¡Por
fin! reza la pancarta que han colgado en Génova los Ppopulares. Después de ocho
años reclamando elecciones, deslegitimando al gobierno, persiguiendo a
familiares del presidente, acusándole de traición y amenazándolo con la cárcel;
pregonando que España es un caos, una dictadura (ahora Feijoo lo califica de
franquismo y llama a hacer una nueva Transición liderada por él, claro. ¡Qué
Dios nos coja confesados!); intentando embarrar todo fuera y dentro de España…,
por fin el señor Feijoo y su cohorte tienen lo que querían. Y si no ganan las
elecciones, el argumento ya lo tienen pensado: fraude electoral, ya lo han
empezado a pregonar Abascal y Ayuso, ¡tanto monta monta tanto Isabel como
Santiago!, porque del sanchismo se puede esperar todo. ¡Cuánto odio es capaz de
acumular la derecha y la extrema derecha en ocho años sin gobierno! Son como
esos niños mal criados a los que no se les dan todos los caprichos y no pueden
soportarlo.
Sin
embargo, tras esa alegría, me parece que hay un disgusto mal disimulado, por
eso, después de aburrirnos con el mantra de elecciones lo antes posible durante
años, ahora dice el señor Feijoo que el presidente ha convocado elecciones porque
le interesa y porque tiene mucho miedo (sic). Se las prometían muy felices con
la burda utilización de la situación de Ceuta, que se podría haber solucionado,
con cierta rapidez, si el Partido Popular hubiese sido una oposición leal, con
ganas de arreglar problemas graves, en vez de lanzar la ciudad autónoma como ariete
contra Pedro Sánchez. Y ahora por ese afán de desprestigiar en todo lo que sea
al gobierno, se ven desplazados por un problema mucho más grave que el de Ceuta,
al que no saben o no quieren dar respuesta, a tenor de su voto contra los
decretos de la vivienda y la actitud de las comunidades autónomas y ayuntamientos
donde gobiernan, de mirar para otro lado o boicotear las leyes de vivienda aprobadas
en el Congreso, bien para que parezca que el gobierno no hace nada, bien porque
son los representantes de los fondos buitres, mal llamados de inversión, que
están colapsando el parque de viviendas para la población, con la ayuda de
muchos pequeños propietarios con mentalidad de rentistas, que no tienen ningún remordimiento
de conciencia en subir los alquileres para ver si pueden vivir sin trabajar, aunque
esto suponga el desahucio y la miseria de mucha gente, porque no hay peor
miseria que la de no tener una casa para vivir.
El asunto
es que las elecciones están convocadas, escribiremos bastante de ello estas
semanas, y toca decidir, como bien dice Feijoo en otra de sus meteduras de pata
dialécticas, entre progreso y democracia o involución y decadencia.

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