lunes, 23 de marzo de 2026

La foto de la vergüenza

 

                                                                     Foto: Mónica Torres. EL PAÍS

                El debate sobre la utilización del velo integral o no en España, está, recurrentemente, encima de la mesa, como un argumento de la extrema derecha, y en algunos casos con la aquiescencia del Partido Popular, con argumentos en favor de los derechos de las mujeres -como si a los abascales y ayusos de turno, les importasen mucho las mujeres, cuando estas no están en casa haciendo la comida-, que esconden un discurso xenófobo, que este sí es seña de identidad de la extrema derecha.

                Hasta aquí llega la preocupación por las mujeres de una derecha cada vez más echada al monte del extremismo, negacionista de todo lo que suponga una mejora en la igualdad entre géneros y seguridad para las mujeres. No son pocos entre ellos y ellas, muchos jóvenes, los que están aupando un machismo, que está convirtiendo a las mujeres en sus enemigas, por activa y por pasiva. Un machismo que huele a naftalina, que tiene inundadas las redes sociales, algunos medios de comunicación, el programa político de la extrema derecha y los comportamientos que muestran en los debates del Congreso y el Senado; acordémonos de aquellas jornadas sobre ideología de género y denuncias falsas, que organizó Vox en el Senado en septiembre de 2025, con la autorización del Partido Popular, que tiene mayoría absoluta en esta cámara, donde se lanzaron todo tipo de lindezas contra las políticas de igualdad y violencia de género.

                No nos ha de extrañar, que una foto publicada hoy, 23 de marzo de 2026, en El País, sea posible en la España del Siglo XXI. Una foto que rezuma el machismo más rancio y más vergonzante para los hombres y las mujeres que creemos en la igualdad y en el progreso social. Una foto que es toda una radiografía de la mentalidad que muchos hombres siguen teniendo con respecto a las mujeres, y que no es inocua, porque representa un riesgo claro de involución y de vuelta a un pasado, que por mucho que las redes sociales lo traten de disfrazar de modernidad, no deja de desprender un ácido olor a confesionario y Sección Femenina.

                La foto, que nos muestra exultantes de alegría a un grupo de jóvenes cófrades saguntinos celebrando que han ganado una votación, además por bastante mayoría, que impide a las mujeres ser cófrades en las mismas condiciones que ellos, lo que las deja en su condición de sirvientas de la cofradía, es un gran triunfo de la extrema derecha y su cruzada contra los derechos de las mujeres. Lo que nos debe preocupar, por el grado de penetración que tienen esas ideas en determinados grupos, asociaciones, mentalidades y sectores sociales que están haciendo de su rechazo a lo que el trumpismo llama woke: justicia social, ecologismo, feminismo, igualdad, etc., etc., etc., una seña de identidad clasista, nacionalista, machista y xenófoba, que supone ya un riesgo cierto para la democracia.

                Esta foto de la vergüenza no debería haberse producido, si los demócratas no estuviéramos mirando los toros desde la barrera, como si lo que se está cociendo en el albero no fuera con nosotros y el futuro de nuestros hijos. Porque el problema no es sólo el velo o las cófrades, sino que estos exabruptos de la extrema derecha, a la que bien poco les importa los derechos de las mujeres, están siendo utilizados para construir una identidad española más próxima al fascismo que a la democracia.

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