar”. Pero aquí, en Castellón, no parece que haya sido así. Las 50.000 personas, que según la última EPA, siguen en paro en Castellón; las más de 120.000 que están en riego de pobreza; las más de 60.000, según Cáritas, que están en pobreza severa, son los que están pagando los platos rotos de una fiesta a la que no fueron invitados.
                Es cierto, que no solo en Castellón, eso que han llamado crisis, pero que no es otra cosa más que expolio, ha azotado como una plaga bíblica a sus habitantes. Lo único que aquí la caída ha sido desde más altura, como si una mano negra nos hubiera arrojado por un abismo, justo cuando la ciudad, cuando la provincia, más bullían de vida y todo, durante unos años, se ha tornado de color gris.
                Sin embargo, la vida se abre camino, y esas calles desangeladas en los fines de semana, esa figuras desdibujadas que circulaban por donde antes había algarabía, esa tristeza generaliza que se respiraba en cada rincón, por el miedo, la ansiedad y el futuro incierto, van quedando atrás. No porque estemos mejor, y se haya vuelto a los niveles de empleo de hace unos años, y los universitarios puedan estudiar sin el agobio del precio de las matriculas, o los trabajadores tengan sueldos y condiciones laborales dignas. No porque haya desaparecido la desigualdad, la exclusión, la marginación y una sociedad que está destruyendo los puentes entre las clases sociales. No. La vida se abre camino, porque los ciudadanos de Castellón no queremos vivir encerrados en una caverna, al igual que los personajes de la obra de Platón, viendo pasar la realidad sin participar de ella. Porque tenemos mucho sol, mucha playa, muchas montañas, muy buena comida y un gran legado cultural. La vida se abre paso porque queremos disfrutar, pero también porque estamos aprendido una lección, la de que nadie tiene que guiar nuestro destino, y somos nosotros los que tenemos que marcar las reglas del juego.
                Pero ya no somos los mismos. Hemos perdido la virginidad, y eso, después del dolor inicial nos ha hecho más fuertes. Claro que en estos cinco últimos años han cambiado muchas cosas, pero no podemos volver a caer en los  mismos errores: “Hacer bien á villanos es echar agua en el mar”. Otra vez Sancho Panza. Lo peor que podemos hacer es asumir la desigualdad, que es como bendecir la pobreza, como un estado normal de las cosas, porque entonces el deshonor que nos produjo la pérdida de la virginidad de una forma abrupta, se habrá instalado en nuestros corazones.

                Felicidades a Levante de Castellón por llevar 25 años contándonos lo que pasa en la provincia.

viernes, 15 de julio de 2016

18 de julio. 80 años después

Publicado en Levante de Castellón el 15 de julio de 2016
En unos días se cumple el 80 aniversario del golpe de Estado que metió a España en una brutal guerra civil de consecuencias, en ese momento, desconocidas, y hoy todavía pendientes de esclarecer. No porque no se hayan escrito abundantemente sobre el tema todo tipo de artículos, ensayos, tesis doctorales, novelas, obras de teatro, etc.; ni el cine haya dejado de rodar películas, algunas de ellas estupendas. Sin embargo, el tema a algunos les parece recurrente y cansino, quizá porque la Guerra Civil, al igual que otros momentos de nuestro pasado, más allá del formato de serial televisión, del tipo: “Cuéntame” o “Amar en tiempos revueltos”, les importa bien poco.
Que está insuficientemente estudiada, no es esta una apreciación personal, es que todavía quedan muchos flecos, por no decir, cortinas enteras por analizar y conocer.  El velo de silencio que durante décadas se impuso sobre la sociedad española por el franquismo, que trataba de legitimar su ilegalidad como régimen político, ocultando el vergonzoso golpe de Estado del 18 de julio de 1936, tras la parafernalia triunfalista de ser los vencedores de una guerra que acabó, según ellos, con la amenaza del comunismo (aquí cabían todos: comunistas, anarquistas, socialistas, liberales, monárquicos antifranquistas, demócrata cristianos y republicanos a derecha e izquierda que nunca se doblegaron a la ilegalidad de ese régimen), y la masonería (nunca he sabido por qué los masones no entraban en el amplio bloque de los comunistas, aunque algo se puede intuir), no colaboró, más bien al contrario, a conocer por qué se produjo la barbarie de una guerra que enfrentó a padres con hijos,  hermanos contra hermanos, vecinos contra vecinos y amigos contra amigos.
Pero también, la Guerra Civil es una absoluta desconocida para las nuevas generaciones, porque en La Transición hubo una intención deliberada de esconderla bajo algún pliegue de la Historia, oficialmente para que no interfiriera en el discurso de  la política de reconciliación nacional, que se vertebró en la época.  Aunque, modestamente, he de decir que siempre he pensado que fue una imposición de la derecha franquista en las negociaciones predemocráticas, para que no saliera a la luz lo que ellos quisieran ocultar. Un acuerdo que no fue trivial, pues ha tenido como consecuencia, no sólo que queda mucho por estudiar, sino que las nuevas generaciones tengan un programa curricular en donde la Guerra Civil es una anécdota,  a la que nunca se llega por falta de tiempo.
Este déficit de conocimiento ha conducido a que el debate sobre aquellos acontecimientos siga estando, en muchas ocasiones, excesivamente ideologizado, y ya saben ustedes que cuando una discusión se lleva a cabo entre posiciones fuertemente polarizadas por trincheras ideológicas, es difícil que llegue a alguna conclusión. Y además, desde sectores extremos, se utilizará como arma arrojadiza contra el que piensa diferente, impidiendo que los temas más delicados se puedan abordar con perspectiva histórica y reparación de los damnificados, sin dedos acusadores, que debe ser una obligación moral de toda democracia que se digne de serlo.

