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Tarjeta roja a la Troika

                                                                Imagen: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 10 de Julio de 2015
Escribir sobre el referéndum griego es un salto al vacío, porque es muy posible que cuando ustedes lean este artículo les parezca un documento de la prehistoria, por la velocidad con que se suceden los acontecimientos. No obstante, trataré de plantarles algunas reflexiones sobre cuestiones de carácter menos inmediato, que deja entrever el referéndum.
                Lo primero que me llama la atención es la contestación ciudadana que se está articulando en el sur de Europa, hartos de tanta política de austeridad implantada desde Berlín y Bruselas, como cabezas visibles del nuevo capitalismo neoliberal que gobierna las instituciones europeas. Un movimiento que si bien es cierto surge como catalizador de la indignación y el enfado de importantes sectores de la población, ha ido estructurándose políticamente, planteando alternativas de gobierno al desolador panorama político al que los Partidos tradicionales han sumido a Europa. No es de extrañar que Mariano Rajoy haya puesto todo su empeño en desprestigiar al gobierno griego y deslegitimar el referéndum, anunciándonos el apocalipsis de san Juan si triunfaba el no.
                En este contexto, el papel que ha jugado la socialdemocracia europea, primero ante las negociaciones con Grecia, en donde han estado en todo momento alineados con las posturas neoliberales, hostigando a los negociadores griegos para que aceptaran un acuerdo que sólo tiene como fin asegurar el cobro de la deuda a bancos y paisas acreedores, a costa de vaciar el estado griego de toda iniciativa política y económica. Es decir, convertir a Grecia en una colonia de las instituciones europeas. Pero también, ha resultado muy penoso escuchar los titubeos de algunos líderes socialdemócratas europeos a la hora de respetar el referéndum griego, e incluso llegar a cuestionar su idoneidad -¿cómo es posible que un socialdemócrata cuestione un referéndum, que da la voz a la ciudadanía por encima de las instituciones?- Hay algo incompresible en esta actitud, por no hablar de la beligerancia que han mostrado algunos, como el líder del PSD alemán Sigmar Gabriel, que con una virulencia exacerbada ha acusado a Atenas de “romper todos los puentes con Europa”.
                Este errático comportamiento de la socialdemocracia, que durante años ha estado mirando para otro lado, conforme el neoliberalismo ha ido implantando sus políticas de destrucción del estado de bienestar, sobre todo en los países del sur de Europa, les ha llevado a dejar de ser la opción del cambio que muchos europeos están reclamando, colocando a sus Partidos a los pies de los caballos de un liberalismo benefactor de las clases dominantes y el poder económico, que sólo están trayendo desigualdad y pobreza en crecientes capas de la población del continente. Y no sólo en el sur de Europa. En los teóricamente países ricos del norte, la brecha de desigualdad está creciendo a marchas forzadas, solamente paliada por el poderoso estado de bienestar que han tenido, ahora en claro retroceso. Es sólo cuestión de tiempo que la Europa de los mercados se acabe comiendo a la Europa social, que estuvo en el germen de la construcción comunitaria. Así las cosas, no es de extrañar la pérdida de peso político que está teniendo la socialdemocracia, viendo como emergen Partidos a su izquierda que empiezan a ocupar el espacio ideológico que ellos abandonaron hace tiempo.
                Otra de las cuestiones que llama poderosamente la atención, es el cuestionamiento de la democracia que ha recorrido el continente desde las instituciones y el establishment europeo. El referéndum griego ha puesto negro sobre blanco que para los mercados y la derecha neoliberal, la democracia es un sistema político sólo válido cuando no atenta contra sus intereses. Algunas de las declaraciones que hemos escuchado en estos días son de un talante tan antidemocrático que asusta, porque nos muestran el camino por el que el poder de dinero está dispuesto a transitar para seguir manteniendo sus beneficios. Cuestionar un referéndum y desprestigiar al gobierno que lo convoca, está más cerca de un pseudofascismo del siglo XXI, que de una democracia en la que la soberanía del pueblo es el principio fundamental de su existencia, tal como aparece en los primeros capítulos de la mayoría de las Constituciones de los paises que forman parte de la Unión Europea. Concretamente en España en el preámbulo y en el artículo 1.
                La voluntad de acaparar todo el poder se ha visto con claridad en el comportamiento de los medios de comunicación, que desde el minuto uno de la convocatoria del referéndum se han posicionado, primero a cuestionarlo y hacernos creer que es una consulta inútil porque el pueblo griego no tiene capacidad para cuestionar las políticas de le UE; y segundo haciéndonos creer que en Grecia imperaba el caos con corralitos, desabastecimiento, fraccionamiento de la sociedad, violencia entre partidarios del sí y el no, etc. No me extiendo porque cualquiera que haya visto, escuchado o leído las noticias de estas últimas semanas, sabe de lo que estoy hablando. Cuando la realidad, a pesar de su empeño en hacernos creer que la sociedad griega estaba muy enfadada con su gobierno, y el Sí iba en aumento exponencialmente, ha sido otra muy distinta, como todos hemos podido comprobar.
                Como anécdota me llama la atención la dimisión del ministro de economía Varufakis. Tiene su gracia, que habiendo ganado el referéndum sea él quien dimita, y no la haga nadie de la instituciones europeas, incluido el ministro de finanzas alemán W. Schäuble o el de economía español L. de Guindos, como máximos atizadores del gobierno griego. Cuando uno se implica tanto se debe dimitir si tu opción pierde en un referéndum. Pero la democracia para estos señores es simplemente un juego de monopoli.
                Hagamos una última reflexión. Lo que está sobre la mesa no es un problema económico, como nos quieren convencer tantos economistas y tertulianos de pro.  Ni siquiera un asunto entre deudores y acreedores; si sólo fuera esto ya se habría solucionado. Lo que está en juego es un problema político de dimensiones continentales. Estamos ante una feroz lucha de clases iniciada en el sur de Europa, en donde nos jugamos mucho. De ahí el miedo constante que quieren inocularnos ante las nuevas opciones políticas que están surgiendo, nada revolucionarias, por cierto, que están cuestionando el discurso monolítico del neoliberalismo, de que las cosas sólo pueden ser de la manera que ellos dicen. Cuando son ellos los que en el fondo tienen miedo de que descubramos que sí se pueden hacer de otra manera. Por ello su virulencia ante el referéndum griego, o el resultado de las elecciones en España.

