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Fragmento de mi ensayo La Brecha en el Día Internacional de la Pobreza 2016

                                            Fotos portada: José Luis Cuesta
Juanito tiene siete años. Cuando vuelve del colegio se entretiene jugando con el único muñeco que tiene. Los reyes se lo trajeron las últimas Navidades, bueno, más bien tuvo que ir él a recogerlo, pues los Magos de Oriente habían dejado los juguetes en el centro de la Cruz Roja. Él no sabe qué es ese sitio, pero su madre de vez en cuando le trae algo de ropa que dice comprar allí. Su madre no quiere que Juanito pierda tan pronto la inocencia dándose cuenta de que la pobreza se ha instalado en su familia como un miembro más al que hay que alimentar y cuidar. Por eso Juanito vive en su mundo, entre las planchas de metal y trapos viejos que ahora son su hogar, debajo del puente que hay cercano al parque de Gulliver en Valencia, que sus padres se afanan en mantener pulcro y lo más habitable posible. Tiene una suerte enorme de poder estar mucho tiempo jugando en la calle con los niños que van al parque por las tardes después del colegio, hasta que se van a sus casas y él sigue subiendo y bajando por el vientre del gigante, esperando que su madre le vaya a buscar para hacer los deberes. Ahora ya sabe que no puede decir a los otros chicos dónde vive, porque se ríen de él, y eso no le gusta, le pone triste, porque él adora su nueva casa, que ha construido su padre, con su ayuda, de lo que se siente muy orgulloso. Cuando está triste sólo desea que llegue el momento de acostarse, para esconderse bajo las sábanas y cerrar los ojos con el runrún de una vieja radio de pilas que su padre trajo un día, Es un truco que ha aprendido solo, cierra los ojos y todo lo que hay alrededor se desvanece, como si sólo él existiera en el universo, ante un mundo nuevo que va apareciendo en la oscuridad, llenando de luz y color los últimos resquicios de su pena, de esa pena que le provocan sus amigos cuando se ríen de su casa. Juanito se pierde en aventuras fantásticas que le llevan por lugares inimaginables, a países donde los niños son felices y tienen habitaciones llenas de juguetes. Donde no hay colegio y nunca hace frío. Así Juanito pasa el tiempo hasta que se duerme cansado de tanto viajar. Pero esa noche la aventura aparecerá antes de acostarse, y sentirá que va navegando en un barco de velas gigantescas que se enfrenta a mares de olas asesinas, en busca de un gran monstruo marino de dos cabezas que tiene aterrorizados a todos los marineros que surcan aquellas aguas. ¡Su padre ha traído hamburguesas! No sabe cómo lo hace, pero de vez en cuando su padre llega a casa con alguna sorpresa de estas, y hoy ha traído una caja de hamburguesas,
con regalo y todo. Esa noche Juanito no ha necesitado cerrar los ojos debajo de la manta para volar a mundos fantásticos. La felicidad estaba en su casa, y cuando vio que a sus padres se les saltaban las lágrimas por verle tan feliz, se abrazó a ellos y les dijo que les quería.

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