Ir al contenido principal

Médicos, Taxistas, Escritores

               
                        Imagen: Ediciones Publiberia

 He tenido el honor de conocer a Slavko Zupcic en las varias horas que pasamos en la librería Argot charlando, el Día del Libro de este año. Lo primero que me llamó la atención es el contraste de su nombre con el acento venezolano de su titular y el desparpajo y precisión lingüística que tienen muchos castellano parlantes del otro lado del charco.
                Slavko Supcic, nació en Valencia, Venezuela en 1970, trabaja y vive en España desde hace años y es un hombre con dos pasiones: su profesión de médico psiquiatra y la literatura, algo que se deja entrever, con gran facilidad, a lo largo de su amena conversación, que por arte de una magia especial, no decae nunca. Pasiones que no están ausentes de su último libro publicado: “Médicos, Táxistas, Escritores” (Ediciones Publiberia 2011) en el que a lo largo de varios cuentos vamos descubriendo un mundo a caballo entre la mente humana y su reacciones ante los acontecimientos que se cruzan en su camino, y un mundo onírico, casi de realismo mágico, que nos habla de la manera que tienen nuestros hermanos caribeños de vivir la vida e interpretar el mundo.
                “Médicos, Táxistas, Escritores” recoge esa tradición tan magistralmente contada por García Márquez que nos relata la realidad desde un prisma mágico, a través de varios cuentos, algunos de ellos sencillamente magistrales, desde los que podemos descubrir que el mundo no tiene una mirada unívoca, sino una cantidad enorme formas de verlo y vivirlo, que tienen que ver con aquellos lugares desde donde se mira, en los que la tradición cultural y las costumbres ejercen una influencia de gran calado. Pero también, Slavko, nos enseña que todos tenemos una cierta bipolaridad que nos hace interpretar las cosas en unos momentos de una manera y en otra de forma distinta.
                Aunque las historias que nos narra en sus cuentos, no se ciñen a la geografía caribeña, van más allá y se desparraman por otras geografías menos calientes y más cartesianas, como son las europeas. Porque en “Médicos, Taxistas, Escritores”, no importe desde donde se mira, sino cómo se mira, Y esa es su magia. La que te envuelve desde el primer cuento y no te abandona hasta el último.

                Merece mucho la pena leer este libro breve y dejarse sumergir en la profundidad de un mundo que cada vez no resulta más ajeno, por la vida enfriada y economicista que nos están obligando a vivir.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Castellòn, la muerte del cine

                                                                                              Foto: Kusonoki Masashige Publicado en Levante de Castellón el 21 de abril de 2017 Hace unos años, no tantos, podías quedar una tarde en Castellón con los amigos, picar alguna cosa o tomarte un café e ir a ver una película de cine, tranquilamente, dando un paseo. Era muy fácil, pues en la ciudad había varias salas que te permitían acercarte a uno u otra sin necesidad de coger el coche, en función de la película que quisieras ver. En realidad, ir al cine era un acto social, una quedada con los amigos, un encuentro con la cultura o una actividad onanística, culturalmente hablando, si uno iba solo.                 Las salas de cine humanizaban la ciudad, porque eran lugar de encuentro de mucha gente que iba con un objetivo común: ver una película, sin interferencias consumistas. Gente que encontraba un momento de tranquilidad en el acto de acercarse a la sala, sentarse en la butaca y disfrutar o no …

Diario esférico 23.11.2016

No voy a entrar en la trayectoria política de Rita Barberá, ni en sus cuitas con la justicia; de eso no es ahora el momento de hablar. Tiempo habrá. Hoy es el día de las condolecías a familiares, amigos y compañeros, y las muestras de pesar por la muerte de una persona pública con sólo 68 años. Nadie debe morirse tan joven. Pero no me gustan los minutos de silencio impostados. Los que se hacen para quedar bien ante la galería, o para tapar miserias propias y ajenas. Y sobre todo, cuando están fuera de lugar. Por eso no entiendo el minuto de silencio de hoy en el Congreso  de los Diputados. Puedo entenderlo en el Senado, Rita Barberá era senadora, y que sus compañeros institucionales le rindan un pequeño homenaje por su inesperada muerte, es comprensible. Que el Ayuntamiento de Valencia dicte tres días de luto, lo veo razonable por tratarse de una exalcaldesa, que recientemente abandonó el cargo después de veinticuatro años. ¿Pero que guarde un minuto de silencio el Congreso? ¿Cuál es e…

Cuando la ciencia se hizo ficción

Artículo publicado en la revista Octubre, de la Universidad Jaume I de Castellón, en octubre de 2015