                Y de ahí la reacción atropellada y beligerante de Alemania, España, los líderes de la derecha europea, y la Troika. Porque ellos sí saben que el triunfo del No en Grecia va más allá de lo que formulaba la pregunta. Los griegos no han cuestionado su permanencia en el euro ni en la UE. A quienes han sacado tarjeta roja es a los dirigentes europeos y sus políticas de austeridad, para beneficiar a bancos y mercados financieros. Y eso no lo pueden soportar.

Comentarios

  1. No te quepa la menor duda, Josema, de que la cuestión de fondo es el intento de las instituciones comunitarias de evitar cualquier desviación de la ortodoxia económica neoliberal impuesta por los mercados europeos a través de sus diligentes servidores políticos encabezadoss por ls Sra Mekel. Las pretendidas "socialdemocracias europeas" hace tiempo que han abjurado -al menos en lo económico- del programa socialdemócrata y se han adherido sin reservas al discurso único de esta fase del capitalismo. Toda disidencia es peligrosa, y más si como en este caso puede servir de acicate a los movimientos sociales emergentes en otros países del arco mediterráneo en su intento de remover las bases del poder político.
    El bofetón griego lo ha sido a una forma perversa y degradada de entender la democracia que enlaza históricamente con lo peor del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Se instaura así una ficción que, sancionada por el ritual de las urnas, otorga un cheque en blanco a los defensores del proyecto del nuevo orden mundial capitalista (independientemente de que lo hagan con cualquiera de sus marcas) para que todo siga como es debido. Y el sufrimiento o la dignidad de los pueblos no importa. Hace ya tiempo que la tecnología y la mejora de la productividad han convertido en innecesaria y, por lo tanto, en prescindible a la mayoría de la población, como expresó Christine Lagarde hablando de las pensiones. Así que, o espabilamos o dejamos que nos sigan ninguneando hasta la inanición.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo, hasta tal punto que empiezo a replantearme si merece la pena estar en esta UE, dominada por Alemania y los países del norte, que la han convertido en un mercado para hacer negocios, muy lejos del sueño de una Europa unida, pero diversa, en donde la democracia social fuese la bandera de sus políticas.

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