15 de junio de 1977. Son las ocho de la mañana y ya hay cola delante del
colegio electoral. No mucha, dada la hora, pero sí suficiente para poder
adivinar la expectativa que estas elecciones han creado en la gente. No es de
extrañar, teniendo en cuenta que son las primeras elecciones democráticas que
se celebran en Españas desde hace cuarenta y un años. Concretamente, desde el 16
de febrero de 1936. Mucho tiempo de dictadura. Tanto que a los más viejos ya se
les ha olvidado qué era aquello de sentirse protagonistas por un día de la
política el país; y los más jóvenes ni siquiera han tenido el beneficio del
olvido, simplemente no ha conocido nunca esa sensación.
miércoles, 21 de junio de 2017
domingo, 18 de junio de 2017
Dimitir, no es un verbo conjugable
Publicado en Levante de Castellón el 16 de junio de 2017
Aquí nadie dimite. Aquí y allí.
No sé qué tiene el poder, que quien lo prueba se pega como una lapa a sus
paredes y es capaz de perder la dignidad y el saber estar con tal de seguir
bebiendo de ese néctar que les convierte en seres por encima del resto de los
mortales. Nos venden su vicio al mando y a los oropeles de los palacios con
monsergas de servicio público, de responsabilidad ante la sociedad, como si
ellos fuesen imprescindibles para que la sociedad funcione. Ahora se está
poniendo de moda la frase “a trabajar”, como excusa cuando la gente les dice
que ya no son tan necesarios y les señala el camino de la puerta de salida. El
“a trabajar”, “seguimos trabajando” y “ahora toca trabajar más que antes”, es
la muletilla de aquellos que pierden el favor mayoritario de la sociedad y no
tiene intención de bajarse del sillón. No se enteran, o no quieren enterarse,
que lo que queremos es que no sigan trabajando, que si lo han hecho tan mal,
que trabajen más significan que lo van a hacer peor. Vamos que da pavor que
aquellos que han hecho del poder su modus vivendi, modus subsistendi, nos digan
que van a trabajar más. Casi mejor que ganen y trabajen lo justo.
La
primera ministra británica pierde las elecciones y, contra viento y marea, se
empecina en seguir mandando en su país. De nada sirve el mensaje que los
electores la han enviado, para que haga las maletas y sean otros los que se
encarguen de arreglar el desaguisado que ella ha montado. Susana Díaz pierde
estrepitosamente las primarias en su Partido; de una manera tan escandalosa que
cualquier otra persona con menos apego a las alfombras palaciegas se habría
marchado por la puerta de atrás. Pero ella se aferra en su señorío, para hacer
justo lo contrario que estaba haciendo, lo que criticaba que le pidiese hacer
la oposición. Ahora se ha hecho de izquierdas, digo esto, porque como anuncia
desde Sevilla, va a dar un giro hacia la izquierda para evitar seguir cayendo por
el despeñadero. Y uno se pregunta: ¿si va a dar un giro a la izquierda, dónde
estaba antes? En Cataluña todos los que
quieren seguir aferrados al poder y aumentarlo, si cabe, se convierte, de la
mañana a la noche, en independentistas, en una carrera sin frenos hacia el
disparate. El ministro de Justicia, reprobado por el Congreso, no dimite porque
se siente apoyado por el gobierno. Y el gobierno, con el agua de la corrupción
hasta el cuello, sigue trabajando, da miedo que lo hagan, como única justificación para no moverse de
sus poltronas ministeriales.
Cambian,
se agarran, se transmutan, se vuelven en trileros de la política, serían
capaces hasta de hacerse la cirugía estética, con tal de seguir ahí, en la
cima, controlando y dirigiendo nuestras vidas, mientras ellos viven al margen de los derroteros por los que
circula la sociedad. Se han convertido en maestros del artificio, en
constructores de falsas imágenes públicas en las redes sociales, pagadas muchas
de ellas con dinero público, Porque, a fin de cuentas, la erótica del poder es
tan grande, que París bien vale un a misa.
