Diario esférico. 21 de septiembre de 2016

Querido Pablo Iglesias: Los políticos que tratan de dar miedo me asustan, no puedo evitarlo, quizá porque ya viví una época en la que los políticos se dedicaban a atemorizarnos y cuando esto no servía a encarcelar a la gente. Ya sé que usted sólo pretende a aparecer como el hombre del saco de los poderosos y ricachones que se dedican a amargarnos la vida, pero eso no me tranquiliza, sobre todo, porque la tentación de atemorizar produce una extraña sensación de poder, que acaba siendo difícil de controlar. Se empieza atemorizando a los de arriba y se acaba metiendo el miedo en el cuerpo a todo aquel que puede ser sospechoso de no pertenecer a los de abajo. Siempre ha sido así: la pulsión del poder acaba por convertir en enemigo a todo aquel que puede amenazar el estatus y los intereses de uno.

Por eso prefiero a quien convence sobre quien asusta, aun sabiendo que es imposible que todo el mundo acabe comulgando con las tesis de uno. Es lo que tiene la democracia. Incluso esta que es imperfecta y de baja calidad democrática. Si usted quiere ganar elecciones, mejor no asustar –quien mete miedo al padre acaba atemorizando al hijo- y conseguir una holgada mayoría social que le apoye. Pueden usted y su Partido hacerlo, si son conscientes de que una cosa es protestar en la calle y otra depositar la papeleta de voto en una urna. Es lo que tiene la política, que nadie que se dedique a ella puede pretender permanece inmaculado, a no ser que prefiera asustar a gobernar.

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