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domingo, 3 de noviembre de 2024

El pueblo no salva al pueblo



Me cuesta creer que lo sucedido esta mañana en Paiporta, sea sólo producto de la desesperación de sus habitantes, porque la respuesta a las consecuencias de la DANA del martes no ha tenido la celeridad que les hubiera gustado, aun siendo cierto que cuando un grave problema nos afecta, cada minuto que pasa sin que se solucione parece una eternidad. Siempre he creído en el sentido común de las personas, por eso no puedo pensar, que el sentir mayoritario de los vecinos de las localidades afectadas por la mayor catástrofe natural que hemos vivido en España, sea atentar violentamente contra las autoridades, cuando estas van a mostrar su solidaridad con su desgracia.

A lo largo de nuestra vida hemos sido testigos de muchos acontecimientos que han llevado a poblaciones al límite de su resiliencia, por dramáticas o destructivas que hayan sido, pero nunca, hemos visto que esa desesperación se manifestara de forma tan violenta contra quienes son las autoridades del Estado que está poniendo remedio a su situación. Incluso habiendo habido errores, y en este caso los ha habido, y alguno de ellos bastante gordo, como no haber alertado a tiempo a la población del peligro que se cernía sobre sus vidas.

La agresividad que hemos visto hoy contra el rey, el presidente del gobierno y el presidente de la Generalitat Valenciana, excede, con mucho, el legítimo derecho a la protesta, por muy justa que esta sea. Atacar con palos, barro, barras de hierro, piedras e insultos que sobrepasan las mínimas reglas de la educación, la decencia democrática y el decoro ciudadano, no es producto de un enfado, sino, más bien, de una situación de polarización política, de la que algún alto dirigente debería empezar a avergonzarse, que está siendo aprovechada por ese populismo de extrema derecha, que sólo busca el enfrentamiento político, como arma para hacerse un hueco en la sociedad.

Las imágenes que hemos visto en televisión, cargadas de una agresividad impropia de un país democrático, solamente pueden apuntar en una dirección: la de grupos organizados de extrema derecha, con la intención de encender una mecha de insatisfacción y llegar al despropósito que hemos visto hoy. Extrema derecha que viene azuzando, desde hace tiempo, cualquier descontento popular, no contra el gobierno -este sólo es un chivo expiatorio en su propósito-, sino contra el propio sistema democrático del país. Afortunadamente, sus métodos son conocidos, a poco que rasquemos en la historia.

¿Qué habría sucedido si una de esas piedras hubieran impactado, letalmente, en el rey, la reina o alguno de los presidentes de España y Valencia que les acompañaban? ¿Alguien se imagina el escenario político que se habría abierto? Posiblemente no. Ni ellos ni los medios que no han tardado en seguir echando leña al fuego de la intolerancia antidemocrática ni los políticos que, más allá de remangarse y ponerse a trabajar, se apuntan a la división y al “yo acuso”, sin más razones que su supervivencia política. No todo vale, y lo de hoy en Paiporta ha superado todos los límites que una sociedad democrática puede soportar, haciéndonos ver, en directo, que la democracia en España está en peligro.

¿Realmente el Estado ha hecho dejación de sus obligaciones tras la DANA? Cierto que la gestión de las autoridades autonómicas es manifiestamente mejorable, y tendrán que responder por sus errores, siguiendo los cauces democráticos, no en linchamientos populares. Cierto que el gobierno de España, quizá por un celo excesivo a las normas constitucionales de respeto al sistema autonómico y sus competencias, ha podido ser un poco timorato y podría haber llegado más lejos en su intervención. Pero lo que no es cierto, de ninguna manera, es que hayan hecho dejación de sus funciones tras el desastre material y humano del martes. Si no, quién ha mandado estos días a los servicios de emergencia; quién ha enviado a la UME, al ejército, a los bomberos, a la policía, a protección civil, o quién ha implementado las medidas fiscales, económicas y políticas que se están anunciando estos días. Quiénes llevan días tratando de poner orden en un caos de proporciones bíblicas, a pesar de los errores que se puedan estar produciendo, ante el tamaño de la catástrofe y todos los puntos en los que hay que intervenir: localidades devastadas, comunicaciones, infraestructuras, búsqueda de cuerpos, atención a las víctimas, organización de voluntarios, etc., etc., etc.

Este país está sobrepasado de polarización política, por la incapacidad de algunos dirigentes de asumir las reglas democráticas; por unos medios de comunicación echados al monte de la desestabilización del gobierno, sin darse cuenta de que lo que están desestabilizando es el propio sistema constitucional; por una judicatura que ha perdido, hace mucho, la independencia y el buen juicio que se le supone debe tener; y por una extrema derecha que atiza la confrontación, porque están instalados en la mentira, el bulo y la infamia del “cuanto peor mejor”. Una lacra que lo ensucia todo, a pesar de los intentos que gobierno central y autonómico están haciendo por colaborar, más allá de sus posiciones ideológicas, ante esta desgracia.