Por eso, es de agradecer la iniciativa de la Diputación de Castellón de organizar un ciclo para debatir y, espero que aprender, sobre: “La Guerra Civil Española. Ochenta años más tarde”, título del ciclo, que es una acierto y espero que sepamos aprovecharlo. El conocimiento del pasado tiene que servir para no repetir los mismos errores, sino es así, no habremos aprendido nada de la historia, claro que esto no nos debe extrañar, si la historia no se enseña en las escuelas, ni se estudia con profundidad.

viernes, 8 de julio de 2016

La falsedad tiene alas

                                                                                                Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 8 de julio de 2016
El miércoles pasado he tenido el honor de exponer una ponencia en el marco de Curso de Verano organizado por la UJI y el MACVAC: “Los vapores del vino. El vino en la fiesta y la creación artística y literaria”.  El título de mi ponencia ha sido: “Los vapores del vino en la literatura del Siglo de Oro”, donde he tratado de exponer la importancia que tenía el vino en España, entendamos esta como concepto territorial, en ningún caso jurídico, durante los siglos XVI y XVII, tiempo en el que la cultura española atravesaba fronteras, en una Europa mucho más abierta y permeable de lo que hoy podemos creer.
                Trasegar durante meses tantas páginas dedicadas al vino y su importancia en aquellos siglos, me ha descubierto un mundo de certezas e incertidumbres similar al actual, a pesar de que no era para nada monolítica en el pensamiento y los comportamientos, en contra de lo que podamos pensar de una sociedad fuertemente polarizada por las luchas de religión que azotaban el continente y la incipiente conversión de una estructura de poder feudal en territorios nacionales dominados por monarcas absolutos. Al igual que pasaba con el vino, que gozaba de una gran cantidad de variedades, todas ellas vinculadas a un territorio (vidueños era el nombre que se daba a una superficie de viñedo plantada toda ella con una sola variedad, que daba al vino un sabor propio y distinguible para cualquier mojón que se preciase, como se jactaba Sancho Panza de serlo), la sociedad de la época gozaba de un amplio abanico de ideas que pugnaban por darse a conocer, a pesar de la Inquisición en  España y otras “inquisiciones” que en algunos lugares de Europa se dedicaba a perseguir a los que se apartaban de la doctrina oficial. Quevedo escribió: “Príncipes… temed al que  no tiene otra cosa que hacer sino imaginar y escribir”, lo que nos puede dar una idea de que la pluralidad del pensamiento nunca ha estado doblegada al poder, y es en los intelectuales, filósofos, científicos, escritores, poetas y pensadores, donde siempre ha estado el candil que ha iluminado el progreso de nuestra sociedad, probablemente también de las otras, más lejanas también.
                Si los esfuerzos para silenciar la voz disidente del pensamiento oficial en aquellos tiempos no fueron pocos y contundentes –muchos escritores sufrieron cárcel, exilio, persecución, destierro y humillación pública- hoy no estamos muy alejados de ellos. Aunque, todo  hay que decirlo, los métodos se han refinado bastante y el desarrollo de la democracia ha abierto grandes espacios de expresión para el pensamiento. Sin embargo, en los últimos tiempos, la banalización de la sociedad, desplazados como ciudadanos a la categoría de consumidores, la clase dominante está cegando nuestras entendederas con una celosía urdida con engaños y falsos testimonios, que no prohíbe el pensamiento ajeno al del poder, pero lo relega a la nada, envolviéndolo en una gran bolsa de vacío y silencio, y cuando esto no sirve, de engaños y ataques prefabricados en los relucientes despachos de la clase dominante. Ejemplos que delatan la manipulación a la que estamos siendo sometidos últimamente los europeos, abundan.