lunes, 12 de junio de 2017
Ambú presupuestario
Publicado en Levante de Castellón
Están contentos en el gobierno
por haber conseguido aprobar los presupuestos para este año, nada menos que en
julio, es decir, un año después de ganar las elecciones. Están muy contentos,
porque echan cuentas y, en el peor de los casos, ya no tendrán que negociar con
otros para llegar a las próximas elecciones sin tener que adelantarlas. La poca
calidad de los políticos que se sientan en la mesa del consejo de ministros, y
la de muchos que orbitan a su alrededor, les hace conformarse con poder
aprobar, en toda la legislatura, una ley importante, que, eso sí, les garantiza
aguantar en el poder, que es, en definitiva, la única razón de ser que tienen
el Partido Popular: gobernar, para seguir disfrutando de los beneficios que
otorga el mando. Políticos de segunda fila, que no ven más allá de su horizonte
personal en el ejercicio de la gobernabilidad.
Se
aprueban unos presupuestos que sólo tienen como beneficiarios, además del
propio Partido Popular, a los nacionalistas que les han dado su apoyo. El resto
de la población va a seguir sufriendo las políticas de transferencia de
riqueza, que el gobierno de Mariano Rajoy está posibilitando desde la clase media y
trabajadora, a la clase alta y enriquecida. Para ser más claro, seguirán los
recortes en educación y sanidad pública, igualdad, violencia machista,
infraestructuras, etc., etc., etc. Para todos menos para vascos y canarios.
Aunque, me van a perdonar mi poca confianza en la palabra de Rajoy y dude que
se lleguen a aplicar esos acuerdos. Ya saben, tú firma que yo luego haré lo que
me dé la gana.
Sin
embargo, a pesar de que nos está haciendo
creer que toda la tarea del gobierno se reduce a aprobar los presupuestos
generales del Estado y poco más. La política de un país es mucho más poliédrica
y afecta a más ámbitos que el meramente económico, por muy importante que sea
este. La nula política cultural; la cada vez más preocupante pérdida de
libertades; la política de seguridad ciudadana, que se parece más a un
vigilante jurado de los intereses del gobierno y la derecha; la nefasta de política
de empleo, que están convirtiendo a la clase trabajadora en los nuevos siervos del siglo XXI; la perdida de
presencia de España en el mundo, por desarrollar una política de asuntos
exteriores sometida a las grandes potencias. Podíamos seguir enumerando
problemas que el gobierno no tiene intención de atajar, y mucho menos de
negociar con la oposición. Por no hace referencia al espectáculo bochornoso de
la corrupción que le asfixia cada día más (chismes para Rajoy) y su lamentable
espectáculo de control de la justicia para impedir que sea esta, por
incapacidad de la oposición, la que al final acabe por tener que inhabilitar a
todo un Partido, por corrupto y financiación ilegal.
Pero
Mariano Rajoy, su gobierno y su Partido, saben que aprobados los presupuestos, ya
nadie les va a desalojar del poder, y a la oposición se la va a pasar por el arco
del triunfo. Porque ahora mismo, y a medio plazo, está tan dividida que les
anula para forzar unas nuevas elecciones y mucho menos para conformar una
alternativa de gobierno. Así que, es cierto que los presupuestos les van a dar
aliento hasta el final de la legislatura. Ahora solo tiene que ponerse el traje
de tenista y devolver todas las pelotas que les lleguen desde el Parlamento o
la sociedad.
lunes, 5 de junio de 2017
Nacionalismo vs corrupción
Publicado en Levante de Castellón
Seguimos a vueltas con Cataluña,
como excusa perfecta para tapar las vergüenzas de un sistema corrupto, que ha
sido durante años en España (incluida Cataluña), el refugio perfecto para que
todos los ladrones de guante blanco hayan campado a sus anchas, amparados por
un poder que ellos también detentaban.
Todos
sabemos ya que la fiebre independentista de la derecha catalana no ha sido otra
cosa que la cortina de humo para disimular la pésima gestión de los sucesivos
gobiernos de CIU en la región, perdón, nacionalidad, desde que Artur Mas se
erigió como sucesor del todo poderoso Jordi Pujol y su sistema de corrupción
consentido por los sucesivos gobiernos centrales y la monarquía. Igualmente,
cada vez se deja ver con más claridad, que el nacionalismo español,
representado por el PP y una gran parte del PSOE, ha venido utilizando a su
conveniencia política las sucesivas huidas hacia delante de los
independentistas catalanes, para esconder sus miserias. Por ejemplo, resulta
curioso que cuando más aprietan los casos de corrupción contra el PP y CIU se
reactive el conflicto nacionalistas españoles vs nacionalistas catalanes.
