domingo, 25 de octubre de 2026

¿Vuelven los "grises"?

 


Hay un asunto que lleva varios días dando vueltas por mi cabeza, y es el comportamiento de la policía en las manifestaciones que se están sucediendo a lo largo del país. Esa mano blanda con los provocadores de extrema derecha, que contrasta con la dureza con la que se aplican cuando los manifestantes son de izquierdas o, simplemente, reclaman derechos fundamentales que se están precipitando por el sumidero de ese neoliberalismo extremo, que ha contaminado a parte de la clase política y la sociedad en su conjunto.

Con los primeros porrazos dados, con bastante saña por parte de algunos policías en la Universidad Complutense de Madrid (he tenido la tentación de llamarlos “grises”, porque no he podido evitar el recuerdo de aquellos años de dictadura y postdictadura, cuando los palos llovían por todos los lados en las manifestaciones), pudimos creer que eran una anécdota, que se saldaría con las sanciones oportunas por parte del Ministerio del Interior. Sin embargo, la actuación policial en las provocaciones fascistas del 12 de octubre en la Puerta del Sol de Madrid, tan complaciente con tanto joven cantando “El cara al Sol” y profiriendo gritos fascistas, y la sucesión de golpizas dadas a los docentes de Madrid, o a los que han protestado contra el fascista Vito Quiles, por cierto, siempre escoltado por la policía, y Santiago Abascal, provocador ultraderechista nato y fascista de libro, en varias ciudades españolas, han encendido las alarmas sobre si la policía, o parte de ella (no olvidemos que hay un par de sindicatos de ultraderecha en sus filas), se ha apuntado a “el que pueda hacer que haga” lanzado como una fetua por José María Aznar.

El único que puede parar este dislate antidemocrático de la policía es el ministerio del Interior, y no lo está haciendo. Porque no vale con anunciar investigaciones que nunca terminan y cuando lo hacen es para exculpar o condenar tímidamente a los responsables. Tienen los números de identificación de los antidisturbios que golpearon con una saña brutal a pacíficos manifestantes y todavía no sabemos si ha habido alguna actuación disciplinaria contra ellos. Eso debería ser lo primero e inmediato (quizá si se hubiera hecho con los golpes de la universidad madrileña, no se habrían reproducido, días después, con tanta ligereza), luego, que abran las investigaciones que quieran para destituir a quienes han ordenado esos comportamientos; una policía democrática no puede comportarse como si estuviéramos en una dictadura.

Por tanto, si el ministro del Interior no toma medidas urgentes y visibles para la ciudadanía, debería presentar la dimisión, o alguien debería cesarle.

Dicho lo anterior, los altercados de Barcelona son inaceptables en democracia y es necesario que todo el peso de la Ley caiga sobre los responsables, sean menores o no, y quienes los han instigado desde el cuarto oscuro de la red. Porque un tufo a provocación de la extrema derecha, para que parezca que España vive un estado de violencia alentado por la izquierda, como no han tardado en decir Partido Popular y Vox, no deja de impregnar el ambiente. 

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