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viernes, 14 de junio de 2019

El precio del engaño


Publicado en Levante de Castellón el 14 de junio de 2019
La deriva ideológica que ha tenido Ciudadanos desde su fundación hasta la fecha, pasando desde su adscripción a la socialdemocracia inicial, hasta el blanqueamiento actual de la extrema derecha, ha puesto al descubierto que su líder y aquellos que le acompañan sólo tienen cómo objetivo tocar poder al precio que sea, incluso a costa de parecer la veleta nacional, que gira ideológicamente en el sentido que sopla el aire que les lleve a estar en un gobierno, sea del tipo que sea. Así, pasó de pactar con el PSOE para la gobernabilidad del país o de Andalucía, cuando los vientos soplaban hacia la izquierda, a hacerlo con el PP y la extrema derecha de Vox, cuando han olido que es ahí donde pueden tener más posibilidades de conseguir mandar algo.
                Resulta muy paradójico, que el partido que venía a regenerar España, esté siendo el que ha resucitado al franquismo larvado bajo el peso de la democracia, naturalizándolo para la vida pública. Porque el discurso de regeneración, extremadamente nacionalista, recuerda en exceso los inicios de la Falange durante la II República sobre la regeneración de España por encima de los españoles -ya hemos escrito sobre ese tema y el parecido, no sólo físico, sino discursivo de Albert Rivera y Jose Antonio Primo de Rivera-.
                El ahora liberal Albert Rivera, está dejando en buen lugar a la mismísima liberal Esperanza Aguirre; ésta por lo menos nunca ocultó su ideología liberal/conservadora. Sin embargo, el líder de Ciudadanos, curiosamente escondido desde las elecciones del 26-M, trata de moverse en las arenas movedizas del “digo diego”, queriendo aparecer como el liberal llamado a regenerar España, sin que se le note mucho el latido extremadamente conservador que corre por sus venas.
                Ni siquiera se sonrojan, cuando algún dirigente de Ciudadanos sale a explicarnos que ellos no van a gobernar con la extrema derecha, pero que  no van a hacer ascos al apoyo de ésta. Para ello se inventan lo del cordón sanitario al PSOE, como humo que tape su poca convicción democrática, al negociar, aunque sea con  testaferros, con Vox; o hacerlo a escondidas, en secreto, como lo ha hecho su candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid Ignacio Aguado, reunido, con nocturnidad y alevosía, con Vox en un hotel madrileño. Se deben pensar que ellos son más listos que el resto y nos pueden engañar con su palabrería barata de tono grandilocuente en nombre de España.
                Tratan de justificar lo injustificable: que están dando alas a la extrema derecha, y ahora se han inventado que Vox y Podemos son lo mismo, en los extremos del arco político. Una superchería dialéctica, que sólo tiene recorrido en aquellos que quieren justificar la vergüenza de ver como el partido al que votan se alía con los enemigos de la democracia. Y gracia tiene, que uno de los que sostiene esa estupidez sea un millonario, para el que todo aquel que no gobierne a favor de sus millones es un izquierdista peligroso, como para Marcos Quinto, fichaje estrella de Rivera, ministrable de economía, expresidente de Coca-Cola España, que posiblemente ha hecho su fortuna explotando trabajadores, como lo pudimos ver con el largo conflicto que llevaron a cabo los  empleados de la multinacional de refrescos, siendo aquel un alto ejecutivo de la misma.
                La megalomanía de Albert Rivera, el ansia de poder de muchos de sus dirigentes, y fichajes tan cuestionables como el de Marcos Quinto, están llevando a Ciudadanos a un callejón sin salida, que pagarán en la próximas elecciones, al igual que Podemos ha pagado su cortoplacismo después de las elecciones de hace cuatro años. No sólo están revitalizando a la extrema derecha; si se piensan que facilitando gobiernos al PP lo van a desgastar están muy equivocados; si creen que parte de su electorado no les va a castigar por sus alianzas con Vox, son cortos de miras; y, por último, después de cuatro años de mantenedores de políticas conservadoras y regresivas, si esperan volver a levantar cabeza por encima de los ppopulares, su delirio es más grande de lo que pensábamos. Ya saben, el que juega con fuego, amanece meado.   



   