La
derecha se entiende con suma facilidad cuando el zapato les empieza apretar. Por ello, la discusión entre las
diferentes derechas del país, no deja de ser una pelea de gallos, de machos
alfa, para ver quién controla el poder del corral, cada uno del suyo. Hasta ahí,
todo parecía claro, el reparto de poder más o menos estaba aceptado y lo sigue
estando. Sólo tenemos que ver como se cambian favores unos a otros, cuando la
ocasión lo requiere. Lo que nos puede hacer pesar que los rifirrafes a los que
nos tienen acostumbrados no son más que una pose de cara a la galería.
¿Por
qué si PP y PDC son capaces de llegar a acuerdos, bajo la mesa camilla, sobre
asuntos que afectan a sus procesos de corrupción, no son capaces de sentarse para rebajar la
tensión nacionalista e iniciar negociaciones? Está claro que no les interesa.
Que es mejor tenernos atontados con discursos patrióticos imbuidos de orgullo nacional,
a que les estemos exigiendo responsabilidades por ser los artífices,
consentidores y beneficiarios directos de la corrupción que está asolando
España.
El problema viene cuando la
sobreactuación sobrepasa ciertas líneas y la única solución a sus problemas de
falta de decencia publica, conduce a un enroque de posturas, que sólo tiene
como salida una huida hacia adelante que reafirme su poder frente al otro. Hasta el punto que la derecha catalana se
rinde a un Partido de ultraizquierda como la CUP, porque este le garantiza que
el proceso independentista siga avanzando, ahora ya como salvavidas de sus
dirigentes. Lo mismo que si el PP hubiese necesitado el voto de HB para sacar
adelante sus presupuestos, lo habría aceptado. La derecha no tiene tantos
escrúpulos como la izquierda cuando de mantenerse no le poder se trata, a pesar
de los aspavientos de dignidad fingida a los que nos tienen acostumbrados.
Pero
ahora ya no se trata sólo de una lucha de poder para mantener una posición
dominante en el tablero político. Están tan infectados de corrupción, que sólo
un nacionalismo ultramontano puede lavar sus imagen ante la opinión publica (ya
saben la patria como Bálsamo de Fierabrás) y quién sabe, si sus problemas con
la justicia. Pero como son prácticos, mientras, se afanan en controlar ésta,
con un descaro que raya el insulto.
Hasta hace poco
les bastaba con manejar a golpe de talonario público los medios de comunicación, pero las redes
sociales y el fuego amigo cruzado, responsable de tantas filtraciones, hace que
sólo el control jueces y fiscales les garantice salir indemnes -algún tonto por
el camino pagará los platos rotos- de la pudrición que les invade. Así lo está
haciendo el PP, copando las instituciones judiciales más importantes del país,
y así pretende hacerlo el nacionalismo catalán. Si algún día alcanzaran la
independencia, han llegado, incluso, a anunciar una amnistía para los delitos
cometidos en Cataluña, igual que se hizo durante la Transición, que la amnistía
sirvió para exonerar al franquismo y sus dirigentes de cualquier crimen que
hubiesen cometido durante la dictadura.
Ni la defensa
a ultranza de la unidad española tiene que ver con mantener una España unida,
pues diferentes fórmulas de encaje territorial hay, como estamos pudiendo ver;
lo que pasa es que el nacionalismo español ha escogido la muy borbona solución
castellana de vertebración del territorio, quizá porque les resulta más
beneficiosa para mantenerse en el poder. Ni la defensa a ultranza de la nación
catalana como Estado independiente, tiene que ver con una cuestión territorial
y cultural, pues España y Cataluña tienen muchos puntos comunes en su ADN, sino
más bien, se ciñe a una necesidad de control del poder regional, para salvar el
culo de tanta corrupción y mala gestión política.
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