Por último, la gravísima situación provocada por la DANA de esta semana, sólo se puede solucionar con más Estado y servicios públicos, y menos ocurrencias populistas del tipo “al pueblo sólo lo salva el pueblo”. Les recuerdo que el resultado histórico del pueblo salva al pueblo, siempre ha desembocado en una dictadura, el apellido se lo ponen ustedes, y seguro que aciertan. Y les aseguro, que si esto hubiera sucedido en el contexto de una dictadura, muchos iban a estar demasiado tiempo a pan y cebolla.                    


jueves, 31 de octubre de 2024

La DANA nos ha puesto ante el espejo de nuestra inoperancia

 


Me resulta muy difícil escribir sobre una catástrofe de dimensiones tan grandes como la DANA que ha azotado la provincia de Valencia estos días. De tal magnitud, que los 200 lm2 que han caído hoy en algunas zonas de Castellón, se han quedado en la irrelevancia. Es difícil porque, más allá de la cercanía del territorio, que siempre le hace a uno empatizar más, hablar sin perder la mesura en busca de culpables, se torna en un ejercicio de contención, por esa cultura punitiva que tenemos gran parte de los humanos, que nos obliga a buscar, siempre, a quién cargar con el pecado.

Es evidente que se han cometido errores por parte de algunos dirigentes, pero si tienen que dar cuenta de ellos, ya llegará el momento. Cada cosa tiene su tiempo y ahora lo que toca es trabajar para aliviar la pesadumbre de tantas víctimas, enterrar a los muertos y reconstruir la destrucción material que ha provocado la DANA. No es momento de lanzar dardos por el retraso en el aviso, ni por qué se disolvió la Unidad Valenciana de Emergencias. La vida tiene estas ironías, lo que ayer era una ocurrencia (esto mismo dijeron algunos cuando se creo la UME), hoy habría sido más necesaria que nunca. Tiempo habrá para la crítica y las justificaciones. Pero lo que sí me gustaría que alguien explicara es a qué ha venido a Valencia Núñez Feijoo, porque la sensación que ha dado, no es que haya venido a interesarse por las víctimas, sino más bien para hacerse una foto, dar un mitin contra el gobierno de España (está enfadado porque nadie le avisa) y darse un abrazo, palmadas en la espalda incluidos, con el presidente de la Generalitat, que parecía un abrazo de esos que se dan de compromiso cuando te encuentras un conocido en la calle y no te ha dado tiempo a cruzar a la otra acera. Tanto es así, que se ha visto más empático al presidente Mazón con el Presidente del Gobierno que con el de su Partido.      

Una catástrofe con las dimensiones de esta DANA, que nos puede dar una idea de cómo debió ser el diluvio universal, si es que lo hubo, debería hacernos recapacitar sobre lo insignificantes que somos ante la naturaleza. Pensamos que podemos domeñarla, que podemos doblegarla según nos interesa, y de vez en cuando nos recuerda que somos una especie insignificante para ella. Quizá deberíamos empezar a tomarnos en serio el cambio climático y no tratarlo como a un cuñado molesto, que toda la familia critica. Y cuando digo deberíamos me estoy refiriendo a todos y todas: a los gobiernos, que hablan mucho y dicen poco, y siguen plegados a la industria de los combustibles fósiles; a las instituciones internacionales, que actúan como convidados de piedra en el concierto internacional; a los grupos ecologistas que muchas veces pierden el foco de lo urgente en beneficio de lo importante; a los negacionistas, por ser los grandes imbéciles de la Historia; a los partidos políticos, por estar más pendientes de cómo puede afectarles el cambio climático en las encuestas, que ocupando el papel de verdadero motor que revierta la situación; a los agentes sociales, que en no pocas ocasiones supeditan la lucha contra el cambio climático por razones laborales; y a nosotros mismos, que hacemos tanto caso al cambio climático, como a la posibilidad de vida extraterrestre, es decir, como si no fuera con nosotros.

Las catástrofes naturales lo son por su capacidad de destrucción en bienes y vidas humanas. Si los 600 lm2 que han caído sobre la provincia de Valencia, un territorio muy urbanizado, hubieran caído en medio del océano Atlántico, no habrían tenido ninguna relevancia destructiva. Igual que un terremoto de escala Ritcher 8, en zonas urbanizadas es una desgracia, si se produce en medio del desierto no llegaría, difícilmente, a superar el cero. Es por eso, que la prevención en lo que se refiere a las catástrofes naturales es tan importante. Porque puede salvar muchas vidas y pérdida de bienes materiales, infraestructuras, etc. Creo que con la DANA de Valencia deberíamos empezar a ser conscientes de que el cambio climático es una realidad, que si no la remediamos, va a cambiar nuestra forma de vida radicalmente, en un corto espacio de tiempo, y no sé si estamos preparados para ello, como sociedad y como individuos. Por eso deberíamos exigir a los dirigentes políticos, que se lo tomaran más en serio, no sólo con medidas de gran calado, que son urgentes, sino, también, en un terreno más próximo a nuestra vida.

Con la DANA se está haciendo un esfuerzo enorme por parte de todas las instituciones, pero si ese esfuerzo se hiciera en prevención, poniendo en valor la vida y los bienes de las personas, por encima de los miedos e intereses políticos o económicos, se habría evitado que el diluvio universal caído sobre Valencia y otras zonas de España, se convirtiera en un drama humano difícilmente asimilable.                       

¡Por fin!

  ¡Por fin! reza la pancarta que han colgado en Génova los Ppopulares. Después de ocho años reclamando elecciones, deslegitimando al gobiern...