lunes, 15 de abril de 2019

Todo por la patria


               
Necesitaba Albert Rivera un chute de españolidad, después del fin de semana de gloria de Cayetana Álvarez de Toledo, como mártir de españolismo en tierras hostiles (hostiles para el nacionalismo español, no para a el resto de los españoles). No podía consentir que la bandera del patriotismo quedara en manos del PP y su nueva Agustina de Aragón, frente a las hordas que quieren romper España. Y que mejor que irse a donde sabe que va a tener una buena dosis de rechazo exaltado anti facha español, para compensar la pérdida de posición patriótica y de minutos de televisión. Para ello se ha plantado este fin de semana en Rentería, localidad en la que sabía que la bronca estaba garantizada.
                Siempre ha habido grupos de fanáticos, que se toman la política como si de una religión se tratase, sobre todo en ambientes de jóvenes radicalizados, ya sean nacionalistas, extremistas de derecha e izquierda, ecologistas del fin del  mundo, animalistas, meapilas, taurinos, futboleros, etc. Son muchos los que han sufrido esa intolerancia en su persona. Por ello, rasgarse ahora las vestiduras, sólo tiene como fin azuzar la ruptura de la convivencia en aras de rascar apoyos (en época electoral votos) a cientos de kilómetros, donde justo la unidad de España no se siente amenazada por ningún independentismo decimonónico resurgido en el siglo XXI. Cuando no se tienen más argumentos que la bandera, el himno y la patria, y los que se tienen tratan de ocultarse para que no se sepa lo que realmente esconden detrás de tanto patriotismo, hay que inventarse los problemas, las afrentas, todo lo que toque la emoción estúpida del nacionalismo español, que como todos ustedes saben, ha sido tan beneficioso para este país en los siglos pasados.
                El independentismo periférico y sus mariachis, son un grano de majadería y pocas luces  que le ha salido a la sociedad española, que se debe curar con buena medicina de tolerancia y reposo (cuanto menos salga a la calle, mejor). Sin embargo, los de la foto de Colón; los que querían volver a cantar el himno de la Legión esta Semana Santa; los que  están dispuestos a dinamitar todos los puentes de convivencia entre españoles diferentes, es decir, el nacionalismo español y ultramontano de esa Santísima Trinidad, tres naturalezas en una misma sustancia, en que se ha convertido la derecha española, en la que tanto monta, monta tanto, Rivera como Abascal como Casado, parece que está más interesado en infectarlo que en curarlo, a ver si así consiguen contagiar al resto de España, para su mayor gloria.  Todo por la patria.


domingo, 27 de mayo de 2018

Albert Primo de Rivera


Publicado en Levante de Castellón el 25 de mayo de 2018
«Nosotros amamos a Cataluña por española, y porque amamos a Cataluña la queremos más española cada vez…» Esta frase no está dicha por Albert Rivera en una arranque de patriotismo de bandera, de esos que tanto le gustan, y que hacen llorar a Marta Sánchez cuando canta envuelta en su delirio rojo y gualda el himno de España, con ese engendro de letra, más propio de otros tiempos en que Isabel la Católica era la reina que cosió la unidad nacional, por la gracia de Dios y de Franco. No señores y señoras, la frase pertenece a un discurso que dio José Antonio Primo de Rivera en el Congreso el 4 de enero de 1934, un par de meses después de que las elecciones las ganara la derecha, poniendo fin a los sueños reformistas que la sociedad española había puesto en la  República, comenzando lo que la historia ha denominado “el Bienio Negro”, aunque lo que vino después fue mucho peor.
                Sorprende el parecido, incluso hasta físico, que se está produciendo entre José Antonio, fundador de la Falange Española y Albert Rivera, fundador de Ciudadanos. Pensarán ustedes que esto es una exageración, pero la deriva nacionalista española que está tomando el partido de Rivera, nos está haciendo pensar que ya sólo les separa de los del yugo y las flechas el color de las camisas: azul marino los unos y naranja los otros. Y también un asunto no menor: la sinceridad de Albert Rivera cuando dice que su proyecto es liberal y su intención es convertir España en el paraíso del “laissez faire, laissez laissez passer”, es decir, en la  nueva barragana del capitalismo globalizado. En cambio, José Antonio Primo de Rivera, como buen fascista, abominó del liberalismo, y como buen fascista era defensor, por debajo de la mesa camilla,  del ultra capitalismo.
                Pero lo que a los dos les une, es esa palabrería envuelta en patrias, separatismo, etc., que sólo pretende una España cegada por la bandera, que si estamos ciegos, nunca sabremos por donde nos vienen los palos. Es sorprendente la afinidad de pensamiento entre uno y otro, en cuanto a su idea de España como una unidad de destino en lo universal. Veamos dos discursos que tienen 84 años de distancia: «Pero para realizar esta tarea, España ha de estar unida. Nada de partidos. Nada de izquierdas ni derechas. Unas y otras miran el interés patrio, desde su propio interés», del discurso que José Antonio dio en Fuensalida, provincia de Toledo, el 20 de mayo de 1934. Comparemos, salvando las distancias: «Recorrido España yo no veo rojos y azules, veo españoles; no veo jóvenes y mayores, veo españoles; no veo creyentes y agnósticos, veo españoles. Vamos a unirnos para recuperar el orgullo de pertenecer a esta gran nación», del discurso dado por Albert Rivera en Madrid, el 20 de mayo de 2018.
                Una España llena de españoles, donde no entran los pobres, ni los ateos, ni las mujeres, ni los pensionistas, ni los parados, ni la gente que pasa hambre, ni quienes sufren violencia de género, ni…; una España llena de españoles sin diferencias, todos iguales -como en la novela de Aldous Huxley: “Un mundo feliz”-, plagada de símbolos patrios: la bandera, el himno, Marta Sánchez, la selección y el abrazo de la historia entre dos hombres que tenían una idea: pintar toda España del mismo color,  y dejar que sus habitantes vivan en la intemperie. «España es irrevocable. Los españoles podrán decidir acerca  de cosas secundarias; pero acerca de la esencia misma de la unidad de España, no tienen nada que decir». Cualquiera de los dos pudo haber pronunciado este discurso, por ello ni me molesto decir de quién es.

Lobbies, la corrupción consentida

  ¿ Se imaginan que los sindicatos emplearan millones de euros en comprar voluntades políticas, para conseguir que se aprueben o no leyes? ¿...