                La sociedad ya no tiene certezas ni dudas, pues sólo le llegan noticias del pensamiento oficial, embardunadas en grandes mentiras,  y como escribió Cervantes: “La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde”. Así era en su época y así sigue siendo en la nuestra.

sábado, 2 de julio de 2016

Un pan con dos hostias

                                                                                                 Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 1 de juliode 2016
“Un pan con dos hostias”. Eso es el resultado que ha conseguido la izquierda después de seis meses y dos elecciones generales por medio. La sensación que le queda a uno es haber asistido al juego de intereses electorales más imbécil desde que se instauró la democracia. Pues haber tenido la posibilidad de formar un gobierno de izquierdas y tirarla por la borda por la miopía de la que han hecho gala unos dirigentes políticos que deberían dejar paso a otros con más capacidad de entender que cuando un tren pasa por la estación, si no se coge, ya no volverá nunca. Y, como Penélope, te puedes pasar la vida esperando a que llegue tú oportunidad de montarte en él.
                Ahora vienen las lamentaciones, los golpes de pecho. Unidos Podemos ha sido un fiasco incapaz de rentabilizar una coalición que despertó mucha expectación entre el electorado de izquierda. Sin embargo, la salvaje campaña de desprestigio y difamación llevada a cabo contra ellos y sus líderes por todos los Partidos y medios de comunicación ha tenido su efecto. Aunque no ha sido este el único factor que explica los malos resultados de la coalición: esas declaraciones de comunismo trasnochado, que han partido de algunos sectores de Izquierda Unida; el mesianismo de Podemos, que a veces parece que ha venido a salvar el planeta de las fuerzas oscuras de la política; y el poco interés que han mostrado algunos sectores de ambas organizaciones por la coalición electoral, han hecho que el precio a pagar por haber tonteado tanto a la hora de sentarse a negociar un acuerdo de izquierdas, que hubiese impedido estas nuevas elecciones, ha pesado como una losa en los resultados de la coalición, hasta el punto de haber perdido un millón de votos.  Cifra nada despreciable. Pero aún estos han reconocido su fracaso, a falta de una autocrítica reflexiva y serena que explique porque hemos llegado a esta situación. Aunque no puedo quitarme de encima una sospecha que tiene su epicentro en las cavernas del Ministerio del Interior.
                Lo que no sé cómo calificar es lo del PSOE. Vuelve a salir Pedro Sánchez la noche electoral feliz por el resultado, acompañado de una dirección que más parece puesta por sus enemigos internos a ver si se le dan ya el golpe definitivo y el sorpasso no viene de Podemos, sino del sur. Que habiendo perdido cinco diputados, sin entrar en más detalles,  nos presenten el resultado del 26-J como un triunfo, dice mucho de la baja categoría de sus líderes. Claro que si interpretamos que el PSOE jugaba en otra liga, que no era la de ganar las elecciones, sino quedar por encima de Podemos, hay que felicitarles. Misión cumplida, aun a costa de que volvamos a tener un gobierno del PP. Siguen en caída libre y son incapaces de reconocer su fracaso elección tras elección. Pero ellos han ganado, el enemigo a batir no era la derecha, con parte de esta ya pactaron un gobierno, sino todo lo que se movía a su izquierda. Porque lo que a Pedro Sánchez y a su equipo les preocupa es ser el Partido hegemónico de la izquierda, así lo han declarado triunfantes. Que los españoles salgamos del agujero en el que nos han metido las políticas neoliberales, es secundario. Sánchez y su equipo han salvado el culo ante quienes vienen cuestionándoles dentro de su Partido. Y eso es lo que vale.

                Rajoy, el hombre del laissez faire, laissez passer, se estará fumando un puro. La apuesta del PSOE por Ciudadanos le ha brindado unas nuevas elecciones en las que ha dado un golpe de muerte a un posible gobierno de izquierdas, y de paso ha reducido al Partido de Rivera, a mera comparsa de sus intereses. 

Apuntes para un aniversario. Salario y riqueza

Publicado en Levante de Castellón el 3 de noviembre de 2018 Uno de los fundamentos en el que se sostiene una democracia, es el repart...