El debate sobre la utilización
del velo integral o no en España, está, recurrentemente, encima de la mesa,
como un argumento de la extrema derecha, y en algunos casos con la aquiescencia
del Partido Popular, con argumentos en favor de los derechos de las mujeres
-como si a los abascales y ayusos de turno, les importasen mucho las mujeres,
cuando estas no están en casa haciendo la comida-, que esconden un discurso
xenófobo, que este sí es seña de identidad de la extrema derecha.
Hasta aquí llega la preocupación
por las mujeres de una derecha cada vez más echada al monte del extremismo,
negacionista de todo lo que suponga una mejora en la igualdad entre géneros y
seguridad para las mujeres. No son pocos entre ellos y ellas, muchos jóvenes,
los que están aupando un machismo, que está convirtiendo a las mujeres en sus
enemigas, por activa y por pasiva. Un machismo que huele a naftalina, que tiene
inundadas las redes sociales, algunos medios de comunicación, el programa
político de la extrema derecha y los comportamientos que muestran en los
debates del Congreso y el Senado; acordémonos de aquellas jornadas sobre ideología
de género y denuncias falsas, que organizó Vox en el Senado en septiembre
de 2025, con la autorización del Partido Popular, que tiene mayoría absoluta en
esta cámara, donde se lanzaron todo tipo de lindezas contra las políticas de
igualdad y violencia de género.
No nos ha de extrañar, que una
foto publicada hoy, 23 de marzo de 2026, en El País, sea posible en la España
del Siglo XXI. Una foto que rezuma el machismo más rancio y más vergonzante
para los hombres y las mujeres que creemos en la igualdad y en el progreso
social. Una foto que es toda una radiografía de la mentalidad que muchos
hombres siguen teniendo con respecto a las mujeres, y que no es inocua, porque
representa un riesgo claro de involución y de vuelta a un pasado, que por mucho
que las redes sociales lo traten de disfrazar de modernidad, no deja de
desprender un ácido olor a confesionario y Sección Femenina.
La foto, que nos muestra
exultantes de alegría a un grupo de jóvenes cófrades saguntinos celebrando que
han ganado una votación, además por bastante mayoría, que impide a las mujeres
ser cófrades en las mismas condiciones que ellos, lo que las deja en su
condición de sirvientas de la cofradía, es un gran triunfo de la extrema
derecha y su cruzada contra los derechos de las mujeres. Lo que nos debe
preocupar, por el grado de penetración que tienen esas ideas en determinados
grupos, asociaciones, mentalidades y sectores sociales que están haciendo de su
rechazo a lo que el trumpismo llama woke: justicia social, ecologismo,
feminismo, igualdad, etc., etc., etc., una seña de identidad clasista,
nacionalista, machista y xenófoba, que supone ya un riesgo cierto para la
democracia.
Esta foto de la vergüenza no
debería haberse producido, si los demócratas no estuviéramos mirando los toros
desde la barrera, como si lo que se está cociendo en el albero no fuera con
nosotros y el futuro de nuestros hijos. Porque el problema no es sólo el velo o
las cófrades, sino que estos exabruptos de la extrema derecha, a la que bien
poco les importa los derechos de las mujeres, están siendo utilizados para
construir una identidad española más próxima al fascismo que a la democracia.

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